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Si es Congreso, no es noticia

Margallo al quite por si Mariano se deja algo.

Margallo al quite por si Mariano se deja algo.

Volvió hoy el hemiciclo a ser la entrañable salita de la soberanía nacional, con su media entrada de diputados sesteantes, su docena de cronistas familiares y su anodina ración de parlamentarismo ajeno tanto al paso grave de la historia como al vuelo histérico de la noticia. Porque la noticia, una vez más, volaba lejos del Congreso hacia la Andalucía del sindicalismo trincón, la Bruselas dimisionaria de Maleni y Meyer, la Palma del juez motorista Castro –¡cómo disfrutaría llevando en moto su imputación al otro palacio de El Pardo!–, la Barcelona de la eterna niña Matute. De todas partes manaban la leche y la miel del interés mediático menos de las bancadas de sus señorías. Pero así son los regímenes parlamentarios, queridos niños.

El balonmano fue un día importante en las escaletas. Al famoso Urdangarin quiso robarle foco su compañero de selección Errekondo (Amaiur), quien a las nueve de la mañana se irguió en el escaño, acomodó la diestra majamente en la cintura, carraspeó mientras llegaba la musa vasca de la oratoria y abrió fuego dialéctico con el siguiente acta de defunción (en la retórica amaiurense se cumple lo de Camba: toda pompa es pompa fúnebre):

–Este Estado tiene una asignatura pendiente: la democracia.

La carcajada que se desató a continuación tuvo el efecto perverso de inspirarnos compasión por el tribal balonmanista. No entendemos cómo le deja su grupo hacer esos papelones si no es por algún tipo de venganza, un castigo por irse un día de la herriko sin pagar los zuritos, qué sé yo. Errekondo aguantó la mofa general y siguió titubeante, hilvanando disparates sobre la falta de reconocimiento a ese pueblo vasco que se encadena jubilosamente desde Durango a Pamplona, y coronó la gesta ya con un hilo de voz: “Este Borbón, como el anterior, y su Gobierno, como los anteriores, son el sustento aún de los principios del régimen franquista”. No creo yo que a Franco le pusieran las perdices como a Rajoy estos balones templaditos:

–Gracias a que estamos en democracia usted puede estar ahí diciendo esas cosas. Pero ustedes sí tienen alguna asignatura pendiente: pedir la disolución de ETA y pedir perdón por lo que han hecho durante años. Mientras no lo hagan, ni usted ni su grupo están en condiciones de dar lecciones de nada a nadie.

Fin de la cita. Aitor Esteban (PNV) se levantó rápido quizá para aliviar el trago a su montaraz paisano e inquirió al presidente sobre cierto paquete de inversiones ya negociado que la recesión demoró, con el correspondiente perjuicio de los vascos y las vascas. Don Mariano tiró de galleguidad: “Este es un tema complejo, ha habido que adoptar medidas difíciles, es un tema que ya veremos…”

Le tocó el turno a Rubalcaba. Atesoramos ahora cada discurso de don Alfredo como si de abrazos entre Del Bosque e Iniesta se tratara: nunca sabes si habrá otro. Rubal –siempre al grano– preguntó por los objetivos de la reforma fiscal. Rajoy contestó a su nuevo mejor amigo que dinamizar la economía, hacer un sistema tributario más equitativo, luchar contra el fraude… salir de la crisis, copón. El todavía portavoz socialista le hizo entonces unas objeciones muy sensatas: cuando Bruselas constate que la recaudación baja en 7.000 millones –cantidad que se quedará intolerablemente en los bolsillos de la gente– pedirá nuevos recortes que deberán asumir las comunidades autónomas en sus partidas sociales más sensibles, como siempre en este día de la marmota del déficit y la troika (“El déficit y la troika” es el nuevo “Caperucita y el lobo”, y Draghi el nuevo Grimm). Nosotros, prometió con ternura Rubalcaba, haremos una propuesta para que paguen más las grandes fortunas y menos las clases medias. A buenas horas macho, le respondió don Mariano. Ya podían haberlo hecho cuando gobernaban. Nos critican si subimos impuestos, nos critican si los bajamos. Damos ventajas a familias numerosas, a personas con discapacidad… ¿Qué más quieren? ¿Que metamos a Luis Suárez en el Tribunal de Cuentas?

