Archivo de la etiqueta: Florentino Pérez

Mariano Boskov

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Mariano Boskov.

Conviene tener muy en cuenta el paso de don Mariano por los micrófonos deportivos de la COPE porque en sus sentencias, deudoras del estilo tautológico de Vujadin Boskov, puede hallarse la solución a la crisis que atraviesa el Real. Si Boskov afirmó tajantemente que fútbol es fútbol, don Mariano declaró con rotundidad que no hay mejor defensa que una buena defensa. Tan es así que el Shakhtar estuvo a punto de empatar el partido por culpa del trastorno de déficit de atención ya diagnosticado en la zaga blanca. Pero como dijo Boskov, «ganar es mejor que empatar y empatar es mejor que perder».

Don Mariano le ve el peligro a Bale por la izquierda -a Iglesias menos- pero dejó claro que los jugadores tienen que jugar donde les diga Benítez. Ahora bien, presidente: si usted colocó a Margallo en Exteriores y le juega de central para Asuntos Catalanes, luego no puede quejarse de que Benítez ordene a la BBC que ayuden en defensa y luego se queden arriba viéndolas venir.

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30 noviembre, 2015 · 16:15

También esto pasará

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«Ibant obscuri sola sub nocte per umbras».

Debió de pensar Benítez que ya había suficiente seguridad fuera del campo como para ponerla también dentro, y quitó a Casemiro del once. O eso, o se plegó a la presión -esa presión indeterminada pero asfixiante que espesa los textos de Kafka– y decidió refutarse a sí mismo para ganarse luego el derecho a refunfuñar. «¿No querías una comedia? Bueno, pues la próxima película la escojo yo». Porque yo sospecho que Benítez habría querido plantear un partido de Benítez, y no uno de Kafka.

La versión Toni 2 de La Marsellesa que se pudo oír en memoria de los asesinados en París no auguraba nada bueno. La patada voladora de Ramos sobre el hombro de Luis Suárez tampoco estaba en el guión, sino exactamente lo contrario. Por señales menos elocuentes se han escrito parangones con la caída del Imperio Romano.

Y tampoco fue para tanto, porque ni siquiera el Barça necesitó ser el Barça para desnudar al Madrid. El exterior de Suárez rajó la defensa blanca con la suavidad con que se abre el papel higiénico por la línea de puntos. Y el resto del partido se fue en limpiarse del culo el miedo a la manita.

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22 noviembre, 2015 · 11:42

Turrón para Benítez

Orden y gol: la utopía.

Orden y gol: la utopía.

Tenemos escrito que el populismo, soluciones simples a problemas complejos, se inventó en el banquillo del Real Madrid. La más simple de la soluciones es siempre echar al entrenador, panacea a la que se llega a fuerza de reunir una masa crítica de tertulias y portadas denunciando que Benítez no envía el número suficiente de emoticonos a la BBC. En cuanto al más complejo de los problemas, no es otro que conseguir que el Madrid ataque y defienda a la vez: que manufacture goles como Panrico donettes y sostenga el orden táctico que permite a los equipos ganar cosas como consecuencia de haberse convertido previamente en equipos.

Uno asiste al entrañable fuego cruzado que se abate sobre Rafa Benítez tras empatar en el Calderón. Le zurra el florentinismo porque quiere espectáculo, goles sin tasa, goles gordos y brillantes como sortijas de cardenal renacentista. Le zurra el antiflorentinismo porque busca la complicidad con las estrellas cabreadas, obligadas a trabajar la posición en el áspero sistema del míster. Le zurra, en fin, España entera, aburrida por su Selección -Combinado Confederal para no herir suspicacias- hasta el punto de que sólo encuentra esparcimiento en la vieja dialéctica madridismo-antimadridismo.

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10 octubre, 2015 · 11:04

Charlando sobre fútbol y letras con Hughes

El vídeo completo de nuestra charla, cortesía de la Fundación Manuel Alcántara y moderada por Rafa Porras, en el marco incomparable de Málaga:

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2 octubre, 2015 · 10:42

Modestia en la galaxia

La noticia ya no es venir, sino irse.

La noticia ya no es venir, sino irse.

Un madridista sabe que ha llegado el verano porque los varones de la especie se sienten legitimados para mostrar los pies y porque Florentino trae un fichaje gordo; incluso caro. Que este agosto solo hayamos visto lo primero, más allá del drama estético que comporta, debe hacernos reflexionar. En el Madrid no hay variaciones pequeñas sino cambios de paradigma, así que el verano de 2015 marcará el hito en que la noticia dejó de ser el jugador que viene y pasó a serlo el jugador que se fue o no llegó. Una galaxia de supernovas cede a una de agujeros negros. ¡Lo que habría hecho Galileo con una rotación de Benítez!

