Archivo de la etiqueta: cambio climático

Almas de manga larga

Un sol blanco tiraniza el país. El cielo se deshidrata, se decolora hasta cobrar una lividez enfermiza y bajo su sábana se respira con dificultad de desahuciado. Cada tímido movimiento es usado en nuestra contra por un tribunal cósmico. Una sonda de vapor opresivo baja por nuestra garganta y se coagula en el pulmón formando terrones de plomo limado. Los poros se abren como esfínteres en huelga y el sudor fluye libre hasta convertir cualquier colchón en una cama de agua. En semejantes circunstancias no queda otro remedio que terciar en la cuestión palpitante de la edad antropocénica. José Antonio Montano la ha suscitado en estos términos categóricos: manga larga o manga corta. Tertium non datur. Y él ha tomado furioso partido por la segunda.

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20 junio, 2022 · 8:21

Hay tiempo de comer

Descubrir que a la lava le damos igual puede ser muy pedagógico. Le da igual que seamos pompeyanos del siglo uno o canarios del veintiuno, porque los volcanes -asombraos, niños- no tienen sentimientos. Es imposible empatizar con una lengua de fuego que emerge a mil grados del inframundo, calcina cuanto encuentra a su paso y sepulta el recuerdo de lo que había bajo un espeso sudario mineral. Una colada volcánica es el fundido a negro de la vida: animal, vegetal, microbiótica. Ni siquiera Disney ha podido humanizar un volcán.

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21 septiembre, 2021 · 10:10

El síndrome de Gauguin

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Tita, hijo y Gauguin.

Viene un tiempo feo sin síndrome de Stendhal pero con síndrome de Gauguin, aquel pintor francés que se tomó verdaderamente en serio la crisis de los cuarenta. Gauguin, se nos dice, dejó una vida de corredor de bolsa sobre el alienante asfalto de París para entregarse al arte por el arte en el edén polinesio. Podríamos verle como un sucesor de Thoreau, solo que sin puritanismo, o como un precursor de Greta Thunberg, solo que con talento. Lo que se nos oculta es que Gauguin no encontró precisamente la felicidad en las paradisíacas islas Marquesas, donde murió sifilítico perdido, abandonado por los marchantes y deprimido hasta el intento de suicidio. Así que el síndrome de Gauguin no debería servir para alentar el deseo infantil de retroceder al confort uterino cuando el adulto alcanza el arduo ecuador de una vida secuestrada por el capitalismo, sino para advertir de que esa huida puede acabar en un infierno peor que el purgatorio del que se pretende escapar cuando el problema lo tiene el afectado y no su entorno. Son innumerables las novelas y películas escritas con este argumento, por no hablar de los beneficios que esa garrafal pulsión emancipatoria ha reportado a los concesionarios de coches pintureros y a los bufetes de abogados matrimonialistas.

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26 julio, 2020 · 22:38

Contra la anormalidad

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Millonarios.

Dicen unos millonarios en Le Monde que no quieren volver a la normalidad y los comprendo, aunque para decirlo haya que ser millonario. Marx enseñó que la conciencia del personal nace de su bolsillo antes que de su corazón, pero los ricos de su época solo pretendían seguir siendo ricos mientras que los de ahora anhelan conservar a la vez el dinero y el planeta. La clase social se ha quedado pequeña: hoy el millonario que no aspire a integrar la clase planetaria no es más que un nuevo rico, carne del bajo cuché. La conciencia anticonsumista no arraiga en las banlieues de París sino en la alfombra roja, y por eso firman el manifiesto Almodóvar, Madonna, Bardem y otros aristócratas felizmente emancipados de onerosos dilemas como el que disuade al currito de jubilar la furgoneta diésel para mantener las extraescolares del niño.

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10 mayo, 2020 · 22:52

De Carmena al cielo

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Doña Manuela, en vanguardia tecnológica.

Muchos compatriotas disfrutan ante el conato de rebeldía, el golpe de autoridad, el desfile de los ideales. A mí, por alguna malformación espiritual, me emocionan desde siempre los procesos de maduración, el espectáculo de la serenidad y la asunción del crudo realismo. No es que vea algo indigno en toda emoción colectiva, como Borges: es que lo veo en casi todas las individuales. Por eso contengo el entusiasmo cuando veo a Errejón entrando en el Congreso con una chaqueta, desafiando a sus camaradas en camisa de leñador. O cuando oigo a Rita Maestre, la misma que fantaseaba a pecho limpio con iglesias en llamas, presumir hoy de la reducción de la deuda. Impactantes documentales en los que la larva de asamblea da paso trabajosamente a una mariposa representativa y parlamentaria. Y por eso debería aplaudir a doña Carmena, que excepcionalmente tomó una decisión basada en la ciencia y ceñida al protocolo.

Sin embargo ayer la restricción del tráfico no terminó de excitarme. El problema existe, desde luego: la boina de polución rivaliza en negrura y terquedad con la de Baroja, la densidad del tráfico rodado es de un exotismo que nos aproxima a Benarés y si Velázquez resucitara para volver a pintar el cielo de Madrid se calzaría una de esas mascarillas de chino hipocondriaco antes de morirse de nuevo. Algo hay que hacer. Pero si ya no es mucho pedir, habría que hacerlo bien.

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El bueno (Rajoy), el feo (Sánchez) y el malo (Puigdemont) del año que termina en La Linterna de COPE

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30 diciembre, 2016 · 11:50

Rajoy logra revertir el cambio climático

Pocas horas después de que Rajoy abandonara París, unos meteorólogos franceses van y afirman que no va a haber verano. Todo lo que toca Rajoy o es tocado por él se enfría irremisiblemente, incluyendo el hemisferio norte o el entrañable cainismo español, según pudo uno atestiguar para este medio en la última sesión de control al Gobierno, cuando fue el presidente el que controló de tal forma a la oposición que se fundió con ella en amoroso abrazo, y en cualquier momento sale de ahí un Pacto de La Moncloa rubiasco y sonrosado. Claro que para que se consume ese clima de «gran acuerdo» que deshoja Rubalcaba ha de contarse con el visto bueno de Ana Mato, quien seguramente encuentre la relación no del todo consentida y en todo caso excesivamente prematura.

El clima está frío y no hay modo de que lo calienten las noticias críticas con el Gobierno, que se airean en la prensa y se maceran en las tertulias mediante la enfebrecida gimnasia de la diatriba, y es que a don Mariano no parece quererle nadie excepto Soraya y yo, que no le voté pero admiro la manera mecánica en que disgusta a todo el mundo sin ganar un kilo ni criar una cana. El entusiasmo me durará hasta que una epifánica mañana me salude en el Congreso y compruebe con decepción que su frialdad se derrite en la cercanía.

Lo que quiero decir es que no se les puede reprochar a los medios que no estén poniendo toda la leña de la detracción en la estufa del descontento, sin que en La Moncloa suba un solo grado la temperatura y, ya puestos, tampoco en el mapa del tiempo. La culpa científica de este frío extemporáneo y escasamente primaveral la ha tenido el anticiclón de las Azores según dicen los colegas de Roberto Brasero, poético hombre del tiempo que con los partes meteorológicos arma verdaderos dramas shakesperianos y que viene a ser el reverso luminoso y vocacional de José Antonio Maldonado, a quien siempre imaginamos embaulándose un chupito de Jägermeister y carraspeando segundos antes de entrar en directo. Ahora bien, no hay que confundir el anticiclón de las Azores con el trío de las Azores, aunque lo cierto es que en ambos casos se trata de contravenir por aire o por tierra el orden mundial, o al menos el atlántico.

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3 junio, 2013 · 14:45