Archivo de la categoría: El Mundo

Alonso y la simpatía

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Saliendo siempre por propio pie.

Parece ser que Fernando Alonso no cae del todo bien. Se asegura incluso que cae más simpático fuera de España que dentro. Se rumorea que hasta Lobato acabó cansándose de él. Al campeón asturiano, uno de los grandes pioneros del deporte nacional, se le atribuye el peor de los pecados que un deportista español puede cometer: la frialdad. Alonso es un tipo templado, temperamento muy útil para conducir a 300 kilómetros por hora pero garrafal para atraerse el fervorín del aficionado español, que es un espécimen que se alimenta básicamente de lágrimas, sean de alegría o de tristeza.

El aficionado no le consiente que eligiera residenciarse en el extranjero, ni que se case o ame o rompa en secreto, ni que escude sus derrotas en los defectos del coche, ni que no aproveche cada comparecencia para levantar el enésimo monumento a la falsa modestia o al tópico de manual. A Alonso, sobre todo, no se le perdona esa manía de decir la verdad cuando la verdad decepciona.

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22 marzo, 2016 · 19:52

Errejón enmudecido

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Coger el portante.

Dentro de muchos años don Íñigo Errejón escribirá sus memorias y se preguntará, como Carrere evocando la bohemia, qué fue de tantos muchachos llenos de entusiasmo y sin instinto de conservación que militaron en la utopía y acabaron barridos no por el viento de la historia sino por la escoba de hierro del compañero Iglesias. Cuesta imaginar a Errejón anciano, pero más difícil parecía imaginarlo sin asomar por una sola televisión en 24 horas. Claro que Errejón no ha enmudecido: lo han silenciado.

Uno comprende bien la crisis abierta en Podemos porque jamás se tragó su coartada asamblearia ni la belleza de su misión. El partido de Iglesias siempre fue un diseño de laboratorio en el que una intelligentsia marcaba el paso, un aparato transmitía las consignas y una multitud frustrada por la crisis prestaba oídos a la dulce canción de la ira. Lo que uno no comprende es que, conocida la purga de los errejonistas, la militancia a la que el timonel dirigía su carga de cursilería epistolar siga creyendo una sola palabra de lo que allí se versifica. Por no hablar de su electorado, que no obtiene de su credulidad sincera o fingida ningún beneficio directo en forma de carguito de confianza. Primer misterio político de esta hora: por qué hay ciudadanos que siguen ciegos a la impostura democrática de Iglesias. El capo populista no cabalga ya contradicciones: es que tiene a la contradicción subida a la chepa.

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Tributo al gran Ibáñez, padre de Mortadelo, en el Parnasillo de Herrera en COPE

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18 marzo, 2016 · 9:49

Lecciones de democracia, artículo 1

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Pimpinelismo escarlata.

Nueva política es que el primer pleno de esta legislatura capada verse sobre el primer artículo de la Carta Magna, y que no asistan ni el jefe del Gobierno ni el de la oposición. El PP y C’s habían presentado sendas mociones sobre la unidad de España y la igualdad de los españoles ante la ley: así estamos a 2016. Pero como arguyó Rivera, es el desafío de los Juntos por el No el que vuelve pertinente la reafirmación de lo obvio. En la intervención más didáctica de la tarde, el líder de C’s explicó que España no es un proyecto identitario sino civil, donde sentirse más o menos español importa menos que respetar unas leyes comunes. Y desmontó el derecho de autodeterminación en el que se amparan los separatistas y sus costaleros en comú: ese que en la formulación de Naciones Unidas sólo rige para colonias oprimidas en regímenes no democráticos. Invocarlo en 2016 es tanto como negar la condición democrática de España, pero es que precisamente sobre esa falacia airada ha levantado Podemos su pirómana identidad. La falla en la que quemar el sistema del 78.

Le faltó tiempo a Tardà para echar yesca a esa hoguera: mentó de corrido la Inquisición, los bombardeos de Felipe V, la represión de Franco y cuando aludía a no sé qué limpieza étnica miré hacia Rufián con nostalgia, porque el tremendismo de Tardà ya está demodé, pero me informaron de que el joven soldado estaba afónico y no intervendría. Qué amarga decepción. Yo que sólo voy ya al Congreso a oír a Rufián como un cofrade peregrina a Triana para llorar ante Nuestra Señora de la Esperanza.

