Archivo de la categoría: El Mundo

Perdónales, Zizou

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El mejor día en la vida de Zidane.

Ahora que se amontonan los análisis sobre el método ganador de Zidane; ahora que todos saben exactamente por qué ha ganado la Liga, como si hasta hace un mes no hubieran cuestionado su capacidad para hacer la o táctica con el más millonario de los canutos; ahora es cuando apetece decir que no. Que no hay razones para explicar su triunfo. Que hay que volver a la teoría de la flor y no salir de ella. Porque cuando todos los catedráticos de la pizarra se apresuran a explicarle al madridista por qué gana su equipo, siendo así que nunca necesitó más que verlo con sus propios ojos, uno preferiría reconocer que Zidane vive sentado sobre una secuoya de chiripa que se distingue desde Andrómeda. Así gana el Madrid. Y punto.

Claro que hay argumentos científicos -alternativos a un inverosímil sostenimiento de la suerte que dejó por el camino los pedazos de varios récords- para justificar el trigésimo tercer título de liga del Real Madrid. Se han aducido ya todos: la planificación deportiva, las rotaciones innegociables, la inteligencia emocional para domar egos estelares, la dosificación y reubicación de Cristiano, la rara unidad de destino entre vestuario, directiva y afición. Zidane cumple apenas un año y medio al frente del primer equipo, acumula cuatro trofeos y a nadie se le ocurre un entrenador más idóneo para el Madrid. Parece la reencarnación calva de Miguel Muñoz.

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23 mayo, 2017 · 19:41

Puigdemont en Cibeles

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La relación de Puigdemont con la ley.

No entiendo las críticas a la alcaldesa por haber invitado a Carles el Pilós a vender su golpe de Estado a plazos en Cibeles. Lo malo no es que el president sea recibido en Madrid; lo malo es que se vaya, que no se quede el tiempo suficiente para experimentar sensaciones desconocidas para él como el respeto a la ley, el decoro institucional, el pluralismo político o la limpia carencia de identidad terruñera que caracteriza a los madrileños. Si don Carles se quedara aquí a vivir una temporada, quizá descubriría que es posible sobrellevar la existencia sin pedir un Estado propio cada cinco minutos. Es posible incluso que experimentase una emancipación personal de su tiránico deseo de emancipación nacional. No sería el primer político ultramontano que al mudarse a la metrópoli para ocupar su escaño termina ventilando su aldea mental, colgando el nacionalismo como quien cuelga unos hábitos arcaicos y entregándose a una provechosa mundanidad.

Madrid provoca dos reacciones: el ansia dominguera de huir y el anhelo insoportable de volver. Madrid siempre ha sido una capital especialmente acogedora con sus odiadores porque se deja odiar con ternura, como esa madre que encaja sonriente en el regazo las pataditas del bebé quejoso. Así que la progresista Carmena sólo prolonga una maternal tradición. Ninguna ciudad del mundo se deja detestar con tanto amor por quienes la cubren de monstruosas atribuciones, desde central lechera a meseta cavernaria, sin olvidarnos del clásico fascismo, y eso que a Franco le costó bastante más entrar en Madrid que en Barcelona. Ahora entra aquí otro descontento con la legalidad vigente -mucho más inofensivo que el general, no comparemos-, y estamos seguros de que pasará un rato agradable, se le tratará con la deferencia debida, expondrá su delirio sin interrupciones y se marchará bien desayunado y mejor atendido, cuando no entre aplausos.

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22 mayo, 2017 · 11:57

Ferraz: tarde para la ira

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La segunda venida.

La paz está sobrevalorada. El futuro también. El militante no ha venido a traer la paz, sino la guerra, y no tiene ningún interés en garantizar el porvenir sino en ajustar cuentas con el pasado. Porque eso es lo que se ventilaba en las primarias socialistas: el cuarto cerrado del Comité de octubre donde se corrompía un cadáver insepulto. Lo dejaron tanto tiempo ahí que terminó levantándose y echando a andar. Y metiéndole 10 puntos a la autora del crimen. Porque así es como ha decidido ver a Susana -un funeral en los ojos traía ayer a la sala de prensa- la mayoría de la militancia. Si el futuro es dudoso, si hemos de morir, al menos moriremos con las culpas repartidas y las afrentas vengadas.

