
Sin saber tanto de economía como su tocayo marxista, Groucho nos enseñó en sus memorias a reconocer las primeras señales de desaceleración. En los meses posteriores al crack del 29, el cómico constató que los neoyorquinos que antes alimentaban a las palomas en Central Park habían pasado a alimentarse de ellas. Cuando ves a tus famélicos vecinos saliendo al parque con una garrota y un saco, concluyó nuestro Marx, conviene empezar a preocuparse por la marcha de la economía.






