
Hace 15 años acampó en Sol una generación indignada con el precio de la vivienda y la corrupción de los partidos. Si según Ortega cada generación dura 15 años, la nueva ha vuelto a rebelarse por lo mismo década y media después, porque en España nunca cambian los problemas sino sus puntuales remediadores, que terminan siendo peores que la enfermedad. El 15-M solo solucionó el problema de una vivienda, la de Pablo Iglesias e Irene Montero, que tres churumbeles después pretenden seguir viviendo de la candidez del indignado español, que ni se crea ni se destruye. Solamente se transforman sus sedicentes portavoces: Podemos, Sumar, Frente Amplio. No sabemos cómo de amplio será esta vez, pero el frentismo se les supone.






