
De todas las rimas de la historia no viviríamos otra como la caída simultánea del chavismo y el sanchismo, dos ismos chochos conectados por algo menos inocente que una aliteración: conectados por el socialismo codicioso de un expresidente español. Hace mucho tiempo que José Luis Rodríguez Zapatero perdió la «bobería solemne» que le atribuyó Rajoy y descubrió en el fondo asombrosamente simple de su conciencia las viejas pulsiones coloniales. Ni su militancia en el Grupo de Puebla obedece al mero odio a la derecha ni su minuta por representar internacionalmente al dictador de Caracas es precisamente modesta, como a estas alturas bien sabe su notario.













