Archivo de la categoría: El Mundo

Democracia microondas

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Aquí, demócrata.

La política ya no nos calienta el corazón. La frialdad de la tecnocracia acerca el invierno de nuestro descontento electoral. La gestión del poder ha alcanzado tal grado de racionalismo que hiela la sangre de los nostálgicos, del mismo modo que la Ilustración agredía las conciencias feudales. Un creciente número de votantes toma por despotismo ilustrado el orden socioliberal que desde la posguerra rige Occidente y hace progresar a Oriente con la higiene y el desencanto de la aritmética. Contra esa asepsia ideológica se levantan los desclasados, los ofendidos, los interesados en consolar su apocalipsis personal con uno colectivo. Los que preferirían que China se mantuviera sólidamente tercermundista para que Trevor, tosco pero buen chico, pudiera seguir cobrando lo que cobraba por ensamblar coches en Detroit. Piden más democracia. Piden que se consulte más al pueblo. Y sus dirigentes, víctimas medrosas de su propio antiintelectualismo, cumplen el deseo plebiscitario de paso que transfieren su responsabilidad al pueblo, sin sentirse obligados a transferirle también el salario.

Una epidemia referendista ataca barrios, prende regiones y escala hasta los Estados. La idea es tan simple que duele que haya humanos que se resistan a su redondez lógica: votar más nos hará más demócratas. No hay que temer a la democracia. Votándolas, las decisiones de gobierno ganan legitimidad. Y otras inmundicias mentales por el estilo. Es la democracia microondas: calienta pero no cocina.

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18 noviembre, 2016 · 16:18

Si envidias, loterías

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La mirada del infeliz.

A usted ya le han informado en la oficina de que puede comprar lotería de Navidad. Está disponible un número que los improvisados cabalistas de su departamento estiman prometedor, e incluso «bonito». Usted va a dedicar unos minutos fugaces a sopesar la posibilidad de no comprarlo esta vez, porque usted, sin ser un experto en cálculo estadístico, es perfectamente consciente de que este año tampoco va a tocar. Pero usted va a regresar muy pronto de ese melancólico rapto de sensatez y va acabar comprando el décimo de lotería como todo hijo de vecino, por una poderosa razón que nada tiene que ver con la esperanza de hacerse millonario. Usted lo comprará porque sabe que no soportaría la felicidad de los demás en el remotísimo caso de que tocase. Para vivir quizá ni siquiera necesitemos el dinero, pero desde luego necesitamos el honor.

Los politólogos, los moralistas y, por supuesto, los encuestadores soslayan esta sencilla verdad de carácter más espiritual que material: que todos dedicamos los mayores esfuerzos de nuestra vida a que no nos tomen por gilipollas. A que de nosotros no se ría ni nuestro padre. A que el mal, ya que existe, sea de muchos para consuelo de tontos. Por eso el populismo ha eclosionado cuando lo peor de la recesión mundial ya pasó: uno enmudece y aguanta mientras sopla el huracán, pero no soporta que la bonanza llegue antes a su vecino. Es la desigualdad en la recuperación y no la intensidad de la crisis lo que nos saca de quicio al punto de votar al marido de doña Melania.

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El bueno, el feo y el malo de la semana en La Linterna de COPE solo podía ser uno: Trump

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14 noviembre, 2016 · 12:26

Y Trump es su profeta

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El pesebre de Belén resulta que estaba en la Torre Trump.

Ya que nos pronostican la caída del Imperio Romano habrá que releer a quien la contó primero. Gibbon pensaba que el declive de las civilizaciones viene anunciado por el de las religiones, que en Roma cumplían papeles distintos según el observador: el pueblo creía que todas eran verdaderas, el filósofo que eran todas falsas y el político que eran todas útiles. Muerto Dios y amenazado el humanismo, nace la última superstición de Occidente: el culto a la sociedad, que se deifica a sí misma en el altar de la tecnología. A esta eucaristía cotidiana que convierte el pan duro del precariado en cuerpo revolucionario los nuevos sacerdotes la llaman empoderamiento. Salid a las redes, apóstoles del clic, y difundid por todo el mundo el evangelio populista.

