La pasión según Cifuentes

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Un político representando.

La pasión de Cristina Cifuentes es idónea para considerarla en frío, imparcialmente, porque ilustra la peripecia triste del político que adopta el verso suelto y acaba por no rimar en estrofa alguna. Desde su llegada al poder, consciente de la ciénaga sobre la que apenas emergía su partido, la todavía presidenta madrileña se esforzó por cultivar un perfil propio, inmune a herencias indeseables, nimbado por un carisma autosuficiente. Como la única manera de hacer eso en España es tomando el carril izquierdo, doña Cristina, que venía nada menos que de domar el 15-M a golpe de carga policial, puso todo su empeño en hacerse perdonar la pertenencia a esa estirpe condenada a cien años de soledad mediática llamada PP. Había salvado la vida de milagro pero ella se declaraba agnóstica -amén de republicana-, y sobre estas coquetas herejías ingenió una identidad proteica que aparcaba en todas partes y a nadie pertenecía. Ella era la nueva derecha a base de ocupar el centro por el lado zurdo, y el efecto final despistaba mucho al periodismo, cuyo nivel de nostalgia en sangre dobla el del simple civil. El periodista hispano necesita un orden de combate, a poder ser el de toda la vida, y si no existe se lo inventa, de ahí que la prensa zurda atizara a Cifuentes como si encarnara la derecha clásica, y como si ese sintagma existiera fuera de la fantasía del antifranquismo milenial. Y sin embargo su caída será celebrada con sinceridad por la izquierda, que propone a don Ángel Gabilondo sin reparar en que pretende sustituir a una progresista del PP por un conservador -casi un escolástico- del PSOE. Porque la divisa importa más que las hechuras.

Lo que quiero decir y a ver si lo digo es que la imparable superación de las ideologías no se traduce en un reposicionamiento correlativo de dianas y baterías. Los mismos siguen disparando contra los mismos pese a que nosotros, los de entonces, ya no seamos los mismos. Pese a que todos sospechemos que entre PP, PSOE y Cs no existen mayores discrepancias que la cuantía y el destino de las partidas de gasto, y pese a que entre esas tres siglas y Podemos apenas medie una cierta experiencia de la vida. Y está bien que así sea.

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El bueno (Felipe VI), el feo (Cifuentes) y el malo (Puigdemont) en La Linterna de COPE

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7 abril, 2018 · 21:24

Normas para la chilena perfecta

15227913002198Todos hemos soñado con marcar un gol de chilena. Me refiero a una chilena perfecta, una chilena rara como una gema, como el oro de los buscadores febriles. La chilena es el último ochomil de los remates, el himalaya del gol. El cabezazo imperial, la falta ajustada, el disparo por la escuadra e incluso el taconazo burlón son golazos de ley. Pero la chilena es lo máximo, todos los niños sueñan con ella, y cuando dejan de ser niños alargan la infancia figurándose que aún tienen edad para marcarla si les llegara el balón adecuado.

Los niños que crecimos con la chilena de Hugo Sánchez al Logroñés siempre la reputamos la chilena perfecta. Por la altura alcanzada en el escorzo, por la plasticidad del movimiento, por la parábola implacable del balón. Recordamos también aquella de Ezquerro. Pero la de Hugo cuajó un modelo, era la chilena platónica materializada en el mundo. Ese molde ideal saltó anoche en mil pedazos en el minuto 64 de un Juventus-Real Madrid.

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4 abril, 2018 · 9:24

El hombre y la cruz

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Intuición popular.

Hay muchas maneras de entender el cristianismo, pero muchas más de no entenderlo. La manera marxista de desfigurar a Jesucristo en realidad ya la practicaron Pedro o Juan, que esperaban de su mesías el mando de la revolución pendiente contra los romanos, que eran los neoliberales de la época. Cristo respondía con metáforas íntimas a las ansias de acción de su pupilaje, pero hasta Pablo nadie supo muy bien cómo interpretarlas. Dado que la reforma interior no entretiene tanto como derrocar gobiernos ajenos, la política volvió pronto a parasitar la fe y las confundió durante siglos, hasta que la revolución burguesa separó la iglesia del Estado.