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Comentario en COPE sobre el fracaso de Europa ante la crisis de refugiados

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16 marzo, 2016 · 12:17

‘Homo lupo homo’

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Lobo aullando por salir de la Puerta del Sol.

Los domingos, al objeto de mantener mi apolínea silueta, suelo acudir al gimnasio para correr en la cinta, manipular cosas pesadas y entregarme a villanías por el estilo. Con el fin de elevarme de la condición de hámster a la que tan ingratos ejercicios me reducen, me pongo los auriculares y escucho documentales de filosofía a modo de compensación espiritual. Yo preferiría no tener que reservarme para mí las teorías de los grandes genios del pensamiento, sino que éstas fueran difundidas a través del hilo musical del gym, lamentablemente copado por los gorgoritos de Taylor Swift y las guturalidades de Pitbull; pero los atléticos muchachos que regentan el local no comparten mi punzante curiosidad por la síntesis entre materialismo y platonismo de Santayana o la estructura del control social en Foucault.

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14 marzo, 2016 · 11:42

Zidane contra Zidane

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«Presi, déjame hacer».

El primer reto de un entrenador es la credibilidad, pero a Zidane le acompaña una leyenda. Y no una de esas leyendas vulgares que uno se crea inventando amantes para durar en las tertulias, sino una forjada a base de ganar Mundiales y Eurocopas y meter voleas en finales de Champions. Si Zidane no hubiera cometido todas esas enormidades, ahora sería más creíble como entrenador. Pero las cometió: hay vídeos en YouTube que enseñan goles aparatosos y copas alzadas bajo lluvias de confeti. Así que hoy Zidane debe dedicar todas sus energías a desmontar el pedestal de su leyenda como jugador para poder ganar el cimiento de su autoridad como técnico.

Zidane ha identificado el camino para ser visto más como entrenador que como futbolista: marcar distancias con su divina plantilla. Allanar las desigualdades bajo la única ley de la meritocracia. Si Lucas Vázquez se aplica más que James, juega Lucas. Si Casemiro suple con compromiso la negativa a defender de los mediapuntas, juega Casemiro. Si hay que cambiar a Cristiano en el 80 -no mucho antes, que la falta de tacto mató a Benítez-, se le cambia. Son decisiones tan razonables que su misma pertinencia se impone al aficionado sensato, y en consecuencia a la propia directiva. A Florentino le disgusta que el James de los 80 millones no esté en forma, pero es de lerdos o biliosos creer que el presidente antepone una titularidad pintona al rendimiento del equipo. Por disparatado que parezca, a Flóper le gusta ganar títulos aparte de dinero. Si es que hay diferencia.

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13 marzo, 2016 · 13:21

Nueva política según Homero

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Errejón atado al mástil para no oír a las sirenas radicales de su partido.

Hay que ver lo que la realidad ha hecho con don Alexis Tsipras. Contemplad, podemitas, el prodigio obrado en él. Sólo ha transcurrido un año entre aquel amanecer nietzscheano en que levantó acta de defunción de la Troika y este crepúsculo realista en que defiende la necesidad de deportar refugiados a Turquía, pasando por sus ronroneos en la pernera del FMI cuando lo de Davos. Sería Tsipras un griego paradigmático en quien se suceden dos héroes opuestos: el pendenciero Aquiles de la ‘Ilíada’ que ganó las elecciones desafiando a los dioses y el flexible Ulises que retorna a la Ítaca del crédito negociando con inteligencia. El trecho metafórico que separa al rudo guerrero del astuto navegante cifra el paso del mito al logos, de la utopía a la praxis. De la adolescencia a la responsabilidad. Del populismo a las instituciones.

Toda fuerza populista experimenta crisis de crecimiento en las que la voz no termina de modularse y la barba no acaba de salir. Paradójicamente, es el sector liderado por el lampiño Errejón el que más rápido madura, superando la retórica calimochera de fiesta del PCE y aceptando con todas sus consecuencias la efigie de diputado que el espejo -y la nómina pública- les recuerda. Mientras que Iglesias regresa con demasiada frecuencia al narcisismo estudiantil de Guerra Fría y megáfono caliente. Hay un alma parda en Podemos con el reloj parado en los 70 que si mira a Grecia se avergüenza de Tsipras y se excita con Varoufakis, ese Peter Pan de moto y chupa que sale a 53.000 napos por conferencia. Ya se sabe que la ficción vende más que el ensayo.