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Cortesía de los compañeros de Periodista Digital.

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25 junio, 2014 · 18:36

Cuando despertó, la monarquía todavía estaba allí

El ruedo nacional desde la tribuna de prensa.

El ruedo nacional desde la tribuna de prensa.

En el Día Mundial del Cáncer de Próstata del año del Señor de 2014, las Cortes españolas ratificaron la voluntad de Juan Carlos I de abdicar la Corona, uso transitivo de un verbo cuya mera pronunciación ha caído sobre el corral de gritos de la opinión nacional como el nombre de Jehová entre las barbudas de La vida de Brian.

En la tribuna, dos barbas en absoluto postizas tejiendo una fronda bipartidista –constitucionalista– bastante menos rala de lo que se vende: 299 síes sociopopulares de 341 votos emitidos, más el apoyo testimonial de UPyD, UPN y Foro Asturias. Todos los demás se abstuvieron (CiU y PNV) o votaron en contra con lujo de pretextos publicitarios: el tétrico abandono del hemiciclo, ikurriña en mano, por parte de la aldea amaiurense; la traviesa reverencia de Tardà a la bancada popular tras su reivindicación de la “república catalana”; o el borborigmo de la Chamosa, que votó sí y añadió, para excusarse: “¡Que se jubile ya!”. En la reiteración del sintagmita-pretexto en que los muchachos de Lara y Llamazares amparaban su no –“¡Por más democracia, no!–, nosotros advertíamos una cierta vergüenza de inadaptado, una manera de explicarse a sí mismos la contradicción entre las prerrogativas del escaño y la monarquía parlamentaria que se las proporcionó. Vote usted no y vaya en paz, oiga, que esto no es la II República para temer represalias. Eché de menos que algún constitucionalista en la sala diese a los jacobinos la única réplica posible en su turno, la única verdad de facto: “Por más democracia, sí”. Tan solo el popular José Albendea, taurinamente, echó la pata adelante y gritó: “Sí, ¡viva el Rey!”

Rajoy y Rubalcaba opusieron a la fiebre papanatas del republicanismo retórico sendos discursos de una gravedad inequívoca, autoconsciente, trascendental, de los cuales –como Vallejo– tenemos ya el recuerdo al contemplar de reojo el burbujeo de la sopa frentepopulista. Veremos, que el Sistema es un hígado inescrupuloso capaz de deglutir melenas bolivarianas y expeler disciplina de partido con dieta de comedor. Por fortuna.

–No estamos para modificar los hechos sino para subrayarlos, para aplicar la Constitución en un marco de normalidad y naturalidad propias de una democracia madura (sic), ratificar la voluntad del Rey y cumplir el mandato de la soberanía nacional, expresado en 1978 y también en 2014 –advertía don Mariano, como si en las tertulias de la tele se atendiese al Derecho.

Pero el presidente no se iba a limitar en un día como hoy al recitado administrativo y a la grisura tecnocrática, sino que quiso rendir balance lírico del reinado: “Sería necesario estar ciego de obstinación para no reconocer los méritos que ha cosechado el Rey que ahora nos deja”; “hábil piloto”, “impecable ejecutor” y otros cariños no por manidos menos ajustados. Ponderó la transformación formidable que ha experimentado el país durante los últimos 40 años. Señaló que ningún español, por primera vez en siglos, presencia la sucesión de la Jefatura del Estado de forma traumática. Y recordó una y otra vez que debatir la forma del Estado no estaba en el orden del día. Quia, reglamentos, minucias aburridas de registrador cenizo. El bar tricolor no se lo iban a cerrar hoy a Izquierda Plural y otras periferias levantiscas, que por algo cuentan más por su voz que por su voto.

Rubalcaba, devenido socialista de guardia en servicios póstumos al Estado, desgranó en su intervención una pedagogía elemental de teoría política para aquellos entre los suyos que le quieran oír, que no son muchos:

–¿Podría esta Cámara no votar esta ley? No. ¿Podría esta Cámara votar no a esta ley? Eso sería tanto como obligar al Rey a seguir reinando contra su voluntad. No votamos hoy la sucesión: eso ya lo hicimos en 1978 –aquí me faltó un aplauso de su bancada, y eso que soy del 82–. En España hay un rey pero no somos súbditos, sino ciudadanos de los cuales emana la legitimidad del rey. Los socialistas hoy votaremos sí porque, sin ocultar nuestra preferencia republicana, sabemos mantener nuestros acuerdos.

