Benzema, el genio mudo

El balón se dirige al pie de Benzema como el culo al sofá.

El balón se dirige al pie de Benzema como el culo al sofá.

Se podría escribir de la muñeca de Sergio Llull o de la puntera de Jesé. Se podría subrayar lo mucho que nos gusta ganarle un título al Barça gracias a una canasta en el último segundo después de un partido heroico. Se podría argumentar con moviolas el parecido razonable que guardan los últimos goles de Jesé Rodríguez con los dibujos animados que programaba en el campo aquel Romario. Podríamos aplaudir la apoteosis indiscutible de Luka Modric, que celebramos con especial orgullo aquellos que creímos en él desde su debut. Y podríamos también reírnos de los críticos apresurados de Gareth Bale, a los que el galés ridiculiza cada vez que sale a jugar.

Pero hoy no vamos a hablar de nada de eso porque queremos posar nuestra lupa sobre Benzema, sobre el talentoso e inefable Karim, un genio mudo siempre necesitado de reivindicación, aunque marque dos goles y supere el 90% de acierto en pases, porque siempre hay ignorantes dispuestos a regatearle el aplauso. Ya saben ustedes la fábula moral de la sardina y la gallina: en lo que tarda la gallina en poner un huevo y romper a cacarear, la sardina ha puesto miles y nadie se da cuenta. Benzema pone miles de huevos en cada partido pero posee un carácter huidizo y apocado que le hace evitar los gestos tribuneros, esos que tantas veces le sirven al jugador vivo para hacerse perdonar su mediocridad. El buen Karim es un jugador antidemagógico, que juega bien muchas más veces de lo que parece y que rehúye los focos como si dañaran la extrema sensibilidad de sus pupilas. La consecuencia perversa de todo esto, en un país acostumbrado a premiar la sobreactuación (incluso con Goyas), es que un jugador con la monumental clase de Karim Benzema rara vez cosecha las alabanzas debidas a su exquisitez.

Contra el Villarreal hizo un partidazo, tan bueno si no mejor que el de Jesé o el de Bale. Se desmarcó entre líneas, bajó balones con la espalda vigilada, dejó controles lujuriosos que remiten de inmediato a Zidane, construyó paredes como un arquitecto neoclásico y remató a la red dos balones nada fáciles, el segundo de ellos en escorzo delicado, como si estuviera posando para Rafael. Pero la elegancia de Benzema no es un adorno, no es un añadido postizo, sino la manifestación natural de su clase. Dicen que en moda menos es más, y que la sobriedad es embajadora del buen gusto. En eso Benzema es un digno hijo de su patria, la cuna del lujo pero también de la revolución. La forma que tiene de moverse, de ejecutar los controles orientados en un solo gesto, de asociarse arriba a un solo toque, de disparar sin control previo… son señales todas de arte verdadero en el que forma y fondo resultan indiscernibles.

El Madrid tiene en Benzema a un delantero con vocación de media punta que vuelve innecesario el nueve puro, porque el vértigo de Cristiano, Bale, Jesé o Di María pide precisamente el contrapunto de la pausa y el sentido del francés. Pero además es que Benzema ya ha alcanzado el récord goleador en el Madrid de Ronaldo Nazario. Así que cuando oigan ustedes a alguien pidiendo nueves para el Madrid, préstenle la misma atención que a una gallina clueca.

(La Lupa, Real Madrid TV, 13 de febrero de 2014)

La locución aquí, a partir del 74:30.

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