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Id por todo el mundo y predicad la Décima

Sergio Ramos. The Legend.

Sergio Ramos. The Legend.

El balón sale del córner y dibuja una parábola suave. En el silencio crispado del fondo sur hemos oído el chasquido de la bota al golpearlo. Es una parábola larga como el horizonte que parece que no va a cesar. Entonces lo veo. Veo a Ramos elevarse como una marioneta. Unos hilos invisibles tiran de él desde el cielo. Veo los hilos y veo a Ramos ascendiendo. Lo veo. Y veo que la puede tocar. Veo que la toca. Hay contacto, yo lo he visto. Lo siguiente que recuerdo es el balón cayendo dócilmente al lateral interno de la red. Nunca he abrazado a nadie como al señor canoso de la camiseta de Hugo Sánchez a cuyo lado había sufrido durante 93 minutos exactos. Querré a ese aficionado toda mi vida, toda mi vida lo querré. Y cuando me encuentre en el lecho de muerte, ojalá que dentro de muchos años, la última persona que recordaré al irme de este bendito mundo será el aficionado canoso de la camiseta de Hugo Sánchez a mi izquierda. Y también el director de la película Real, que resultó ser el padecedor de mi derecha.

No hubiera sido justo perder así. La segunda parte fue una sucesión de oleadas de fe blanca muriendo en la orilla de Courtois. Y había sido también la vergonzonería canchera de los jugadores de Simeone abusando de la croqueta como si les fuera el premio Max en ello. Solo la contumacia gafe de Bale y la convalecencia clamorosa de Cristiano y la desconexión existencial de Karim habían evitado el empate hasta entonces. Pero la suntuosa BBC no ganó este partido, aunque en la prórroga el galés y el luso sacaron el orgullo y clavaron su gol inmisericorde sobre la nuca doblada del Atlético. Este partido –¡la Décima ya es Real!– lo ha ganado un regateador famélico llamado Ángel Di María, que supera contrarios como si verdaderamente le fuera el pan en ello, y una raza quintaesenciada en sevillano de quien ya Sófocles escribió: “¡Qué cosa terrible y maravillosa es Sergio Ramos!”

A la prórroga el fondo sur se fue rugiendo y ya no calló. Nos abrazábamos en los baños con la cremallera a medias, qué se le va hacer. El madridismo es así: tarda en calentarse, nunca podrá presentar frente a la aguerrida tribu india la batalla de los decibelios. Cuando cae el tifo sobre la grada blanca experimentamos un cierto agobio de invernadero, más que orgullo de haka amenazante. Hasta que se desencadena algo al borde de la tragedia que da paso a la épica y que desprecinta el furor y lo derrama por todo el estadio. Lo hizo Ramos y así debe reconocérsele en los anales. Ya tiene su Copa de Europa, y a fe que su nombre podría grabarlo en la plata el buril. Fue el primero en saltar al campo tras los porteros y lo primero que hizo fue pegar un pelotazo al aire, rabioso. Estuvo atento a las ayudas, inteligente en el corte y los errores en el desplazamiento largo del balón fueron veniales. Se dirigía a la grada para levantar al público. Y en el pitido final hizo el paseíllo ondeando su camiseta como blasón de conquistador.

Raras veces las finales son vibrantes, pero el tiempo reglamentario de esta había oscilado entre el tedio y la agonía. Los del Cholo no buscaban otra cosa porque no cambian lo que les va bien. Ancelotti amuralló el medio del campo, eligiendo a Khedira por Illarra para la reyerta previsible del círculo central. Modric podía así adelantarse para crear juego con alguna despreocupación. Pero la baja de Xabi Alonso se notaba a raudales. Faltaba criterio y cemento, dos virtudes que ninguno otro como el vasco reúnen en un solo pie. Di María al principio no quería alegrarse por banda porque sabía que tendría que doblar turno en las coberturas. Lo acabaría haciendo porque es tan delgado que se conoce que no se cansa y porque tiene unas pelotas que por mí puede recolocarse las veces que quiera.

Varane cumplió el desafío constante de las jugadas a balón parado del Atleti, y Carvajal se acalambró en la prórroga a fuerza de sellar las internadas rivales con celo y seriedad. ¿Será hora ya de que se señale la pobreza ofensiva del Atleti? Costa no parecía lesionado pero tampoco galopaba como esperaríamos de su terapia: fue sustituido al minuto nueve. Sin su pegada, un gol rojiblanco siempre y solo es el fruto de un tumulto aéreo. Y vaya por delante que la gesta de Simeone este año sigue intacta. Sencillamente no podían ganarle una Champions al Madrid. No lo permite el código de Hammurabi.

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25 mayo, 2014 · 1:49

Berlín, o la dura conquista de la armonía

El bloguero ante el Muro. East Side Gallery, Berlín oriental.

