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Papá, ¿por qué estamos en Europa?

Qué jartá de democracia, oigan. Aguanté cinco horas exactas de debate parlamentario, de pluralismo político, de polifonías minoritarias, de réplicas y contrarréplicas, de bostezos ahogados e incontinencia urinaria. Es lo que pasa cuando la sesión de control al Gobierno de los miércoles viene precedida de la sesión informativa del Consejo Europeo. De Europa siempre vuelve Mariano Rajoy más estadista que nunca, intenso y pedagógico como una institutriz de piano. Como ese tipo tan pesado del chiste al que le preguntas qué tal está y va y te lo cuenta.

Bueno pues Rajoy nos ha contado hoy cómo están las cosas por Europa con tanta paciencia, con tanta prolijidad que a los cronistas más jóvenes nos entraban ganas de coger a los venerables reporteros de la Transición por allí aún presentes y preguntarles por qué estamos en Europa, como el niño del Atleti que necesita que su padre le invoque razones que justifiquen tan ardua militancia.

A la mañana de este miércoles en el Congreso le pasa lo que según Camba les ocurre a las palabras alemanas, que son tan largas que hay que coger perspectiva y entornar los párpados para juzgarlas en toda su magnitud. A las nueve y cinco comenzó el presidente a desgranar la letanía temática: del comercio interior al mercado digital único, de la unión bancaria a la convergencia fiscal. Pero se extendió sobre dos asuntos de rabiosa actualidad: la escandalera clueca del espionaje yanqui –qué fuerte, qué fuerte– y el grito en el cielo de la tragedia de Lampedusa.

Ambos temas se prestaban luego a atractivas bifurcaciones dialécticas en torno a las partidas de cooperación, los incentivos al desarrollo, la prevención en origen, la inteligencia compartida y otros entretenidos sintagmas informalmente distribuidos a lo largo de la rica gama que media entre el pleonasmo y el oxímoron.

Oxímoron parece la comparecencia del director del CNI, general Félix Sanz Roldán, que vendrá al Congreso a hablar para que nadie se entere, pues lo hace en la comisión de secretos oficiales que cursa a puerta cerrada como los entrenos de Mourinho. Suponemos que Obama fletará un par de unidades móviles para asegurarse de que llega la señal sin interferencias.

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30 octubre, 2013 · 19:32

La rebelión de los fulares

Este año acude uno a las sesiones de control en expectativa alegre de cataratas o de tetas, o de ambas cosas, pero esta vez solo hubo parlamentarismo, es decir, aplausos y abucheos. Qué se le va a hacer, no siempre el Parlamento puede escapar a la representación sociológica del pueblo.

La principal novedad ha sido la presencia de Duran Lleida, el tercer hombre, quien en los últimos tiempos resulta especialmente difícil de situar en un punto fijo, en una posición estable. Duran viene a ser como esos gases de la tabla periódica que solo existen en el laboratorio, emiten un efímero parpadeo y se esfuman dejando al químico sumido en la melancolía, razón sentimental por la que el químico acaba bautizándolos con su apellido: el durón, por ejemplo. Pero ahí, en aparente estado sólido comparecía Duran, inequívocamente en pie, preguntando a Rajoy nada menos que por su “agenda política en Cataluña” como si Rajoy tuviera agenda en general. “Agenda” es un participio de futuro pasivo que en latín significa “lo que debe ser hecho”, pero Rajoy no es un tipo que deje que le digan lo que tiene que hacer. Lo había intentado primero Aitor Esteban, del PNV, inquiriendo al presidente si iba a acatar la decisión de Estrasburgo (presumiblemente contraria) sobre la doctrina Parot, y en la formulación de la pregunta solo faltaba añadir este principio: “Hará el favor usted de…”. Pero Rajoy repuso, con una de esas frases marianísimas que tanto nos divierten:

–No tiene sentido especular sobre futuribles.