Si no llega a conceder la preferencia republicana, allí mismo recibe un zapatazo de Madina, punta de lanza de ese adanismo sonrojante que todo lo va copando. (Por cierto que este cronista cede a los expertos forenses de la Complutense la distinción entre tres neocadáveres ideológicos de la efebocracia insurgente: ¿en qué se distinguen Edu Madina, Alberto Garzón y Pablo Iglesias? Si los tres se fusionaran en un mismo cuerpo de pelo rojo, tipo Goku, ¿verdad que el rechazo orgánico quedaría clínicamente descartado?)

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11 junio, 2014 · 17:12

De ratones y hombres

Soraya acusa. La Zola del PSOE.

Soraya acusa. La Zola del PSOE.

“La sesión de hoy ha sido interesantísima. Yo no pude hacerme cargo de nada, pero esto no desvirtúa el alto interés de la sesión. Si únicamente fuese interesante aquello que uno comprende, el decir de alguna cosa que tiene interés sería un acto de pedantería. Yo no sé nada de Marina, de Administración local, de reforma electoral, ni de reorganización económica; apenas si sé lo que es una elipsis, un participio y una sinécdoque. Y sin embargo sería quimérico sostener que una sinécdoque interesa más al país que la cuestión de las cédulas personales, sobre las que han disertado hoy los señores Nougués, Corominas y Osma”.

Así empezaba una crónica parlamentaria de 1907 un Julio Camba de 22 años, recogida en el imprescindible volumen que acaba de publicar la editorial Pepitas de Calabaza. Desde entonces hasta hoy no han cobrado mucho más interés las sesiones de control que las sinécdoques, y ambas desde luego le ocupan al país bastante menos que las finales de Champions y las reediciones de Puerto Hurraco pasadas por los Panero. Por cierto que cuanto más averiguas sobre el crimen de León, menos te impresiona el tenebrismo de la novelística sueca.

Pero esta mañana en las Cortes no se hablaba del asesinato de Isabel Carrasco sino en los pasillos, pues en la tribuna de oradores estaba Rosa Díez reprochando a Rajoy que coarte la libertad de prensa en este país, para lo cual tiró de un informe que nos coloca en el puesto 52 del asunto, ligeramente mejor que la Italia de don Silvio. Era una interpelación tribunera, cierto, dirigida a masajear el lomo molido de los medios, donde Díez tiene más aliados que entre la clase política. El problema de UPyD se llama bipartidismo y su mala salud de hierro, y se llama industria periodística y sus tambaleantes pies de barro. Rajoy conoce perfectamente –no diré que celebra– el proceso de mascotización de la prensa, empujada por su ruina a la adulación mendicante, pero opta por la reducción a Perogrullo, una de sus estrategias favoritas:

–Es usted muy injusta con España. Aquí hay libertad de expresión recogida por la Constitución. En España hay más canales, medios y radios que en ningún sitio. Le recomiendo que sea usted más ecuánime.
–Yo más ecuánime, y usted más sincero. No confunda cantidad con calidad ni con libertad. Aquí hay prensa pública y prensa concertada. Así no hay democracia –ha replicado Díez, que buena es ella como para no replicar.

Exagera usted, ha zanjado al final Rajoy: solo tiene que ver cómo aquí todo el mundo dice lo que quiere sobre los temas más diversos. (Y eso es verdad; otra cosa, es que se cobre por ello.) No puedo compartir su juicio a toda luz hiperbólico, señoría. Y se ha sentado con calma, sin necesidad de mirar antes el asiento del escaño por si había alguna cabeza de director de periódico. El problema no es que el Gobierno censure, sino que no ayude como antaño, dejando a los medios terriblemente solos ante su esquivo público de pícaros y piratas. Este espinoso debate lo recuperaría más tarde un diputado del PSOE que acusó al ministro Soria de restringir la oferta televisiva a voluntad en virtud del cierre de nueve canales de la TDT. Soria vio bajar la bola lentamente, subió trotando a la red y ejecutó la volea previsible:

–En 2010 se hizo una adjudicación sin concurso previo. Una empresa recurrió. Y el Supremo sentenció.

