Odiar a Amancio

Amancio, preocupado por sus haters.

Amancio, preocupado por sus haters.

No odiamos a Amancio Ortega porque esté podrido de millones, acaudalado hasta el límite de lo concebible. Es cierto que en España siempre hubo poco dinero y de mala calidad, y en este triste hecho cifraba Camba nuestra arraigada ‘plutofobia’. Y sin embargo el español ha aprendido ya a tolerar fortunas quizá más modestas pero igual de obscenas a condición de que sus propietarios se dediquen al fútbol o a la canción, lo amasen en la montaña de Hollywood o en el valle de Silicon.

No lo odiamos porque haya coronado Forbes sin mediar apellido noble, herencia ingente o braguetazo lucrativo. Aunque su historia es demasiado americana, e incómoda particularmente a la mente reaccionaria del español colectivista, devoto del reparto, incapaz de mirar sin sospecha toda iniciativa privada, monaguillo paranoico de un solo versículo que reza que nadie se hace rico trabajando. Este espécimen tan nuestro piensa así en defensa propia, porque si pensara de otro modo tendría que contestarse, desde la misma barra del bar en que odia, por qué él no es rico y otro plebeyo sí. Tampoco lo odiamos por el fuego moral que se apodera de nuestro táctil corazón al imaginar a los niños costureros de Bangladesh, pues tuiteamos esa misma indignación desde aparatos compuestos en Asia no precisamente bajo convenio sindical. Tenemos industrializada la solidaridad a distancia, pero cuando Ortega entrega unos millones a Cáritas o a la sanidad pública protestamos «¡caridad, caridad!» como las barbudas triunfantes de Brian clamaban, piedra en mano: «¡Jehová! ¡Ha dicho Jehová!».

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27 octubre, 2015 · 11:26

Cruyffismo madridista

Hombre solo.

Hombre solo.

Siempre me gustaron los jugadores delgados y resbaladizos, cuyo patrón instituyó Johan Cruyff, que era un George Best con inteligencia. El primer signo de la inteligencia es el instinto de conservación, y mientras Best se autodestruyó a buen ritmo, Cruyff administró su inmortalidad con ese genio hacendoso que es propio de los holandeses. Rebelde pero no temerario, imaginativo pero no demencial, comprometido hasta que un leñador le daba a elegir entre su pierna o la pelota. Lo explicaba Vázquez Montalbán: «Huele la patada, venga de donde venga, y entonces da un salto asombroso que sitúa su cintura por encima de la cabeza del agresor».

En mi primera memoria, Cruyff era el señor con piruleta que se sentaba en el banquillo del Barça y no se movía de él así cayeran los años y las ligas, mientras mi equipo probaba un técnico por temporada y era burlado por los fantasmas de Tenerife. Pero si me cayó siempre bien no fue por la implantación del fútbol de toque que se le atribuye, sino porque era un individualista insobornable en un entorno crecientemente infectado de gregarismo. Hay periodistas catalanes que conceden: «A Cruyff hay que escucharle»; cuando en realidad quieren decir: «A ver si deja de joder el tinglado».

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24 octubre, 2015 · 13:16

La pirula

La noche nos confunde.

La noche nos confunde.

El taxi bajaba por la calle de la Colegiata de San Isidro y yo viajaba en él, y tenía prisa porque me estaban esperando. Así que al llegar a la altura de la Cava Baja le sugerí al taxista que me ahorrara un fastidioso rodeo girando a la izquierda. El taxista, con suave acento sudamericano, objetó que esa maniobra estaba prohibida, cosa que yo ya sabía. Los dos nos tomamos unos segundos para asegurar la escena del precrimen; al verla despejada de sirenas y uniformes, el taxista cedió a mi insistencia y giró a la izquierda.

Fue salir del giro y topar de frente con una pareja de agentes de movilidad que nos hacían señales para que nos echáramos a un lado de la calzada. Una insidiosa furgoneta de reparto los había ocultado a nuestro vistazo preventivo. El taxista maldijo en voz baja, con más pesar que ira. Se percató rápidamente de lo que venía a continuación, aunque no dudó en delatarme cuando el agente se acercó a la ventanilla.

-El cliente me dijo que hiciera la pirula…

-Pero usted decidió hacerla. Usted conducía, así que la denuncia es para usted. Si el cliente quiere pagársela, es cosa suya.

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23 octubre, 2015 · 11:48

Érase una herencia recibida

Aplauso automático y mutis por el foro.

