Archivo de la etiqueta: humanismo o muerte

El cielo de CR puede esperar

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El Renacido.

Por descabellado que parezca, hay razones para defender la renovación del máximo goleador de la historia del Real Madrid. El señor de los 371 goles en 360 partidos saldrá del club con 36 años. Una edad provecta para un futbolista, aunque no para un atleta biónico. Se recela del renovado porque está faltando a su estadística de gol y pico por partido. La aprensión viene motivada por el propio Cristiano Ronaldo, que lleva siete años malcriando a la afición y abaratando el mérito del gol a fuerza de derrocharlo.

La decadencia de Cristiano es debatible, sobre todo antes de cada hat-trick. Pero que haya perdido desborde no debería anticiparle la jubilación. Hoy Messi juega andando porque sabe muy bien cuándo tiene que acelerar y concentra en ese instante todos sus recursos. Lo que preocupa a los madridistas es si Cristiano aprenderá a compensar su pérdida de velocidad y regate con una mayor inteligencia posicional: ser igual de letal por experiencia y no por poderío. Yo creo que ya lleva tiempo alternando voracidad rematadora con juego interior, como si dentro del cártel del gol que forma la BBC se estuviera produciendo un trasvase de papeles: Cristiano delega la potencia en Bale pero toma la asociación de Benzema. Falta saber qué rol le queda a Karim, con Morata apretando fuerte, pero ese es otro debate.

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La mejor reseña, porque Alberto Gordo conoce mi pasado y mi presente, sobre El hígado de Prometeo es esta de El Cultural

14955926_610145169172539_7972725584819944398_nUna entrevista gratísima, más bien una charla, la que tuve con Elia Rodríguez en Es Radio, a partir del minuto 50

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8 noviembre, 2016 · 10:28

Los niños de Esparta trabajan

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Camino del cole espartano.

Hemos entretenido la espera malaya de la dedocracia marianista con una bonita controversia sobre los deberes escolares. ¿Están imponiendo a nuestros niños demasiada tarea para casa? ¿Les estamos robando la infancia? ¿Cabe esperar que la vacuna del sida se aprenda jugando? Son cuestiones candentes en un país con índices rasantes de excelencia estudiantil que sin embargo no se pregunta cómo reconciliar a los cachorros de español con el conocimiento, sino cómo alejarlos aún con mayor dulzura de él.

Yo no tengo hijos, ni al paso que voy los tendré en la vida, pero semejante singularidad no empaña el recuerdo de los muchos años que pasé disciplinándome sobre un pupitre liliputiense. Todavía me parte un escalofrío cuando vuelvo a casa de mis padres y contemplo la silla y mesa donde quemé mis tiernas cejas rubias sobre librotes menos ilustrados que los de ahora. Todo lo bueno que me ha pasado se lo debo a aquellas tardes de condena, de seis a nueve, de lunes a viernes, más los trabajos ocasionales de domingo cumplidos bajo el único alivio del carrusel deportivo que mi hermano ponía en la radio. Aquello no distaba tanto del modelo que imperaba en Esparta, donde los bebés pasaban la selectividad la primera noche de su nacimiento: se les dejaba a la intemperie, y si a la mañana siguiente seguían respirando, obtenían plaza en la universidad de la vida. A los siete años los papás entregaban a la criatura al Estado, que los educaba -cuenta Plutarco– «procurando hacerlos espléndidos en su figura, fáciles de alimentar y no melindrosos, imperturbables ante la tiniebla, sin miedo a la soledad y nunca incómodos y fastidiosos con sus lloros». Ganaron la guerra a Atenas, claro. Como Wellington comenzó a ganar Waterloo desde los campos de criquet de Eton.

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4 noviembre, 2016 · 14:28

Prometeo pide fuego

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El autor.

[Mi gratitud a Luis Alemany por esta pieza publicada en El Mundo hoy, 23-X-16, a cuenta de El hígado de Prometeo. Alegra que lo enjuicien a uno con algún detalle]

Con Jorge Bustos se puede estar más o menos de acuerdo o se puede no estar nada de acuerdo. En realidad, eso da igual.Lo que importa es que su equipaje es distinto al de cualquier otro escritor que ronde los periódicos en España. Esa mezcla de filología grecolatina, filosofía franco-greco-alemana, literatura jamás contemporánea y liberalismo político… Y todo aplicado al Parlamento, al Real Madrid y a la cosa-juvenil.

Para los que aún necesiten un manual de instrucciones, aquí está El hígado de Prometeo (Ediciones Nobel), un libro hecho de pequeños ensayos que también es un retrato del autor a través de la realidad que pretende explicar. Sus obsesiones, sus paradojas y sus fobias se pueden rastrear en 292 páginas, casi como el núcleo del ADN de una célula.

