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De Carmena al cielo

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Doña Manuela, en vanguardia tecnológica.

Muchos compatriotas disfrutan ante el conato de rebeldía, el golpe de autoridad, el desfile de los ideales. A mí, por alguna malformación espiritual, me emocionan desde siempre los procesos de maduración, el espectáculo de la serenidad y la asunción del crudo realismo. No es que vea algo indigno en toda emoción colectiva, como Borges: es que lo veo en casi todas las individuales. Por eso contengo el entusiasmo cuando veo a Errejón entrando en el Congreso con una chaqueta, desafiando a sus camaradas en camisa de leñador. O cuando oigo a Rita Maestre, la misma que fantaseaba a pecho limpio con iglesias en llamas, presumir hoy de la reducción de la deuda. Impactantes documentales en los que la larva de asamblea da paso trabajosamente a una mariposa representativa y parlamentaria. Y por eso debería aplaudir a doña Carmena, que excepcionalmente tomó una decisión basada en la ciencia y ceñida al protocolo.

Sin embargo ayer la restricción del tráfico no terminó de excitarme. El problema existe, desde luego: la boina de polución rivaliza en negrura y terquedad con la de Baroja, la densidad del tráfico rodado es de un exotismo que nos aproxima a Benarés y si Velázquez resucitara para volver a pintar el cielo de Madrid se calzaría una de esas mascarillas de chino hipocondriaco antes de morirse de nuevo. Algo hay que hacer. Pero si ya no es mucho pedir, habría que hacerlo bien.

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El bueno (Rajoy), el feo (Sánchez) y el malo (Puigdemont) del año que termina en La Linterna de COPE

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30 diciembre, 2016 · 11:50

Cluedo morado

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Adónde mirar, esa es la cuestión.

Por la sede de Podemos ha pasado Papá Noel y ha dejado un Cluedo. La víctima es Íñigo Errejón. Los sospechosos son los ciberchikos del maíz de Pablo Emmanuel, que significa Dios con nosotros. El lugar, la red social. El arma, un hashtag. Fin de partida. Cuando Iglesias dice que quiere tener a Íñigo cerca no lo dice por amistad, sino en estricta aplicación de la doctrina de los dones sicilianos: ten cerca a tus amigos, pero más cerca a tus enemigos.

Hasta a sus votantes les hastía el exceso de transparencia podemita. La chapa está resultando tan insufrible como la falta de pudor en el manejo del piolet digital, y aún queda la cuesta de enero hasta la apoteosis pablista de Carabanchel. Pero si Podemos fuera más transparente que los partidos tradicionales explicaría por qué el portavoz López fue apiolado horas después de un empate técnico entre el errejonismo y el pablismo. Viven en la asamblea perpetua. Populismo es publicidad, y ahora que la entente PP-PSOE les levanta hasta la agenda social, no tienen otro producto que poner a la venta que su rencilla. Lo importante es que hablen de uno.

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26 diciembre, 2016 · 10:41

De la marmota al camaleón

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Donde no hay Mariano, Soraya ‘rules’.

Que empiece el invierno es un pretexto tan bueno como otro cualquiera para fumarte el último Pleno del año. Eso pensarían los diputados culpables de que el Hemiciclo pareciera ayer la presidencia de honor del PP: una pura vacante.

Flotaba en el ambiente una inminencia de maletas, la morriña de circunscripción del parlamentario de provincias. «Es que mi casa da al mar», suspiraba la gallega Yolanda Díaz, que para eso es de En Marea. Por no estar no estaba ni Papá Noel, rol que compete a don Mariano (en Nueva York) desde que falta Cañete y desde que los líos de la política le clarean la barba de más.

No se entiende que Bescansa reproche a la vicepresidenta que el Gobierno se conduzca como si conservara la mayoría absoluta. Igual les funciona como consigna para la tele, pero los hechos -Lomce, salario mínimo, pronto la ley Mordaza, ayer mismo el bono social para impedir los cortes de luz a los insolventes- prueban que el paquete legislativo que está inaugurando el segundo mandato de Rajoy no figuraba precisamente en su programa.