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Esta semana Rubén Darío en El Parnasillo de COPE, en el centenario canéforo de su muerte

Comentario en COPE sobre el 11-M: una herida española que no cicatriza

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11 marzo, 2016 · 10:38

La cosa es participar

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«¡Que participes!»

Don Gregorio Planchuelo, director general de una cosa llamada Participación Ciudadana, me informa por carta y de tú a tú (al usted en la nueva política le ha pasado lo que al castellano en la Cataluña administrativa) de que parte del presupuesto municipal ahora se va a destinar «a lo que decida la ciudadanía». Y para que conste que yo mismo pertenezco a semejante abstracción, don Gregorio me facilita un código personal para acceder a la plataforma decide.madrid.es, desde la cual puedo incluso «hacer propuestas de gasto y dar apoyo a las iniciativas de otros ciudadanos». Y ciudadanas, por supuesto.

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9 marzo, 2016 · 18:08

El Empecinado, o el orgullo del arroyo

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El héroe en el pincel de Goya.

Ganar una guerra es la manera más segura de escribir la historia, según quiere el famoso adagio. Pero pocos hombres legaron, además de su nombre al panteón de guerreros ilustres, también su apodo a la psicología popular, al mismo tiempo que su peculiar táctica de combate al vocabulario universal de la estrategia bélica. Estas tres hazañas juntas le fueran concedidas a Juan Martín Díez, el partisano que venció a Napoleón empecinándose en una guerra de guerrillas antes de despertar del sueño de libertad y toparse con Fernando VII, que traía consigo las cadenas para su pueblo y la horca para su héroe.

De niño me fascinó la vida de este guerrillero de fiero mostacho y vida trepidante, siempre entre la gloria y la condena, ese brusco vaivén tan español y tan siglo XIX. Quizá todo empezara por el libro que mi padre me regaló en mi primera Feria del Libro: Fray Perico, Calcetín y el guerrillero Martín, donde el fraile ficticio y el combatiente histórico cruzaban sus destinos en plena Guerra de la Independencia. Hubo un tiempo en que los niños no solo leían, sino que se les daba a leer cuentos sobre la historia de España y no solo magia con hormonas. De Barco de Vapor al episodio nacional que Galdós le dedicó fui saciando mi curiosidad y alimentando una púber vocación de emboscador de franceses sin reparar en que mi país ya había entrado en la OTAN, y por tanto Francia era nuestro aliado.

Le llamaban “empecinado” por el cieno o pecina que perfumaba las aguas en descomposición del riachuelo que atravesaba su pueblo natal: Castrillo de Duero, provincia de Valladolid. Me encanta el simbolismo del detalle: a uno de nuestros héroes decimonónicos más indiscutibles le recordaban cada vez que le llamaban que era hijo del fango, un paria del arroyo, pero cuando fue ascendido a mariscal firmaba “Empecinado” con el orgullo crecido. Esa raza ya no se estila.

Se conoce que un soldado gabacho violó a una del pueblo y por ahí no pasó. Tirando de amigos y familia, Juan Martín armó una cuadrilla y se echó al monte a hacer la guerra por su cuenta, como buen español. Más tarde se enrolaría en el ejército regular, pero algunas batallas perdidas le persuadieron de regresar a su método, que se reveló eficacísimo: su dominio del terreno por todo el frente castellano le permitía tender emboscadas, interceptar correos, apresar convoyes y convertir en general su nombre en una pesadilla para los mandos napoleónicos. Cuando uno de ellos atrapó a su madre para exigirle que se entregara, el hijo capturó a cien franceses y respondió que o soltaban a mamá o los fusilaba a todos allí mismo.

Lograda la victoria continuó la guerra por medios políticos, pero esa trinchera exige más fortuna que coraje. Liberal comprometido con la Pepa, partidario de Riego, gobernador de Zamora, desterrado a Portugal con la restauración absolutista, el rechazo del título nobiliario con que fueron a sobornarlo terminó de enojar a Fernando VII. Todavía camino del cadalso logró romper las esposas y arremeter contra la soldadesca realista; reducido con una maroma, el golpe de soga al cuello fue tan violento que sus alpargatas salieron despedidas.

Goya lo retrata como el héroe que fue: paleto hasta la nobleza, irreductible hasta el martirio. Empecinado.

(Publicado en La aventura de la historia, número 209, marzo de 2016)

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6 marzo, 2016 · 9:30