Y este gabinete no llorará por ello, le faltó apostillar.

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14 mayo, 2014 · 15:27

¿Cuándo se recuperó el Perú?

Soledad de corredor de fondo... o de sprinter prematuro.

Soledad de corredor de fondo… o de sprinter prematuro.

En los pasillos del Congreso ya no se habla de otra cosa que de fútbol. En la redacción de Radio Nacional, por citar otro lugar noble que piso con alguna frecuencia, tampoco. En el Carrefour circulan las apuestas deportivas entre los esforzados reponedores. Incluso en mi comunidad de vecinos la conversación futbolera ha dejado de ser una coartada de ascensor para convertirse en objetivo deliberado y punto de orden del día. Se rumorea incluso que se habla de fútbol en el despacho de Florentino Pérez, donde pensábamos que solo se ponían y quitaban fiscales. Los periodistas parlamentarios, los jefes de gabinete, hasta los diputados de CiU hablaban esta mañana del partido de Lisboa, donde no se les ha perdido nada desde cuartos de final.

Uno se preparaba hoy para reconocer fervores electorales bullendo por la oratoria de los portavoces, pero la sesión no pudo cursar con mayor atonía y puntuales picos de decibelios populistas o contestatarios. Cuando llegamos a la tribuna de prensa, Rajoy le estaba recordando a Coscubiela que él no ha congelado las pensiones como otros. Es un recordatorio tan recurrente en el repertorio de Rajoy –van cuatro erres por cuatro sustantivos: aliteración– que se diría que no las congeló exclusivamente para poder recordarlo luego. Añadió en tono catequético, satisfecho sin euforia, que Europa nos vaticina un crecimiento del 1,1% este año y del 2,1% el que viene, que será más de lo que crezca la mismísima Alemania. Y aseguró que terminará este mandato con menos parados de los que encontró. Veremos, pero don Mariano no es hombre que aventure pronósticos con la ligereza Champions League de su antecesor. De hecho las previsiones del Gobierno son peores que las de la euroburocracia, pues si hay una estrategia eficaz para sacarles burbujas a los mercados es la del cenizo impostado, de cuyo casandrismo venga luego a rescatarte, jubiloso, el sanedrín de Bruselas.

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7 mayo, 2014 · 18:37

Ovejas eléctricas en el Congreso

Distopía parlamentaria.

Distopía parlamentaria.

Blade Runner ha quedado como la distopía más verosímil para un Occidente hiperdesarrollado, con su atmósfera de hollín, sus replicantes líricos, su humedad ácida, sus ovejas eléctricas soñadas por androides sin escaño. Pero uno se inclinaba a pensar en los gordos satisfechos y motorizados de Wall-e como el futuro más esperable, futuro que se producirá tras la derrota final de los gimnasios y la victoria silenciosa de los triglicéridos y la tecnología. Hasta hoy. Porque hoy, un día después del multitudinario debate sobre el Tabarrón Catalán, el hemiciclo comparecía comido de calvas, sin fotógrafos, sin reporteros, sin apenas diputados; y este cronista, únicamente acompañado en la tribuna de prensa por una ujier rubicunda, experimentó una visión de la distopía más plausible en democracia: un pequeño hemiciclo urbano con portavoces hablando de Europa en idioma de signos y una multitud popular, pastoreada por personal shoppers, derramándose sobre plazas y comercios y locales de apuestas deportivas, felizmente ajena al destino de sus impuestos.

Del escalofriante ensueño vino a socorrerme la voz familiar de Mariano Rajoy. En estos plenos rutinarios que siguen a un gran evento político, sobre todo en los infumables partes del Consejo Europeo, sabedor de que nadie le presta demasiada atención el presidente gallego suele pinchar en el tocadiscos de la tribuna de oradores la cara B de su retórica personal: sus psicofonías más campechanas, tautológicas y geniales: “Si usted, señor Cayo Lara, estuviera en mi lugar, se mostraría razonablemente satisfecho. Y si yo estuviera en el suyo, me mostraría razonablemente insatisfecho”. O bien: “Usted habla mucho de Asturias, y es muy natural, puesto que es asturiano y es diputado por esa circunscripción”. Y también: “No diga lo que yo no he dicho, porque yo digo exactamente lo que he dicho”. Y en este plan. Yo miraba a los lados para compartir mi admiración con algún compañero, pero la ujier rubicunda se estudiaba las uñas.

