Archivo de la etiqueta: Nietzsche

‘Yellowstone’ o la paz violenta del buen salvaje americano

La serie de televisión más importante de nuestro tiempo -la que mejor plantea la tensión crítica entre el mundo que no termina de morir y el que no acaba de nacer- apenas se conoce en España. En Estados Unidos hace años que rompe audiencias, motiva ensayos de sociología y alimenta controversias políticas. Hablamos de Yellowstone, la creación de Taylor Sheridan protagonizada por Kevin Costner que aquí emite SkyShowtime. ¿Pagar otra plataforma? Yo digo que disfrutar de las cinco temporadas de Yellowstone ya justifica esa suscripción, y hasta la baja de cualquier otra plataforma a cambio.

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24 abril, 2023 · 8:18

Almas de manga larga

Un sol blanco tiraniza el país. El cielo se deshidrata, se decolora hasta cobrar una lividez enfermiza y bajo su sábana se respira con dificultad de desahuciado. Cada tímido movimiento es usado en nuestra contra por un tribunal cósmico. Una sonda de vapor opresivo baja por nuestra garganta y se coagula en el pulmón formando terrones de plomo limado. Los poros se abren como esfínteres en huelga y el sudor fluye libre hasta convertir cualquier colchón en una cama de agua. En semejantes circunstancias no queda otro remedio que terciar en la cuestión palpitante de la edad antropocénica. José Antonio Montano la ha suscitado en estos términos categóricos: manga larga o manga corta. Tertium non datur. Y él ha tomado furioso partido por la segunda.

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20 junio, 2022 · 8:21

¿Es Sánchez el superhombre?

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Caligulín.

A veces quisiera uno sumarse como un bailarín más a los coros y danzas del sanchismo, integrados por las irresistibles pedrettes. ¡Qué no daríamos por esa mediática devoción! Besos, ternura. Qué derroche de amor, cuánta locura. Pero ver aplaudidas las cacicadas de nuestro Calígula comprado en los chinos es como contemplar el orgasmo de Meg Ryan desde la casta oposición. Uno observa, por ejemplo, la maniobra con la que el Ejecutivo acaudillará a todos los separatistas del hemiciclo para anular a los jueces modificando el Código Penal al gusto de Junqueras y ve un polvo sórdido en un callejón sin luz donde otros encuentran materia bucólica para entonar el romance del pastor progresista. ¿Qué les dará Sánchez, aparte de vicepresidencias?

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23 enero, 2020 · 11:48

La burbuja de la sospecha

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«¡Ellos sí dicen las cosas como son!»

La próxima burbuja que estallará en España, y en cualquier lugar con wifi, no será la del ladrillo sino la de la sospecha. Cuando el pastor del Lacio veía el relámpago y oía el trueno, sabía que Júpiter se había enfadado. Cuando el aborigen digital lee que ha bajado el paro, que la inmigración beneficia a la economía o que a una presentadora le gustan los escotes, su alma rústica pero taimada de aldeano global deduce pronto que el Gobierno miente, que los bárbaros vienen a robarle la identidad y que los directivos de televisión chulean a doncellas sin conciencia de género. A este estadio en que la pregunta de Groucho -«¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?»- ha dejado de ser un chiste lo llaman posverdad, que no es más que la rehabilitación general de los prejuicios. Pero la fe en la posverdad necesita primero de la sospecha preventiva, especialmente sensible a la voz institucional, al oprobioso agente del establishment. Ockham metido a tuitero no necesitaría una navaja sino una motosierra.

Que nuestro cerebro ve lo que quiere ver y no lo que tiene delante ya no es una novedad científica, pero el 2016 la ha elevado a novedad política. Para este año se prevé que los pulmones cibernéticos que inflan la burbuja de la sospecha sigan soplando. Hoy no creemos en la libertad, pese a que nunca nos ofrecieron más opciones; ni en la prosperidad, pese a que ninguna generación disfrutó de tantos bienes; ni en la paz, pese a que jamás vivimos más seguros. No es libre ningún periodista, porque todos reciben la consigna que condiciona su empleo. No es honrado ningún político, porque protege su interés de casta, vieja o nueva. Un autor de éxito no puede serlo de mérito. Nuestra sociedad al completo es un teatro de marionetas. ¿Quién maneja los hilos? Escoja usted al candidato que más sospechas le infunda: Cebrián, Soros, el neoliberalismo, Florentino, Bilderberg, Madrit, el mundialismo, el Ibex, el franquismo latente, algún italiano, la socialdemocracia, el heteropatriarcado, la masonería, el 78, los buenos viejos tiempos, la profesora y la indiscutible manía que le tiene al niño. Hasta la ANC confía más en la magia de Melchor que en la eficacia del Procés.