El bloguero ante el Muro. East Side Gallery, Berlín oriental.

Se regresa de descubrir Berlín con las categorías temblando, sin una comprensión clara de lo que significa esta ciudad-trauma; esta ciudad-fénix, también. La medida de la barbarie es tan desproporcionada allí como la de su resurrección. Ante el exceso ininteligible de lo alemán uno debería enmudecer, experimentando el temor y el temblor por las calles donde la Historia desfiló con la bota más pesada que holló sitio alguno del planeta. Qué huellas más hondas ha dejado y qué bien han florecido las hojas de hierba, una y otra vez, sobre ellas.

Por su rara, sibarítica afición a las guerras mundiales, Berlín es una ciudad amputada y sin embargo colosal. Es, disolviendo la paradoja, un monumento a la ausencia. Cada enorme avenida y cada edificio de modernísima factura le evoca por contraste al viajero el rasero geológico que marcaron las bombas, medio millón de toneladas arrojadas durante la II Guerra Mundial. Calculen ustedes eso. No es extraño que cada mes se encuentre otro artefacto aliado sin explosionar, que por eso los alemanes prefieran construir el metro en paso elevado y que una berlinesa vieja, cuando ve salir de una estación cualquiera del suburbano a una partida de turistas que contrató el tour de los refugios nucleares, le cuente con toda naturalidad al nieto que detrás de esas paredes nació su abuelo, en alguna de las 365 noches que durante tres años de bombardeos los berlineses pasaban en el búnker cuando ululaba la sirena al atardecer.

Recorriendo atónito Berlín por unos días he creído sin embargo intuir el oxímoron fundamental que la define. La vieja capital de Prusia es una ciudad que ama el orden por razones genéticas y que al mismo tiempo protege hoy la libertad de sus residentes por traumático imperativo de la experiencia. ¿Tiene reparación el Holocausto? Yo no me atrevo a responder a esa pregunta que ha mareado a los mayores filósofos y poetas del siglo XX, pero digo que el Berlín contemporáneo asumió la culpa sin excusarse, y eso no está al alcance de otras culturas precipitadas por el sumidero del horror. Durante décadas, desde el fondo de su arrasador sentimiento de culpa, los berlineses han ido erigiendo el mayor búnker de todos contra las bombas del negacionismo, el relativismo, el olvido, el sutil pretexto historicista o económico y la mera ignorancia de las nuevas generaciones. El Monumento al Holocausto cerca de la Puerta de Brandeburgo es lo más parecido a la expiación religiosa que pueda lograr un Estado laico, una ética universal, una moral democrática, si eso existe. Y es solo uno de tantos recordatorios urbanos con los que el alemán enseña penitencialmente la cicatriz de su alma culpable al turista. Todo berlinés registra la noción más extrema de la responsabilidad colectiva con el despertar de su uso de razón, y parte de ahí para fundar el único concepto válido –trabajoso, vigilante, exigente– de ciudadanía.

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22 mayo, 2014 · 17:39

Solo existe Lisboa

Continuará.

Continuará.

La Liga que buscaba desesperadamente a un dueño acabó encontrándolo por la mínima en la última jornada. Y hay que felicitar al campeón. Ocurre sin embargo que el campeón de Liga se enfrenta al Real Madrid este sábado en una final de Copa de Europa. Y ese es un trono que sí tiene dueño: aquel que se sentó sobre él más veces que nadie. Nueve, en concreto.

El Real Madrid espera la batalla de Lisboa a solas con su historia viva y su leyenda en marcha, con el recuerdo de doce años de tentativa frustrada, con el estímulo de las dinastías que regresan al escenario épico donde se coronaron. Y piensa en el rival mucho menos de lo que creen los medios especializados, porque a estas alturas el Madrid solo tiene un enemigo verdaderamente peligroso, que es él mismo.

El equipo debe salir al Estadio da Luz con el alma pintada de guerra, decidido a convertir cada minuto en una definición de competitividad. La afición, que espera hace mucho un partido así, no espera del pabellón blanco otra altura que la máxima, la cima, la cúpula europea.

Para escalar allí, habrá que vencer a un campeón reciente de conocido coraje. Importa menos la táctica que la frialdad de la mente y la temperatura del corazón. No nos interesa cómo se gane la Décima: nos interesa que se gane. Con ocupación territorial, con bombardeo aéreo, con caballería ligera o con honderos entusiastas. Da igual.

Frotaos los ojos. Sí: al fin ha ocurrido. Ya está aquí. Adelante.

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De ratones y hombres

Soraya acusa. La Zola del PSOE.

Soraya acusa. La Zola del PSOE.