La noticia era Cañete –nunca una novedad fue tan rebajada por el rumor antes de su oficialización–, quien aparecía en su escaño volcado sobre un tomazo de folios, supongo que los papeles para el exilio. Dulce exilio, en su caso. La primera pregunta de la sesión de control la hizo Rosa Díez sobre sus bailarinas azul eléctrico a juego con el vestido (¡y su prosodia!): versó sobre pobreza infantil y aparejaba una queja por el trato que don Mariano había dispensado a la líder de UPyD en el Debate del Estado de la Nación. Rajoy obvió lo segundo y respondió a lo primero con una cascada de millones de euros para partidas sociales que combatan “la cara amarga de la crisis”. La cara amarga de la crisis es el nuevo marco incomparable, que a su vez sustituyó al crisol de culturas edificado sobre la fiesta de la democracia. A este abuso del tópico adscribimos la cara A de la oratoria presidencial: la menos interesante y divertida.

Don Cayo y don Mariano oficiaron una dialéctica trinitaria a cuenta de la desigualdad social y la reforma tributaria. Rajoy aseguraba que esta próxima reforma persigue tres cosas: empleo, lucha contra el fraude y equidad recaudatoria. Pero el portavoz de IU contratacaba con la trinidad reivindicativa de las llamadas Marchas por la Dignidad: pan, techo y trabajo. Va uno aprendiendo que esto de la economía guarda una relación cada vez más estrecha con la teología, no solo porque se ocupa de entidades trimembres (tierra-capital-trabajo, producción-mercado-consumo, Padre-Hijo-Espíritu Santo y así) sino porque además exige notables cantidades de fe para su desarrollo. Al final a Lara se le escapó una sentencia maravillosa que nos lo acerca a Peppone, el alcalde comunista que anda siempre cordialmente peleado con Don Camilo en las novelas de Guareschi: “Usted y yo, señor Rajoy, coincidimos en la filosofía, pero no en la práctica”.

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9 abril, 2014 · 20:58

Una patria de azúcar

La terna de Mas para enseñar democracia en Madrit.

La terna de Mas para enseñar democracia en Madrit.

Pocas veces habrá levantado tanta expectación una comedia con final anunciado. Por eso me había prometido levantarme de la tribuna de prensa a las 17.14 exactamente, en correspondencia poética a la pretensión independentista. Y fue en ese preciso momento cuando Mariano Rajoy, que se encontraba a mitad de su discurso de réplica a los tres comisionados del Parlament, advirtió:

–Y aquí, señorías, podría acabar mi intervención. Pero como les he dicho al principio, quiero ir más allá…

Habría sido ese un gran final, ceñido a la simbología cronológica que propone el nacionalismo, dejar que el discurso muriera tras cumplir su propósito vehicular: repetir que la purita ley impide, aquí y en la China popular, que la parte decida por el todo. Pero ya que había accedido a hablar, con lo que le cuesta eso, el presidente Rajoy quiso añadir consideraciones históricas, económicas, sociales e incluso afectivas sobre su imposibilidad de concebir España sin Cataluña y Cataluña sin España… y sin Europa.

En el hemiciclo no cabía un alma. A mi lado en la tribuna de prensa comparecía una delegación de diputados venidos de Cataluña sin necesidad de escolta para apoyar a su equipo pese a que el partido ya se había jugado: en concreto en 1978. Cuando el 90,4% de los catalanes votó a favor de la Constitución en su más genuino ejercicio de autodeterminación, según hizo notar Rajoy. Tomó primero la palabra Jordi Turull (¿Tururull?), que fue el más moderado de la terna dentro del disparate general que se oficiaba esta tarde en la sede de la soberanía española. Turull quiso cargarse de legitimidad apelando a los 103 de 135 escaños que obtuvo el proyecto suicida en noviembre de 2012, y evocando después el viscoso concepto de democracia popular: las masas diadas y su festivo juego floral. Cataluña, dijo, es un pueblo que siempre ha querido gobernarse a sí mismo, que siempre se ha sentido una nación, una de las más antiguas del mundo según Pablo Casals –y Pep Guardiola–, que nunca se ha resignado y que ahora contempla cómo una sensación de fatiga mutua se ha instalado definitivamente en Barcelona y en Madrid. Esto último, la fatiga que nos provoca a todos el Tabarrón Catalán, fue la primera verdad de su intervención, quizá la única. Luego Turull destapó el tarro de la esencia argumental que traía la terna o troika secesionista a la Carrera de San Jerónimo: el almíbar. La identidad como encarnizamiento sentimental. La vuelta rousseauniana a la aldea. El complejo de concejal perpetuo.

