Al Congreso no se le toma el pulso real en las grandes jornadas, en las juras de princesas o las aperturas solemnes, sino en mañanas anodinas como la de este miércoles. Era la primera sesión de control de la legislatura pero no asistía el presidente, a quien el Congreso siempre le ha parecido un lugar redundante, superpoblado. A él con tres escaños le bastaría: uno para él y dos para sus viriles atributos. La ventaja es que al faltar Sánchez el pleno se desarrolló con menor crispación, porque sus siervos ya no se matan por satisfacer al señorito compitiendo en invectivas contra la oposición.
En el salón familiar de los Calviño, al pie del árbol, ha aparecido una presidencia del Banco Europeo de Inversiones y la todavía vicepresidenta ha vuelto a ser niña. Una nueva candidez le alumbra el rostro, una risa cascabelera interrumpe sus entrevistas y hasta ve guapa a Yolanda Díaz. No es para menos: se trata de la única española que va a cuadruplicar su sueldo por perder de vista a Pedro Sánchez. Ni Frank Capra habría imaginado navidad tan redonda. Los niños de San Ildefonso componen un coro trágico griego al lado de doña Nadia, que debería cantar el gordo este año con más autoridad que nadie.
Lo único que ha escrito Pedro del libro que anda promocionando es el título y ya sabemos por qué. Tierra firme es la metáfora del presupuesto público saqueado por las zorras sin uvas del partido, de la academia o de los medios -valgan las redundancias- que pusieron bajo sospecha la meritocracia cuando les resultó inalcanzable y se entregaron al pillaje colonial con los gayumbos a la altura del tobillo. Viva Pedro, que nos salva del fascismo y la intemperie laboral: apuremos el enchufe mientras dure y tonto el último. Que no quede una sola institución sin su gusano.
Cuando se trata de dialéctica, Alfonso Guerra (Sevilla, 1940) no pierde la forma. En vísperas del 45 aniversario de la Constitución defiende el legado al que él contribuyó decisivamente sin renunciar ni a la crítica ni al optimismo. Recibe a EL MUNDO en el barrio sevillano de Santa Clara, rodeado de vecinos que de vez en cuando se paran a saludarle con respeto. Es uno de los suyos.
La última vez que lo entrevisté, en mayo del 2021, el Gobierno de su partido no había indultado a los condenados del procés ni abaratado el Código Penal registrado la amnistía. Si en dos años vuelvo a entrevistarle, ¿qué España imagina que tendremos?
Hombre, yo espero que las aguas se calmen. La contestación a estos desafíos institucionales es tan fuerte que se tendrá que dar marcha atrás. Los jueces, los abogados, los inspectores de Trabajo y de Hacienda, el poder autonómico y municipal que ahora está claramente de parte del PP, lo que pueda venir de Europa, los periódicos nacionales y extranjeros coinciden en señalar una degradación de la calidad de la democracia. El Poder Judicial y el Supremo revocan nombramientos por inválidos. Esto tiene que amainar, porque si no amaina vamos camino del Caribe.
Lamentan los profesores de instituto que a los alumnos no les interese la Constitución tanto como el cambio climático o el género. Es natural, porque la ley siempre se ha llevado mal con la adolescencia. La facultad del pensamiento abstracto no mezcla bien con las ebulliciones químicas o el ternurismo Disney propios de una desdichada etapa de indefinición de la que yo tengo exclusiva noticia por los libros, donde se narran tribulaciones psicológicas que misteriosamente jamás experimenté. Quiero decir que no hay que lamentar que nuestra acneica muchachada prefiera las rimas sicalípticas del trap al cuestionamiento de la disposición adicional primera. Lo lamentable es que los profesores no sean capaces de cultivar en los chicos el interés sobre los fundamentos de nuestra libre convivencia, y sobre todo que los políticos nacionalistas o progresistas -¿hay ya alguna diferencia?- les amenacen si se les ocurre intentarlo.
Muchos son los llamados pero Bellingham es un escogido. Una improbable combinación de genes seleccionados por la alquimia del mestizaje entregó la talla, la habilidad, la inteligencia. Una esmerada educación aportó la voluntad de perfeccionamiento que reclama la élite. Y un dios caprichoso coronó la obra con el don de la gracia en el arte de matar: esa aérea facultad de extender su dominio por el campo antes de cernirse y caer inexorable sobre la zona de máximo peligro. Como aquel otro hermoso ejemplar de su estirpe, Jude flota como la mariposa y pica como la abeja.
Podremos discutir todo menos que este Congreso no sea representativo: está exactamente igual de fracturado que la sociedad a la que representa. Y esa falla se manifestó cuando debía, en la solemne sesión de apertura del mandato, más que nada para dejar las cosas claras desde el principio. No fue un arranque sino un espóiler.
Tengo tantas ganas de leer Tierra firme, lo nuevo de Pedro Sánchez, como tenía de ver el Napoleón de Ridley Scott. De la segunda experiencia salí cubierto de pólvora y bajo la ominosa sospecha de que Phoenix equivocó el papel y acabó interpretando a un loco que se cree Napoleón. Todo apunta a que los afanes actorales de Pedro incurrirán en una farsa parecida, único registro en el que nuestro autor puede aspirar al clasicismo. Tiene sentido que Pedro Sánchez firme la historia de un loco que se cree Pedro Sánchez.