Archivo de la etiqueta: madridismo

Amar al odioso Cristiano

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Nostalgia y alivio.

Ya es curioso que el momento en que más se echa de menos a Cristiano Ronaldo coincida con el momento en que con mayor alivio se airea su salida. El adiós de CR, por ejemplo, ha permitido a sus compañeros respirar sin permiso y redistribuir las faltas y los penaltis como buenos socialdemócratas. Extrañan sus goles, claro, pero el inmenso vacío que ha dejado su tiránico talento se ha llenado rápido de confesiones, paredes, bromas y otras pruebas de libertad. Ahora bien, estas contradicciones solo extrañarán fuera del madridismo: en su interior la esquizofrenia se vive desde hace décadas con gran naturalidad, así como en ocasiones señaladas toda gran familia quiere y detesta a la misma persona sin dar explicaciones al vecino.

Pero aun así el vecino reclama explicaciones, y el periodismo debe dárselas. Es lo que hicieron el domingo en estas páginas Orfeo Suárez y Esteban Urreiztieta en un reportaje denso de información y ágil de ritmo que desvelaba el paradójico misterio de la marcha del máximo goleador de la historia del Madrid: un misterio nacido de la absoluta transparencia. Cristiano ha resultado ser exactamente quien aparentaba. No hay enigma posible en la marcha de Cristiano como no lo hay en Cristiano mismo, leyenda viva labrada a golpe de evidentes abdominales, un exhibicionista de su propia fuerza de voluntad. Huérfano prematuro, de cuna miserable, aislado pronto por la exigencia competitiva y una fama inverosímil, su determinación de ser el mejor necesitó un rasero inequívoco para medir el afecto y lo encontró en el dinero. Su ventaja es que se puede contar; su desventaja, que nunca deja de contarse. Nunca es suficiente porque el dinero es una metáfora caníbal que devora el valor de las cosas que no tienen precio.

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2 octubre, 2018 · 10:40

El tesón del refugiado

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«No tiene físico para el fútbol profesional».

Luka Modric tenía seis años cuando su padre le trajo la noticia del asesinato del abuelo, acribillado en el monte por las milicias serbias. La familia lio el petate y se refugió con otros miles de croatas en el hotel Kolovare. El parking de ese hotel de refugiados de guerra fue el potrero donde pulió su toque el pequeño dálmata: allí se acostumbró a controlar el balón bajo el estallido de los morteros. Era un niño serio y poco desarrollado, 15 centímetros más bajito que sus compañeros, y algunos ojeadores pensaron con gran sensatez y ningún acierto que carecía de condiciones para llegar al fútbol profesional. Pero todos acudían a verle jugar.

Su infancia transcurrió en un hotel y narra la consabida historia de unos padres obreros que lo sacrifican todo a esa apuesta siempre acechada por el engaño del amor: mi hijo será una estrella. Nada físico permitía respaldar tal esperanza, pero aquel chaval atesoraba a cambio ese poderoso recurso espiritual que en croata llaman dispet. Sus biógrafos Puertas y Azpitarte lo traducen por tenacidad, una suerte de empecinamiento en la propia superación. Porque el talento sin disciplina es como el vino sin botella: se desparrama.

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25 septiembre, 2018 · 10:43

La ira de Bale

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El enigma galés.

En realidad nada de lo que le ha contado Gareth Bale al Daily Mail es demasiado escandaloso cuando se leen las respuestas completas. Pero qué sería de nosotros si nos pusiéramos ahora a respetar el contexto. Solo de imaginar un mundo en el que las tertulias de fútbol estuvieran presididas por el juicio ponderado y la mayéutica socrática nos entran escalofríos. Lo cierto es que Bale ha confesado sentimientos de lo más comprensibles. Ha declarado una mayor sintonía con Lopetegui, que le habla en inglés y le pone de titular, respecto de Zidane, con quien jugaba menos y hablaba aproximadamente en indio. Ha venido a explicar que Cristiano es un gran jugador, pero que precisamente por serlo condicionaba el juego obligando a volcar sobre él la atención que ahora se reparte coralmente por toda la línea de ataque. Ha reconocido que decidió marcharse pero que hoy está en el mejor club del mundo y quiere seguir ganando títulos. Cada una de estas declaraciones, convenientemente despiezadas en titulares estancos, puede sostener lo mismo un cabreo bíblico que una alegría franciscana.