¿Intentamos esbozar una tesis? Bustos sostiene que el hombre, liberado de los dioses (y por eso lo de Prometeo), ha sucumbido a la melancolía, a la desgana y a la cursilería. Contra Dios vivíamos mejor. Para conjurar la tristeza, el autor nos llama ante la sagrada llama: hay una cosa llamada humanismo, nos susurra; una cosa llamada racionalismo; una cosa llamada arte… Hay incluso una cosa llamada Occidente y no deberíamos relativizar su valor por tristeza ni por narcisismo.

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Mi tiroteo semanal en La Linterna de COPE: El bueno (Carmena), el feo (Colau) y el malo (Iglesias)

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23 octubre, 2016 · 11:10

En el café de los existencialistas

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Vino, rosas y existencialismo.

Tiene Sarah Bakewell el raro don de la oportunidad filosófica. Si su laureado Cómo vivir. Una vida con Montaigne respondía a una intuida nostalgia del yo íntimo en tiempos de ruido identitario, esta cálida reivindicación del existencialismo repone el anhelo de libertad radical en los asfixiantes escaparates del pensamiento único. Porque eso fue el existencialismo, un hondo grito libertario, si aceptamos el axioma de Sartre según el cual la existencia precede a la esencia. Nada nos determina. El hombre es arrojado al mundo y debe construirse decisión a decisión, lidiando con la ansiedad que provoca la conciencia implacable de la responsabilidad personal. Fue esa ansiedad, preconizada por Kierkegaard, la que propaló un aura fúnebre de jersey de cuello alto lucido por extranjeros espirituales. Nada más lejos, al menos en la escena francesa. Los existencialistas fueron trasnochadores libertinos y carismáticos que exprimían la vida de café y boîte sin entrar en contradicción con sus tesis sino por coherencia con ellas, y así los retrató el espumoso Boris Vian.

Demuestra Bakewell que el rigor no excluye la amenidad. Un grato instinto anglosajón para lo comercial -aunque la cubierta promete más sexo del que el libro da- sostiene el pulso ensayístico de la autora, alentado por un tono confesional en primera persona mediante el que la Bakewell madura se enfrenta a los ídolos intelectuales de su juventud inquieta. Se trata de hacer una relectura personal, alejada del academicismo de una monografía o una biografía, aunque cada afirmación está documentada en los apéndices. El jugoso anecdotario -del puñetazo de Koestler a Camus a la adicción al Corydrane de Sartre- contribuye a avivar el fresco.

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10 octubre, 2016 · 16:06

He aquí el hombre

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La divinidad y el hombre.

Hoy se estrena en Borja la ópera estadounidense Behold the man, obra del compositor Paul Fowler con libreto de Andrew Flack. No sabemos si en su día emocionó a Spielberg, pero yo no dudo de que el fenómeno del Ecce homo es la cosa más fascinante que le ha sucedido a la Historia del Arte desde mucho antes de 2012, año en que la beata octogenaria empuñó el pincel garrafal. Que la fallida restauración de un fresco de Cristo impreso en el muro de un santuario remoto de una pedanía zaragozana haya merecido hasta la fecha un musical en Denver, varias reseñas en el New York Times y fundado una nueva meca de peregrinación turística debería invitar ya a la reflexión antes que seguir moviendo a mofa, que suele ser el pobre reflejo de ese gracejo español tan mecánico y grueso. Sin ápice de ironía, hoy se puede concluir que la obra de Cecilia Giménez reúne elementos estéticos, éticos, culturales, psíquicos y sociológicos que trascienden la mera ocasión para la chanza. Cuando el último meme empezó a aburrir, el Ecce homo de Borja seguía allí. ¿De dónde nace su poder de fascinación, acción de repeler y atraer al mismo tiempo? Ensayemos algunas explicaciones.

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20 agosto, 2016 · 11:13

Una entrevista y una cortesía

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Bustos y ocaso en Trujillo.

Para algunos será el joven periodista que participa en las principales tertulias televisivas, para otros una de las plumas más afiladas del que ya, podríamos denominar, como nuevo columnismo español o columnismo post-Umbral. Ambas facetas definen, sin duda, a Jorge Bustos, lo definen, pero no lo retratan en su totalidad a este licenciado en Teoría de Literatura, estudio que realizó tras realizar un primer ciclo de filología clásica. Podríamos decir que la erudición es la característica principal de Bustos, sus columnas en El Mundo no son solo un ejemplo de extraordinario estilo para la pieza breve, sino un alarde de referencias culturales que, lejos de ser un mero adorno para el lucimiento personal, son el punto de apoyo sobre el cual Bustos consigue reflexionar más allá de la anécdota o noticia impuesta por la actualidad. Sin embargo, hablar de Jorge Bustos simplemente como alguien erudito resultaría injusto, puesto que, como demuestra el periodista en El hígado de Prometeo (ensayo con el cual fue Finalista del Premio Internacional de Ensayo Jovellanos 2016), Bustos es alguien capaz de organizar un libro que, a través de una serie de ensayos autónomos, propone una reflexión socio-cultural del presente: combinando la crítica literaria, la teoría política, la estética y la filosofía, Jorge Bustos elabora un ensayo que se inscribe en la tradición  orteguiana a la vez que bebe directamente de la  más reciente crítica cultural (disciplina que abraza desde la sociología, la lingüística, la etnología o la filosofía de la comunicación), entendida como lectura hermenéutica del todo social a través de las expresiones culturales, intelectuales, políticas y de los hábitos de este todo social, que no es otra cosa que nosotros mismos.