Aplauso automático y mutis por el foro.

Carece del encanto suburbial de la tasca Tío Cuco, pero a cambio ofrece escaños en cuero rojo y azul, bancos de madera pulimentada, frescos agujereados por balas de golpista y un coro de 350 gargantas abucheándose con perfecta disciplina. Es el Congreso de los Diputados, McFly, donde ayer se celebró la última sesión de control de la legislatura. Sus señorías formaban corrillos como en el junio tardío de un instituto:

– ¿Y tú adónde te vas de vacaciones?

– Yo, con suerte, al Grupo Mixto…

Los fotógrafos se arremolinan frente a un don Mariano casi en funciones, Soraya estrena tinte moreno -¿pinturas de campaña?- y en el lugar de Irene Lozano descubro a un hipster de portada de dominical. Nueva política, supongo. Abre fuego Aitor Esteban con pregunta sumarísima:

– ¿Qué balance hace de la legislatura?

Así las quiere don Mariano: «Positivo, señoría». El peneuvista introdujo algunos matices: Gürtel y Púnica, recesión y recentralización, ley mordaza y cadena perpetua, más canibalismo que gastronomía. «Y la Y vasca», abrochó Rajoy. De quien Rosa Díez se despidió sin bajar el atizador, llamándole mentiroso de tantas maneras que espoleó al séptimo de caballería popular: ensordecedora pataleta. El presidente no tuvo la piedad deseable frente a un árbol caído:

– Usted está donde está. Para su vida futura le recomiendo un poco de humildad.

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Chandler.

Chandler.

Hoy discutimos con Herrera en COPE, en nuestra sección del Parnasillo, sobre la burbuja de la novela negra. ¿Hay demasiado detective suelto? ¿Deberíamos pinchar esa burbuja de modo que parezca un accidente?

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22 octubre, 2015 · 13:37

Nueva política a. C.

"Cicerón denunciando a Catilina", por Cesare Maccari.

«Cicerón denunciando a Catilina», por Cesare Maccari.

Distinguir entre nueva y vieja política es ya vieja política. En concreto, de 1914, fecha de una conferencia de Ortega titulada, oh sorpresa, ‘Vieja y nueva política’. La condición de oficio más viejo del mundo se la disputan la política y la prostitución, suponiendo que designen quehaceres distinguibles, por lo que parece francamente presuntuoso calificar como nueva la humana pugna por el poder, que tiene su mecánica como el mar sus símbolos.

La política ya era vieja el 8 de noviembre del año 63 a. C., cuando Cicerón formuló en el Senado la pregunta retórica más famosa de la Historia: «¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?». Lucio Sergio Catilina se presentaba a sí mismo como adalid de la nueva política, y quiso labrarse una carrera proponiendo la abolición de la deuda y el castigo de la casta patricia: igual les suenan estas cosas. Pero en Roma aún funcionaban las instituciones, así que Catilina fundó un partido jacobino y se presentó a las elecciones. Perdió. Y como no sabía perder, preparó una conjura contra la República que incluía, entre otros usos leninistas, el asesinato de Cicerón. Qué quieren: antes no había tertulias. Lo que ocurrió fue que la burguesía romana, que simpatizaba con los jacobinos por mermar el poder de la aristocracia, pero recelaba de los experimentos con el Estado o con el capitalismo, respaldó a Cicerón y bajó el pulgar ante Catilina. No sé si siguen viendo como novedad lo que pasa en España.

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20 octubre, 2015 · 17:02

Sexando a Ciudadanos

Nueva política, viejo bipartidismo.

Nueva política, viejo bipartidismo.

Dice Albert Rivera que no tiene ningún sentido que le pregunten si pactará con azules o con rojos porque ese modelo binario está agotado. Pero si fuera cierto que está agotado, nadie se lo preguntaría. De hecho, con Podemos en franco repliegue hacia su marginalidad primigenia, esa pregunta es la única que importará en España de aquí a diciembre, y todo el trabajo de Rivera hasta entonces consistirá en blindar su retórica indefinición para captar el voto de ambos caladeros por el procedimiento de lanzar medidos pellizcos a unos y a otros. Veamos un ejemplo canónico, este de ayer mismo: «El PP ya no tiene proyecto político para España y el PSOE tiene 17».

