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Modric, la fuente de la eficacia

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El mejor futbolista de la historia de Croacia.

Hubo un tiempo en que los Balcanes criaban genios al mismo ritmo en que los morteros alteraban el plan urbanístico municipal. Será cosa de la «destrucción creativa», que decía Schumpeter. El caso es que Luka Modric (Zadar, 1985), quien es ya unánimemente considerado el mejor futbolista croata de todos los tiempos, aprendió a jugar al fútbol como todos los niños: en la calle. Solo que en su calle caían a diario un número constante de granadas serbias, y la carrera hasta el refugio formaba parte de un juego al que, no nos engañemos, no todos los niños tienen la oportunidad de jugar.

Modric sobrevivió a las bombas pero por poco acaban con él los ojeadores, según narran Vicente Azpitarte y José Manuel Puertas en su deliciosa biografía Luka Modric. El hijo de la guerra. «Enclenque». «Tiene las piernas muy cortas». «Nunca se desarrollará lo suficiente como para jugar en la élite». Son las frases que se interponían entre aquel manojo de talento dálmata y el Dínamo de Zagreb en el que soñaba debutar. Para cuando lo hizo, los ojeadores ya se habían escondido.

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Literatura y boxeo: homenaje a Alí en el Parnasillo de Herrera en COPE

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9 junio, 2016 · 20:06

Catalonia way

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Urna ¿funeraria?

Cuando Wert habló de españolizar a los niños catalanes no sospechaba que acabaría pasando lo contrario. Que España, representada en el Congreso, devenido guardería, se catalanizaría hasta lo ingobernable. Porque el 26-J Podemos será segundo, forzando la abstención del PSOE en la investidura de Rajoy, quien tras leoninas negociaciones logrará el apoyo de C’s. Leeremos entonces admirativas glosas a la inteligencia paciente de don Mariano, que ganó resistiendo y venció dividiendo. Sin embargo, al cabo de pocas semanas la legislatura se revelará inviable, porque la mayoría parlamentaria de izquierdas bloqueará cualquier proyecto de ley de cuño popular, al margen de su pertinencia y a mayor gloria del sectarismo carpetovetónico. Y entonces Rajoy, como antaño Mas y pronto Puigdemont, se verá obligado a convocar elecciones. Y se convocarán varias más porque nadie consentirá que la razón se imponga a la ambición.

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7 junio, 2016 · 11:35

Mucho corazón

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Nueva política.

Hay que ponerse en la piel de Alberto Garzón. El tipo que te llevaba en coche a los debates funda su propia movida y acaba sacando 69 escaños en las elecciones; 67 más que tú. Se ha ciscado en el honor de tus siglas pero ahora necesita tus votos, y se los vas a dar, y lo sabes. Así que oficias el casamiento por lo civil, de penalti y sin invitar a los suegros Cayo y Gaspar, que no aprueban al pretendiente, pero a cambio te traes de Córdoba al yayo Julio, que está hecho un chaval porque de pronto ha regresado a 1977. Ahora bien, según avanza el magreo y cuando ya tienes la liga por bufanda haces un alto, te recolocas la faja y exiges una última señal de respeto a tu famosa virginidad ideológica: IU tendrá margen para su propia campaña. Que aquí descendemos de la santa pata de la Pasionaria y se va a notar.

Banderas tricolores, hoces y martillos cantan en los mítines del cambio transversal como una tarántula en un trozo de bizcocho. Y luego esos mensajes de desacomplejado comunismo, como si supieran lo que fue.

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6 junio, 2016 · 12:06

El Prometeo negro

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Un hombre siempre se levanta.

Hace ya mucho que la muerte besó la lona, noqueado por el mito. Y hace menos que su memoria personal, destruida por el Parkinson, fue fiada a la memoria colectiva, la que alza monumentos a sus inmortales. ¿De quién es Muhammad Ali? ¿A quién pertenece su leyenda? ¿A los negros, al boxeo, al pop, a las voces de la contracultura? No hay identidad que pueda reclamarlo en exclusiva porque Ali es orgullo de una raza más amplia: la de los hombres libres.