Con el retorno de Sánchez el PSOE se asegura de que tiene todo el pasado por delante. Con una salvedad: don Pedro es un político tan tornadizo que nadie puede pronosticar su próxima encarnación. Sus votantes piden guadaña, pero en Ferraz cundía anoche la opinión de que manejará la revancha con prudencia. Ya es tarde para la ira: todo apunta a que cubrir el PSOE dejará de pertenecer al periodismo de sucesos. Ahora Pedro enterrará la chupa de rebelde y desempolvará la camisa socialdemócrata. Escabechará algunas cabezas orgánicas -tiene que dar carnaza a los suyos- y removerá cargos del grupo parlamentario, pero pactará la no agresión con los barones. Se equivocaría Iglesias si madrugara el entusiasmo: Sánchez no se ha arrancado los hilos del aparato socialista para acabar supeditado a la ambición de su competidor populista. No presentará una moción que no tenga atada. Rajoy puede llegar a 2019 con sus socios presupuestarios. Eso decepcionaría mucho a los que han repuesto furiosamente a Pedro en el trono de Ferraz, pero no podrán alegar que desconocían la cintura líquida de su ídolo.

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22 mayo, 2017 · 11:47

Si esto es un Borbón

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«Una familia más».

El martes una infanta de España logró con solo diez años una proeza: hacer su primera comunión sin reabrir el debate sobre monarquía o república ni desencadenar marchas por la aconfesionalidad del Estado. Dos controversias que, junto con la fijación moral del callejero, representan para el buen español lo que el porno para el soltero: vicios irresistibles, seguramente incurables. El español según Ferlosio es onfaloscópico: se escruta sin asco ni piedad el círculo del ombligo y nunca lo ve cerrado. Quién soy. Qué tiene él que no tenga yo. Por qué tengo menos. Cómo me ahorro la trimestral del IVA. ¿Acaso Alcañiz carece de identidad? La Transición fue un parche. Pedro, ¿tú sabes lo que es una nación? Cuestiones todas insolubles que repican sin cesar entre las paredes craneales del hijo de Atapuerca. Pues bien: todo ese temblor metafísico permaneció quieto al paso de una niña Borbón con un crucifijo al cuello acompañada de dos reyes nada metafóricos. De los de palacio, corona y dinastía de siglos. Uno de ellos, de hecho, era su padre.

El ABC recogió la noticia sin privarse del sintagma atenuante: «como una familia más». Todos sabemos que no es una familia más, pero si siguen insistiendo va a terminar siéndolo, y los monárquicos metafísicos como Dalí o yo dejarán de sentir el eco de la historia y la belleza del símbolo que justifican nuestra adhesión a una institución efectivamente anacrónica. ¿Y? Algunas de las cosas más apreciadas por el hombre son anacrónicas, empezando por los vinilos o las manifas sindicales. Yo quiero que la monarquía lo siga siendo, pero Felipe VI ha emprendido tan firme camino de modernización que los nostálgicos de vez en cuando hemos de consolarnos en El Prado delante de Rubens. Ciertamente ese museo no lo pobló una familia moderna.

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El bueno (Girauta), la fea (Susana) y el malo (Pedro) en La Linterna de COPE

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19 mayo, 2017 · 15:23

Todo lo que era estrecho

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Catalá marcando paquete.

Entretanto llega el pentecostés socialista del domingo -en expresión defensiva de don Mariano frente a un Hernando menos convincente que otras veces-, el partido del Gobierno atraviesa su calvario judicial, cuya víctima propiciatoria es Catalá el Reprobado. Aunque el ministro de Justicia no gasta pinta de mártir jesuita, sino más bien de autónomo agobiado al que le cierran todas las ventanillas. «Señor ministro reprobado», encabezaba sus preguntas la oposición; y después le pedía la dimisión, o el exilio. Porque ya todo escarmiento parece poco: esta legislatura será recordada por la devaluación de castigos que antaño sonaban temibles, como la reprobación de un ministro o una moción de censura. Incluso la UCO empieza a perder su credibilidad a lo Eliot Ness, con esos informes que persiguen ser más papistas que el papa, o sea, más justicieros que Velasco. Da la impresión de que el negro del Whatsapp del populismo está dando de sí todo lo que era estrecho, a base de entrar con poco miramiento y demasiado tamaño en unas instituciones tenidas por honestas. Y disculpen la analogía.

El ministro se defiende bien cuando exige a sus torquemadas la carga de la prueba de su injerencia, mientras que él puede exhibir los cuerpos del delito en Soto del Real. Pero patina cuando recurre al gastado espejo de la suciedad andaluza, o le restriega a un diputado los votos que ha perdido en su provincia, o prepara las palomitas domingueras para el Puerto Hurraco de Ferraz, ante cuyas llagas autoinfligidas todos deberíamos guardar un silencio de responso.

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18 mayo, 2017 · 10:36

Elogio del pasteleo

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Política real.