Pero lo más interesante de todo lo que dice es que la ira por la suplencia le preparó para el gol de Kiev. Del mismo modo que un populista politiza el dolor -normalmente el de los demás- para construir un liderazgo, el galés explotó su frustración para reivindicarse en cuanto Cristiano dejó el trono vacante. A Bale lo hemos escrutado física y psicológicamente: hemos deplorado sus fibras de cristal y hemos alegado el tópico del desarraigo británico para explicar sus raptos de melancolía. Todo eso mientras ganaba cuatro Copas de Europa. Pero quizá no hemos incidido lo suficiente en el vínculo entre bienestar físico y mental, entre anatomía y felicidad. Un vínculo que funciona en dos direcciones: Bale somatiza la rabia para marcar golazos pero también la confianza le motiva. Incluso cuando no marca o el equipo no gana, su intervención resulta determinante, como ocurrió en Tallín con el primoroso centro a Benzema o en San Mamés con la asistencia a Isco para el empate.

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18 septiembre, 2018 · 13:15

Karim

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El talento.

En el verano de 2017 el Arsenal iba a fichar a Karim Benzema. Su autoestima nunca fue tan alta como su elegancia, y arreciaban los rumores sobre la contratación de un delantero para incentivar la competitividad en la línea de ataque. Benzema llevaba años conviviendo con esa clase de amenazas, diez años repletos de títulos y fama, pero pensó que se encontraba ante la última gran oportunidad de triunfar en otro equipo y se dejó mecer por el cariño fraternal de Wenger, tan prometedor en comparación con el esquizoide afecto de la grada del Bernabéu. Así que le dijo a su padre que se quería ir. El señor Hafid, indignado por la amnesia del hijo pobre al que se había afanado en guiar hasta el éxito, le brindó la última lección:

-¡Vete a firmar! ¿Qué es lo que estás haciendo? Eres quien eres por el Madrid. Ellos te hicieron grande.

Y Karim recuperó el buen sentido que derrocha al primer toque sobre un terreno de juego, tomó una pluma y se fue a las oficinas de Chamartín a firmar su renovación. Un año y otra Copa de Europa después, nombrado ya tercer capitán del Real Madrid, Benzema parece totalmente recuperado de sus accesos de melancolía. Seguramente se encuentra en su mejor momento de forma, lo que desmiente que solo lograra afinarse la figura bajo la tutela de Zidane, y despliega exactamente la clase de fútbol trigonométrico y fulminante que soñaba Lopetegui para un Madrid sin Cristiano. Incluso marca goles, ese vicio que siempre había resultado demasiado vulgar para monsieur, probablemente el único francés al que le asquea pronunciar la letra cruenta de la Marsellesa. Si se entristece cuando piensa que se ha perdido el Mundial que ganó su Francia, evoca al señor Hafid y recuerda que es quien es por jugar en el Madrid, no por nacer en Lyon.

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4 septiembre, 2018 · 11:21

El orfeón de Lopetegui

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Un valiente.

Al vasco Lopetegui el juego se le presuponía, por lo visto en su Selección, pero lo que está demostrando en el Madrid es valor. Al fin y al cabo, de un guipuzcoano se espera celo de independencia. Enfriar en el banquillo el debut de Courtois con su precinto y todo, exiliar a la Segunda B a Vinicius Cuarenta y Cinco por estimarlo prematuro, censurar el caos defensivo de Marcelo con una sonora sustitución o escalonar la vuelta del caudillo Modric a la titularidad son decisiones que sólo puede avalar un resultado contundente. La autonomía de criterio se le consentía a Zidane porque era Zidane, pero el entrenador del Real Madrid nunca puede perder de vista que dirige una delicada industria de fantasía cotidiana, títulos sin tregua y orden mundial.

Por suerte para Lopetegui -aunque no se trata de suerte, sino de método-, el Madrid goleó al Girona con una fluidez lujosa que reveló complicidades desconocidas entre Bale, Benzema y Asensio. «Jugamos como equipo», reflexionó Casemiro, como si hasta la fecha hubiera corrido sobre el césped una junta de accionistas. El brasileño reveló una charla del míster en el descanso que al parecer obró el mágico efecto de diluir la espesa caraja con que arrancaron el partido, y volvieron el campo como niños del coro. Alegre y coral fue la reacción que propició la victoria del Madrid, alabado sea.

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28 agosto, 2018 · 11:21

El madridismo según Paulo Coelho

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La sabiduría del guerrero de La Luz.

El Real Madrid posterior a Cristiano y a Zidane es todavía un enigma para el cual solo Paulo Coelho tiene la respuesta. Pero si le preguntamos nos contestará que nosotros no encontramos las respuestas sino que las respuestas nos encuentran a nosotros, o una mierda sonrosada por el estilo, con lo que seguiremos como estábamos, o peor.

