Archivo de la etiqueta: todo el pasado del PSOE por delante

‘Marijau’ Montero habla con lengua de serpiente

Hasta la irrupción de María Jesús Montero en la escena política, todos pensábamos que el euskera era la única lengua no indoeuropea que se hablaba en España. Hoy sabemos que a nuestro ya complicado mapa idiomático debemos añadir un nueva riqueza: el monterés. Se trata de una variante dialectal de un solo hablante conocido que además ocupa el Ministerio de Hacienda y la portavocía del Gobierno. 

Como solo lo habla ella, nadie más puede entenderla. Pero no por eso deja de aplaudirla la bancada socialista, que en la tarde de este miércoles pasó verdaderos apuros tratando de identificar el momento propicio para batir palmas en medio de semejante hemorragia agramatical, burbujeante puchero de anacolutos, agresiones al diccionario, luxaciones fonéticas y homenajes involuntarios a la parla de los sioux. Algo así es el monterés. María ¡Jau! Montero, tesoro de la etnografía.

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12 noviembre, 2020 · 8:48

Sánchez se escribe

Querido diario. Incluso después de otra victoria parlamentaria me gustas más tú que el diario de sesiones. ¿A quién le importan aún las palabras que se digan en el Congreso? En ese lugar decadente yo solo veo tipos que anhelan mi puesto y no pueden tenerlo. Cuánta vanidad. Discursos, aplausos, redes sociales: bah. Al final solo cuenta el número de lucecitas verdes. Me llaman cínico, pero te juro que yo me veo como el único honesto. El único que no disimula que solo importa el poder, no la política. Mira que he combatido a Franco, pero tenía razón: cuanto menos me meta en política, mejor.

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2 noviembre, 2020 · 20:04

El señor de las moscas

El rostro de Illa iba contrayéndose de amargura, el gesto exacto de una mujer maltratada, a medida que leía los furibundos mensajes de Sánchez en su móvil. Ocurrió en plena comparecencia en el Congreso. El tribunal madrileño había dejado en ridículo a Caligulín, afeándole los meses de televisión y vacaciones sin actualizar la legislación sanitaria, pero el culpable debía ser el ministro usado como ariete contra la aldea gala de Ayuso. Y Salvador, un buen hombre en el puesto equivocado, bajó la cabeza, se tragó la culpa y acató la orden de redoblar la ofensiva.

¿Por qué? Se comprende que Lastra y sus tuiteros con escaño se aferren al sanchismo, ¿pero qué lleva a gente con estudios –Calviño, Escrivá, el propio Illa- a compartir carrera con las mañas despóticas de un plagiario hortera que no vale ni para leer el teleprónter, por no hablar de la obediencia jerárquica a un fan del castrismo al borde de la imputación? ¿Por qué Campo o Marlaska participan abducidos en la degradación de su antiguo prestigio? ¿Merece la pena figurar para los restos en la orla del equipo que destruyó España para una década? Yo el chantaje lo puedo entender, una pistola en la sien, el secuestro de tus hijas; pero el éxito intimidatorio de los acomplejados que se transforman en maltratadores no me cabe en la cabeza.

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10 octubre, 2020 · 11:54

En el charco

Todos terminamos por descubrir que la cursilería es el reverso de la brutalidad. Unos lo aprenden del daño de una relación tóxica, otros son capaces de escarmentar por delegación en los personajes de una novela o película y al resto nos los enseñó José Luis Rodríguez Zapatero. De las legislaturas de ese hombre accidental, sonriente y corrosivo los españoles salimos más pobres, inseguros y rencorosos. Pero al menos desarrollamos un asco insuperable a las buenas intenciones. Zapatero vendía talante mientras fabricaba revanchismo histórico y tejía cordones sanitarios. Prometió la paz la víspera de que reventara la T-4. En 2006 juró en EL MUNDO: «En diez años Cataluña estará más integrada». Se proclamó rojo pero infló la burbuja e indultó a un banquero. Anunció que España jugaría la Champions de la economía y acabó rebanando el Estado del bienestar como ningún neoliberal antes. Cuanto más cursi era su propósito, más violencia generaba el resultado. En los años más duros de la recesión llegamos a desear que nos gobernasen sus hijas, porque el gótico no engaña a nadie.

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6 octubre, 2020 · 10:13

Un concejal de éxito

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Un concejal con atril.

Volver al trabajo es tener que atender a lo que dice Sánchez como si lo que Sánchez pudiese decir revistiera la más mínima importancia. Desde la lejanía se divertía uno leyendo a los exégetas de Sánchez y Redondo, como si estos dos campeones de la política instagram necesitaran exégesis para mayores de ocho años. Sánchez no hace discursos sino que se limita a ponerles rostro, ese rostro de gato satisfecho que se comió el canario un mayo de 2018 y no lo piensa escupir aunque se le caiga el país encima de la cola. «Resiliencia para todos y todas», decía nuestro concejal, porque Sánchez nunca ha dejado de ser otra cosa que un concejal de éxito, con ese horizonte a cuatro horas vista y esa retórica de telemprómpter pautado por emoticonos. Hay más política de Estado en las luces de don Abel Caballero que en las sombras de nuestro orador motivacional comprado en los chinos. Con qué cuajada postura de catálogo de Emidio Tucci miraba a izquierda y derecha, insistiendo en que «somos el país de la fibra óptica» cuando en realidad somos el país de los 50.000 muertos y el 20% evaporado del PIB. Lo que daría uno por un pantallazo del chat de los empresarios allí congregados, entre la vergüenza ajena y el aplauso debido para detener el hacha fiscal.