Nunca supo el ladrón que le robó la bicicleta a los 12 años el inmenso favor que nos hizo. El fuego ya ardía en él, una rabia indefinida y cósmica que el policía que atendió su denuncia supo encauzar por el aliviadero reglamentario: un gimnasio de boxeo. Allí aprendió Clay no ya a defenderse, sino a ofender de palabra y de obra. Creció guapo e ingenioso, ordenando con criterios apolíneos cien kilos de músculo y varias toneladas de egolatría que sólo unas piernas hechas para el claqué podían desplazar con tanta gracia. Golpear y ser golpeado le parecía una ordinariez, así que perfeccionó su propio estilo: el baile ingrávido, la esquiva elástica y ese jab larguísimo que ejecutaba girando sutilmente el guante al impactar, para cortar la piel de su adversario. La lengua de la serpiente. El picotazo de la abeja cuando deja de zumbar.

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5 junio, 2016 · 13:58

Tecnócratas y telécratas

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Tecnócrata sobre paisaje.

UN ministro de Hacienda me dijo una vez una frase que todavía no había difundido:

-La vida me ha enseñado que cuando los números salen, la política lo estropea todo.

Esta línea de mármol de Cristóbal Montoro resume una concepción del poder a la que llamamos tecnocracia. El tecnócrata es un político resabiado y de ciencias que ocupa el cargo sabiendo que no manda en absoluto, sino que se debe a instancias superiores, no necesariamente humanas, cuyas órdenes vienen cifradas en tablas de Excel y cuya utopía se mide por décimas de distancia al objetivo de déficit. El tecnócrata lleva fama de austero y concede escaso crédito al papel político de la oratoria, pues no entiende que un plató o un mitin puedan alcanzar nunca el grado de persuasión logrado por una llamada de Bruselas. El tecnócrata atraviesa por episodios de humanidad en los que se figura niños risueños o esposas esperanzadas: los seres reales que sostienen las cifras de empleo. Y cuando el tecnócrata empezaba a emocionarse, recuerda de súbito la sanción que pende sobre su último balance. Entonces el tecnócrata, que sabe que solo la eficiencia le justifica ante un pueblo sentimental y exasperado, recuerda el relajamiento contable aconsejado por un año electoral y repite entre dientes: «Cuando las cuentas comienzan a cuadrar, llega la política y lo jode todo».

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3 junio, 2016 · 12:53

Entrevista para Nido de ratones

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Lector ya con barba.

La editoria y sin embargo amiga Paula F. Bobadilla me hace esta entrevista de original ángulo: cómo era el niño lector que yo fui. Ha sido un placer recordar aquellas horas de solitaria felicidad pueril que ahora me roba una adultez de tertuliano:

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Uno de ellos recuerdo que era El ponche de los deseos, de Michael Ende. Que contenía la famosa fórmula y la palabra más larga que aprendí de niño: “genialcoholorosatanarquiarqueologicavernoso”. También los de El pequeño Nicolás y El pequeño vampiro, junto con los de Fray Perico y el Pirata Garrapata.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Me gustaban los álbumes de tapas duras con historias medio góticas, recuerdo uno de dinosaurios que desgasté. Una Biblia juvenil ilustrada que pintaba unas caras de odio egipcio o cainita impresionantes. Y Mortadelo: de Mortadelo acumulamos mis hermanos y yo una colección de metro y pico puestos de canto, y me los memorizaba.

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Yo era un niño estajanovista de la lectura. Cogía la colección de Barco de Vapor, serie blanca, naranja, azul y roja, y todos en fila, para adentro. O la de El roble centenario. O Gran Angular. O Alfaguara. Los cinco, algunas de Guillermo, los tres investigadores de Alfred Hitchcock. Pasaba horas y horas en la biblioteca de mi pueblo y en la del colegio. Una cosa bastante repelente, supongo.

¿Leía a escondidas? 

Leía en mi cuarto, en el recreo, en la piscina. Básicamente comía y leía. Luego aprendí a jugar al fútbol y equilibré algo mi carrerón de sociópata pedantuelo. En el cole empezaba a ser una leyenda.

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Esta semana, al hilo de la Undécima, fútbol y literatura en el Parnasillo de COPE

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2 junio, 2016 · 11:20

Las odiosas Once

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Un Lannister en el palco de San Siro, tras la decapitación.

Resulta tentador buscarle un significado a la vida. El Atlético encontró el de la suya y convierte la disputa de un torneo en una epifanía. Nadie le encomendó la misión de redimir a los hombres de buena voluntad a través del fútbol, pero así es como su parroquia afronta cada partido. Lo prueba el tifo que desplegó en la grada de San Siro: «Tus valores nos hacen creer». Es el equipo de las personas piadosas, de los mensajeros de la paz.