Escandalizarse de que PP y PSOE se entiendan es fulanismo de patio de colegio. Lo relevante es la letra ideológica de la ley que resulte de esa cooperación. Y esa letra, se mire como se mire, es socialdemócrata, y no sólo en economía. Cuando Isabel Rodríguez (PSOE) o Aitor Esteban inquirieron a Catalá por la memoria histórica –Iglesias aplaudió-, el ministro informó de que el mapa de fosas actualizado por sus funcionarios ha recibido 90.000 visitas este año, o de que en Sevilla se les ha restituido el honor a 313 presos políticos. Y no cierran Casa Pepe porque es un negocio privado, como lo es la serie sobre Serrano Suñer que tiene al antifascismo de guardia al borde de armar un maquis en Telecinco.

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22 diciembre, 2016 · 11:04

Reivindicación del pecado

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Sacramento del teleperdón.

Un párroco español ha lanzado una aplicación móvil llamada Confesor Go que permite localizar al cura más próximo al penitente para administrarle la confesión. A partir de ahora cualquier político atormentado por su última mentira no tendrá que esperar cuatro años a ser indultado por las urnas, sino que podrá aliviar su conciencia citándose con un sacerdote en un parque o una plaza, o a la salida misma del lupanar o del Parlamento, por mencionar las dos sedes tradicionales del pecado.

Confesor Go ha superado ya las 4.300 descargas y su desarrollador, el padre Latorre, espera que pronto se internacionalice su uso, que para eso católico quiere decir universal y en todas partes se peca con análoga fruición. Se deduce que los emprendedores ya no se conforman con comerse este mundo sino que aspiran a explotar el más allá con un Über no de cuerpos sino de espíritus que habría enloquecido a Gógol, cuyo personaje más famoso viaja por la estepa rusa en su troika comprando almas muertas. Confesor Go es el reverso luminoso de Tinder: en la era digital uno se empecata y se limpia por internet.

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9 diciembre, 2016 · 11:20

La España de Fidel

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¿Compañero de viaje o tonto inútil?

A los cubanos se les ha muerto Fidel, el hombre, pero los españoles no tendremos tanta suerte: aquí sigue vivo Fidel, el símbolo. Y no sólo pervive en la roja devoción de sus beatas: numerosos medios liberales han optado por ilustrar su muerte con el arrogante barbudo de fusil al hombro, como si ese tipo no hubiera muerto hace décadas, en lugar de escoger al decrépito rehén de su propio chándal, gran pérdida para Adidas. Cuando se trata de embalsamar a un mito, el primer borrador de la historia que es el periodismo a veces no resiste la tentación de comportarse como un maquillador forense.

Se ha escrito que Castro fue el último revolucionario de una época, pero quizá fue el primero de otra, la nuestra, que llamamos posmoderna a falta de mayor precisión y que ha confirmado la sospecha nietzscheana: ya no hay hechos sino interpretaciones. Los hechos: Castro dio un golpe de Estado contra una dictadura de derechas para devolver la soberanía y la prosperidad al pueblo, pero se perpetuó al mando absoluto de una isla penitenciaria a la que, después de quitárselo todo, le arrebató también el orgullo de mandar en su hambre, pues malvivía de las limosnas de la URSS y luego de la petrocracia chavista. Las viudas del chivo que cacarean no sé qué sobre educación universal quizá olvidan que Franco aprobó la Ley de Bases de la Seguridad Social.

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La buena (Barberá), el feo (PP) y el malo (Iglesias) en La Linterna de COPE

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28 noviembre, 2016 · 13:57

Apoye a un imputado por Navidad

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Y se hacen la foto frente a la sede de la soberanía contra la que conspiran, madre.

El Hotel Villa Real exhibe una coqueta selección de antigüedades romanas entre las cuales destacan unos vistosos mosaicos. No cabe sino reconocer la coherencia del lugar elegido para la reunión que ayer convocó allí a las teselas más coloridas del Estado plural, desde Bildu hasta En Marea, de Artur Mas a don Gabriel Rufián.

Acudían a suplicar contra el suplicatorio que el Congreso votaba por la tarde para infortunio de Francesc Homs, procesado por desobediencia. No se trataba sólo del entrañable apoyo a un imputado por Navidad, sucedáneo del pobre de Berlanga, sino de desahogar el sentimiento premoderno que opone la democracia a la ley, la excepción a la norma, el privilegio a la igualdad, el Ejecutivo al Judicial, el Medievo a la Ilustración. La tribu a Roma.