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El bueno (la ONG de Pontejos), el feo (la alcaldesa de Vic) y el malo (Trillo) de esta semana en La Linterna de COPE

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6 enero, 2017 · 11:29

Gómez Dávila. El hombre que nos vengó de la modernidad

En las semanas posteriores a mi adquisición de los Escolios a un texto implícito, editado por Atalanta con prólogo de Franco Volpi, confieso que buscaba inspiración para mis columnas leyendo un par de páginas de aquellos aforismos diamantinos, candentes como lascas de cobre. Lo dejé pronto porque me di cuenta de que la columna se me acababa siempre antes de tiempo y falta de espacio: para desarrollar un solo escolio necesitaba la extensión de un reportaje.

El mejor escritor de Colombia, dirán ustedes a tono con la opinión canónica, ha sido Gabriel García Márquez. Pero cuando a Gabo le preguntaron por don Colacho, aquel sabio casi mitológico que vivía encerrado en su casa estilo Tudor de Bogotá –carrera 11, esquina de la calle 77-, respondió: “Si no fuera de izquierdas, pensaría en todo y para todo como él”. Desde luego, yo consideraría a Nicolás Gómez Dáviladon Colacho para los amigos, entre ellos Álvaro Mutis, que le visitaba con la asidua devoción de Bioy a Borges– como el equivalente al doctor Johnson de las letras hispanoamericanas: si no su mayor escritor, sin duda su primera inteligencia. El desdén de la crítica y el desconocimiento del público lo explica él mejor que nadie en uno de sus fogonazos de magnesio en serie: “Tener razón es una razón más para no tener ningún éxito”.

¿Y cómo habría de tenerlo un autor eremítico que escolio a escolio edificó la más violenta, totalizante y sagaz de las refutaciones a la Modernidad, que afrentada castigó la quijotesca factura de aquel inclemente retrato con el más ortodoxo de los silencios? Ha sido Gómez Dávila una víctima colateral del boom hispanoamericano, de ideología casi uniformemente izquierdista –lo que engrasó el plácet de la intelligentsia europea y la consecuente promoción-, y eso que, como señala agudamente otro de sus escolios, debemos las estéticas modernistas a escritores reaccionarios como Balzac, Baudelaire y Eliot. O como el mismo Nietzsche, pues aunque su literatura sapiencial se inscribe en la tradición de los moralistas franceses (de Montaigne a Chamfort, pasando por Pascal) y a otros genios del ingenio breve como Gracián o Lichtenberg o Canetti, a lo que más se parece Gómez Dávila es a un Nietzsche católico, un hombre “sensual, escéptico y religioso”, por citar los tres adjetivos con los que él mismo se definió.

“Nació, escribió, murió”, dice Volpi en el prólogo. Y eso fue todo, ciertamente, pero le bastó para justificar sobradamente, ahora que se ha cumplido el centenario de su nacimiento, las tardías aunque bienvenidas conmemoraciones internacionales de su figura, de la monumentalidad cultural que levantó en épica soledad. Nacido en Bogotá en el seno de una familia acomodada que pudo costearle estudios en París y en Inglaterra, regresó a la capital de Colombia para casarse con Emilia Nieto, criar a sus tres hijos y enclaustrarse en la babélica biblioteca de 30.000 volúmenes donde agotó su existencia insular, leyendo y escribiendo de la mañana hasta la madrugada, decantando de sus lecturas en el idioma original –dominaba el griego y el latín entre otras lenguas, y al final de su vida aprendió el danés para poder leer a Kierkegaard sin mediaciones- las notas mentales que tras un arduo proceso de adensamiento conceptual y depuración estilística, quedaban esculpidas en forma de escolios.

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29 mayo, 2013 · 11:42