Archivo mensual: noviembre 2016

Y Trump es su profeta

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El pesebre de Belén resulta que estaba en la Torre Trump.

Ya que nos pronostican la caída del Imperio Romano habrá que releer a quien la contó primero. Gibbon pensaba que el declive de las civilizaciones viene anunciado por el de las religiones, que en Roma cumplían papeles distintos según el observador: el pueblo creía que todas eran verdaderas, el filósofo que eran todas falsas y el político que eran todas útiles. Muerto Dios y amenazado el humanismo, nace la última superstición de Occidente: el culto a la sociedad, que se deifica a sí misma en el altar de la tecnología. A esta eucaristía cotidiana que convierte el pan duro del precariado en cuerpo revolucionario los nuevos sacerdotes la llaman empoderamiento. Salid a las redes, apóstoles del clic, y difundid por todo el mundo el evangelio populista.

También el cristianismo nació como una religión de pobres contra el politeísmo de los ricos y acabó convenciendo a Constantino. Desde el pasado martes tenemos un emperador que ya profesa la fe rabiosamente verdadera. ¿Cómo pudo suceder? No hay historia más vieja. Tampoco ahora los bárbaros provienen del otro lado del muro, sino de las catacumbas del propio imperio. Tenía que ser un rabino, el agudo Jonathan Sacks, quien esclareciera la entraña religiosa del fenómeno populista. Dice Sacks que el individuo occidental ha externalizado su conciencia. Ha transferido todas sus competencias al Estado y al mercado. Y durante medio siglo el demoliberalismo cumplió el contrato. Pero también generó una expectativa de prosperidad constante que la globalización y la digitalización han quebrado. Para entonces, el individuo se encuentra tan infantilizado que ya no sabe gobernarse a sí mismo, ni corresponsabilizarse de ningún fracaso. Antes al contrario: se vuelca en la cultura de la queja, cuya última estación es la patada al sistema y el aplauso pavloviano al último oportunista televisivo. Su reacción no es cerebral sino visceral, abonada por la nostalgia de una triple pérdida: de poder adquisitivo, pero también de poder identitario en una sociedad plural y de poder lingüístico bajo la asfixia de la corrección política. Nuestro individuo está acostumbrado a esperar de la política lo que sólo la magia puede dar, pero nunca falta en esta vida un homeópata elocuente. Hay magos de extrema derecha, que prometen regresar a una edad dorada que nunca existió. Y hay magos de extrema izquierda, que sacrifican la vida (de los otros) a un futuro utópico que nunca existirá.

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11 noviembre, 2016 · 12:32

El cielo de CR puede esperar

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El Renacido.

Por descabellado que parezca, hay razones para defender la renovación del máximo goleador de la historia del Real Madrid. El señor de los 371 goles en 360 partidos saldrá del club con 36 años. Una edad provecta para un futbolista, aunque no para un atleta biónico. Se recela del renovado porque está faltando a su estadística de gol y pico por partido. La aprensión viene motivada por el propio Cristiano Ronaldo, que lleva siete años malcriando a la afición y abaratando el mérito del gol a fuerza de derrocharlo.

La decadencia de Cristiano es debatible, sobre todo antes de cada hat-trick. Pero que haya perdido desborde no debería anticiparle la jubilación. Hoy Messi juega andando porque sabe muy bien cuándo tiene que acelerar y concentra en ese instante todos sus recursos. Lo que preocupa a los madridistas es si Cristiano aprenderá a compensar su pérdida de velocidad y regate con una mayor inteligencia posicional: ser igual de letal por experiencia y no por poderío. Yo creo que ya lleva tiempo alternando voracidad rematadora con juego interior, como si dentro del cártel del gol que forma la BBC se estuviera produciendo un trasvase de papeles: Cristiano delega la potencia en Bale pero toma la asociación de Benzema. Falta saber qué rol le queda a Karim, con Morata apretando fuerte, pero ese es otro debate.

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La mejor reseña, porque Alberto Gordo conoce mi pasado y mi presente, sobre El hígado de Prometeo es esta de El Cultural

14955926_610145169172539_7972725584819944398_nUna entrevista gratísima, más bien una charla, la que tuve con Elia Rodríguez en Es Radio, a partir del minuto 50

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8 noviembre, 2016 · 10:28

Trump no es Trump

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Él te salvará.

Se nos presentan estos comicios estadounidenses como la elección del asno de Buridán, que murió de inanición por no decidirse entre dos montones de heno idénticos. A tenor de sus respectivos detractores, Trump y Hillary personifican dos montones de estiércol equivalentes. El burro de la fábula escolástica expresa la parálisis a que aboca el racionalismo extremo, y siendo además el símbolo de los demócratas ilustra bien el escrúpulo del votante de Obama que no se decide a votar a una investigada por el FBI.

El trumpista es otra cosa. Su opción no es racional sino identitaria. No delega en un representante sino que se identifica con un superhéroe, capaz por fin de poner coto a esa hipócrita progresía cuyo triunfo tanto le humilla. Es un tipo oscurecido por el signo de los tiempos que ha decidido que Trump encarna lo que él necesita: el resurgir de un nacionalismo orgulloso y proteccionista como reacción a la intemperie global. Pero el trumpismo es, sobre todo, el pretexto autorizado para una ira abstracta. Trump es el hombre de la rienda suelta: el que concede la gran revancha a los derrotados por la corrección política, el aliviadero blanco del resentimiento o la nostalgia. Más que admirarle, Trump le sirve al trumpista para odiar a gusto al progre.