El hecho de que parezca tan imaginable un pacto de gobierno de Ciudadanos con el PP como con el PSOE es la primera originalidad del partido naranja, pero Rivera debe saber que en España la originalidad no suele tener premio sino castigo. Lo cierto es que ya no disimula que le tira más el pacto andaluz que el madrileño: que Pedro Sánchez se le antoja un candidato más apoyable que Mariano Rajoy, aunque no sabemos si menos que Soraya o que Feijóo: lo dirá la diferencia de votos.

Así que el votante conservador o liberal cabreado con Rajoy sospecha que C’s usará su papeleta para investir a Sánchez, con lo que o se refugia en la abstención y en la lectura resignada de Marco Aurelio o retorna al redil pepero no con una pinza en las narices sino con un traje antiébola. A explotar esa suspicacia ya se está aplicando Javier Maroto en radios y teles: C’s es de centro-izquierda, no es de fiar. Hemos sido malos pero sabéis que os queremos: volved a casa.

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Cortesías de Ricardo F. Colmenero e Itxu Díaz

Entrevista al hilo de La granja humana que me hace Luis Reguero en Culturamas

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19 octubre, 2015 · 14:29

Última lección de Raúl

Raúl o el coraje.

Raúl o el coraje.

Escribir que Raúl se retira es casi como descubrirle una utilidad al Senado. Y no estamos proponiendo a Raúl como senador, sino encaramándole al panteón institucional que le pertenece por derecho. Raúl es el jugador-institución, un éxito del sistema, el espejo de canteranos que aún conservan la fe en la vía meritocrática hacia la leyenda.

La ejemplaridad de Raúl es categórica también para lo menos bueno. Nosotros ya hace mucho que le perdonamos la forma poco decorosa en que salió del Club, sin escatimar un céntimo, o la propensión al despotismo con que timoneaba el vestuario, vetando la contratación de delanteros más jóvenes, por tanto no necesitados de cámaras hipobáricas para pelear el puesto. Pero al sector recalcitrante de la afición habría que ponerle hoy el vídeo glorioso de los goles del 7 y espiarle mientras tanto el lacrimal: si se mantiene perfectamente seco, ahí no hay un madridista.

Yo tenía 12 años cuando lo vi debutar y desde su gol inaugural contra el Atleti a pase de Laudrup lo adopté como jugador favorito. Toda mi generación de vikingos lo hizo. Crecimos y acrisolamos nuestros colores con los goles de Raúl, que eran muy distintos a los de Cristiano: menos espectaculares, menos abundantes… y más decisivos. Raúl, de hecho, funda un paradigma del gol: el tanto oportunista, ese que se empuja con cualquier parte del aparato locomotor (con frecuencia la menos airosa). El gol que se cosecha no por la facilidad del superdotado sino tras hora y pico de vendimia. Los metió también vistosos, y acuñó el aguanís y la cuchara. Pero lo suyo era el gol por tenacidad, el coraje recompensado. He ahí la médula de su ejemplaridad: niños, si no tenéis el cuerpo de Cristiano o el don de Messi, aún podéis tener el corazón de Raúl.

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19 octubre, 2015 · 14:11

¡Arropen al imputado!

Imputación mesiánica.

Imputación mesiánica.

Puestos a arropar a un imputado yo habría elegido a Messi, que seguramente ha procurado a los catalanes más felicidad -y de mejor clase- que Mas. Pero vaya, cada alcalde arropa a quien quiere. Que normalmente coincide con el propietario del dedo que le mete en las listas.

Hay imputados e imputados. Recuerdo que la mujer de Urdangarín, a la sazón Infanta de España, desfiló para los ‘flashes’ sobre la rampa mallorquina con una sonrisa serena y en altiva soledad. Luego declaró durante seis horas ante un juez bastante menos inclinado a la deferencia que quien ayer tomó declaración, durante una hora y diez minutos de procedimiento rutinario, a don Artur. La aristócrata de sangre no se hizo acompañar de cortesanos para afrontar el paseíllo de la deshonra, y en todo caso nadie dijo entonces que sentando a una infanta en el banquillo corríamos el riesgo de fabricar monárquicos; el libertador de palo, en cambio, incapaz de sostener ni la propia dignidad de víctima solitaria que reivindica, llamó a filas a su ejército desarmado de Cataluña -en número de dos mil, entre tropa y marinería- para escenificar su particular 1714 frente a un señor en puñetas. Es la paradoja del independentista: a la hora de la verdad, no sabe obrar por sí solo.

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Cortesías de Casimiro, Raúl del Pozo y Luis Martínez

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16 octubre, 2015 · 10:34