–Queremos mejorar porque amamos a este pueblo, y lo amamos porque es el nuestro. No desistiremos. El pueblo de Cataluña no se ha metido en un callejón sin salida sino en un camino sin retorno. La historia nos ha convocado a todos. ¡Desde el Parlament seremos dignos del mandato de nuestro pueblo!

Y gran aplauso a mi derecha de la delegación de les Corts. Jesús Posada reconvino su efusividad y les avisó de que en la tribuna de invitados no está permitido ni mostrar las tetas ni ofrendar otros testimonios de aprobación o descontento. Me fijé en una diputada con amago de llanto en el lacrimal que se frotó los ojos, emocionada. He ahí el hueso pálido, la víscera más bien, de todo este pifostio insensato, fenomenal farsa, anacronismo mareante. La misma lógica del cortatroncos que le oí al speaker de un campeonato de aizkolaris celebrado en el Arenal de Bilbao durante un Aste Nagusia:

–¡Tenemos que defender estos deportes! ¿Por qué? ¡Porque son nuestros!

Pero oiga, en Europa nadie compite cortando troncos ya. ¡Da igual, es nuestro! Y en este plan. Españoleo eterno con más franjas rojigualdas, nada más. Romanticismo tardío, pulsión decimonónica que no cesa, vigencia antiilustrada de las doctrinas del señor Herder que llevaron a Europa al desastre. Y junto al sentimentalismo grosero, sus primos hermanos: el moralismo, el paternalismo, la fabulación retrospectiva, el mesianismo comprado en los chinos que te vende a Gandhi y te da a Quico Homs, acodado sobre el reloj parlamentario. Nosotros, diputados del Parlament, peregrinamos limpiamente a la Meseta esteparia para ilustraros, para desasnaros un poco y podaros la lana facha de la dehesa, para iniciaros en esto de la democracia, que parece mentira, Señor, dame paciencia, seny mediterráneo. Y no es que las actuales bancadas de PP y PSOE reúnan muchas más lecturas que los rupturistas, pero al menos poseen mayor sentido del ridículo, ese que Pla siempre ponderó en la raza catalana y que parece haber naufragado entre pícaros y milhombres. Hoy, los sedicentes representantes de la vieja y admirable Cataluña han degenerado en pueriles Hansel y Gretel que aspiran a vivir en su patria de caramelo, que la cimientan sobre bases cariadas y que la defienden con fundamentos dialécticos nubosos y suaves como algodón rosa de verbena.

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9 abril, 2014 · 10:00

Las naturalezas muertas de Mariano Rajoy

Nacionalismo catalán, según Eddie Hopper. Artur Mas va de rojo.

Nacionalismo catalán, según Eddie Hopper. Artur Mas va de rojo.

Si la legalidad internacional ha ingresado en el dominio del oxímoron con las últimas travesuras de Putin por el Mar Muerto, las travesuras de ERC-CiU por la parte noroccidental del Mar Mediterráneo pretenden extender el manto pardo de la paradoja a la legalidad nacional. El diputado Alfred Bosch, afectado por una ptosis palpebral que no creemos a salvo de ciertas metáforas, tomó el primero la palabra esta mañana en el Congreso y le espetó a Mariano Rajoy Brey, presidente del Gobierno de España según todas las disposiciones vigentes:

–¿En qué se basa usted para asegurar que impedirá la votación del 9 de noviembre?

