Archivo de la etiqueta: La sombra de Caín

El energúmeno

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Enemigo del régimen.

A un señor con boina que invocaba su derecho constitucional a expresarse libremente lo han arrancado cuatro policías de la puerta de Ferraz. Era previsible: a quién se le ocurre amar a España ante la sede del PSOE. Es como si dos lesbianas empiezan a comerse la boca delante de una mesa de Vox, con la diferencia de que a las dos lesbianas no les pasará absolutamente nada. El nuevo guardián del nuevo Estado, Monedero, ha sancionado lo que en 2015 habría tildado de represión policial al amparo de la Ley Mordaza con este canto al orden y la ley: «Ahora hay Estado de derecho. A ese energúmeno le han detenido por resistencia a la autoridad. Por ponerse violento con la policía». Fraga lloraría de alegría en su tumba por la conversión de este hijo descarriado si no fuera porque Monedero nunca descreyó de la razón de la fuerza mientras la empleara el bando adecuado contra el enemigo eterno. A la izquierda ahora hegemónica lo que le jode de Franco no es que se saltara la ley -¡esa obsesión de quienes judicializan los conflictos!- sino que ganara la guerra.

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6 enero, 2020 · 11:50

Por quién dobla 2020

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Abrazo destituyente.

Que no son las comparecencias sin preguntas ni las investiduras sin conciliación. Que no son los 35.000 millones más de gasto, ni los falsos impuestos solo para ricos, ni que Alberto Garzón sea ministro de España. Que no es el propósito de echar a la Guardia Civil de Navarra, ni de ceder al nacionalismo vasco la gestión de las cárceles donde los etarras salivan por su 100.2 (ya estoy oyendo al pedrette random haciendo repicar su cuchara pesebrera en la cacerola del tuit o la tertulia: «Si Urdangarin sale, ¿por qué Txapote no?»). Que no es el reparto de nóminas y subvenciones entre activistas en lucha eterna contra Franco y contra el Patriarcado, ni el limosneo asimétrico a Revilla o a Teruel. Todo esto no es más que el mugido inarticulado de un Frankenstein cosido con los despieces más rojos del desolladero donde la derecha amuebla sus pesadillas. Veremos cuántas de esas promesas sin memoria podrán cumplir Pedro y Pablo y hasta dónde llegan la agónica aritmética y la paciencia de Bruselas.

Aquí lo dramático, lo irreversible, lo que un día estúpido pensaste que ni siquiera Sánchez podía hacer es que a cambio de una miserable investidura concediese a los separatistas la legitimidad de su soñado referéndum. En premio al golpe, en reparación al cuestionamiento de su supremacismo, el socialismo -el partido de la igualdad, je- ha accedido a someter los acuerdos de no sé qué mesa de charcutería institucional a la voluntad exclusiva de los españoles censados en la autonomía catalana. Es decir, el sanchismo acaba de decidir que los del molotov en Laietana tenían razón, que su causa era justa y que los constitucionalistas somos muertos de hambre subidos a la valla de Ceuta.

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1 enero, 2020 · 10:43

Entrevista a Pedro Sánchez

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Él.

Nos recibe en Moncloa el día de los inocentes. Dice que el poder le ha hecho mejor persona, y que si está dispuesto a indultar a Junqueras a ver por qué no va a indultar a EL MUNDO. De cerca sus canas contrastan con la nueva tersura de su cutis, campo de pruebas de los dermatólogos para lucir más joven en la investidura.

-¿Entonces habrá investidura pronto, presidente?

Habrá, aunque solo sea para ver la cara que ponéis algunos, jajaja. Oriol es mi Baltasar y me traerá oro, incienso y mirra. BOE, TVE y Falcon, jajaja. Y a vivir, que son dos días.

-Pero usted prometió no ser presidente a cualquier precio…

Cosas que se dicen. ¿Sabes lo que es vivir aquí, muchacho?

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29 diciembre, 2019 · 21:19

Oremos por el 78

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Entierro.

A la foto de Sánchez y Casado le falta la corona de flores y una sentida cenefa en recuerdo de las legislaturas de cuatro años. Todos hemos estado en tanatorios más estimulantes que su encuentro de ayer. Les acompañamos en el sentimientoSánchez, más que gobernar, convalece en Moncloa. Y Casado, más que liderar la oposición, la esconde para que nadie se la quite. Pero esa jeta de responso que exhibían ambos no obedece solo a sus tribulaciones personales. A estas alturas nadie pregunta ya por quién doblan las campanas de San Jerónimo: sabemos muy bien que doblan por nosotros. Por ese educado régimen del 78 que siempre saludaba en la escalera y que se ha ido en la flor de vida, dejando 15 millones de huérfanos constitucionalistas. Entre todos lo han matado y él solito se murió.