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7 noviembre, 2016 · 11:43

La mano invisible de Zidane

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El librillo de Zidane.

Lleva mucha razón Orfeo Suárez cuando advierte que Zidane no persigue un equipo de autor. Zidane es un entrenador sin sello propio, lo cual es un ejemplo de modestia desconcertante en un tiempo en que la filosofía se abarata hasta confundirse con la frase de galleta china. Hoy basta cierta afición a emborronar pizarras y un deje de logorrea porteña para engrosar el panteón del idealismo trascendental, entre Kant y Fichte. El sonriente Zidane no tiene filosofía, y lo reconoce. Pero tiene otra cosa, que también señalaba Orfeo: la coartada de una timidez que distiende tanto un vestuario superpoblado de dioses como una sala de prensa erizada de demonios. Con esa virtud y la plantilla del Real Madrid se puede ganar no una, sino varias copas de Europa.

El contrapunto es una de las reglas más eficaces del arte. A un club convulso por naturaleza y por historia le conviene un entrenador hipotenso, lo que no significa manejable. La autoridad de Zidane ya se ha probado en los casos de Cristiano, James o Isco, y mantiene con Florentino (mayúscula) un equilibrio florentino (minúscula) entre comunicación y autonomía que solo al francés se le permite. Cuando se equivoca no sólo lo reconoce en el micrófono sino a menudo en el descanso. Entonces saca a Lucas Vázquez.

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En el tiroteo semanal de La Linterna de COPE el bueno es Méndez de Vigo, los feos son Margallo y Fernández Díaz y el malo es Ramón Espinar

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6 noviembre, 2016 · 17:24

Los niños de Esparta trabajan

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Camino del cole espartano.

Hemos entretenido la espera malaya de la dedocracia marianista con una bonita controversia sobre los deberes escolares. ¿Están imponiendo a nuestros niños demasiada tarea para casa? ¿Les estamos robando la infancia? ¿Cabe esperar que la vacuna del sida se aprenda jugando? Son cuestiones candentes en un país con índices rasantes de excelencia estudiantil que sin embargo no se pregunta cómo reconciliar a los cachorros de español con el conocimiento, sino cómo alejarlos aún con mayor dulzura de él.

Yo no tengo hijos, ni al paso que voy los tendré en la vida, pero semejante singularidad no empaña el recuerdo de los muchos años que pasé disciplinándome sobre un pupitre liliputiense. Todavía me parte un escalofrío cuando vuelvo a casa de mis padres y contemplo la silla y mesa donde quemé mis tiernas cejas rubias sobre librotes menos ilustrados que los de ahora. Todo lo bueno que me ha pasado se lo debo a aquellas tardes de condena, de seis a nueve, de lunes a viernes, más los trabajos ocasionales de domingo cumplidos bajo el único alivio del carrusel deportivo que mi hermano ponía en la radio. Aquello no distaba tanto del modelo que imperaba en Esparta, donde los bebés pasaban la selectividad la primera noche de su nacimiento: se les dejaba a la intemperie, y si a la mañana siguiente seguían respirando, obtenían plaza en la universidad de la vida. A los siete años los papás entregaban a la criatura al Estado, que los educaba -cuenta Plutarco– «procurando hacerlos espléndidos en su figura, fáciles de alimentar y no melindrosos, imperturbables ante la tiniebla, sin miedo a la soledad y nunca incómodos y fastidiosos con sus lloros». Ganaron la guerra a Atenas, claro. Como Wellington comenzó a ganar Waterloo desde los campos de criquet de Eton.

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4 noviembre, 2016 · 14:28

Montoro, el amo del calabozo

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Rajoy nombrando a Montoro, con la camiseta del Atleti.

El personaje evangélico favorito de Cristóbal Ricardo Montoro Romero (Jaén, 1950) no podía ser otro que Zaqueo, jefe de recaudadores que en Jericó se subió a un sicomoro para ver a ese Jesús del que todos hablaban. Jesús fue hacia él, se autoinvitó a cenar en su casa y Zaqueo, emocionado, juró que daría la mitad de su fortuna a los pobres más el cuádruple de lo defraudado.

Una vez más, el dedo pantocrátor de don Mariano señala a Montoro y le dice sígueme. Montoro también es bajito, pero no todos los años nos devuelve cuadruplicado lo que le rendimos en el IRPF. ¿Por qué, pese a su proverbial antipatía, lo renueva Rajoy? La principal razón es su proverbial antipatía. “Te elijo porque eres un señor de Jaén que no tiene mochila”, le dijo el gallego en 2011. Cada cual meta en esa mochila el peor equipaje que la política es capaz de amontonar, verbigracia Rato. Montoro no es del G-5, no es amigo de Rajoy, pero le profesa una lealtad de hierro. Y la lealtad en esta vida es lo único que importa, y lo que distingue a los hombres de las ratas.

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3 noviembre, 2016 · 21:10