He anotado la frase para cuando me pregunten en Facebook por mi asistencia a eventos indeseables. Pero lo cierto es que luego a Rajoy no le faltó claridad al definir la doctrina Parot como “justa, correcta y necesaria”, a la espera de lo que opine el santo oficio de Estrasburgo. El caso es que Duran, que se conoce el paño, acotó la pregunta como un guionista celoso:

–Le pregunto por su agenda política en Cataluña, y no me responda usted con la lucha contra la crisis que le conozco y en eso estamos todos…

En bandeja para Rajoy, haciéndose el ofendido:

–Oiga, solo le ha faltado decirme lo que tengo que responder…

Y a continuación le responde con la lucha colectiva contra la crisis, efectivamente. Duran se ha enfadado y ha incurrido en paralipsis, clásico recurso de la oratoria que consiste en negar que se vaya a decir lo que efectivamente se está diciendo:

–No es una amenaza, pero si sigue usted sin hacer nada, algunos declararán unilateralmente la independencia en el Parlament.

Entonces Rajoy ha pedido un poquito de pedagogía, ha impartido una lección básica de constitucionalismo y cuando empezaba a gustarse y estaba declarando que “España no es un invento sino una realidad de siglos que…” de pronto le ha cortado el micro Posada, que aplica los turnos de intervención con la exactitud de una célula fotoeléctrica en la foto-finish de los cien metros lisos. Para una vez que el presidente de España constata la existencia del país que gobierna, podrían haberle dejado terminar la frase.

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16 octubre, 2013 · 17:21

La teta del Estado

Pues ya sabemos lo que es la teta del Estado, señores. Hasta ahora pensábamos que se trataba de una metáfora para referirse al clientelismo, pero de metáfora nada, oigan: seis tetas rotundas como seis tiernos cántaros de reivindicación quincemista se revelaron y rebelaron ante la sede la soberanía nacional a eso de las diez y veinte minutos de una mañana que discurría por los cauces somnolientos, estrictamente retóricos de costumbre. Tenía la palabra Gallardón, a quien se empeñan en vestir de inquisidor de Zugarramurdi, cuando se produjo el destape en la tribuna de invitados al grito de vestal enfurecida “¡Aborto es sagrado!, ¡aborto es sagrado!”, con ligero acento extranjero.

Al principio los cronistas más jóvenes creímos que por fin cubriríamos el golpe de Estado que nos permitiera languidecer en las tertulias para los restos. Pero no era un golpe de Estado, sino un golpe de pecho, y no de penitencia, sino de turgencia. Los aldabonazos de conciencia se imparten ahora a tetazo limpio, se exhorta a pezón quitao al ministro para que apechugue con las ansias infinitas de aborto de estas nuevas beauvoir con dos únicos pero incontestables argumentos. Flaneaban los pechos pintarrajeados de consigna sobre la testa de los padres de la patria, que bizqueaban mirando hacia arriba en la esperanza de que se cayera alguna de las tres bacantes, dos francesas y una española, activistas de Fenem a cuyo director o directora de casting no podemos sino alabar el gusto. Había una rubia, una morena y una castaña, las tres armoniosamente dotadas, y un buen mamólogo sacaría enseguida la nacionalidad de las dos primeras por la celebrada fisonomía en forma de dulcísima pera por la que se caracteriza la teta gala.

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9 octubre, 2013 · 16:56

Rajoy y ‘Breaking bad’

Disfrutado su operístico final, se puede afirmar que Breaking Bad ingresa de pleno derecho en el panteón de las cinco grandes series de la tele contemporánea junto a Los Soprano, The Wire, El ala oeste de la Casa Blanca y Mad Men. La premisa de BB es especialmente brillante, y la metamorfosis progresiva de su protagonista el hilo conductor de todo el guión, que se propone explorar el arendtiano tema de la cotidiana naturalidad con que un inofensivo profesor desahuciado deviene mafioso cabal. Sin embargo, a mi juicio –y en esto quizá peque de original– Walter White se va de la serie sin terminar nunca de romper en malvado genuino, y es esa maldad imperfecta la que precisamente protege la verosimilitud narrativa de una serie por lo demás millonaria en gozosos manierismos, voladuras controladas y envenenamientos de escuadra y cartabón.

