Los diputados socialistas de Aragón que acompañaron a Javier Lambán en la última lista electoral se han negado a aplaudir la memoria premiada de su difunto líder porque el reconocimiento venía del PP. Se le ocurrió a Jorge Azcón conceder a Lambán a título póstumo el premio Gabriel Cisneros que distingue el compromiso con los valores constitucionales. Pero esa noble distinción, en vez de llenar de orgullo a sus camaradas, los llenó de vergüenza. Y de miedo. Paranoicos todos, comprobando de reojo que tampoco aplaudía su vecino de escaño, no fuera a acabar la imagen de la traición en el móvil del césar.
El titular informa de que el funeral de Charlie Kirk mezcló la religión con la política. La noticia más bien sería que el laicismo triunfa en el país. Las emociones religiosas vinculadas a la fe en el destino manifiesto y la nación providencial recorren la vida pública de EEUU desde Lincoln hasta Obama. Lo interesante es el prisma religioso que cada época o cada líder adoptan para hacer política. El trumpismo ha adoptado el patrón narrativo del Antiguo Testamento por razones obvias: es más simple, obedece a una concepción primitiva de la sociedad, cautiva más fácilmente la imaginación. Por eso las grandes ficciones nacionales de Melville o Faulkner acentúan el destino bíblico del hombre americano.
Estoy harta. Como diría mi amiga Ada, no puc més. Escribo esta entrada en la intimidad de mi camarote, un espacio seguro donde rumiar las tribulaciones de mi conciencia, al amparo de un candil de queroseno con certificado energético de bajas emisiones. Habitualmente uso este cuaderno para aliviar la presión que la injusticia del mundo pone sobre mis hombros, pero hoy empuño esta pluma de faisán sintético para testimoniar mi descontento privado con el derrotero moral de esta Flotilla. No me dejaré llevar en público por la indignación, porque no quiero hacerles el juego a los creadores de memes de la ultraderecha neoliberal. Pero reconozco que estoy hasta donde cambia el clima de toda esta gente.
Combate muy táctico en la sesión de control, un poco como el Canelo contra Crawford del otro día. Golpe, esquiva, contragolpe. La violencia siempre es hija de la desesperación, y esta vez el Gobierno no se empleó a fondo en el control de la oposición porque cree atravesar un momento dulce gracias al humo de Gaza, que difumina las derrotas parlamentarias y esconde (temporalmente) los escándalos de corrupción. Al menos hasta el próximo auto judicial.
Usted se ha levantado esta mañana y quizá no ha reparado enseguida en el genocidio. Ha sonado el despertador y su primer pensamiento no se ha dirigido a Gaza sino al examen del niño, a la reunión con el jefe, a la revisión de su mujer. Lleva tiempo con molestias, aunque ella nunca se queja. Y en cualquier caso los gazatíes están bastante peor. «¿Cómo puedo ser tan egoísta?», se ha preguntado nada más encender la radio y recordar que amanece otro día de hambre en la Franja. Allí el problema no es tener una cita médica: es no tenerla. Apenas quedan hospitales en pie. No hay gente desayunando a toda prisa para salir escopetado hacia el trabajo porque no hay nada que desayunar, ni hay otro trabajo que el de la pura supervivencia. Y usted pensando en sus pequeños problemas del primer mundo, en el lujo pequeñoburgués de un café con tostada y en la banal presentación que debe ultimar con el jefe. Con el que encima discutió el otro día por decir que a él Netanyahu no le ha hecho nada y que no le paga para que haga activismo.
La coherencia es una virtud de derechas. La izquierda ni siquiera la concibe como virtud. Begoña Gómez encabezaba marchas abolicionistas años después de llevar la contabilidad de las saunas de su padre, donde el producto estrella era la carne de efebo latinoamericano. David Sánchez Pérez-Castejón, la batuta más enhiesta del repertorio, residió en Moncloa mientras declaraba sede fiscal en unas ruinas de Elvas recién compradas a fin de pagar menos impuestos. Por lo que sea, el fiscal general Ortiz no quiso filtrar esta pillería tributaria para ganar la batalla del relato de la sanidad, la educación y la dependencia («¿De quién depende?»). Irene Montero se pone al frente de una manifa antisistema a pesar de levantarse 15.000 pavos brutos al mes con dietas, merced a su muy sistémica condición de eurodiputada. No alertada por semejante disonancia cognitiva, que en tímpanos morales menos embotados que los suyos rugiría como la turbina de un Boeing 737, doña Irene se hace acompañar a pie de pancarta por escoltas que le pagamos todos para encararse con policías que también pagamos todos: el sistema es ella pero el antisistema también. Otegi presume de la imagen de España en el mundo gracias a esta Vuelta (al pasado). Bardem se presenta en los Emmy para «denunciar el genocidio de Gaza», pero su performance de consolación por la magra cosecha de galardones habría ganado credibilidad si no recordáramos la vez en que reservó una planta de la clínica israelí Cedars-Sinai -uno de los hospitales privados más exclusivos de Los Ángeles- para que doña Penélope pudiera parir como Yahvé manda. Y Marlaska afirma impávido el carácter «pacífico» de la algarada que reventó la Vuelta mientras 22 de sus hombres se reponen de las heridas.
Nos habían prometido una buena bronca parlamentaria para fijar el patrón cacofónico del nuevo curso. Si se han despellejado hasta en agosto a cuenta de los incendios, fantaseábamos nosotros, malo será que se relajen en septiembre. De hecho los gobernadores civiles del sanchismo que rotulan la televisión del Movimiento juraban que el PP se había entregado a la crispación para competir con Vox. No es que sea una acusación demasiado original, pero sirvió para que nos asomáramos a la sesión de control con alguna vaga esperanza en el espectáculo.
De la entrevista a Pedro Sánchez en la televisión de Pedro Sánchez ya se han escrito todas las tautologías que convienen al caso. Si acaso nos sorprendió que nada nos sorprendiera, acostumbrados como estábamos a los conejos que sacaba de su frenética chistera de mago de barraca. Me temo que la granja de asesores ha sufrido un severo episodio de mixomatosis. Ya no quedan conejos en la colina de Moncloa. Será culpa también del cambio climático.