Pues en la ley, claro, contestó Rajoy. El otro soñaba que le dijese los tanques, a poder ser con rancho de paella para todos y el clan Tejero al megáfono, pero don Mariano es el donjuán de los silencios políticos, aquel por quien se inventó la expresión de matar callando. Entonces, Bosch, desde la ranura visual que le está permitida, volvió a la carga en procaz mixtura de lírica y amenaza, de Lorca a Corleone en un abrir y cerrar de ojos (y disculpen la maldad):

–Verde que te quiero verde. Ponga el semáforo en verde, que lo tiene siempre en rojo y encima va empujando. Haga una propuesta. En Cataluña hay millones de personas esperando, y si no cambia el semáforo puede provocar un accidente. Nosotros siempre cruzamos en verde, pero si el semáforo no cambia ya encontraremos un paso de cebra.

Así hablaba el bravo Bosch, de tremolante penacho. Rajoy, conductor de pueblos, ni siquiera se dignó a dirigirle la “mirada torva” con que Homero suele anticipar una resuelta paliza. Clavó la vista en el folio y leyó su respuesta con desgana oceánica, escuchando el gozoso crepitar del jarro frío sobre la brasa insurgente, también llamada Tabarrón Catalán (¡TC!):

–Usted pretende saltarse la Constitución, y eso sí que es un semáforo en rojo. Yo quiero que sigamos juntos, compartiendo la misma historia como venimos haciendo desde hace siglos. Y no quiero una Cataluña empobrecida y fuera de Europa. No se lo merece. Ni siquiera se lo merece usted –apostilló, en postrera concesión a la tribuna.

La mujer de Hopper lamentaba la oscuridad creadora en la que su marido se abismaba de pronto, rachas desoladas de mutismo y cavilación. “A veces hablar con Eddie era como tirar una piedra a un pozo”. Rajoy no sabe pintar noctámbulos acodados en barras melancólicas, pero solo en un tosco sentido real. En el plano figurado, en cambio, ya empezamos a vislumbrar el mentón de Artur Mas en el ángulo del lienzo que ocupa la mujer de rojo, alma embarrancada por la desatención, solitaria y rebelde porque el mundo la ha hecho así, porque nadie la ha tratado con amor. ¿Es Cataluña la naturaleza muerta de Rajoy? ¿No suena el nacionalismo como una eterna viuda quejumbrosa?

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19 marzo, 2014 · 19:17

El ancho nombre del feminismo

Echávarri, el milicianismo que no cesa.

Echávarri, el milicianismo que no cesa.

Nos gustan las sesiones de control rutinarias, casi cenicientas. El debate sobre el estado de la nación concede un relumbre excepcional: pero el parlamentario y el cronista labran su oficio desventurado en días como hoy, sin historia, sin otro aliciente que la disciplina de partido, roturando como bueyes mudos el sendero trillado de la democracia. Nos gusta esa postal apacible como de espigadoras de Millet gastando culo sobre el escaño en vez de pellejo sobre el azadón.

Por no estar no estaba ni Soraya, que prefirió un desayuno informativo. Con buen criterio, pues ahí no tiene a una tocaya apuntándole con el dedo, discutiéndole así sea torpemente su poder. Rajoy eligió un tono de sosiego que quizá sea solo fastidio de tener que dar explicaciones. Rubalcaba continuó en cambio la estrategia estrenada en el gran debate: una agresividad voluntariosa, forzada, enternecedora, a cuenta de la reforma educativa de Wert que vino precedida de un grito sarcástico desde la bancada pepera: “¡Ánimo Freddy!”

–Ustedes han pasado del “solos contra todos” al “deprisa, deprisa, que viene la oposición”. Es una chapuza. Reúnase al menos, señor Rajoy, con sus comunidades autónomas y pare este insensato calendario. Aprovechan la crisis para atacar la educación…

A tal punto llegaba la desgana de don Mariano que acusó a Rubalcaba de estar instalado en el inmovilismo. ¡Rajoy, que ha hecho del inmovilismo un apéndice a El Príncipe de Maquiavelo! Tiene mucha razón en recordarle a don Alfredo que las únicas leyes educativas que han regido en este país han sido socialistas, y que la calidad educativa no depende del dinero, pues España invierte bastante más por alumno que la media europea y Pisa sigue retratando al zoquete nacional. Pero, hombre, presidente, usted no puede pronunciar la palabra inmovilismo. Es como si Putin denuncia el movimiento (de tropas).

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12 marzo, 2014 · 18:00