Cuatro cajas de pinganillos recibían a los plumillas a la entrada de la tribuna de prensa del Congreso. De buena mañana y por el conducto oficial habíamos sido informados del inicio de una nueva era, pero han sido tantas las eras abiertas por el sanchismo que cuesta distinguir la rutina de la excepcionalidad. Por cierto que el fundador de la new age no comparecía en su escaño -a diferencia de Nerón, rara vez se queda a contemplar el resplandor de sus incendios-, lo cual aguó el golpe de efecto premeditado por Vox para el momento en que Francina Armengol rechazara las protestas reglamentistas y diera curso al pleno plurilingüe. Como si el reglamento importara a estas alturas, doña Cuca.
No me dirijo a ti, que no vas a abrir la boca, que no fuiste diseñado para el ejercicio del pensamiento crítico, para identificar verdades incómodas, o las identificas pero nunca encontrarás valor para señalarlas porque no conoces otra libertad que la de obedecer, porque bebes la libertad del cuentagotas con que va mojando tu lengua seca el magnánimo jefe de tu tribu, el que tiene poder para meterte en una lista y para sacarte de ella, la lista de la que dependen tu nómina pública o tu tertulia privada o ese bonito simposio de politología, porque no tienes otra cosa y el sector está fatal, afuera hace mucho frío y las redes están patrulladas a todas horas por ojos insomnes y cuchicheos de sicofante y manos ágiles para tirar la primera piedra, la segunda y la tercera, y en una mala tarde pueden sepultar tu reputación de progresista sin fisuras, es decir, uno del que jamás pueda esperarse otra cosa que sumisión en tiempos de mutua vigilancia, cuando la ambición ágrafa de un solo hombre ha extirpado de la izquierda el viejo compromiso por la libertad, la igualdad y solidaridad para no ser ya más que militancia castrense, coro de balidos saliendo del redil acechado por el lobo, que viene el fascismo, y quien no sea oveja será lobo, como esos ancianos de vida resuelta, Felipe y Alfonso, fachas como el que más, haciéndole el caldo gordo a la derecha, por más que rechacen la amnistía en los mismos términos en que tú la rechazaste cuando tocaba rechazarla, la misma amnistía que abrazarás cuando toque abrazarla, así que cómo voy a dirigirme a alguien como tú, que ya solo aspira a seguir sirviendo su carne de cañón en la guerra civil perpetua contra la derecha española -exceptuadas la vasca y la catalana- con el cerebro rendido por el odio, la voluntad anulada por el miedo y el lomo aplanado para servir de alfombra al triunfo de Puigdemont.
Ahora entendemos mejor el concepto de matria que doña Yolanda puso en circulación hace dos años. No se trataba de subrayar la vocación maternal del Estado de bienestar -semejante interpretación abundaría en los roles de género fijados por el patriarcado, según los cuales el padre castiga y la madre cuida- sino su destino personal de paridora de naciones ibéricas, de partera de la profecía plurinacional que está a punto de consumarse entre nosotros. Se nos anuncia una navidad constituyente, con el PNV de mula, Junts de buey y un jovencísimo Frankenstein balbuceando lenguas cooficiales en el pajar.
Un clima insospechadamente benigno, casi gallego, se extendió ayer por la tarde a la orilla del Manzanares como si este fuera algo más que un arroyo con esperanza de río. Tenía sentido que el mitin central del PP se celebrase en Madrid, porque fueron las elecciones madrileñas de 2021 las que anunciaron el principio del fin del sanchismo, en aquel momento aún pandémico en que parecía que Sánchez iba a durar diez años. Lo que no tiene sentido es percibir la brisa fresca cuando el inclemente mes de julio toma la capital, y en eso guiño atmosférico quiso ver Feijóo una señal demoscópica.