El mayor agujero negro del mercado estival lo ocasionó Iker, cuya salida ha sido la más cacareada de nuestro tiempo junto con la de Grecia. La comparación no es gratuita: de los poetas elegíacos de Casillas como de Grecia subía un mismo lamento: «¡Con lo que nos ha dado!» El Ikexit finalmente sí se consumó, aunque termina quedándose en la UE gracias a Lopetegui primero y a don Vicente después, que está determinado a seguir alineándolo como portero titular de la Selección siguiendo un mandato constitucional no escrito, como ese de que a La Moncloa va el candidato de la lista más votada. Antes se rompe el segundo que el primero.

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5 septiembre, 2015 · 13:06

Benítez en Alesia

Cómo defender los balones parados.

Cómo defender los balones parados.

La pasada campaña no se recordará por el fútbol primoroso que desplegó el Madrid de James hasta enero, ni menos por el pecado de chulería y contraataque que madrugó la condena de Lucho; se recordará por el triplete del Barça. El fútbol está concebido por empiristas, y aunque los argentinos le añadieran la lírica y el barrio sabemos cómo acabó lo de las Malvinas. Porque lo sabe, Florentino ha fichado a Benítez, un hombre de la casa pero graduado en el extranjero con una fórmula anticastiza, eficiente, compacta: escasamente madridista. Pero los madridistas necesitamos un título como los diabéticos insulina y los títulos, empezando por el Mundial de España, se logran tapiando tu portería.

Para eso se ha despedido a Casillas -mal, como compete a las leyendas-, se ha encomendado la puerta a brazos ágiles y se ha blindado el compromiso de la zaga, capitaneada por Ramos y enriquecida con Danilo. Y se apuntala el medio con Kovacic, quien solo por ser paisano y alumno de Lukita esperanza nuestros corazones. «Yo haría un equipo completo de mercenarios yugoslavos, obedientes y letales», me confesó el otro día un hombre del presidente. Raza criada en el plomo.

Benítez es un táctico, justo lo que no era Ancelotti. ¿Significa eso que corremos el riesgo de acabar presentando los partidos del Madrid al festival de Sundance en la categoría de habla no inglesa? No creo, por dos razones: porque la BBC gozará de libertad creativa arriba y porque tampoco estamos seguros de que la koiné en que se entienden no sea el inglés. Si el Bernabéu está mal acostumbrado a valorar solo las goleadas épicas y las remontadas agónicas, habrá que educarle el gusto en la defensa zonal, el control de los tiempos, la basculación en línea, la puñetera defensa del balón parado y demás farmacopea de pizarrín. Que luego bien que se hacen selfies con la copa.

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20 agosto, 2015 · 12:32

Iker Casillas de todos los santos

Milagro, y Novena.

Milagro, y Novena.

Para explicar por qué el portero más importante de la historia de España y uno de los mitos más indiscutibles del madridismo no se va bajo el agradecimiento unánime de su afición, sino sobre la cumbre ardiente de nuestro cainismo, habría que escribir un largo ensayo de sociología hispánica, con calas en Larra, Goya, Machado, Unamuno y Puerto Hurraco. No tenemos tiempo ni ganas de hacer eso aquí, pero daremos algunas notas en la esperanza de aclarar el enigma que hace de Iker Casillas a un tiempo héroe y villano, ángel y demonio, santo y topo en extremos de pasión irreconciliable. En la hora histórica de su adiós, tras 25 años en el club que lo formó y que atestiguó sus semanales milagros -también su caída de Ícaro con guantes-, la opinión pública ha de escoger entre la elegancia de recordar solo sus años de gloria (inolvidables hasta para sus detractores más amargados) y la justicia de deplorar su decadencia final (inocultable aun para sus turiferarios más piadosos).