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1 septiembre, 2020 · 10:16

Autonomías Confederadas

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Aliado del PSOE.

Nada más melancólico que un jacobino español. Heredero de la Revolución francesa, el jacobino defiende el centralismo republicano: un Estado fuerte e igualitario edificado sobre las ruinas de las privilegios históricos que ostentan las élites territoriales de toda vieja nación. Desde que en Francia esa utopía se hizo realidad a un precio nada módico en litros de sangre, la izquierda es jacobina y la derecha es tradicionalista. Hoy diríamos nacionalista.

Pero en España las ideas no evolucionaron de forma tan académica. La CEDA cumplía con la norma regionalista del conservadurismo convencional, pero el franquismo embutió a la derecha en el uniforme imperial del falangismo: una, grande y libre. Así que a medida que la derecha se hacía centralista a la fuerza, la izquierda se enajenaba con el narcisismo de la diferencia. Y hoy, en nuestra turulata opinión pública la filiación ideológica ya no depende de la conciencia de clase o los intereses materiales, sino de la identidad territorial y su folclore simbólico. En España ahora eres de izquierdas si empatizas con la autodeterminación fiscal de los burgueses de periferia y eres de derechas si celebras el mestizo libertinaje de Madrid. La izquierda española realmente existente, la de Sánchez e Iglesias, no es un proyecto nacional sino una amalgama de recelos identitarios que erosiona más y más el basamento de la democracia moderna, que es la igualdad entre ciudadanos racionales. Tanto mendigaron PSOE y Podemos la bendición nacionalista para aislar a la derecha que los nacionalistas, viéndoles de hinojos, hicieron lo que saben: robarles los votos después de la cartera. La nación, aunque sea ficticia, ha engullido a la clase, aunque sea trabajadora.

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14 julio, 2020 · 10:16

Del cayado de Feijóo al hacha de Otegi

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Un ganador.

Se nos dijo que en Galicia y País Vasco no se trataba tanto de elegir presidente como líderes de la oposición y no se nos mentía. Lo que han elegido vascos y gallegos es estabilidad en el poder y radicalismo en la alternativa, un reparto de papeles muy propio de este teatro de enfrentamiento entre establishment y populismo a que ha quedado reducido el mundo occidental por el efecto combinado de la tecnología y la globalización. Antes ganaba uno pero tampoco pasaba nada si ganaba el otro; ahora cada elección se vive como si pudiera ser la última, lo cual acerca el análisis político a los dominios de la teología o del cine de superhéroes.

Pablo Iglesias es el perdedor de la noche y debería empezar a insultar a periodistas o a proclamar repúblicas este mismo lunes para tapar la debacle. Su partido, que tenía 14 escaños y gobernó capitales como Santiago o La Coruña, ha desaparecido: la marea se convirtió en mero reflujo en el vientre del BNG. Tampoco fue la semana más feliz de Pedro Sánchez, al que no solo le han birlado la presidencia del Eurogrupo sino que su marca se muestra incapaz de capitalizar el desplome de Podemos. El sorpasso del BNG es especialmente doloroso porque revela que el socialismo gallego no compite ni en sensibilidad social ni en sentimentalidad territorial. Se ha quedado sin discurso, más allá de las vatios navideños de Abel Caballero.

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13 julio, 2020 · 9:38

La crisis restituyente de Carmen Calvo

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Consenso.

Aún es pronto pero ya se espesa el calor en el hemiciclo. Han intervenido el presidente y el líder de la oposición, el vicepresidente y el secretario general, la portavoz parlamentaria y la vicepresidenta Calvo. Pero Calvo todavía no ha dicho su última palabra. Ni siquiera sospecha que la posteridad se ha citado con ella esa mañana para llevarla al olimpo del lapsus parlamentario, para encaramarla a lo más alto de la liga de los anacolutos extraordinarios. Sus señorías se debaten entre el aplauso automatizado y el tedio interior cuando Espinosa de los Monteros toma la palabra y pregunta a Calvo si piensa el Gobierno hacer algo por restituir la credibilidad de las instituciones desde que Sánchez llegó al poder. Entonces sucede. Calvo se pone en pie para responder, pero lo hace demasiado rápido: se olvida la sintaxis en el escaño como si fuera el bolso de Soraya. Y desasistida de toda lógica, huérfana de sujeto y predicado, responde: «No se puede restituir lo que no ha existido». Ovación cerrada de la bancada socialista al destape antisistema o crisis restituyente de la dos del Ejecutivo.

La anécdota encierra categoría: quizá sea el lapsus la única forma de autocrítica que el sanchismo nos permitirá conocer, de igual modo que la rectificación es su camino más seguro hacia el acierto. Pero lo peor no es el nivel oratorio al que una nación desciende cuando las palabras de sus representantes no logran corresponderse con sus pensamientos, sino el hecho de que esas mismas palabras vuelen emancipadas de cualquier compromiso con los hechos.

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24 junio, 2020 · 17:36