Carmena en el Bernabéu

Casta de viejo y nuevo cuño.

Casta de viejo y nuevo cuño.

En su crónica del Madrid-PSG se preguntaba Hughes si sufrió Manuela Carmena cuando Nacho marcó el gol. La pregunta es pertinente porque doña Manuela, que por algo se hizo jueza, nunca ha podido con la injusticia y se trataba de un gol injusto: no solo porque era un pase, sino porque instalaba en el marcador una ventaja no merecida a tenor del juego exhibido, por decirlo suavemente.

Ya es mala suerte que la primera vez que doña Manuela pisa el Bernabéu -su diabólico palco, en concreto- presencie un espectáculo tan poco equitativo como el que deparó la victoria del Real Madrid sobre el equipo de su homóloga Anne Hidalgo. Habría disfrutado más con el empate del derbi, pues un empate siempre transmitirá al alma de progreso cierta idea -así sea numérica- de igualdad, pero respecto de ese partido tan madrileño la alcaldesa declaró una perfecta indiferencia. Ahora que al fin condesciende con entretenimientos banales tiene que soportar una iniquidad notoria. Porque los de Benítez debieron irse apalizados del Bernabéu y resulta que han pasado a octavos de final encabezando el grupo. ¿Tomará medidas?, inquiría el cronista.

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9 noviembre, 2015 · 11:14

Tú eres Pedro (Sánchez)

Sobre las canas de Pedro edificaremos el pasado del PSOE.

Sobre las canas de Pedro edificaremos el pasado del PSOE.

Llamarse Pedro parece un buen comienzo para liderar un proyecto ambicioso, sea la Iglesia Católica o el Partido Socialista Obrero Español. En cambio apellidarse Sánchez tiende a estropear cualquier augurio. De Pedro Sánchez muchos -cada vez más- critican que acierte principalmente cuando rectifica, la última vez esta semana, que inauguró adjudicando en televisión al PSOE la ley del divorcio y reconociendo al día siguiente en radio que fue cosa de la UCD y que él entonces tenía nueve años. Normal que no se acordara.

En todo caso si los errores de don Pedro se atuvieran al pasado del país no sería grave, porque para eso están los historiadores. El problema es que atañen a su futuro, que es para lo que deberían estar los políticos. Así, el aspirante socialista a La Moncloa promete derogar en parte la reforma laboral y luego derogarla entera; anuncia que extirpará la religión de todos los colegios y más tarde solo de los públicos; forma lealmente junto al Gobierno para plantar cara al separatismo catalán y a continuación censura a Rajoy por ceñirse a vías judiciales y desechar las políticas. El sanchismo es una fábrica de arrepentimiento más productiva que el más sórdido adulterio. El sanchismo se nos antoja el único movimiento político al que cabe pedir no más autocrítica, sino menos. No mayor humildad, sino alguna autoestima.

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9 noviembre, 2015 · 11:08

Últimas jaculatorias con Rajoy (o no)

Rajoy frente a Rosell en el foro de EL MUNDO.

Rajoy frente a Rosell en el foro de EL MUNDO.

Es normal que los cronistas citen a los políticos. Es menos normal que los políticos citen a los cronistas. Pero lo que de ningún modo parece oportuno y conveniente -por recurrir a una adjetivación característica del personaje- es que un presidente del Gobierno abra un coloquio organizado por EL MUNDO confesando que regaló un libro de Ignatieff «al señor Bustos, que antes me había enviado el suyo». Eso es tomar rehenes, presidente. Uno no es de piedra y soy especialmente sensible a los lectores que me dan trato de señor, por no hablar de los que me hacen regalos.

La historia de mi secreta correspondencia libresca con Rajoy en todo caso ya está contada en estas páginas y si salió a colación es por la sentencia de Ignatieff que Francisco Rosell lanzó a la cara de don Mariano muy pertinentemente a cuenta del sindiós catalán: «Si adoptas la prudencia como lema, el coraje te abandonará cuando llegue el momento de mostrarlo».

Pero las apelaciones ígneas a la acción se evaporan al contacto con la flema galaica que Rajoy ha convertido en estilo político, el llamado marianismo: «A veces el Gobierno tiene que tomar decisiones. Y a veces -aquí pausa dramática- el Gobierno tiene que NO tomar decisiones». Cuando recita una de estas jaculatorias reprime una íntima satisfacción que sólo unos pocos marianólogos advertimos, porque la marianología es arte arcano y esotérico de difícil aprehensión.