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18 diciembre, 2019 · 10:02

La legislatura Gollum echa a andar

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Estado clínico del 78.

Muchos quisieron ver en el tropiezo de Adriana Lastra una metáfora de la legislatura, que ha nacido de un esguince. «Estoy cojo como el resto del Parlamento, unos inválidos y otros cojos», diagnosticó desde la presidencia de la mesa de edad Agustín Zamarrón, a quien se le ha subido definitivamente el personaje a la cabeza. Desde que España sale a un par de elecciones por año ya no causan la misma sensación ni su barba valleinclanesca ni sus afanes retóricos. Ahora bien, hizo algo valioso al abrir la sesión constitutiva de las Cortes, ese aborto parido por el 10-N: pedir perdón con la cabeza gacha a todos los españoles por la incapacidad de sus señorías para alumbrar una investidura. No es improbable que esta contrita sonata de otoño vuelva a sonar en primavera, si así lo desea el caudillo de España por la gracia de Sánchez: don Oriol Junqueras.

El circo parlamentario ya cansa, la verdad. Tenemos el esfínter del asombro completamente dado de sí. Que el voto de ERC sea nulo por meter un lazo amarillo en la urna no merece un titular. El rastafari de Podemos se nos antoja un burócrata veterano. Echenique en silla de ruedas tiene que aguantar que otra silla de ruedas habilitada para Lastra compita con la suya. Los de la CUP acuden el primer día de cole pero se pasarán la legislatura de pellas, gritando independencia y espero que fumando porros, que para eso les pagamos. Aquel vistoso peronismo de Errejón palidece en la última fila del gallinero. No encontramos ya diferencia entre jurar por las 13 Rosas o por la España de Blas de Lezo; la sorpresa hoy la depara un sobrio «sí, prometo». Rufián y Aitor Esteban departen sobre la moqueta como dos nobles patricios del invento plurinacional. Adolfo Suárez Illana se echa unas risas con Espinosa y Abascal. Tan solo la gresca entre Marcos de Quinto y los voxos nois por pillar sitio al amanecer aportó nuevos matices narrativos al desgastado esperpento en que consiste la política española desde 2015. Quizá es que en la sociedad del espectáculo al populismo no hay que combatirlo, sino esperar a que sus numeritos pierdan gracia como la perdieron los chistes de Arévalo. Dos años más de circo y bloqueo y todos echaremos de menos a los registradores de la propiedad y a los abogados del Estado.

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3 diciembre, 2019 · 16:47

El calentador roto

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Xenofobia.

Viví en un piso minúsculo cercano a las Cortes propiedad de una señora de pelo blanco y acento gallego. No tenía calefacción ni aire acondicionado, así que pasaba los inviernos cubierto de lana como una oveja merina y los veranos exponiéndome en calzoncillos a las rachas cruzadas de dos ventiladores. Era un lugar fantástico para iniciarse en el periodismo, que ayer fue y será mañana aquella menestralía de la baja intelectualidad advertida por Gaziel: un oficio excluido de toda participación en el decoro de las vidas razonables.

La propietaria había nacido para ser propietaria, eso se descubría la primera vez que te retrasabas en el alquiler o en la factura de la luz. Era una casera arquetípica, la clase de conciencia formada en la sospecha preventiva que exigiría una resolución de la ONU antes de que un inquilino se aventurase a colgar un cuadro de una de las cuatro paredes estrictas de que constaba su guarida. Un día se estropeó el calentador. Encontré en internet una empresa de reparación de tarifa asequible y apalabré un presupuesto. Luego informé a la casera. Decidió que pagase yo y descontase el importe de la mensualidad. Ella vivía en Galicia pero quería hablar con el operario cuando se presentase en casa. El operario llegó, examinó la avería, yo marqué el número de la propietaria y le pasé el teléfono a él para que le explicase los detalles de la reparación. Hablaron. Todo iba bien. Mi casera le pidió que me pasara el teléfono. Entonces oí la melodiosa voz de aquella formalísima anciana preguntándome si, como parecía, el operario era extranjero. Con él delante resultó muy violento tener que confirmárselo. Pero más violento fue tener que escuchar a continuación que no se fiaba, que lo despidiera sin compromiso, que ya enviaría ella a alguien de confianza. Alguien nacional.

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30 noviembre, 2019 · 10:22

Apocalipsis paleto

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Aldea.

