Archivo de la etiqueta: populismo y otras hierbas

La pinza autográfica

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¿Por qué no acaba de caer bien?

Se rumorea que Pablo Iglesias no termina de caer bien y yo no termino de entender por qué. Lo afirma el CIS, lo transmiten informes internos de Podemos, lo demuestra la recuperación de voto que ya atribuyen a Pedro Sánchez. El Renacido igual acaba riendo el último, es decir, devolviéndole a su previo burlador la vengadora sonrisa del destino. «Caemos de manera preocupante», reconoció Carolina Bescansa ante el sanedrín, del que ya no sabemos si ella forma parte, porque allí donde están Pablo e Irene, la santísima dualidad de Podemos, no cabe espíritu que complete la trinidad. Dos son compañía, tres son multitud y el resto es Gente.

El partido malva no se explica cómo hay españoles, e incluso españoles de izquierdas, a los que no alcanza el haz de carisma del líder, y medita fórmulas para reconstituir la declinante simpatía hacia el compañero secretario general. Sus asesores no habrán leído a Eugenio D’Ors pero se ciñen a su elegante consejo: «Hasta en la abyección hay que mantener las formas». El problema es que eso ya se intentó antes de dos elecciones y no dio resultado, y se comprende, porque Suárez no legalizó a los comunistas para que tengan que andar camuflándose 40 años después.

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El bueno (Montoro), el feo (Espinar) y el malo (Moix) en La Linterna de COPE

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4 junio, 2017 · 12:29

Puigdemont en Cibeles

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La relación de Puigdemont con la ley.

No entiendo las críticas a la alcaldesa por haber invitado a Carles el Pilós a vender su golpe de Estado a plazos en Cibeles. Lo malo no es que el president sea recibido en Madrid; lo malo es que se vaya, que no se quede el tiempo suficiente para experimentar sensaciones desconocidas para él como el respeto a la ley, el decoro institucional, el pluralismo político o la limpia carencia de identidad terruñera que caracteriza a los madrileños. Si don Carles se quedara aquí a vivir una temporada, quizá descubriría que es posible sobrellevar la existencia sin pedir un Estado propio cada cinco minutos. Es posible incluso que experimentase una emancipación personal de su tiránico deseo de emancipación nacional. No sería el primer político ultramontano que al mudarse a la metrópoli para ocupar su escaño termina ventilando su aldea mental, colgando el nacionalismo como quien cuelga unos hábitos arcaicos y entregándose a una provechosa mundanidad.

Madrid provoca dos reacciones: el ansia dominguera de huir y el anhelo insoportable de volver. Madrid siempre ha sido una capital especialmente acogedora con sus odiadores porque se deja odiar con ternura, como esa madre que encaja sonriente en el regazo las pataditas del bebé quejoso. Así que la progresista Carmena sólo prolonga una maternal tradición. Ninguna ciudad del mundo se deja detestar con tanto amor por quienes la cubren de monstruosas atribuciones, desde central lechera a meseta cavernaria, sin olvidarnos del clásico fascismo, y eso que a Franco le costó bastante más entrar en Madrid que en Barcelona. Ahora entra aquí otro descontento con la legalidad vigente -mucho más inofensivo que el general, no comparemos-, y estamos seguros de que pasará un rato agradable, se le tratará con la deferencia debida, expondrá su delirio sin interrupciones y se marchará bien desayunado y mejor atendido, cuando no entre aplausos.

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22 mayo, 2017 · 11:57

Ferraz: tarde para la ira

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La segunda venida.

La paz está sobrevalorada. El futuro también. El militante no ha venido a traer la paz, sino la guerra, y no tiene ningún interés en garantizar el porvenir sino en ajustar cuentas con el pasado. Porque eso es lo que se ventilaba en las primarias socialistas: el cuarto cerrado del Comité de octubre donde se corrompía un cadáver insepulto. Lo dejaron tanto tiempo ahí que terminó levantándose y echando a andar. Y metiéndole 10 puntos a la autora del crimen. Porque así es como ha decidido ver a Susana -un funeral en los ojos traía ayer a la sala de prensa- la mayoría de la militancia. Si el futuro es dudoso, si hemos de morir, al menos moriremos con las culpas repartidas y las afrentas vengadas.