Nació entonces la manera liberal de despreciar la única fe sobre la que fue posible su democrático triunfo. Adam Smith no era un ejemplo de devoción pero sabía que el egoísmo del mercado encontraba un saludable contrapeso en la moral cristiana. Hoy sus seguidores menos lúcidos o más fatuos creen que los vuelve más liberales rasgarse las vestiduras por una bandera a media asta en Jueves Santo, o pedir la retirada de los crucifijos de las aulas concertadas, sin reparar en que de ese símbolo cuelga el que dijo que la verdad nos haría libres y que todos nacemos iguales. O sea, el puro credo liberal.

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1 abril, 2018 · 21:08

El Llarena solitario

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La ley.

A la imparable decadencia de Occidente creía Spengler que solo se podía oponer un pelotón de soldados. Pero eso lo escribió en 1918, cuando la carne de Europa aún se descomponía en las trincheras. Hoy el campo donde se combate a la democracia es incruento, virtual incluso, y no alinea a soldados contra soldados sino a emociones colectivas contra derechos individuales. Las primeras alimentan el mar sin orillas de Facebook, que en ocasiones inunda los paseos marítimos y causa destrozos en la civilización; los segundos dependen de la razón y el coraje de un puñado de intérpretes del código penal, llamados jueces. Su misión es levantar diques y fijar en ellos la marca de la vergüenza para que las generaciones futuras sepan hasta dónde llegó esta vez la riada.

A la degradación de Cataluña se ha opuesto un hombre sobre todos, un español de Burgos, formado en Valladolid y curtido en Barcelona, impermeable al victimismo porno de los unos y a la componenda proxeneta de los otros. Pablo Llarena Conde (55 años, hijo de abogados, padre de dos hijos, número uno de su promoción, magistrado de la Sala Segunda del Tribunal Supremo) podrá contar en las cenas familiares que a principios de siglo una parte de España retrocedió al salvaje Oeste, y que todo aquello a él le pilló en la oficina del sheriff. «En aquel tiempo, queridos nietos, yo fui la ley. Y la ley se cumplió». Podrá decirlo, porque habrá dicho la verdad.

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28 marzo, 2018 · 21:03

La primavera es otro bulo

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¿Es perenne Rajoy?

La mañana parlamentaria estuvo dedicada al tema de nuestro tiempo, que son las fake news. Su influencia escala del país al continente, del continente al hemisferio y del hemisferio al planeta: en lugar de conspirar contra un gobierno ya aspiran a alterar el orden cósmico, y en vez de limitarse a acortar legislaturas se proponen alargar el invierno. Y no sólo el de nuestro descontento, sea este feminista, permanente revisable, pensionista o mediopensionista. La gélida Rusia tiene que estar detrás de esta primavera que ha sido anunciada oficialmente pero no ha querido presentarse.

Todos en el hemiciclo se tiran los bulos a la cabeza. Irene Montero rescató algunos ya clásicos, como los hilillos del Prestige o las armas de Irak, y Soraya Sáenz de Santamaría respondió con uno bien reciente: la muerte del mantero Mbaye a manos del capitalismo y no de la cardiopatía. Rivera recordó el arriesgado optimismo de Montoro, que nos tiene prometido que no hemos pagado de nuestros bolsillos «ni un euro» del aquelarre de los golpistas, cuando no su pensión completa en Ginebra o Waterloo; optimismo cuyo fundamento hoy está bajo la lupa del juzgado número 13 de Barcelona, donde se malician que quizá no sea un euro sin dos millones. La vicepresidenta le reprochó a Rivera su «cintura» con el independentismo, que mira que exhibe elasticidad la cintura de Rivera en muchas cosas, pero hombre, ni el ancho monte de orégano de la trola parece capaz de dar cobijo a una presunta connivencia de Ciudadanos con los indepes. En cuanto a Rufián, que ha perdido la inspiración al mismo ritmo que la república perdía candidatos viables y hoy nos tiene a dieta de esposas o impresoras, fue enfrentado por Zoido al espejo de sus contradicciones: está en contra de la policía pero a favor de los mossos, clama contra la politización de la justicia a no ser que te politices -como Vidal– hacia el bando correcto y aplaza cada día aquella esperanzadora promesa de dejar el escaño en el plazo ya vencido de 18 meses. El escaño español de Rufián es su prisión permanente revisable.

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21 marzo, 2018 · 21:04

Reo Ronaldo

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Sinceridad cristiana.

