El vídeo completo de nuestra charla, cortesía de la Fundación Manuel Alcántara y moderada por Rafa Porras, en el marco incomparable de Málaga:
El vídeo completo de nuestra charla, cortesía de la Fundación Manuel Alcántara y moderada por Rafa Porras, en el marco incomparable de Málaga:
Nadie se está tomando en serio la propuesta de presidencia coral formulada por una dama de la CUP que responde al arcangélico nombre de Anna Gabriel. Los más sutiles dicen que es un globo sonda; los menos, que es un globo sin más, marihuanero. Pero lo cierto es que se veía venir. Después de la singularidad, la fiscalidad y la ordinalidad tenía que llegar la coralidad: un ‘govern-castellet’, una superación folclórica y asamblearia de lo institucional que jubila la concepción monoplaza del poder -ese arcaísmo, propio de la era de la responsabilidad individual- e instaura el jardín de infancia horizontal, el corro de la patata soberana, el achupé ejecutivo.
Sucede que Anna Gabriel es la ‘número dos’ de lo suyo, lo cual significa que hay un ‘número uno’ y un ‘número tres’, e incluso un ‘número cuatro’ y un ‘número cinco’, y así seguido hasta el décimo diputado cosechado por la CUP el 27 de septiembre. El Sistema prueba su intrínseca perversión forzando al asamblearismo más sonrosado a formar en áspera jerarquía, e incluso a pelearse por figurar más alto en la papeleta, ya que ni siquiera Adán está libre de Caín. La CUP aparece así como un partido fundamentalmente paradójico que combina la quechua con el escalafón, se declara internacionalista pero le obsesiona la aldea, aúlla contra el capital mientras pacta con la burguesía y predica la insumisión sin dejar de ejercer el poder legislativo. No puede sorprender por tanto que en el zapatero ideológico de David Fernández convivan las polainas decimonónicas con las sandalias posmodernas.
Entrevista en bruto (nunca mejor dicho: sin editar) con los chicos de Resaca Cultural, que me consideran un «personaje de derechas» seguramente por la única razón de que no soy un personaje de izquierdas.
Aquí mi almuerzo en una terraza de Málaga con Manuel Alcántara, leyenda viva del articulismo patrio, último eslabón de la cadena dorada que conecta con Larra, Ramón, Camba, Ruano y Umbral. Me acompañaban mis camaradas Hughes (ABC), Teodoro León Gross (El Sur) y Rafa Porras (El Mundo Málaga). Lo más memorable, creo, fue la fuerza inesperada con que me apretó en el abrazo de despedida, que me dejó temblando un poco. Grande, maestro. Vuelvo pronto.
Me entrevista Gonzalo Gragera para Revista de Letras
Los judíos helenizados de la época de San Pablo se reconstruían el prepucio mediante una operación quirúrgica que se llamaba epispasmo. Se trataba de judíos que, al contacto con la ilustración griega, se avergonzaban de la amputación estipulada por un dogma tribal heredado y pagaban al mejor cirujano para que les restituyera lo perdido. Y si algo tan taxativo como la circuncisión es reversible, ¿por qué no iba a serlo el españolismo en Cataluña, que ayer venció a ‘Revueltos por el Sí’ en números redondos?
Cualquier independentismo en la Europa del siglo XXI entraña una castración irracional de derechos adquiridos, de estatus monetario, de ciudadanía ganada, de inversiones seguras. Que al cabo de un tiempo la herida cicatrice y el órgano demediado pueda valerse por sí mismo para ejercer sus funciones pasablemente no lo dudo, pero no por ello el tamaño deja de importar, como bien sabe Nacho Vidal. Los ciudadanos de Cataluña, celosos de su integridad viril, atentos a las luces de la razón emitidas desde todas las potencias occidentales, han decidido defender en las urnas todo el ancho y el largo de su soberanía frente a los castradores. Y nos felicitamos por ello como de cualquier avance de la ciencia sobre la superstición.
La cuestión ahora estriba en confiar las heridas ya infligidas a las mejores manos. El epispasmo constitucional que necesita Cataluña requiere mucho cariño, inteligencia, estudios superiores, gasas y una cantidad indeterminada de desinfectante. Haría bien Artur Mas -ese hombre que quiso capar a los demás y acabó esterilizando a su propio partido- en colocarse en esa farmacéutica para aprender los rudimentos sanitarios.
Siempre es importante que el Real Madrid vaya líder y que el Barça encaje cuatro, pero en esta semana más si cabe. Y si cabe Mas, que no está claro. Disculpen el chiste. En todo caso el miércoles resultó sencillo separar deporte y política, fútbol y Margallo, porque competían a la misma hora. Huelga decir qué elegimos ver Chencho Arias y yo, que nos hallábamos en León con la troupe de Herrera.
Paseas con Chencho por el barrio húmedo y le va parando toda la ciudad para testimoniarle su adhesión o cobrarse un selfie.
-He sido secretario de Estado, mediador en Cuba, extra en dos películas de Berlanga y, cuando trabajaba para la ONU, daba cócteles todas las noches en mi piso de Manhattan. Pero me paran por haber sido director general del Real Madrid -me aclara el diplomático, que es tan benzemista como yo mismo, aunque escatima méritos al galés.