Ningún poeta se atrevería a comparar a José Félix Tezanos con un cisne, porque los cisnes son símbolos de la gracia que según Ramón nacen de la nieve caída en el lago, mientras que el CIS de Pepefé es una broma nacida del moho acumulado en la fontanería de Ferraz. Ahora bien, si es verdad que los cisnes cantan cuando mueren, entonces el canto del cisne tezánico pone un coherente chimpún a su desvergüenza. ¿Alguien esperaba otra cosa de su última encuesta? Feijóo, que es más de prosa que de poesía, ha dicho que espera no tener que cesarle: confía en que presente voluntariamente su dimisión en cuanto su hagiografiado abandone Moncloa. Y lo hará, porque Pepefé no es un sociólogo común sino un sociólogo enamorado, y el amor por definición singulariza drásticamente el objeto de nuestra atención. El CIS de Tezanos no pulsa la opinión de la sociedad sino la de un solo hombre, íntimo momento en que el pulso de Pepefé se acelera con ternura. El día que no sienta el pulso político de Pedro, el CIS de Tezanos expirará por causas naturales. Solo que haciendo el ganso mejor que el cisne.
Hay un progresista en España que está liando el petate para echarse al monte a refundar el maquis contra el fascismo inminente. Se ve a sí mismo como el padre de Ismael Serrano, haciendo dulce guerrilla urbana en pantalones de campana, y va dando el cante del apocalipsis facha por las redes y las tertulias y hasta por las columnas de un periódico antaño decoroso. Nuestro hombre, nuestra mujer, ha escuchado tantas canciones al alba y ha hocicado tanto en la parcial memoria de su tribu y ha fantaseado tantas veces con la gloria de haber sido la decimocuarta rosa o con la toma del Cuartel de la Montaña que no soporta haber llegado tarde a su cita con la Historia: cuando empezó a opinar, la democracia española ya estaba hecha. Para seguir sosteniendo su ilusoria identidad de combatiente, esa húmeda mitomanía de antifa de Ikea, necesita que los gobiernos de PP y Vox reproduzcan sus personalísimas fantasías de dominación y resistencia. Y si no las reproduce, peor para los hechos. En el tuit premoderno de un esbirro de Buxadé avistan el vuelo del Dragon Rapide, por más que la incompetencia de Vox (literalmente: falta de competencias) amenaza seriamente con frustrar su sed de épica.
Que el fundador de Bandera Roja en Zaragoza, escisión maoísta del PCE, terminara convertido en el periodista más influyente de la derecha democrática española desde la Transición hasta nuestros días puede sorprender a los sexadores ideológicos más superficiales. Pero quienes se hayan asomado a sus primeros textos y los cotejen con su recién publicado El retorno de la derecha (Espasa) descubrirán, por debajo de las inflexiones de la coyuntura política, un bajo continuo en la trayectoria de Federico Jiménez Losantos (Orihuela del Tremedal, 1951) que nunca ha dejado de servir a dos pasiones insobornables: la idea de España y el anhelo de libertad. Losantos se hizo comunista porque a comienzos de los 70 era la única manera honesta que el hijo de un zapatero de una aldea de Teruel tenía de comprometerse con la libertad política frente al régimen franquista. Y dejó de ser comunista cuando constató decepcionado, China y Solzhenitsyn mediante, que la izquierda catalana prefería alinearse con la burguesía nacionalista de pulsión hispanófoba antes que con las clases populares de cultura castellana que habían labrado la prosperidad de Cataluña. Visto así, el viaje a la derecha liberal de FJL sorprende mucho menos.
Este año electoral cierra definitivamente el ciclo político abierto por el 15-M, cuyo epígono decolorado ha sido Sánchez: empezó anaranjándose y acabó poniéndose morado. Aquella crisis de representación empuñó la bandera regeneracionista por las dos vías clásicas: la revolucionaria de Podemos y la reformista de Cs. Pero mientras que el nuevo marxismo proclamó que lo personal es político y elevó a la agenda legislativa su concreta circunstancia -desde la compra de un chalé caro hasta la visita al psiquiatra, pasando por las preferencias sexuales o el rencor hacia una estrella de la tele-, el nuevo liberalismo se esforzaba por defender el higiénico muro que desde Constant separa la esfera personal de la pública. Claro que para extrañar tu vida de antes ayuda mucho haber tenido una: una familia fuera de la política, un oficio fuera de la política, alguna inocente afición fuera de la política. No era el caso de los dirigentes de Podemos.