Siendo esta una nación discutida y discutible, ¿no iba a serlo el futbolista que mejor la ha encarnado? Que las grandes leyendas del Real Madrid se han ido mal del mejor club del mundo es conocido, de Di Stéfano a Raúl pasando por estrellas menos emblemáticas pero tan históricas ya como Figo o Xabi Alonso. Irse bien del Madrid es una vulgaridad solo al alcance de los mediocres. Del Madrid, como del paraíso, hay que irse liándola parda como hicieron Adán y Eva, porque para eso es el paraíso y porque afuera esperan los partos con dolor y el jornal ganado con el sudor de la frente. O bien el puro tedio. Que se lo digan a Di María y Özil, cuyos nombres en su día también municionaron las habituales cargas de fusilería antiflorentinista y hoy vagan errantes como sombras de contrición. Que el Madrid será un carajal, pero un carajal galáctico, y fuera de él se ve crecer la hierba y pasar las plantas rodadoras, como bien sabe cualquier periodista deportivo. Precisamente porque se va como se va, Casillas es sin duda uno de los más grandes de la historia blanca.

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Benítez o la llegada del Mesías

De la ley a la ley.

De la ley a la ley.

Según el chiste judío, el oficio más seguro del mundo es el de vigilante de la llegada del Mesías. Pues bien: el oficio más inseguro del mundo es el de entrenador del Real Madrid, cuya duración es tan quimérica como la conquista de todas las ediciones de Champions que resten hasta el fin de los tiempos. Y aún ganándolas todas, seguramente el equipo lo haría con un míster diferente cada dos años, como máximo. ¿Por qué es así el Madrid?

En realidad no es una característica privativa del Madrid. Si nos pusiéramos filosóficos, actitud temeraria cuando se mete uno en un bar (que eso es hablar del Madrid), diríamos que la sociedad del espectáculo es una superestructura del consumismo que acelera el deterioro de la imagen pública, y hay pocas imágenes en Occidente más expuestas al fuego devorador de la opinión pública que la del entrenador de turno del Real Madrid Club de Fútbol. El circo mediático se alimenta de la novedad con bulimia destructiva y trata a profesionales como estrictos fusibles: solo sirven mientras dan luz. Lo intentó explicar Casillas: «Hay gente que sencillamente se cansa de tu cara». No es tan sencillo en tu caso, Iker, pero algo de eso hay, más allá de que a los 34 se pierden los reflejos y, definitivamente, la esperanza de aprender a salir por alto. Sobre el modo en que una leyenda devino un quiste, el santo un traidor, el Jekyll de la campechanía un Hyde de la delación podríamos escribir un libro, pero ese descenso a las sentinas del cainismo merengue y la venalidad periodística no está pagado.

Iker no es ni mucho menos el mayor culpable del año en blanco, y cada minuto que pase fuera del Madrid -si toma este verano la decisión correcta- contribuirá a restituirle la devoción que merece su mito erguido en Glasgow y Suráfrica. Que es uno de los grandes lo prueba el hecho de que se va a ir mal, lo mismo que Di Stéfano o Raúl. Dejando de lado su (no) concurso, el Madrid de Ancelotti funcionó tan solo a ráfagas, algunas épicas, pero el problema del huracán cuando amaina es que deja una calma insoportable. El bar sí la soporta, incluso la ama, y por eso se evacuan estos días en las barras de la capital comentarios como el que oí esta mañana: «Yo no lo habría echao, era formal y educado como el que más». A este respecto evoca Hughes el consejo sabio de su preparador: «Si por las mañanas, camino del despacho, el personal es simpático y te da los buenos días, es que lo estás haciendo mal». Y si te aplaude la prensa especializada, ya no digamos. Ahí está el caso de Luis Enrique, desahuciado por la prensa culé y hoy el español con más capacidad de ajustar cuentas pendientes desde Fernando VII.

Cómo no iba a caernos bien Carletto, por favor. Qué hombre tan admirable y qué entrenador tan guadianesco, capaz de la gesta de Múnich y de las capitulaciones ante Barça o Atleti. La pura verdad -y uno, sin ser periodista deportivo, alguna fuente tiene en ese club- es que Ancelotti perdió la confianza de la directiva cuando dejó ir la Liga de 2014 que redondeaba un triplete para la historia: el primero del Real Madrid. El cabezazo de Ramos (y sobre todo el siguiente de Bale, del que se habla menos) amarró al buen Carlo al banquillo, y el vistoso juego de la primera vuelta de esta Liga parecía que lo atornillaba. Pero un odioso axioma del fútbol determina que esto es como acaba, nunca como empieza. Y la temporada la acabaron los jugadores en el pasillo que va del diván del psicólogo a la enfermería del fisio. Nada nuevo en la esquizoide historia blanca, porque el mandato fijo de la excelencia no puede arrojar mentes equilibradas. Ancelotti la tiene, y esa ha sido su tumba en un club que vive del vértigo perpetuo; Mourinho no la tenía, y ha sido el más longevo en el puesto en lo que va de siglo.

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