Lo expresó muy bien don Artur, algo más canoso pero aún dueño de esa oratoria silbante que alarga las eses finales lo mismo que los soberanismos alicaídos: «Van a permitir que un político sea juzgado por escuchar a la gente. Es una sinrazón y una vergüenza para España entera». Siempre que Mas dice España, algo cálido y punzante nos recorre la piel interior, algo como un chupito. Luego interpeló al PSOE en un rizo de demagogia singularmente espumoso: «¿Es digno hacer presidente a Rajoy y permitir que se juzgue a Homs?».

Tomó luego la palabra el vate Llach, desprovisto de vihuela, para alertarnos contra la baja calidad de nuestra democracia. «La ley no es sinónimo de justicia», aseguró. Y puso como ejemplo el franquismo, pudiendo haber evocado la expulsión de los moriscos, la batalla de Farsalia o cualquier otra iniquidad histórica. Salió al quite Maite Beitialarrangoitia, de dicción tan pedregosa como las canteras de su tierra: «Añoran el colonialismo», decretó. Aitor Esteban protagonizó un interludio más técnico, pero enseguida retomó la elegiaca letanía Alexandra Fernández, cuya marea no es precisamente de conocimientos jurídicos. Porque cargaban todos contra la judicialización de la política, que es como amonestar al agente que nos multa por exceso de velocidad por judicializar nuestra conducción.

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23 noviembre, 2016 · 15:49

El mito de la Transición

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Torcuato, el guionista, y Adolfo, el intérprete.

Hace tiempo que la Transición murió de éxito, pero aun después de muerta sigue reconciliando a los españoles. Sólo que ahora los reconcilia en el desprecio transversal a la difunta. El último consenso emanado del cuerpo insepulto de Santa Transición es un revisionismo impugnatorio que ejercen la izquierda adánica y la derecha matusalénica. Ambas rezongan que la Transición está mitificada, y llevan razón.

Para el podemita paranoide, el 78 fue un apaño elitista del que el pueblo estuvo excluido. Y es verdad, básicamente porque el pueblo, como sujeto histórico, no existe. La Historia la escriben individuos de gran determinación apoyados por grupos de fuerza muy concretos. El pueblo fue arrastrado a la Guerra Civil por ellos, y a la dictadura por ellos, y la Democracia por ellos. Lo que cambia es la catadura de las élites en cada momento, y todos tuvimos la suerte de que las élites de los 70 fueran más presentables que las de ahora. Nunca el establishment estuvo tan barato, queridos conspiradores. Así que la cursi reflexividad del sintagma «nos dimos una Constitución» es, efectivamente, un mito. Nos la dieron a votar, más bien, y por fortuna los españoles votaron lo que les convenía, a la vista del abismo de prosperidad que separa el país de entonces y el de hoy. Para el conservador pedernal, por su parte, el 78 fue una traición a las esencias espirituales de España. Pero su pérdida también es un mito: nuestro proverbial espíritu de contradicción goza de salud vigorosa en el Parlamento y en Twitter.

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21 noviembre, 2016 · 10:17

Democracia microondas

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Aquí, demócrata.

La política ya no nos calienta el corazón. La frialdad de la tecnocracia acerca el invierno de nuestro descontento electoral. La gestión del poder ha alcanzado tal grado de racionalismo que hiela la sangre de los nostálgicos, del mismo modo que la Ilustración agredía las conciencias feudales. Un creciente número de votantes toma por despotismo ilustrado el orden socioliberal que desde la posguerra rige Occidente y hace progresar a Oriente con la higiene y el desencanto de la aritmética. Contra esa asepsia ideológica se levantan los desclasados, los ofendidos, los interesados en consolar su apocalipsis personal con uno colectivo. Los que preferirían que China se mantuviera sólidamente tercermundista para que Trevor, tosco pero buen chico, pudiera seguir cobrando lo que cobraba por ensamblar coches en Detroit. Piden más democracia. Piden que se consulte más al pueblo. Y sus dirigentes, víctimas medrosas de su propio antiintelectualismo, cumplen el deseo plebiscitario de paso que transfieren su responsabilidad al pueblo, sin sentirse obligados a transferirle también el salario.

Una epidemia referendista ataca barrios, prende regiones y escala hasta los Estados. La idea es tan simple que duele que haya humanos que se resistan a su redondez lógica: votar más nos hará más demócratas. No hay que temer a la democracia. Votándolas, las decisiones de gobierno ganan legitimidad. Y otras inmundicias mentales por el estilo. Es la democracia microondas: calienta pero no cocina.

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18 noviembre, 2016 · 16:18