Me gusta mucho la foto. Es un interior de Vermeer, un fogonazo de realismo que pega fuego a la mentira pomposa de la política. Se ve a Irene Montero, Rafael Hernando, Antonio Hernando y Miguel Gutiérrez en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso, mirando al impertinente objetivo que los acaba de sorprender en un acto impúdico: están negociando. Los cuatro portavoces, que viven de la representación en sus dos acepciones -delegados del votante y actores de teatro-, entregándose a un vicio turbio y poco español: la búsqueda del entendimiento entre distintos. No me extraña que se escondan.

Al pueblo, ese buen salvaje, la pedagógica imagen no le gustó tanto como a mí, y eso que estoy tan habituado a tales escenas de compadreo como cualquier cronista parlamentario. «¡Farsantes! ¡Cínicos!», se indignaba Twitter (el perro ladra, el gato maúlla, el tuitero se indigna). No comprenden que les pagamos precisamente para que pasteleen; el numerito de los odios cruzados figuraba como cláusula adicional, hasta que la telecracia lo erigió en el contrato mismo. La audiencia sólo demanda lo que le tienen prometido: conflicto, no consenso. La culpa -esta vez sí- es de los políticos: por esconderse cuando pactan y exhibirse cuando vetan. Durante décadas han invertido el paradigma de la Transición, reservando el énfasis para la discrepancia mientras los acuerdos apenas se reconocían con vergüenza, en la calderoniana convicción de que un político tiene honor, y ha de guardarlo negándole toda legitimidad al adversario. Pero los políticos no pueden permitirse el lujo de ser hombres de honor. El precio del honor de un político es la parálisis legislativa del país. Cuando el pueblo pide políticos auténticos en realidad está tomando rehenes.

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15 mayo, 2017 · 14:26

Contra Franco morimos mejor

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Bar para necrófilos.

La necrofilia española es un desorden colectivo de la afectividad que no tiene cura. El necrófilo se alimenta de muertos, del mismo modo que el Minotauro exigía carne paritaria -siete mozos y siete doncellas- para entretener el hambre en el laberinto. De la heroína hay quien ha salido, pero de la necrofilia aquí no sale nadie y la única solución es conllevarla, como el independentismo. Si cualquier toxicómano recurre a la metadona, el necrófilo debe acostumbrarse a tolerar excentricidades como la vida, el presente y el futuro en pequeñas dosis. Pero siempre está expuesto a una recaída majestuosa, la de ese dipsómano que atraca el minibar a la vuelta de una reunión de alcohólicos anónimos. El Valle de los Caídos es el gran minibar del más reincidente necrófilo ibérico, que es el antifranquista.

El necrófilo antifranquista es una criatura maravillosa, es decir, no opera con la realidad actual sino con el símbolo antiguo, la magia negra y el postureo tertuliano. No llegó a tiempo para luchar con éxito y algún valor contra el Franco vivo, culpa que lo atormenta y que trata de expiar luchando con denuedo contra el Franco muerto, para lo cual debe primero resucitarlo, siquiera en efigie. O en calcio seco, que es todo lo que debe de quedar en la fosa de Cuelgamuros. No se trata de exhumar a Franco, disparate que a nadie se le ocurre, sino de votar una proposición no de ley sin efectos vinculantes que inste a la conveniencia de la posibilidad de la hipótesis aconsejable de exhumar a Franco, que es distinto.

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El bueno (Patxi), el feo (Maza) y el malo (Franco) en La Linterna de COPE

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12 mayo, 2017 · 10:34

La musa del escarmiento

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Genialidad francesa.

La filosofía occidental le debe al Atlético de Madrid una profundidad nueva. Unamuno sería del Atleti. Es un equipo que lleva el sentimiento trágico de la vida a cotas no exploradas de dolor, y el madridista no cainita -que tampoco quisiera incurrir en la condescendencia- enmudece ante la contemplación del adversario cruelmente batido una y otra vez. En Lisboa, en Milán y ahora en su propia casa, en el Calderón que echa el cierre sin otra épica que la de remar furiosamente para morir exhausto en la orilla.

Volvió a ocurrir. Antes del cuarto de hora, sin más juego que su alma, sin otro mapa que las montañas movidas por su fe, los mártires del Cholo habían marcado dos goles. Tiritaba el Madrid, pero si el orgullo colchonero consiste en no ser madridista, el orgullo vikingo es autosuficiente, autorreferencial, y examina con curiosidad a los perdedores desde la cima del triunfo. Su certeza es menos lírica pero bastante más sólida: tan real como el metal del que están labradas sus once copas de Europa. Y va a por la duodécima. El Madrid no forja su identidad con poesías sobre la pérdida y el duelo; la elegía es un género rojiblanco. El género literario del Madrid es el noir de sus víctimas.

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11 mayo, 2017 · 20:11