Chencho es famoso por su pajarita como Karim lo es por sus controles, y en ambas personalidades hace sede la elegancia. Juega en el Athletic un Balenziaga que, si se llamara sencillamente Balenciaga -y no queremos importunar con esto a la Reina Letizia-, nos evocaría al genial modisto que con más rigor fijó la premisa de la elegancia femenina: la medida del grosor de una mano entre la piel y la tela. Justo lo contrario de lo que requiere la elegancia en el fútbol: que no sobren centímetros entre la bota y el balón. Es lo que logra Benzema con sus controles, pero también con sus remates (está en su mejor arranque goleador desde que llegó al Madrid) y sobre todo con su inteligencia, que desquicia a la zaga más voluntariosa.
Comentario en COPE: ¿A qué está abocada Cataluña?
Pequeño burgués miserable, dios de los espíritus castrados. Tu epitafio político está a punto de escribirse, quizá con la pluma de tus propios aliados -quien traiciona a un traidor ya se sabe-, y tu lápida lúgubre que borrará la Historia exhala hacia el cielo, en fétidas volutas que esquivan las águilas, el olor untuoso de la descomposición. Si nos acercamos a tu tumba ya cavada descubriremos una leyenda que reza: «El hombre que rompió».
Rompiste primero con tu palabra de aplicado contable, cuando escribiste que la independencia era un anacronismo. Rompiste con tu destino estrictamente autonómico. Rompiste tu programa, el mandato de los votantes, la representación de todos los ciudadanos de Cataluña. Rompiste con la vergüenza, con la responsabilidad, con las funciones profesionales que estipulaba tu contrato con el Estado.
Cuando el vértigo de la ruptura terminó de poseerte, decidiste romper con todo. Quebrar la Constitución, partir tu partido, desanudar los afectos con el resto de españoles, introducir la división en las familias catalanas. Encabezaste un frente antisistema: ¡tú, burgués canónico, que eres el puro Sistema! Que has vivido en él y de él toda tu vida, y que no sabes hacer otra cosa.
Con tal de seguir rompiendo cosas te internaste tan hondamente por la vía de la impostura que extraviaste el camino de regreso a la verdad. Confundiste la izquierda y la derecha, la historia y la propaganda, España con tus vesículas biliares, la audacia con la impunidad. En tu delirio de caballero de mesa cuadrada inventaste gigantes opresores donde solo había aspas de molino girando al 3%, y pagaste a pintores de corte feudal que tienen los santos cojones de llamarse periodistas. Aprendiste a llorar con el alma vacía, a pordiosear sin dejar de amenazar. Perfeccionando una lucrativa tradición, te reivindicaste para los restos como el amo del chantaje victimista, de la lágrima pasivo-agresiva en la que se mojan y revuelven los papeles de colonia y de metrópoli, de pobreza y de riqueza, de egoísmo y de solidaridad. La moral que la justeza semántica protege se fue un día por el inodoro de Sant Jaume junto con tus escrúpulos marrones.
El cinismo se volvió compatible con el sentimiento más húmedo. El cosmopolitismo con las miras paletas de un desertor del arado. El ombligo nacional de la prosperidad con el culo desgarrado del ultraje.
Aquí una nueva entrega sonora de El Parnasillo, esta vez con Quevedo como protagonista: hicimos el programa de Herrera desde León, y nos alojamos en el sublime Parador, en su día horrible cárcel donde penó cuatro años don Francisco por espía.
Es sabido que en cualquier noche electoral, como en cualquier estudio general de medios, suelen ganar todos los partidos, que además celebran con unánime júbilo la fiesta de la democracia. Pero nunca antes habían ganado, a la vez que Alexis Tsipras, tantos actores y tan dispares.
A uno, que ha consumido mucha ‘bildungsroman’ y se declara ‘viejoven’ por naturaleza y por ambición, le fascina el proceso de sanchificación de los quijotes antes que el inverso: me gusta sentarme en el porche a contemplar el choque epifánico del revolucionario contra la realidad, llámese deuda. Ha ganado un Tsipras muy distinto del populista desorejado que llegó al poder prometiendo el gran ‘simpa’. La pedagogía intensiva de la ‘realpolitik’ arroja un Tsipras domesticado, europeísta y pragmático, que a cambio de renunciar a la magia -y de hundir a su país un poco más- ha logrado su objetivo: llegar al poder y consolidar en él a su partido, arrebatando la hegemonía de la izquierda aceptada al Pasok. O sea, lo que pretende hacerle al PSOE Iglesias -otro ganador del domingo- con su metamorfosis socialdemócrata. Que Podemos se le ‘syrice’, escindiéndose por Aragón o Andalucía, ya no le preocupa: la facción purista de Syriza ni siquiera ha entrado en el parlamento. Errejón tenía razón y Monedero queda para animar auditorios en el papel de folclórica comunista.







GAZPACHO CON TABASCO
blog personal de un cierto jarroson
“Cada vez que se encuentre usted del lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar”. M. Twain
“Cada vez que se encuentre usted del lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar”. M. Twain
you are so cute when you are frustrated, dear
“Cada vez que se encuentre usted del lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar”. M. Twain
“Cada vez que se encuentre usted del lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar”. M. Twain
“Cada vez que se encuentre usted del lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar”. M. Twain
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