Con el retorno de Sánchez el PSOE se asegura de que tiene todo el pasado por delante. Con una salvedad: don Pedro es un político tan tornadizo que nadie puede pronosticar su próxima encarnación. Sus votantes piden guadaña, pero en Ferraz cundía anoche la opinión de que manejará la revancha con prudencia. Ya es tarde para la ira: todo apunta a que cubrir el PSOE dejará de pertenecer al periodismo de sucesos. Ahora Pedro enterrará la chupa de rebelde y desempolvará la camisa socialdemócrata. Escabechará algunas cabezas orgánicas -tiene que dar carnaza a los suyos- y removerá cargos del grupo parlamentario, pero pactará la no agresión con los barones. Se equivocaría Iglesias si madrugara el entusiasmo: Sánchez no se ha arrancado los hilos del aparato socialista para acabar supeditado a la ambición de su competidor populista. No presentará una moción que no tenga atada. Rajoy puede llegar a 2019 con sus socios presupuestarios. Eso decepcionaría mucho a los que han repuesto furiosamente a Pedro en el trono de Ferraz, pero no podrán alegar que desconocían la cintura líquida de su ídolo.

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22 mayo, 2017 · 11:47

Todo lo que era estrecho

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Catalá marcando paquete.

Entretanto llega el pentecostés socialista del domingo -en expresión defensiva de don Mariano frente a un Hernando menos convincente que otras veces-, el partido del Gobierno atraviesa su calvario judicial, cuya víctima propiciatoria es Catalá el Reprobado. Aunque el ministro de Justicia no gasta pinta de mártir jesuita, sino más bien de autónomo agobiado al que le cierran todas las ventanillas. «Señor ministro reprobado», encabezaba sus preguntas la oposición; y después le pedía la dimisión, o el exilio. Porque ya todo escarmiento parece poco: esta legislatura será recordada por la devaluación de castigos que antaño sonaban temibles, como la reprobación de un ministro o una moción de censura. Incluso la UCO empieza a perder su credibilidad a lo Eliot Ness, con esos informes que persiguen ser más papistas que el papa, o sea, más justicieros que Velasco. Da la impresión de que el negro del Whatsapp del populismo está dando de sí todo lo que era estrecho, a base de entrar con poco miramiento y demasiado tamaño en unas instituciones tenidas por honestas. Y disculpen la analogía.

El ministro se defiende bien cuando exige a sus torquemadas la carga de la prueba de su injerencia, mientras que él puede exhibir los cuerpos del delito en Soto del Real. Pero patina cuando recurre al gastado espejo de la suciedad andaluza, o le restriega a un diputado los votos que ha perdido en su provincia, o prepara las palomitas domingueras para el Puerto Hurraco de Ferraz, ante cuyas llagas autoinfligidas todos deberíamos guardar un silencio de responso.

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18 mayo, 2017 · 10:36

Elogio del pasteleo

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Política real.

Me gusta mucho la foto. Es un interior de Vermeer, un fogonazo de realismo que pega fuego a la mentira pomposa de la política. Se ve a Irene Montero, Rafael Hernando, Antonio Hernando y Miguel Gutiérrez en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso, mirando al impertinente objetivo que los acaba de sorprender en un acto impúdico: están negociando. Los cuatro portavoces, que viven de la representación en sus dos acepciones -delegados del votante y actores de teatro-, entregándose a un vicio turbio y poco español: la búsqueda del entendimiento entre distintos. No me extraña que se escondan.