España se ha llenado de paletos. Asistimos a la apoteosis cateta y proclamamos el dogma de la inmaculada concepción de tu terruño, que ya tenía hacienda propia y comisarios lingüísticos vigilando patios cuando desembarcaron los putos fenicios. La izquierda plurinacional y la derecha imperial se postran ante el nuevo ídolo, sea una virgen muy rezada por Isabel de Trastámara o un fetiche tallado por guanches en taparrabos o por astures que meaban al pie de un tejo, y el único partido que combatía el nacionalismo centrífugo sin caer en el centrípeto pena en el infierno, según se ha hecho aquí toda la vida con la herejía liberal. La antigua sede de la soberanía degenera hacia la yuxtaposición de terruñistas con boca de fraile y alma de banquero, sus manos en la masa anémica de un Estado narcotizado por el gorigori del santo progreso, tendido en el catre de San Jerónimo como una eslava de trata. A la ansiedad existencial que provoca la globalización se suma el repliegue identitario que fomenta la burbuja digital y esto, que ocurre en todo el mundo, en España lo empeora un diseño constitucional que puso en los nacionalistas la fe del cornudo y la llave del gobierno. Ahora, viendo a las amantes elevadas a legítimas, no hay comarca que no envidie el mismo trato. Y el epígono de Rinconete con ojeras que preside pero no gobierna trata de aguantar en Moncloa abrazando naciones como si fueran farolas. Cuando acabe su obra ya no va a hacer falta que el cantón de Cartagena declare la guerra al de Murcia porque la batalla irá por barrios, Chamberí contra Malasaña y así, por no hablar de Vallecas. Seremos como Javier Espinosa sin salir de casa. Así lo quiere el progreso desde que la unidad es un invento del fascismo y la Revolución Francesa fue hija de Franco. Quien por cierto escribió en su despedida: «Mantened la unidad de las tierras de España, exaltando la rica multiplicidad de sus regiones como fuente de la fortaleza de la patria». Pero la momia de Mingorrubio, pese a echárselas de centralista, no nos dejó dicho cómo casar la exaltación de lo múltiple con el mantenimiento de la fortaleza de la etcétera.

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24 noviembre, 2019 · 23:05

Si te preocupa Vox, entonces

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Militancia.

Si te preocupa Vox, lo primero que tienes que hacer es respetar a sus votantes. Ahorrarte esa estúpida superioridad moral que solo añade entusiasmo a su militancia, forjada en el orgullo de catacumba. La marginación da combustible al populismo, y el sentido de pertenencia a una España ridiculizada opera en el voxero como antaño la conciencia de barriada en el obrero. Sobre nacionalista y confesional, Vox es una causa identitaria cuyo éxito depende del vínculo no mediatizado entre el líder y su grey, y esa identificación emocional se aviva en la persecución y languidece en el argumento.

Si te preocupa Vox, deja de llamar fascistas a sus votantes, porque no lo son en absoluto, pero sobre todo porque esa palabra ya no significa nada, ya solo produce una furiosa vanidad en el emisor y una indiferencia sonriente -cuando no jactancia- en el receptor. Vox aporta el calor de una identidad compacta a votantes demasiado enfadados para transigir con el arte de lo posible y demasiado inocentes para valorar la belleza de lo impuro. La virginidad política del voxero no es algo de lo que debas reírte, porque es entonces cuando se transmuta rápidamente en fanatismo. Vale más compartir la pedagogía de la experiencia. Es fácil, si eres de derechas, culpar a las autonomías, la inmigración o el feminismo de frustraciones propias pero ajenas a esas causas. Uno aprende que las autonomías existen porque España ya era plural en el medievo y no se vuelve plural en 1978 por instaurar las autonomías, que por lo demás soportan el gasto del bienestarismo y conceden refugio al madrileño o al andaluz temeroso del abrazo de Sánchez e Iglesias. Uno aprende que es mentira que los varones blancos heteros estén amenazados cuando trata a la primera mujer maltratada, y lo confirma cuando trata a la segunda. Uno advierte que Omar, el hacendoso jardinero de la urbanización de sus padres, puede un día ser apalizado por patriotas que del listado de apellidos árabes de Abascal dedujeron el permiso oficial a su xenofobia. Uno descubre que los partidos que gritan no gobiernan, que influyen solo mientras dura la novedad y que los que gobiernan deben traicionar sus viejos gritos porque para ese efecto civilizador se concibió el sistema. Uno acepta, en fin, que sus impuestos financien subvenciones de más a cambio de que reduzcan desigualdades que partirían la sociedad en tribus resentidas.

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19 noviembre, 2019 · 10:16