Los guionistas se ocupan amorosamente de que el personaje interpretado por el descomunal Bryan Cranston nunca logre inspirarnos miedo –el miedo irracional que se le tiene al psicópata–, aunque sí respeto a la sofisticación de su mente, que brilla lo mismo en la urdimbre de un crimen que en la cocción de meta azul. En sus momentos más negros, cuando más pavoroso debe mostrársenos, el terrible Heisenberg incurre indefectiblemente en alguna charlotada –sombrero incluido– que nos recuerda que ese villano es en realidad un aplicado profesor de Química con alguna habilidad para la impostura. Llega a la matrícula de honor en manipulación psicológica, sí, pero operando sobre la mente de su previsible esposa (un rol parecido a la Carmela de Tony Soprano) o del naïf Jesse Pinkman, que es un Holden Caulfield cruzado de Dean Moriarty. Concluida la teórica metamorfosis, Walter White todavía calza sus zapatos antijuanetes Clarks, sospechamos Abanderado bajo sus pantalones chinos y viste cazadora cutre de entretiempo, sigue caminando como un pato y el brillo ciertamente luciferino de su mirada en primer plano se apaga en cuanto oye la voz gangosa de su hijo retrasado. Resulta lógico que así sea y no creeríamos otra cosa, porque el deseo de preservar a su familia es precisamente el motor de su transformación. Pero el mismo deseo inspiraba a Michael Corleone y pese a la paradoja no dudó en matar a su hermano, mientras que Heisenberg sólo se deshace de maleantes y suplica por la vida de su cuñado, agente de la DEA. Por eso Michael sí da miedo, y necesita toda esa elegancia y esa gomina para camuflar su letal naturaleza.

Mariano Rajoy, como Walter White, tampoco cumple la expectativa de villano que se le tiene confiada. Rajoy no llena el molde del facha fetén ni del neoliberal inescrupuloso, no ilegaliza el aborto ni a Bildu y tampoco adelgaza el Estado todo lo que debería. El Desfile de las Fuerzas Armadas le parece un coñazo. La prensa le deja frío y a sus pies contempla los gulliverianos esfuerzos de otros políticos del PP por pellizcarle con una declaración o engordarle una factura autonómica. Rajoy, como recordaba Espada el sábado pasado (en un artículo umbraliano que acaba con la obligatoriedad columnística de mofarse de Rajoy para acreditar independencia), se enfrenta a una Recesión, a una Corrupción, a una Abdicación y a una Secesión, y lo prodigioso no es ya que siga en el cargo sino que la macroeconomía arroje alguna luz fantasmagórica y que la oposición no le recorte terreno. Incluso puede revalidar la mayoría en dos años. Por todo ello concluimos tajantemente que Rajoy es un personaje de ficción. De hecho prefiere salir en un plasma.

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3 octubre, 2013 · 13:00

Sorayomaquia barcenológica

En una bodega de la ciudad de Rostov del Don, al sur de Rusia, un hombre recibió el pasado lunes un disparo en el decurso de una acalorada discusión sobre la filosofía de Immanuel Kant. Uno estaría argumentando que los juicios sintéticos a priori representan la única vía hacia un conocimiento científico, es decir, necesario y universal, y el otro debió de responderle –con total desfachatez– que el acuerdo epistemológico entablado por las peculiaridades estructurales del objeto con las condiciones perceptivas del sujeto no prueba apodícticamente el deslinde entre fenómeno y noúmeno. Ante semejante lenguaje tabernario, como es lógico, cualquiera se lía a tiros.

Esta escalofriante noticia, completamente verídica, demuestra que el interés de un debate no depende del tema de la discusión sino de la pasión de los contendientes. El caso Bárcenas, por ejemplo, cuenta a priori con muchos más alicientes para el disfrute parlamentario que la Crítica de la razón pura, y sin embargo puesto en boca de Soraya Rodríguez empieza ya a provocar unas cabezadas indisimulables entre los cronistas, y sospecho que también entre los votantes. Del mismo modo que Artur Mas es un cadáver político, Bárcenas es un cadáver dialéctico como mínimo hasta que Pedro J no enseñe más SMS, a poder ser con fotos para competir con las grabaciones carcelarias de La Sexta.