Al pueblo, ese buen salvaje, la pedagógica imagen no le gustó tanto como a mí, y eso que estoy tan habituado a tales escenas de compadreo como cualquier cronista parlamentario. «¡Farsantes! ¡Cínicos!», se indignaba Twitter (el perro ladra, el gato maúlla, el tuitero se indigna). No comprenden que les pagamos precisamente para que pasteleen; el numerito de los odios cruzados figuraba como cláusula adicional, hasta que la telecracia lo erigió en el contrato mismo. La audiencia sólo demanda lo que le tienen prometido: conflicto, no consenso. La culpa -esta vez sí- es de los políticos: por esconderse cuando pactan y exhibirse cuando vetan. Durante décadas han invertido el paradigma de la Transición, reservando el énfasis para la discrepancia mientras los acuerdos apenas se reconocían con vergüenza, en la calderoniana convicción de que un político tiene honor, y ha de guardarlo negándole toda legitimidad al adversario. Pero los políticos no pueden permitirse el lujo de ser hombres de honor. El precio del honor de un político es la parálisis legislativa del país. Cuando el pueblo pide políticos auténticos en realidad está tomando rehenes.

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15 mayo, 2017 · 14:26

Gremlins en el Canal de Isabel II

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Don Mariano aguantando, lo que mejor hace.

La mañana se prestaba al ajuste de cuentas. El embalse de la indignación ha ido llenándose durante este mes de clima extremo, seco de parlamentarismo pero inundado de escándalos. Don Mariano debió de sentirse como el almirante Vernon cuando llegó al escaño y descubrió que Lezo seguía allí, inamovible, esperándole. Y más que la corrupción, cuya repercusión en el CIS parece innegable, fueron las filtradas maniobras que perseguirían acotar su daño las que monopolizaron la primera hora del debate, recuperando el Hemiciclo para el vistoso pugilato de la réplica y la contrarréplica. Antonio Hernando frunció el ceño, intensificó la mirada, adoptó gravedad y lanzó una andanada -hondonada, diría un castizo- de recuerdos desagradables a la cara del presidente. «Ustedes no son vistos como luchadores contra la corrupción, sino como cómplices». Rajoy fingió sorprenderse, atribuyó maliciosamente la vehemencia de Hernando a los problemas internos del PSOE -«consumo interno», masculló- e invitó a los socialistas a sumarse a la aprobación de leyes útiles y dejarse de jeribeques, vocablo marianista que don Mariano aún no ha utilizado pero debería.

Pero el intercambio con Pablo Iglesias fue el que deparó los mejores minutos de esgrima dialéctica. El líder de Podemos se había preparado la intervención con puntería: cualquier día se ponen a trabajar y desgastan al Gobierno. Podría decirse que don Pablo ayer sí llenó la chaqueta, recurriendo al cinegético episodio del ministro Bermejo como antecedente nítido de la colusión de poderes que ahora denuncian los fiscales. Iglesias citó el reproche de Rajoy entonces. «Tenía usted razón y Bermejo dimitió». El argumento estaba bien afinado e hizo diana en su adversario, cuyo talento para la esquiva irónica en todo caso se mantiene en forma: «Hace bien en citarme, y si lo hiciera más a menudo mejoraría mucho». Iglesias le había espetado que presentará la moción de censura no por discrepancia ideológica sino por parasitismo institucional. Y entonces Rajoy sacó el as: leyó el fragmento del programa electoral de Podemos en que reclama a los jueces del tiempo nuevo «compromiso político con el gobierno del cambio». Le devolvía el golpe en el enterradísimo culo de Montesquieu, y la grada de animación pepera, necesitada de moral, ovacionó al jefe durante más tiempo del recomendado en todos los manuales de gregarismo.

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11 mayo, 2017 · 20:06

Absteneos, esclavos

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El abstencionista que no se queje.

