Eclipse final del Estado

Juntar en el mismo espacio físico a Felipe de Borbón y a Álvaro García Ortiz produce un chasquido visual que daña la córnea. Es como un avistamiento marciano, un festival de rayos gamma, un desafío astronómico. Cuando el cristal líquido proyecta ese emparejamiento inverosímil, el ojo del contribuyente recibe la misma cantidad de radiación que un liquidador de Chernóbil. Es como mirar fijamente un eclipse solar, y no porque tengamos un rey sol sino porque aún tenemos un fiscal oscuro. Un agujero de gusano con sonrisa de guiñol que devora la dignidad institucional de cuantos incurren en la temeridad de aproximársele. Solo contemplar ese acercamiento en el telediario puede provocar ceguera vitalicia. Uno nota cómo el cristalino se endurece, cómo el humor vítreo entra en ebullición, cómo la retina se acurruca en defensa propia, cómo el nervio óptico se retuerce como un regaliz masticado por un chimpancé.

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1 comentario

5 septiembre, 2025 · 14:53

Una respuesta a “Eclipse final del Estado

  1. Avatar de sigue su curso sigue su curso

    Felipe VI obviamente tiene prestancia. Mírese el retrato que le hizo la norteamericana jugando -es mi opinión- con el del duque de Pastrana que hay en el Prado. A lo mejor es la rodilla doblada propia de buenos mozos. El señor fiscal recuerda a Mr Toad de ‘El viento en los sauces’. Los dos juntos son una aporía. A lo mejor en un cuento de los hermanos Grimm

    La frase final de la estantigua revenida no parece particularmente precisa. Que se lo pregunten a Otegui o al Gran Ceporro catalán que probablemente intente que el vasco aprenda de ‘la estaca’ aquello de si tú tiras por aquí y yo tiro por allá’

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