Hace poco revisité la declaración de Cristiano Ronaldo ante la jueza, una de esas cosas que hacemos en domingos lluviosos. Hay un momento de la vista en que el goleador, quien como toda celebridad global está dotado de una autoconciencia agudísima, se desdobla para verse a sí mismo desde fuera. Y descubre entonces nada más que un acusado en el banquillo de un tribunal. Y entonces deja escapar una reflexión en voz alta, al borde del llanto: «Señoría, yo no sé qué hago aquí. Tengo hasta sexto de escolaridad. Yo la única cosa que hago bien es jugar al fútbol». Y a diferencia de un imputado cualquiera del procés, todos percibimos la radical sinceridad de su declaración. Lo cual no le exime de pagar hasta el último céntimo que adeude.

Cuando se retire y se amplíe la perspectiva, quizá entendamos que la sinceridad fue la principal virtud humana de Ronaldo, por encima de la disciplina o la ambición. Fue un hombre tan silvestre que no acató el primer mandamiento para sobrellevar la convivencia en sociedad: la hipocresía. La falsa humildad, que allana ante la opinión pública el disfrute íntimo de tus bien ganados privilegios. La asombrosa carrera del portugués se puede resumir así: «Prometió disparates, y cumplió con lo prometido». Decía que volvería a ser el de antes, el de siempre, cuando hasta los aficionados de su equipo -ese equipo en el que batió la marca goleadora de Alfredo Di Stéfano– lamentaban no haberlo vendido a Qatar. Y Cristiano volvía, a veces con una Copa de Europa bajo el brazo.

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20 marzo, 2018 · 10:37

La rebelión del niño-masa

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Padrecito Vlad.

Lleva un tiempo darse cuenta de que la democracia hay que protegerla del pueblo. Cuando uno es pueblo, en el roussoniano sentido de niño-masa, desea que su voluntad particular coincida con la voluntad general. Y cuando no lo hace grita, patalea, llora al deshacer el envoltorio y descubrir el sofisticado nudo de contradicciones en que consiste el juguete, tan alejado de su rutilante fotografía en el satinado catálogo que le han vendido. Cuando ves la democracia en AliExpress y cuando te llega. Por eso los ilustrados americanos que la diseñaron protegieron su mecanismo contra niños intolerantes, y por eso se les llama padres: padres fundadores.

Un niño no entiende la diferencia entre venganza y justicia. Un niño no admite fácilmente que su libertad acaba donde empieza la de un niño distinto. Un niño, que es un sujeto conjugado en presente perfecto, no se privará voluntariamente de lo suyo para que lo disfruten unos desconocidos, porque contra lo que opina Gloria Fuertes los niños en realidad carecen de imaginación: desde luego de la imaginación necesaria para ponerse en el lugar de un viejo. Por eso deben leer cuentos fantásticos: para empezar a desarrollarla. Si siguen leyendo, es posible que terminen entendiendo el sistema de pensiones.

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El bueno (Pacto de Toledo), el feo (Congreso) y el malo (platós de televisión) en La Linterna de COPE

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19 marzo, 2018 · 11:22

Pensiones: un agujero negro en busca de divulgador

Congreso debate pensiones

Rajoy jugando en casa.

Inventaron la divulgación científica porque la ciencia, literalmente, no hay Dios que la soporte. O sea, lo mismo que un pleno sobre pensiones, asunto donde el equilibrio presupuestario ejerce de ciencia y las calles agitadas por yayos indignados se encargan de la divulgación. En homenaje a Hawking, que hizo bastante bien las dos cosas, Mariano Rajoy se propuso descifrar el principal problema de la física constitucional, que es el agujero negro de las pensiones. Un enigma planteado en sus exactos términos por el veterano taxista que me llevó al Congreso: «Quieren subir las pensiones y bajar los impuestos. Y eso sólo se puede hacer de una manera: engañándonos». No hay más preguntas, señoría.

Pero las hubo, y todas retóricas. El clima entre prelectoral y poscensor que impera en la política española no admite ya la altura moral exigida por los creadores del Pacto de Toledo. Todos y cada uno de los portavoces deploraron retóricamente el perjuicio que el partidismo causa a los derechos de nuestros abuelos mientras procedían a la minuciosa demonización del adversario. Es que un pleno sobre pensiones no sirve para nada, del mismo modo que la ciencia no se hace en platós: se hace en la aséptica serenidad del laboratorio, que un día fue el Pacto de Toledo.

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14 marzo, 2018 · 15:05