También el cristianismo nació como una religión de pobres contra el politeísmo de los ricos y acabó convenciendo a Constantino. Desde el pasado martes tenemos un emperador que ya profesa la fe rabiosamente verdadera. ¿Cómo pudo suceder? No hay historia más vieja. Tampoco ahora los bárbaros provienen del otro lado del muro, sino de las catacumbas del propio imperio. Tenía que ser un rabino, el agudo Jonathan Sacks, quien esclareciera la entraña religiosa del fenómeno populista. Dice Sacks que el individuo occidental ha externalizado su conciencia. Ha transferido todas sus competencias al Estado y al mercado. Y durante medio siglo el demoliberalismo cumplió el contrato. Pero también generó una expectativa de prosperidad constante que la globalización y la digitalización han quebrado. Para entonces, el individuo se encuentra tan infantilizado que ya no sabe gobernarse a sí mismo, ni corresponsabilizarse de ningún fracaso. Antes al contrario: se vuelca en la cultura de la queja, cuya última estación es la patada al sistema y el aplauso pavloviano al último oportunista televisivo. Su reacción no es cerebral sino visceral, abonada por la nostalgia de una triple pérdida: de poder adquisitivo, pero también de poder identitario en una sociedad plural y de poder lingüístico bajo la asfixia de la corrección política. Nuestro individuo está acostumbrado a esperar de la política lo que sólo la magia puede dar, pero nunca falta en esta vida un homeópata elocuente. Hay magos de extrema derecha, que prometen regresar a una edad dorada que nunca existió. Y hay magos de extrema izquierda, que sacrifican la vida (de los otros) a un futuro utópico que nunca existirá.

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11 noviembre, 2016 · 12:32

Trump no es Trump

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Él te salvará.

Se nos presentan estos comicios estadounidenses como la elección del asno de Buridán, que murió de inanición por no decidirse entre dos montones de heno idénticos. A tenor de sus respectivos detractores, Trump y Hillary personifican dos montones de estiércol equivalentes. El burro de la fábula escolástica expresa la parálisis a que aboca el racionalismo extremo, y siendo además el símbolo de los demócratas ilustra bien el escrúpulo del votante de Obama que no se decide a votar a una investigada por el FBI.

El trumpista es otra cosa. Su opción no es racional sino identitaria. No delega en un representante sino que se identifica con un superhéroe, capaz por fin de poner coto a esa hipócrita progresía cuyo triunfo tanto le humilla. Es un tipo oscurecido por el signo de los tiempos que ha decidido que Trump encarna lo que él necesita: el resurgir de un nacionalismo orgulloso y proteccionista como reacción a la intemperie global. Pero el trumpismo es, sobre todo, el pretexto autorizado para una ira abstracta. Trump es el hombre de la rienda suelta: el que concede la gran revancha a los derrotados por la corrección política, el aliviadero blanco del resentimiento o la nostalgia. Más que admirarle, Trump le sirve al trumpista para odiar a gusto al progre.

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7 noviembre, 2016 · 11:43

La mano invisible de Zidane

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El librillo de Zidane.

Lleva mucha razón Orfeo Suárez cuando advierte que Zidane no persigue un equipo de autor. Zidane es un entrenador sin sello propio, lo cual es un ejemplo de modestia desconcertante en un tiempo en que la filosofía se abarata hasta confundirse con la frase de galleta china. Hoy basta cierta afición a emborronar pizarras y un deje de logorrea porteña para engrosar el panteón del idealismo trascendental, entre Kant y Fichte. El sonriente Zidane no tiene filosofía, y lo reconoce. Pero tiene otra cosa, que también señalaba Orfeo: la coartada de una timidez que distiende tanto un vestuario superpoblado de dioses como una sala de prensa erizada de demonios. Con esa virtud y la plantilla del Real Madrid se puede ganar no una, sino varias copas de Europa.

El contrapunto es una de las reglas más eficaces del arte. A un club convulso por naturaleza y por historia le conviene un entrenador hipotenso, lo que no significa manejable. La autoridad de Zidane ya se ha probado en los casos de Cristiano, James o Isco, y mantiene con Florentino (mayúscula) un equilibrio florentino (minúscula) entre comunicación y autonomía que solo al francés se le permite. Cuando se equivoca no sólo lo reconoce en el micrófono sino a menudo en el descanso. Entonces saca a Lucas Vázquez.

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En el tiroteo semanal de La Linterna de COPE el bueno es Méndez de Vigo, los feos son Margallo y Fernández Díaz y el malo es Ramón Espinar

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6 noviembre, 2016 · 17:24

Los niños de Esparta trabajan

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Camino del cole espartano.

Hemos entretenido la espera malaya de la dedocracia marianista con una bonita controversia sobre los deberes escolares. ¿Están imponiendo a nuestros niños demasiada tarea para casa? ¿Les estamos robando la infancia? ¿Cabe esperar que la vacuna del sida se aprenda jugando? Son cuestiones candentes en un país con índices rasantes de excelencia estudiantil que sin embargo no se pregunta cómo reconciliar a los cachorros de español con el conocimiento, sino cómo alejarlos aún con mayor dulzura de él.