Pese a todo el PSOE se agarra a Bárcenas con tanta fuerza como a las cuotas de Susana Díaz, con más aplicación que a su propia propuesta de reforma constitucional y desde luego con mayor fe que al liderazgo de Rubalcaba. El líder socialista delegó esta vez en su Soraya la asignatura de Barcenología y prefirió preguntar por la “pasividad temeraria” del Gobierno tras la Diada. A Rubalcaba, como a muchos votantes del PP, no le basta la correspondencia epistolar Mas-Rajoy como enérgico compendio de política territorial, pero comete un error. No sólo porque pedir acción a Rajoy es como pedírsela a una peli de Eric Rohmer, sino porque en el desván de Ferraz se custodia a cal y canto el retrato wildeano del PSC, al que se le ha borrado el angelical rostro del federalismo y en cuyo lugar aparece el feo particularismo del derecho a decidir. Rajoy solo tuvo que sacar el espejo y ponérselo delante:

–Diga de una vez si apoyan o no el derecho a la autodeterminación de Cataluña.

Rajoy sabe que el concurso del socialismo hispano ayudaría a levantar un dique de constitucionalismo en el levantisco nordeste peninsular como lo hizo en Euskadi, pero los artríticos danzantes del Bocaccio y otros acomplejados restos de la gauche divine no quieren ni oír hablar de España y mucho menos de pactos de Estado unionistas con el PP, no digamos ya de Corcuera. El presidente ha convertido así el tabarrón catalán en una oportunidad dorada para invocar la razón de Estado y la oposición responsable, y luego ha vuelto a sentarse en el escaño bajo una ovación partidista a mi juicio excesivamente favorable. Con tanta música de palmas se corre el riesgo de reabrir las grietas del techo. Celia Villalobos, orgullosa presidenta sustituta de la Cámara –suponemos que Posada habría salido a por balas para reponer los disparos tapiados–, tuvo que cortar tajantemente el concierto de aplausos para hacerse perdonar su condición pepera ante Julia Otero. (Luego llamaría “Señor Pérez” a Rubalcaba para compensar por el otro lado.)

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18 septiembre, 2013 · 17:05

Carta de Rajoy a Mas en primicia

[La buena sintonía que este columnista mantiene con algunos de los más estrechos colaboradores del presidente del Gobierno ha permitido a ZoomNews acceder a un borrador de la carta que el propio Mariano Rajoy ha redactado de su puño y letra, dirigida a Artur Mas en respuesta a la suya de julio, en la que el presidente de la Generalitat emplazaba a Rajoy a escuchar el clamor libertario de todo un pueblo, o eso se nos ha contado. Este columnista, que ha cubierto ya un buen número de discursos de Mariano Rajoy, puede verificar el inconfundible estilo galaico del presidente en la prosa del borrador, lo que avala su autenticidad]

Querido Artur:

Os quedó realmente bonita la cadena del otro día. Qué bárbaro. El CNI me ha mandado vídeos de numerosos tramos que no salieron en la tele y aquello tenía más calvas que el occipucio de Guardiola, pero vamos, como demostración de folclore la cosa quedó notable. Si en Galicia intentamos eso no encadenamos ni siquiera a tres, porque los dos de los extremos no se decidirían sobre qué mano darse y el de en medio lo manda todo al carallo en cuanto se entere de que el recorrido cruza por su sembrado. Encima el día acompañó, mientras que en el Congreso nos empapábamos por una gotera insidiosa que gracias a Dios vertía principalmente sobre Gaspar Llamazares. “Son sólo unos hilillos”, iba murmurando el muy mamón. A quien ya veo poco por el hemiciclo es a Duran; me dicen que ahora va defendiendo una cosa llamada confederalismo, y con esa excusa tan rimbombante se cree que no nos vamos a dar cuenta tú y yo de que se pasó la Diada en Panamá, el muy golfo. Siento decirte, Artur, que en esta ardua disciplina del doble discurso en la que ahora te empleas desesperadamente no pasas de principiante al lado de Josep Antoni. Cuando acabes –con suerte– en el consejo de administración de Aguas de Barcelona, tu socio el democristiano seguirá desayunando cruasanes de nata en el Palace. Con unas gafas nuevas.

Me pides que te eche un cable, Artur, pero es que me lo pones complicado. Tienes que elegir: o Junqueras o yo. No necesito decirte quién es el que más te conviene, porque tu carta primero y la reunión en mi salón después no dejaban lugar a dudas. ¡Por Dios, Artur, que Viri se me pone celosa! Tienes suerte de que la prensa me importe lo mismo que el deshielo del Perito Moreno, porque si filtro nuestra reunión íntegra no llegas a la Diada.