De la agonía de Francia en brazos del nazismo a Chaves Nogales le admiró la sencillez del proceso, que fue de muerte natural. «Un pueblo puede caer en la esclavitud sin que el autobús haya dejado de pasar por la esquina a la hora exacta, sin que se interrumpan los teléfonos, sin que los trenes se retrasen ni los periódicos dejen de publicar una edición». Los teléfonos sobre todo: una caída de Whatsapp suficientemente prolongada causaría un levantamiento popular que las condiciones laborales del becario de un chef no logrará nunca. La rebelión de las masas no la desata la igualdad abstracta sino la incomodidad física generalizada. Venezuela hoy, por ejemplo, tras casi dos décadas de obvio despotismo.

Que los europeos del siglo XXI, desmemoriados por la absorbente juguetería electrónica, repitan el suicidio del XX solo depende de que siga consolidándose en ellos «la falta de imaginación colectiva» que ya adujo Chaves en 1940. La imaginación no es la facultad cursi del 68 sino un deber cívico, casi una premisa del sufragio. Alguien sin ilustración para figurarse distopías totalitarias no debería acercarse a una urna, y sin embargo todos necesitamos que se acerque. A media tarde de ayer, la participación resultaba ridículamente baja tratándose de unas elecciones que decidían el futuro del continente. El francés medio sesteaba en casa, pulsando F5, esperando la emoción del peligro que moviera su culo hasta el colegio electoral. Una dictadura sentimental le lleva a confundir la democracia con Eurovisión. El abstencionista a menudo se juzga superior al vulgo engañado por un sistema que no le representa, pero solo es otro esclavo mudo de la corriente mayoritaria. No es el elegante escéptico que se cree sino otro yonqui de la pureza, otro marginal tirado en la acera de una vieja ideología. Como si el juego no consistiera en votar el mal menor.

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8 mayo, 2017 · 13:24

La e-moción de censura

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Showman.

Ya dijimos, cuando el típico chaval conflictivo conectó un gancho de izquierdas en la cara de don Mariano sin moverle del sitio, que tumbar al marianismo no iba a ser fácil. Lo que no podíamos predecir es que otros chavales de izquierdas con ganas de conflicto y escaños en las Cortes proporcionarían a Rajoy todas las facilidades para que concluya apaciblemente su mandato. Descartada la sospecha de que Pablo se inventó la moción de censura para tapar el sofocón de Irene tras la cobra de la SER, los analistas coinciden en que se trata de la enésima presión sobre el PSOE para decantar sus primarias a favor de don Pedro, que últimamente viste chupa de rebelde anticapi temporada 2016/2017. El arcón de disfraces políticos del transformista Sánchez convierte a Mortadelo en un monótono Zuckerberg de camiseta gris.

Yo creo que el último espectáculo parido por la productora Pablirene & Asociados solo es la recompensa al esmero con que el PP vació su tramabús de vergüenza ajena y se lo llenó de verosimilitud al estallar la Lezo. Y Podemos, en justa correspondencia, ahora quiere reforzar a don Mariano cuando atraviesa su peor momento. Porque eso es lo que pasará si presentan la moción: que la ganará Rajoy, en votos y en réplicas, y Podemos sufrirá el desgaste de la derrota. A los niños que baten palmas en las gradas del circo morado, esperando que a Rajoy se lo coman los leones, hay que explicarles que toda moción de censura debe proponer un candidato alternativo y un programa consensuado, y 2016 nos enseñó que para ese potaje los ingredientes de PSOE, C’s y Podemos ni mezclan ni pueden mezclar. Por supuesto Iglesias lo sabe, pero sería la primera vez que le importara gastar su crédito en tiros de fogueo. La moción es una e-moción, una sacudida de realidad virtual que renueve la atención infantil de su público, que amenazaba con aburrirse si no le subían la dosis de adrenalina hater. Claro que quien más se divierte con todo esto, naturalmente, es don Mariano.

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El bueno (Guindos), el feo (Iglesias) y la mala (Ferrusola) en La Linterna de COPE

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28 abril, 2017 · 10:31