Quienes saben de fútbol afirman que Lopetegui está empezando a conferir al Madrid un patrón reconocible de juego, basado en la presión alta, el control del balón y las asociaciones rápidas y móviles. Pero los que saben de madridismo, que es una ciencia arcana y tan relacionada con el fútbol como con el cincado electrolítico, andan rezongando por ahí su aburrimiento crónico y su orfandad no reparada en el mercado. Yo ya escribí antes del verano que ningún fichaje podrá sustituir al portugués, pero el personal no perdona que no se fracase intentándolo, porque tras un desembolso fastuoso y estéril uno se indigna muchísimo mejor, que al fin y al cabo es de lo que se trata.

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21 agosto, 2018 · 12:21

No veréis nada parecido a CR

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El gol.

Iba a escribir de Luis Enrique, pero quién es Luis Enrique cuando Cristiano Ronaldo se va del Real Madrid. Se marcha el máximo goleador de la historia del mejor club de fútbol de la historia, y lo hace de la manera inhóspita que este equipo singular reserva a sus leyendas, de Di Stéfano a Raúl o Casillas. Nadie verdaderamente grande se irá bien del Madrid mientras el Madrid sea el campo de estrellas que promete su himno. Los griegos miraban el firmamento, unían constelaciones y creaban mitologías que siempre terminaban mal para sus héroes más inolvidables; el Madrid es la mitología futbolística más evocadora de nuestro tiempo, y de vez en cuando necesita alimentar nuestra fantasía con dolorosos sacrificios.

Las mentes prosaicas aducirán la codicia, la ambición, el narcisismo, la incomprensión de la grada, el hartazgo de la directiva o el celo de Hacienda. Bien está: el Ronaldo que se marcha solo es un hombre, y los hombres están modelados de ese barro. Pero el Ronaldo que pasa a permanecer en la memoria del aficionado solo podrá agigantarse con el tiempo, liberado de la necesidad de satisfacer el estólido presente sin historia de las mentes mediocres. Hoy es el día en que los devoradores de pipas con memoria de pez tóxico de estanque del Retiro aplauden la marcha del mismo al que extrañarán en octubre antes de pedir la quema del palco en diciembre si la mitología blanca no acierta a proveer de otro titán. Que era un egocéntrico, dicen, como si la egolatría no fuera la premisa de lo extraordinario, o siquiera de lo relevante. Que estaba acabado, explican, pugnando por alejar de sí la terrible sospecha de que nadie suplirá sus 50 goles por año. Que ya está bien de dar mal ejemplo a los niños, rezongan los infinitos moralistas que nos patrullan, como si los niños no reconociesen a un igual en Cristiano: alguien tan caprichoso y confiado en su poder como ellos mismos, solo que él marcaba en todos los recreos de Europa. Si Nietzsche viviera habría señalado en CR el advenimiento del superniño.

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11 julio, 2018 · 9:06

No es mi Lopetegui, sino nuestro Lopetegui

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Entrenador blanco, bestia negra.

La noticia ha detonado con la potencia de las realidades no aventuradas, de las negociaciones no roturadas previamente por la opinión pública; de ahí la estupefacción. Los tertulianos han -hemos- fracasado otra vez, lo cual permite extraer dos conclusiones: que llamar a esto sociedad de la información no es más que una benévola exageración y que los tertulianos deportivos sólo se diferencian de los economistas en que sus pronósticos del pasado no están patrocinados por entidades bancarias sino por cuchillas de afeitar.

En defensa de mi oscuro gremio sólo puedo constatar una obviedad: Lopetegui no figuraba en ninguna quiniela porque tiene trabajo, y uno suficientemente vistoso y recién renovado. En estos momentos trata de ganar un Mundial. Pero bajo el radar, una clave lo explicaría todo: la confianza en los jugadores del Real Madrid que desde que sucedió a Vicente del Bosque ha caracterizado al vasco. Hubo un tiempo -nostalgia de La Masía- en que la plantilla del Barça aportaba la columna vertebral de España; hoy la forman los únicos españoles que han levantado varias Copas de Europa seguidas, lo cual parece sensato. Sergio Ramos, capitán de España como del Real Madrid, guarda la mejor de las relaciones con el todavía seleccionador. También Carvajal habla maravillas de él. Visto así, todo se antoja racional: Lopetegui internacionaliza preferentemente a jugadores blancos y los internacionales blancos le corresponden otorgándole su favor ante la directiva, que vagaba en el más confuso de los desconsuelos desde el abrupto adiós de Zidane.

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13 junio, 2018 · 10:10