El resto de la sala o del hemiciclo se suele dormir. Yo miré al asiento de Anson, por si acaso, pero don Luis María seguía atentamente la escena al lado de Boadella, cuya melena luce tanto más blanca en Madrid cuanto más se ensombrece el rostro de la Moreneta en Cataluña. Por cierto que la retórica marianista, hecha de tautología y verdades del barquero, encuentra un precursor nada menos que en Ortega y Gasset, a quien se había encomendado el presidente en su intervención inicial: «No sabemos lo que nos pasa y eso es precisamente lo que nos pasa». Puro marianismo.

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9 noviembre, 2015 · 11:05

Guardería Moncloa

¿Te imaginas?

¿Te imaginas?

En principio nadie ha condenado a la juventud a ser necia, del mismo modo que nadie ha condenado a la sabiduría a ser pobre, excusa que blandía Séneca cuando le reprochaban que un multimillonario como él fuera predicando el estoicismo. Alberto Garzón no es rico todavía pero aún es joven, y no es más necio de lo que estrictamente estipula hacer profesión de comunismo. Ayer salió de Moncloa muy digno clamando que no participará de ese «teatrillo del pacto» mientras secretamente en su interior agradecía que alguien le llamara a participar de cualquier cosa pública. Uno no renuncia con facilidad a ese optimismo improbable que nace de un pesimismo preventivo, pero Garzón, tan auténtico siempre, no logró colorear mi gris expectativa y evacuó la necedad habitual.

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La reseña más perspicaz de La granja humana la ha escrito el profesor Arias Maldonado en Revista de Libros

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3 noviembre, 2015 · 16:09

Ave Matritensis!

Raphael Benítez dixit.

Raphael Benítez dixit.

Quoties obitum linguae statuere Latinae; tot tamen exequiis salva superstes erat. Dicen una y otra vez que el latín ha muerto, pero sobrevive con salud a cada entierro. Que los penúltimos exhumadores de la lengua de Virgilio hayan sido dos madridistas inequívocos nos enorgullece, y al mismo tiempo nos persuade de que no podía ser de otra manera. «El latín es el Madrid y el Madrid es el latín. El latín es la lengua que erotiza la guerra, un idioma de resonancias épicas, y el fútbol es una continuación de la guerra por otros medios. Así que nada casa tan bien con el latín como el mejor equipo del mundo», me dice José Velasco, a quien he invitado a la redacción de EL MUNDO para que me explique por qué decidió, junto con su amigo Francis Alonso, abrir una cuenta madridista en Twitter desde la que se tuitea exclusivamente en latín. Y en uno bien vivo, que no ahorra mayúsculas ni exclamaciones cuando se trata de retransmitir en directo, con toda su vibratio, cada partido que disputan los de Raphael Benítez.

Keylor "Magnus".

Keylor «Magnus».

«Annuntio vobis gaudium magnum: habemus Twitter Latinum Matritensis», saludaba muy pontificalmente la cuenta Regia Matritensis (@realmadrid_In) el pasado 21 de septiembre, día de su debut en la pajarera virtual. Hoy supera los 4.000 seguidores, y sus tuits son celebrados por la parroquia madridista cum gaudio magno, o desatado regocijo. Y es que no hace falta traducirle esto a un vikingo: «Quomodo non amabo te? Quomodo non amabo te, si victorem Europae DECIES fecisti me?»

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31 octubre, 2015 · 10:35

El 23-F de Pablo Iglesias

¿Podem o no?

¿Podem o no?

Un país alcanza la mayoría de edad democrática cuando al fin distingue entre institución y sigla. Entre Estado y Gobierno. Entre Monarquía y Borbón. Entre España y Rajoy. Los españoles sabremos si hemos alcanzado esa madurez gracias, paradójicamente, al golpe de Estado catalán, que sacude cualquier cómoda hibernación en la equidistancia: o estás no con Rajoy sino con el presidente de la democracia española, o estás con los golpistas. La alternativa no es apta para menores: la izquierda entrañable aún cree que el sintagma «unidad de España» expresa fascismo; la tierna derecha le exige a Rajoy que aplique ya el 155, que nadie sabe qué implica pero acojona.

Reconozco mi discrepancia con la línea editorial de EL MUNDO, que reclamaba a Rajoy que se reuniese también con Pablo Iglesias. Entonces entró el teletipo que anunciaba la reunión de don Mariano con los líderes de los dos partidos emergentes. Llamar a Rivera, que debe su existencia política a la lucha contra el nacionalismo catalán, se me antojaba una perogrullada. Pero aún discuto la pertinencia de llamar a Iglesias porque no me parece muy operativo incluir en un frente constitucionalista a un político que ha construido su carrera de bengala -fulgurante y efímera- sobre declaraciones como que esa Constitución que a él le ha hecho un hombre es un candado que urge hacer saltar por los aires. Nadie maneja esos alicates en esta península tan eficazmente como la Forcadell, a quien votaron cinco diputados de la coalición podemita, así que en mi infinita inocencia di por supuesto que Forcadell, lejos de representar un accidente, un indeseable efecto colateral, se erigía en primera ganzúa de Podemos para empezar a cambiar las cosas en España. Para descerrajar el régimen del 78.