Yo no tengo hijos, ni al paso que voy los tendré en la vida, pero semejante singularidad no empaña el recuerdo de los muchos años que pasé disciplinándome sobre un pupitre liliputiense. Todavía me parte un escalofrío cuando vuelvo a casa de mis padres y contemplo la silla y mesa donde quemé mis tiernas cejas rubias sobre librotes menos ilustrados que los de ahora. Todo lo bueno que me ha pasado se lo debo a aquellas tardes de condena, de seis a nueve, de lunes a viernes, más los trabajos ocasionales de domingo cumplidos bajo el único alivio del carrusel deportivo que mi hermano ponía en la radio. Aquello no distaba tanto del modelo que imperaba en Esparta, donde los bebés pasaban la selectividad la primera noche de su nacimiento: se les dejaba a la intemperie, y si a la mañana siguiente seguían respirando, obtenían plaza en la universidad de la vida. A los siete años los papás entregaban a la criatura al Estado, que los educaba -cuenta Plutarco– «procurando hacerlos espléndidos en su figura, fáciles de alimentar y no melindrosos, imperturbables ante la tiniebla, sin miedo a la soledad y nunca incómodos y fastidiosos con sus lloros». Ganaron la guerra a Atenas, claro. Como Wellington comenzó a ganar Waterloo desde los campos de criquet de Eton.

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4 noviembre, 2016 · 14:28

Montoro, el amo del calabozo

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Rajoy nombrando a Montoro, con la camiseta del Atleti.

El personaje evangélico favorito de Cristóbal Ricardo Montoro Romero (Jaén, 1950) no podía ser otro que Zaqueo, jefe de recaudadores que en Jericó se subió a un sicomoro para ver a ese Jesús del que todos hablaban. Jesús fue hacia él, se autoinvitó a cenar en su casa y Zaqueo, emocionado, juró que daría la mitad de su fortuna a los pobres más el cuádruple de lo defraudado.

Una vez más, el dedo pantocrátor de don Mariano señala a Montoro y le dice sígueme. Montoro también es bajito, pero no todos los años nos devuelve cuadruplicado lo que le rendimos en el IRPF. ¿Por qué, pese a su proverbial antipatía, lo renueva Rajoy? La principal razón es su proverbial antipatía. «Te elijo porque eres un señor de Jaén que no tiene mochila», le dijo el gallego en 2011. Cada cual meta en esa mochila el peor equipaje que la política es capaz de amontonar, verbigracia Rato. Montoro no es del G-5, no es amigo de Rajoy, pero le profesa una lealtad de hierro. Y la lealtad en esta vida es lo único que importa, y lo que distingue a los hombres de las ratas.

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3 noviembre, 2016 · 21:10

Pedro ‘on the road’

PEDRO SÁNCHEZ RENUNCIA A SU ESCAÑO PARA NO DESOBEDECER AL COMITÉ FEDERAL

Boabdil el alto.

Vuelve Sánchez a la carretera y va a necesitar el depósito de gasolina del tráiler de Mad Max. Le dará tiempo a recorrer España varias veces antes de que descubra, al mirar por el retrovisor, que nadie le sigue. Mientras reciba palmadas de ánimo militante en alguna pedanía ampurdanesa se dejará llevar por la ilusión de que está vivo. Luego todo se precipitará y al final habrá que hacerle hueco en las tertulias.

Yo entiendo a las almas izquierdistas a las que el odio a Rajoy les vuelve simpática la intrepidez de nuestro motorista fantasma. Pero acaso desconocen la catadura del personaje que ha traicionado a todos y a todo desde que el destino lo ungió con su dedo de ámbar. Siempre que llamemos destino a Susana Díaz, claro: ese mito de que Sánchez es el líder de la militancia frente al aparato se licúa al recordar que fue Susana la que ordenó votar al guapo maleable frente a Madina, que tenía una personalidad, esa cosa incómoda. Tardó poco en reconocer su error. Sánchez duró al frente del PSOE mucho más tiempo del que merecieron sus traiciones. A Susana le prometió que no se presentaría, a Gómez que lo mantendría, a Felipe que se abstendría. A España que se envolvería en la rojigualda, a los votantes que combatiría el populismo bolivariano. Y entre medias nunca encontró un rato para desarrollar un programa político de más de dos letras: n, o.

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31 octubre, 2016 · 14:17