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15 septiembre, 2013 · 22:00

Cortina de agua para tapar a Bárcenas

Cuando este cronista abrió la puerta de la tribuna de prensa, un pequeño niágara bajaba por los tiros de Tejero y se filtraba hasta las cabezas de los diputados de Izquierda Unida. ¿Un baño de realismo o una cortina de agua para evitar que se hablara de Bárcenas?

Las metáforas se precipitaban de la boca de políticos y periodistas en la primera sesión de control del curso político, en cuyo orden del día no figuraba en absoluto el Plan Hidrológico Nacional. Lo que sí estaba programado era la visita de una delegación de taiwaneses que desde la tribuna de invitados disparaban como locos el flash de sus móviles a la catarata parlamentaria, desconcertados por los originales ritos de las democracias meridionales. Como a simple vista un taiwanés resulta indistinguible de un japonés, todo fueron comentarios sobre la justificada concesión de los Juegos a Tokio a la vista de nuestro agrietado andamiaje institucional, pese a que los andamios llevan meses rodeando el Congreso. Se conoce que se han centrado tanto en vallar los exteriores frente a los quincemistas que se ha descuidado el calafateado de la techumbre. Lo cierto es que la catarata parlamentaria resultaba mucho más aparatosa que las fugas de Fukushima, y en cuanto a radiactividad, tratándose de lluvia madrileña, tampoco creemos que exista mucha diferencia. A esta hora los amigos de Facebook de los taiwaneses se explican perfectamente que la película más taquillera del cine español sea Lo imposible.

–Son sólo unos hilillos –razonaba malicioso Llamazares mirando a Rajoy y refugiándose en el centro del hemiciclo, adonde no alcanzaba el aguacero.
–Esto pasa por gastarse todo el dinero en Bale –apuntaba otro.
–Vayamos al Senado, y así acreditamos su utilidad –se propuso.
–Menos mal que la gotera no está encima de Rosa Díez. Ya veía venir una diatriba contra el ahogo al que nos aboca el bipartidismo –aventuré yo.

El caso es que Posada adujo riesgo de cortocircuito (dejemos las metáforas) para suspender la sesión hasta las diez, que luego resultó ser las diez y pico. Nos refugiamos en el Manolo a encadenar cafés constatando que en días como hoy la crónica de color se impone claramente a la de información pura. Lo demostró la delegación taiwanesa: para cuando se reanudó la matinal, los charlies se habían marchado. “Para asistir a fenómenos monzónicos nos quedamos en casa”, pensarían.

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11 septiembre, 2013 · 18:56

La ‘pantojización’ de Cospedal

¡Qué escándalo, el chico del megáfono que jaleaba ayer a Cospedal a la puerta del juzgado era de Nuevas Generaciones! El día, señores, que dejemos de rasgarnos las camisas por lo obvio igual arraiga la democracia y escalamos un par de puestos en el Informe Pisa. Digo yo que lo suyo es que los cachorros peperos vayan a apoyar a su señora y que la noticia, qué fatigoso resulta repetirlo, sería ver a los preferentistas estafados arremolinándose entre lágrimas para tocarle el borde del blanco vestido a María Dolores como a una aparición mariana que regara las aceras de consuelo y de milagro. Pues qué iba a pasar sino lo lógico en estos tiempos de desafección, que los apoyos al político en dificultades provengan de su estricto negociado. ¿Quién que no aspire a meter la cuchara en la sopa boba del organigrama va a interrumpir su agosto por dar palmas a Cospedal?

Así que una mitad de la calle coreaba su nombre y la otra el de su familia, y por el medio cruzó salomónicamente la secretaria general del PP con una sonrisa atirantada como los cables del puente de Brooklyn y el gesto desafiante de quien cree que la calle es suya. Y en este caso lo es, porque se trataba de la calle Génova. María Dolores de Cospedal escogió un vestido tan blanco como la contabilidad del PP, o eso parecía declarar ya desde el atavío, que hoy importa más que la oratoria para colocar tu mensaje. Y si lo llenas con la espléndida osamenta de Cospe, entonces absolución, crédito y mando en plaza Tahrir si ella nos lo pide, aunque el frugal Ruz no lo vea tan claro de momento. Ruz es un espíritu con flequillo, un abad en el cuerpo de un novicio.

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15 agosto, 2013 · 12:31