Pero don Mariano finalmente se reunirá hoy con el cerrajero Iglesias en La Moncloa, y celebrará un protocolario intercambio de pareceres siempre que consiga que Iglesias deje de lamer los sofás en que descansa su lúbrica fantasía de poder. Ya sabemos que no saldrá gran cosa de esa reunión, que Iglesias declarará que «le gusta» que Cataluña siga en España, que lo que hace falta es diálogo, que la gente es buena y que los consensos son fundamentales para la consecución de objetivos político-sociales de relevancia estratégica y entendimiento hegemónico, y ventosidades complutenses por el estilo. Pero cuando eso suceda, nosotros no podremos disimular la melancolía que nos causa la enésima oportunidad perdida por la izquierda española de presentarse, de una vez para siempre, como izquierda y española al mismo tiempo.

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Pla, la leyenda.

Pla, la leyenda.

Visita El Parnasillo de COPE el gran Josep Pla al hilo del tabarrón catalán. Hablamos de su enfrentamiento con el «milhombres» Jordi Pujol, de su catalanismo moderado y del criterio insobornable de mejor escritor catalán de siempre, que sentenció: «La independencia es mal negocio, porque los catalanes podemos hacer muchos calzoncillos pero no tenemos tantos culos».

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30 octubre, 2015 · 10:12

Odiar a Amancio

Amancio, preocupado por sus haters.

Amancio, preocupado por sus haters.

No odiamos a Amancio Ortega porque esté podrido de millones, acaudalado hasta el límite de lo concebible. Es cierto que en España siempre hubo poco dinero y de mala calidad, y en este triste hecho cifraba Camba nuestra arraigada ‘plutofobia’. Y sin embargo el español ha aprendido ya a tolerar fortunas quizá más modestas pero igual de obscenas a condición de que sus propietarios se dediquen al fútbol o a la canción, lo amasen en la montaña de Hollywood o en el valle de Silicon.

No lo odiamos porque haya coronado Forbes sin mediar apellido noble, herencia ingente o braguetazo lucrativo. Aunque su historia es demasiado americana, e incómoda particularmente a la mente reaccionaria del español colectivista, devoto del reparto, incapaz de mirar sin sospecha toda iniciativa privada, monaguillo paranoico de un solo versículo que reza que nadie se hace rico trabajando. Este espécimen tan nuestro piensa así en defensa propia, porque si pensara de otro modo tendría que contestarse, desde la misma barra del bar en que odia, por qué él no es rico y otro plebeyo sí. Tampoco lo odiamos por el fuego moral que se apodera de nuestro táctil corazón al imaginar a los niños costureros de Bangladesh, pues tuiteamos esa misma indignación desde aparatos compuestos en Asia no precisamente bajo convenio sindical. Tenemos industrializada la solidaridad a distancia, pero cuando Ortega entrega unos millones a Cáritas o a la sanidad pública protestamos «¡caridad, caridad!» como las barbudas triunfantes de Brian clamaban, piedra en mano: «¡Jehová! ¡Ha dicho Jehová!».

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27 octubre, 2015 · 11:26

Cruyffismo madridista

Hombre solo.

Hombre solo.

Siempre me gustaron los jugadores delgados y resbaladizos, cuyo patrón instituyó Johan Cruyff, que era un George Best con inteligencia. El primer signo de la inteligencia es el instinto de conservación, y mientras Best se autodestruyó a buen ritmo, Cruyff administró su inmortalidad con ese genio hacendoso que es propio de los holandeses. Rebelde pero no temerario, imaginativo pero no demencial, comprometido hasta que un leñador le daba a elegir entre su pierna o la pelota. Lo explicaba Vázquez Montalbán: «Huele la patada, venga de donde venga, y entonces da un salto asombroso que sitúa su cintura por encima de la cabeza del agresor».

En mi primera memoria, Cruyff era el señor con piruleta que se sentaba en el banquillo del Barça y no se movía de él así cayeran los años y las ligas, mientras mi equipo probaba un técnico por temporada y era burlado por los fantasmas de Tenerife. Pero si me cayó siempre bien no fue por la implantación del fútbol de toque que se le atribuye, sino porque era un individualista insobornable en un entorno crecientemente infectado de gregarismo. Hay periodistas catalanes que conceden: «A Cruyff hay que escucharle»; cuando en realidad quieren decir: «A ver si deja de joder el tinglado».

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24 octubre, 2015 · 13:16