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La España que soñaba el mejor periodista catalán

En la tórrida noche del 1 de agosto de 1914, todavía conmocionado por la noticia, un joven catalán se sienta a escribir la primera entrada del diario que lo convertirá en una estrella: «Hoy también hemos sabido que Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Ya no queda ninguna esperanza».

Se aloja en la buhardilla de una pensión parisina no lejos de la Sorbona, donde estudia Filosofía. Pero Agustí Calvet no será filósofo. Aunque a sus 26 años atesora una vasta formación humanística, experimenta también la pasión por la actualidad y la vocación de influencia. Su padre, tan fenicio como el de Pla, quiso que fuera notario; pero Calvet, como Pla, contestó sin reservas a la llamada de la literatura de observación: la expresión más noble del periodismo. Su nombre de guerra será Gaziel, y a los 60 años de su muerte aún brilla con fuerza en la constelación de los grandes cronistas de la Edad de Plata, que no solo iba a dar poetas o dramaturgos o pensadores: PlaChavesCambaRuano, Fernández Flórez, Xammar, Barga Assía. Todos maestros en el arte liberal de la distancia justa.

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14 diciembre, 2024 · 10:03

El hombre que admiraba a Melchor de Macanaz

El destino de los pueblos, como el de los hombres, está cifrado en su carácter. Dicen que los españoles enterramos como nadie, pero para seguir llevando flores al panteón nacional hace falta algo más que el alfilerazo urgente de la pena (cuando no del remordimiento) desde el que se despachan aquí los obituarios más efusivos. Para una memoria histórica sin intención política y para una identidad patriótica sin aspavientos reaccionarios se precisa conocimiento, convicción y constancia. Se precisa al menos saber dónde diablos tenemos enterrados a los nuestros. O dónde siguen cumpliendo con el dictado de su honor.

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9 diciembre, 2024 · 8:01

Por quién dobla la campana de Huesca

El pintor está en su estudio frente a un enorme lienzo en blanco cuando llaman a la puerta. Lo que va a pasar a continuación le provocará náuseas, pero es culpa suya. Ha venido a Roma a rendir un último tributo al historicismo antes de que lo derroten los impresionistas. Por eso quiere extremar el realismo de la obra. Por eso ha enviado a un recadero a recorrer las morgues romanas con orden de acopiar modelos del natural. Así que el solícito recadero penetra en la estancia cargando un gran saco apestoso. Cuando lo voltea sobre el suelo del estudio, tres cabezas humanas ruedan hasta los pies de José Casado del Alisal. El hombre que pintó La campana de Huesca.

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1 diciembre, 2024 · 22:37

Valle-Inclán y el eterno retorno del esperpento

En 1917 el avión de Valle-Inclán sobrevuela las cicatrices abiertas en los campos del frente de Verdún. El escritor en funciones de corresponsal de guerra, invitado por el ejército francés, escudriña el terreno desde el aire. Allá abajo se agitan ínfimos como insectos los soldados sobre el barro de una trinchera infinita. Visto desde arriba el hombre pierde su grandeza y adopta la escala ridícula del títere. Entonces Valle comprende. La experiencia de esa cobertura periodística matizará definitivamente aquel ideal caballeresco que le hizo comenzar cierto discurso ante los cadetes hispanos de West Point proclamando: «Yo amo la guerra».

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25 noviembre, 2024 · 8:14

Álvaro Pombo o el arte de la conjunción copulativa

Era la primera vez que cubría una campaña electoral y se presentaba un nuevo partido en aquellas generales de 2008. Se hacía llamar Unión, Progreso y Democracia (UPyD). Su candidata era una antigua dirigente socialista significada por su valor en la lucha contra ETA: Rosa Díez. Los grandes partidos estaban sobradamente cubiertos, así que le propuse a mi jefe en aquel periódico que me dejara seguirla un día entero. Cuando llegué descubrí que yo era el único periodista interesado (aciago destino de los partidos de centro). Acompañé a la candidata a grabar unos anuncios en un estudio de radio y a algún acto más, pero el plato fuerte de la jornada consistía en un mitin en el Círculo de Bellas Artes. Recuerdo allí a Savater. Y recuerdo, claro, a Álvaro Pombo.

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16 noviembre, 2024 · 11:05

Os estáis tomando muy en serio a Donald John

El personal se está tomando a Donald John Trump totalmente en serio. Los partidarios llevan el ditirambo a cotas que habrían sonrojado al Dionisio Ridruejo de 1939. Los detractores han fatigado los símiles con Adolf Hitler hasta extremos contraproducentes para el antifascismo. Y los sutiles equidistantes -el peor pecado de nuestra edad binaria- apuntan las causas sociológicas del populismo al tiempo que sopesan los deméritos del progresismo identitario y las ventajas de los checks and balances en la democracia yanqui. Igual estas tres posturas son las pertinentes porque estamos ante un cambio de paradigma. Pero cabe una cuarta aproximación que no estamos explorando y que quizá sea la que preferiría el propio niño obstinado que habita el interior de Donald John. Ese acercamiento al fenómeno no ha de ser político ni ideológico ni socioeconómico, sino lúdico o bufo.

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11 noviembre, 2024 · 8:28

Memoria amarga y feliz de Don Juan Tenorio

Tiene 27 años, un padre carlista al que ha decepcionado, una esposa de conveniencia a la que no ama y un contrato oneroso con el empresario del Teatro de la Cruz. Apurado por las deudas cargadas a sus hábitos bohemios, cierta noche de insomnio concibe José Zorrilla el pastiche romántico de un arquetipo trillado, entre el barroco truculento de Tirso de Molina y el moralismo preilustrado de Antonio de Zamora. En el escritorio de la modesta pensión donde se aloja se sienta a escribir al día siguiente, y 21 días después el drama está concluido.

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3 noviembre, 2024 · 22:07

Unamuno no venció, pero aún sigue convenciendo

Es justo que la Biblioteca Nacional dedique una exposición al hombre más libre de una España de fanáticos. Diez años tenía Miguel de Unamuno cuando vio entrar a las tropas liberales en Bilbao y sintió que su corazón de «niño viejo» cabalgaba con ellas como si fueran contradicciones. En el laberinto de causas políticas y controversias históricas que fatigó el menos cerebral de nuestros intelectuales parece fácil perderse, pero es más fácil encontrarse si tiramos del hilo intacto de su espíritu, que siempre toma partido infalible por el individuo y no la masa, por la dignidad y no la ideología.

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26 octubre, 2024 · 9:05