El Real Madrid, en cambio, carece de ambiciones trascendentes: es un club existencialista que piensa que ha sido arrojado a este mundo para ganar Copas de Europa. Y a ello se aplica con insidiosa regularidad, partiendo de un lema lacónico: «Hasta el final, ¡vamos Real!». Son los funcionarios de la victoria, y dejan los lujos morales para quien se los pueda permitir. Por qué filosofar si puedes ganar títulos. Para qué reivindicar la justicia si puedes imponer tu dictadura. Por eso las once orejonas del Madrid pasan por ser odiosas al juicio de los moralistas. Que no tienen nada que ver con los madridistas.

Lo curioso es que Madrid y Atleti contradicen en la práctica sus respectivos discursos. El fundador del orgullo colchonero, Luis Aragonés, nunca pidió vocaciones sacerdotales sino solo ganar, ganar y volver a ganar, aunque a la hora de la verdad no lo logra. En tanto que el Madrid ha perdido mucho el tiempo reivindicando señoríos mientras ganaba copas a traición.

Pensé en todo esto cuando descubrí a Jaime Lannister en la sala vip del estadio al filo de las ocho de la tarde. Cuando vi que su intérprete, Nikolaj Coster-Waldau, conservaba ambas manos -una cerveza en cada una- me extrañé, pero no avisé a nadie por no incurrir en spoiler. En lugar de eso recordé el mensaje que me mandó un amigo madridista en mayo de 2014, recién terminada la final de Lisboa: «¡Somos los Lannister!». Y en efecto, el Madrid siempre paga sus deudas. Lo que ocurre es que las tiene contraídas únicamente con su propia historia. Y no ha nacido todavía el matarreyes que lo apee del trono europeo.

Había muchas otras manos ilustres sosteniendo cerveza o champán en la sala vip de San Siro. Al principio impresiona coincidir en la captura del canapé con Lothar Matthäus, con Fabio Capello, incluso con Pier Luigi Collina; pero a todo se acostumbra uno, al champán con bastante rapidez. Ya el autobús que en la tarde del sábado nos conducía al estadio era todo un poema: te encajonan entre Richard Gere, Pedja Mijatovic, Raúl González y Plácido Domingo y tienes que arreglártelas. Pedja me explicó que a dos horas de la final la tensión echa raíces en los nervios del jugador. Más en un año donde no se ha ganado otro título que pueda justificar la temporada. «Me recuerda mucho al 98», se ponía unamuniano el héroe de la Séptima. El más aclamado por los aficionados que esperaban a la comitiva blanca a la puerta de San Siro fue sin embargo Raúl, al que acompañaba su mujer, que grababa con el móvil las manifestaciones del fervor popular. Gritar «¡Raúl, Raúl!» antes de una final de Champions tiene mucho de impetración.

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30 mayo, 2016 · 11:18

¿Populismo? No existe

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«La política es una enfermedad mental», Beppe Grillo.

Antes del partido almorcé en una pizzería de Milán mientras hojeaba el Corriere della Sera. Me detuve en una noticia sobre Beppe Grillo. Por distraer el nerviosismo futbolístico traté de entablar una conversación sobre política con el camarero en un itañol macarrónico. «Tutti los políticos son igual: sinistra, derecha, centro, tutti», me espetó. Aquí tenemos al cliente ideal del populismo, me dije, y le señalé la foto del cómico que fundó el Movimiento 5 Estrellas. «¿Grillo?», arqueó las cejas. Luego esbozó una sonrisa y fijó en tres palabras la secuencia indefectible de la decepción política: «Grillo, gobernando, igual».

Esta convicción aparentemente tópica entraña una sabiduría de siglos: ya era habitual en Roma que los tribunos de la plebe acabaran mimetizados con la casta patricia. El saludable escepticismo del camarero milanés contrasta con el blindado entusiasmo por la novedad que, según las encuestas, permitirá en España el sorpasso de Unidos Podemos al PSOE. Es verdad que el partido de Grillo fue el más votado en las generales de 2013 con un 25% de los sufragios, y que sólo el acuerdo de los partidos tradicionales logró relegarlo a la tercera posición. Pero tres años después, el Movimiento 5 estrellas ha devenido en un hostal de carretera donde nadie quiere pernoctar, incluyendo su propio fundador, que ha anunciado su retirada bajo el pretexto de que «la política es una enfermedad mental». Su propia trayectoria lo confirma.

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30 mayo, 2016 · 11:12