El libro se abre con una disertación sobre las raíces culturales del futuro, paradójico título puesto que una de las tesis del libro es precisamente la pérdida de las raíces culturales. ¿Ironía del título, exageración o confianza en la recuperación de dichas raíces?

La paradoja quiere decir que no hay otro futuro que el pasado, del mismo modo que no hay copa sin raíces en el árbol que crece. Lo mejor del mundo futuro está contenido en lo mejor del mundo pasado: se trata de reivindicar ese canon acrisolado por el tiempo, y desconfiar de las banalidades ultramodernas que carezcan de tradición contrastada. Una postura aristocrática, si se quiere, que por su exotismo es ya vanguardia.

En el ensayo, solapas dos temporalidades: por un lado la postmodernidad como expresión de nivelación y relativismo cultural en cuanto al canon se refiere y, por otro lado, el tiempo por Auschwitz como momento en desconfianza hacia la razón ilustrada. ¿reactualiza El hígado de Prometo el discurso adorniano y el discurso bloombiano desde este presente ajeno tanto a Adorno como a Bloom?

Veamos. Tanto Adorno como Bloom reivindicaron el canon frente a la cultura de masas, y en ese sentido solo puedo aplaudir, sí. El ensayo al que aludes, que es el que abre el libro, parte de la sima trágica del siglo XX para llegar a la superficialidad posmoderna que fue su reacción en algún sentido. Pero Adorno explica que el Holocausto fue un fracaso de la razón utilitaria precisamente porque se desgajó del humanismo integral; el remedio no es la frivolidad, sino la cultura profunda, humanística, no meramente técnica.

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El inmerecido cariño platónico del filósofo Gregorio Luri

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17 agosto, 2016 · 11:56

De animales y hombres

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Dos ciudadanos.

Sigo con científica pasión el proceso de convergencia entre hombres y animales que patrocina nuestra vibrante era de la igualdad. No parece lejano el día edénico en que se derrumbe la última diferencia entre unos y otros. De momento los madrileños ya podemos viajar en metro con nuestro perro, o con nuestra perra, aunque la ordenanza municipal no explicita aún si los ciudadanos bien educados debemos ceder el asiento a las perritas embarazadas en caso de que así nos lo solicite con una caída de ojos o un ladrido aclaratorio, ya que no todas las razas de cánidos evidencian su gravidez a simple vista.

Cualquier cliente de Inditex ya puede acceder con su mascota a cualquier establecimiento de la compañía siempre y cuando ‘no impida que el resto de clientes se sienta cómodo en nuestras tiendas’, informa el departamento de comunicación con franciscana permisividad. ¿Pero a qué clase de humano desaprensivo puede incomodarle la irrupción de un mastín en el probador? ¿No mejorará decisivamente la mecánica experiencia del consumo con la presencia en el local de exóticas boas, atentos azores e inquietantes iguanas, de modo que uno se sienta como Noé con solo probarse unos gayumbos? Se anuncian, en fin, hoteles con servicios específicos, desde spa hasta psicólogo de mentes caninas, cuya titulación incluye el mismo número de asignaturas que la de mentes humanas, si no más.

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8 julio, 2016 · 10:57

Democracia ‘Snapchat’

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«Como todos los jóvenes yo vine…»

Que la democracia iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde; como todos los británicos yo vine a llevarme a Europa por delante. Lo recitan ahora los arrepentidos. Yo no quería salir de la Unión, lagrimean. Yo sólo quería castigar un poco a esos burócratas continentales. Farage me engañó, acusan. Si lo llego a saber voto Remain.

No podemos respetar estas reacciones. Farage no engañaba a nadie que no quisiera llevarse a engaño. Las ranas croan, las hienas himplan y los populistas mienten: se trata de un principio básico de zoopolítica, y un votante responsable de un país con libertad de expresión tiene a su alcance medios bastantes para decantar la verdad, so pena de animalizarse él mismo. Pero hay una irresponsabilidad peor que la de los demagogos que atizan la eurofobia a cambio de votos; peor que la de los mayores que atan a sus nietos a la nostalgia estéril de un mundo ido; peor que la de los jóvenes que optaron por marcharse el jueves de festival y ahora deploran el resultado. El irresponsable más enojoso es el arrepentido, porque a la frivolidad del uso arrojadizo del voto añade la cobardía del niñato que no asume el coste de sus decisiones.

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27 junio, 2016 · 14:01