“La sesión de hoy ha sido interesantísima. Yo no pude hacerme cargo de nada, pero esto no desvirtúa el alto interés de la sesión. Si únicamente fuese interesante aquello que uno comprende, el decir de alguna cosa que tiene interés sería un acto de pedantería. Yo no sé nada de Marina, de Administración local, de reforma electoral, ni de reorganización económica; apenas si sé lo que es una elipsis, un participio y una sinécdoque. Y sin embargo sería quimérico sostener que una sinécdoque interesa más al país que la cuestión de las cédulas personales, sobre las que han disertado hoy los señores Nougués, Corominas y Osma”.

Así empezaba una crónica parlamentaria de 1907 un Julio Camba de 22 años, recogida en el imprescindible volumen que acaba de publicar la editorial Pepitas de Calabaza. Desde entonces hasta hoy no han cobrado mucho más interés las sesiones de control que las sinécdoques, y ambas desde luego le ocupan al país bastante menos que las finales de Champions y las reediciones de Puerto Hurraco pasadas por los Panero. Por cierto que cuanto más averiguas sobre el crimen de León, menos te impresiona el tenebrismo de la novelística sueca.

Pero esta mañana en las Cortes no se hablaba del asesinato de Isabel Carrasco sino en los pasillos, pues en la tribuna de oradores estaba Rosa Díez reprochando a Rajoy que coarte la libertad de prensa en este país, para lo cual tiró de un informe que nos coloca en el puesto 52 del asunto, ligeramente mejor que la Italia de don Silvio. Era una interpelación tribunera, cierto, dirigida a masajear el lomo molido de los medios, donde Díez tiene más aliados que entre la clase política. El problema de UPyD se llama bipartidismo y su mala salud de hierro, y se llama industria periodística y sus tambaleantes pies de barro. Rajoy conoce perfectamente –no diré que celebra– el proceso de mascotización de la prensa, empujada por su ruina a la adulación mendicante, pero opta por la reducción a Perogrullo, una de sus estrategias favoritas:

–Es usted muy injusta con España. Aquí hay libertad de expresión recogida por la Constitución. En España hay más canales, medios y radios que en ningún sitio. Le recomiendo que sea usted más ecuánime.
–Yo más ecuánime, y usted más sincero. No confunda cantidad con calidad ni con libertad. Aquí hay prensa pública y prensa concertada. Así no hay democracia –ha replicado Díez, que buena es ella como para no replicar.

Exagera usted, ha zanjado al final Rajoy: solo tiene que ver cómo aquí todo el mundo dice lo que quiere sobre los temas más diversos. (Y eso es verdad; otra cosa, es que se cobre por ello.) No puedo compartir su juicio a toda luz hiperbólico, señoría. Y se ha sentado con calma, sin necesidad de mirar antes el asiento del escaño por si había alguna cabeza de director de periódico. El problema no es que el Gobierno censure, sino que no ayude como antaño, dejando a los medios terriblemente solos ante su esquivo público de pícaros y piratas. Este espinoso debate lo recuperaría más tarde un diputado del PSOE que acusó al ministro Soria de restringir la oferta televisiva a voluntad en virtud del cierre de nueve canales de la TDT. Soria vio bajar la bola lentamente, subió trotando a la red y ejecutó la volea previsible:

–En 2010 se hizo una adjudicación sin concurso previo. Una empresa recurrió. Y el Supremo sentenció.

Y este gabinete no llorará por ello, le faltó apostillar.

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14 mayo, 2014 · 15:27

El trono espera

Escenario de la coronación. Estadio da Luz, Lisboa.

Escenario de la coronación. Estadio da Luz, Lisboa.

El madridismo no aplaudirá que se haya perdido la Liga, una Liga por lo demás esquizoide y guadianesca como no se recuerda otra. El madridismo tiene derecho a estar decepcionado, pero comprenderá perfectamente que a sus jugadores, tras la hazaña de Múnich, se les fuera el santo al cielo de Lisboa siempre y cuando traigan el grial a la primera catedral de Europa, que es la sala de trofeos del Santiago Bernabéu.

Por eso el madridismo ha decidido poner en suspenso su estado de ánimo. Es químicamente imposible que en el corazón del madridista se mezclen sustancias ajenas a la ilusión oceánica de levantar la Décima. Solo hay ganas de Lisboa, planificación de viaje, deseo de Cibeles, orgullo restaurado de reyes del continente por derecho.

Todo el mundo sabe que las dudas desaparecerán en la Final. Que el Madrid es perfectamente coherente con lo mejor de su leyenda cuando se dispersa en Liga para triunfar en Champions. De hecho constituye casi una ley histórica: no fueron las últimas tres orejonas el fruto de una regularidad impecable en Liga, precisamente. Eso sucede porque el Madrid piensa obsesivamente en la Copa de Europa como el heredero en su trono usurpado, y cuando lo tiene a tiro ya se olvida de dormir y de comer, y solo quiere que llegue el día de la batalla para mostrar su verdadero poder. Como para pensar en Luis Enrique, entretanto. Así que el madridista está perfectamente tranquilo.

El Madrid, hoy, solo tiene una preocupación: recuperar el trono de Europa. Que pasen los días.

(La Lupa, Real Madrid TV, 13 de mayo de 2014)

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Día del Libro en Espacio Leer

Borja Martínez, Raúl del Pozo, Víctor Márquez Reviriego y servidor.

Borja Martínez, Raúl del Pozo, Víctor Márquez Reviriego y servidor.

El pasado día del libro, apenas dos horas antes de que el Madrid recibiera al Bayern, como en un preludio de felicidad indefectible los responsables de la revista LEER tuvieron a bien incluirme en una charla informal celebrada en su redacción sobre la crónica parlamentaria, género de tradición conspicua en el periodismo español, de Azorín a Fernández Flórez pasando por Pla y Camba. Compartí reflexiones con maestros veteranos como Raúl del Pozo, Víctor Márquez Reviriego y Ramón Tamames. La tarde se hizo muy corta, pues el fútbol apremiaba, pero uno se sintió muy a gusto y con ganas de seguir hablando y escuchando, al contrario de lo que sucede en las tertulias televisadas.

Mi gratitud a Borja Martínez y Aurelio Loureiro. Que podamos seguir exclamando: ¡Qué escándalo! ¡Aquí se lee!

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El fastidio de ganar la Liga

Intensidad vs. tranquilidad.

Intensidad vs. equilibrio.

Hacia 1934 corría por Berlín un chiste –aún corrían chistes– que imaginaba el Purgatorio del verborreico Goebbels como una habitación llena de altavoces pero sin micrófono, y el Purgatorio del vanidoso Goering como una habitación llena de armarios con flamantes uniformes… pero sin espejo. El Purgatorio del Real Madrid es el final de una Liga que el propio castigado se empeñó en tirar por la borda y que luego la marea le devolvía tentadoramente a la línea de boyas cercana a la orilla, invitándole a que nadara a su encuentro; pero el Madrid, en este desenlace bufo, siempre se ha metido en el agua a nadar y a guardar la ropa, hasta que en Vigo se le acabaron definitivamente las ganas de seguir braceando. El resultado es que la Liga menos cotizada de la última década, la que menos trabajo le habría costado ganar, se la ha entregado al Barça o al Atleti con arbitrariedad feudal.

Todos los hilos argumentales de Juego de Tronos se anudan en la ambición por el trono de hierro: se da por supuesto que los jefes tribales desean tanto sentarse en él que se prestarán al incesto, el asesinato, la guerra, el empalamiento, el lenguaje ditirámbico y otros sucesos execrables y vistosos que tan bien le sientan al drama. Lo shakespeariano presupone la querencia de poder: ahí no cabe el lujo intelectual del euroescéptico. ¿Qué pasaría si de pronto los clanes fueran seducidos por el ensimismamiento narciso, por la poesía erótica, por los dulces trabajos del campo y las indiscutibles ventajas del comercio? A tomar por el culo el drama, claro. Ya no habría necesidad de pelear, ni tampoco de piratear series de la HBO o partidos de fútbol.

Esta Liga no ha tenido drama ninguno porque ha sido escasamente deseada. La han tirado sucesivamente el Barça, el Atleti y el Madrid. El problema es que no la tiraron suficientemente lejos y además que, al tirarla también los competidores, el título acababa refluyendo mansamente al alcance de las manos, lo que ante la afición comportaba la tediosa obligación de disputarlo.

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11 mayo, 2014 · 23:55

A buen juez, mejor testigo

El hombre tras su utopía.

El hombre tras su utopía.

No perdió la Liga el Real contra el Valladolid sino contra el Sevilla, y la esperanza numérica facilitada por la derrota del Atleti ante el Levante se reveló finalmente el espejismo romántico del que Pucela solo fue buen juez y mejor testigo, en título de su José Zorrilla. El triplete deberá esperar a otra glaciación más blanca, pero el reto siempre fue la Décima y ahí no queremos ver un partido tan ruinoso como el que se vio en la ciudad de Soraya, khaleesi de España.

Debutaba Iker en Liga pero su flor no da como para abrirse al sol de mayo en tres competiciones. Bastará con la floración copera y la lisboeta, y aun sobrará. El mal fario se reveló pronto con la lesión de Cristiano (temor y temblor) y el concurso clown de Morata, que dirigió todas sus ocasiones al muñeco –cuando no se tropezaba– con entrañable, científica frecuencia. Ver a Cristiano desesperarse en la caseta es como calibrar la mirada de un eunuco al paso de Eva Mendes. Cuánta impotencia del Madrid y qué otra imagen esperamos en Lisboa.

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8 mayo, 2014 · 12:30