Archivo de la etiqueta: fascismo son los otros

El rey del postureo

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Zelig y señora.

Las entrevistas que está concediendo Juan Marsé no harán tanto ruido como las de Félix de Azúa, y sin embargo sus argumentos coinciden en el territorio como en la clase de peste que lo asola:

-Nada me impedirá decir que este es un país de fantasía regido por unos personajes insólitos y risibles, pillastres adscritos a la política más patriotera y lucrativa y a la cultura más ñoña y provinciana -le ha espetado a Sergi Doria en ABC.

Marsé ha tenido la precaución de no personalizar en una mujer de progreso la diatriba, y además le blinda su vieja credencial de novelista obrero -clasismo invertido- de la que carece el acomodado Azúa. Pero lo cierto es que ambos vienen a decir exactamente lo mismo: que la élite catalana la compone una picaresca de nuevos paletos con talento para el vodevil. Definición que por lo demás cubre muy bien las prestaciones de la dirigencia emergente en el resto de España, de donde vuelve a deducirse la tautológica españolidad de Cataluña.

Yo, que debo de ser un degenerado, me emociono ante los líderes que afrontan realidades -de ahí mi creciente respeto por Alexis Tsipras-, pero estos tiempos solo ofrecen actorzuelos que cabalgan utopías. Toda España es carnaval, el país de fantasía regido por personajes risibles que dice Marsé. El Congreso escenifica cotidianas comedietas donde cada portavoz depone su idea del mundo y de la vida, y defeca en la idea del mundo y de la vida que depuso el portavoz opuesto. Un legislativo sin ejecutivo es como un coro de castrati en un burdel: sus señorías emiten gorgoritos ideológicos más o menos sonoros pero a la hora de la verdad no pueden rematar la faena y preñar al BOE. Nada de lo que declaman supera el estadio naíf y prenatal de la propuesta de ley. Y sus tríos negociadores no pasan de voyerismo: ahí nadie toca pelo aunque se filtran fotos, muchas fotos. Fotos como para parar el tren de Lenin.

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Tributo a Imre Kertész, conciencia lúcida del Holocausto, en el Parnasillo de COPE

Comentario en COPE sobre la inocultable raíz chavista de Podemos

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8 abril, 2016 · 9:57

Azúa contra la élite

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Barcelona, 2016. Auto de fe al estilo alemán.

De todas las acusaciones vertidas contra Félix de Azúa, la menos exacta es la de elitismo. No hay que ir muy lejos en la polémica entrevista; en la segunda respuesta afirma: «La gente tiene fascinación por el lenguaje. Son las élites las que son analfabetas y hacen lo posible por destruirlo». La élite que ostenta el poder en Barcelona hoy se llama Colau, y es contra la mediocridad de esa élite contra la que protesta el represaliado por los perros pavlovianos de guardia.

Hace tiempo que en España caducó la clásica dicotomía orteguiana entre masas y élites. Aquí las masas ya están alfabetizadas y las élites dejaron de estarlo como deberían. La clase media, pese a la crisis, goza de oportunidades que antaño eran privilegios gracias al efecto nivelador del capitalismo y de la democracia socioliberal, algunos de cuyos frutos se llaman Google o Estado de Bienestar. A la vez que la condición de los humildes mejoraba, el espíritu de los potentados se empobrecía, volviéndose indistinguibles el rico y el nuevo rico. Y sin embargo, cierta izquierda sigue creyéndose abogada de famélicas legiones y cierta derecha sigue pensando que encarna alguna forma de aristocracia intelectual. Dos formas de quijotismo.

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4 abril, 2016 · 13:03

De Bódalo a Gramsci

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El luchador con su ídolo.

No se me ocurre refutación del idealismo tan concluyente como una condena a 12 años de la Audiencia Nacional. Acaba de experimentarla el matrimonio anarquista -valga el oxímoron- formado por Francisco Solar, aka ‘Cariñoso’, y Mónica Caballero, ‘Moniquita’, quienes el 2 de octubre de 2013, henchidos de platonismo, colocaron una bomba casera en la Basílica del Pilar de Zaragoza que dejó inválida a una feligresa y dañó el coro, las bancadas y el órgano. Antes de oír la sentencia, el matrimonio clamó, como corresponde, muerte al Estado y viva la anarquía.

En las crónicas primerizas de Camba y Azorín aprendí que la doctrina de Bakunin es conocida como la Idea: así, con mayúscula. Se trata de un alarde antonomásico muy pertinente, porque en la historia de las ideas políticas el énfasis doctrinario resulta siempre directamente proporcional al número de víctimas que sus mesías acaban provocando. El anarquismo amerita un buen reguero. Su atentado más célebre en España lo perpetró el hermoso Mateo Morral, a quien Camba y Valle describen como un romántico puro, es decir, uno de esos sentimentales capaces de extasiarse con idéntica languidez ante el pétalo del edelweiss que ante los 25 muertos provocados por la bomba que él mismo acaba de arrojar al paso de la carroza de Alfonso XIII. Cosas de la Idea, que alimenta su mayúscula de muertos.

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En el Parnasillo de COPE, los grandes escritores frente a Cuba: héroes, villanos y cobardes

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1 abril, 2016 · 10:42

Antonio Gramsci. Vida de un revolucionario

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Gramsciana.

Cuando Gramsci, ya elegido diputado, volvió a su Cerdeña natal para predicar entre los campesinos la doctrina revolucionaria, uno de ellos le desconcertó con su lógica rústica: “¿Pero por qué después de haberte marchado de Cerdeña por lo pobre que es, te has metido en un partido de pobres?” Es la coherencia radical la clave biográfica del líder histórico del comunismo italiano. En Gramsci la vocación política equivale pronto a misión existencial, se prodiga con la determinación de un San Pablo rojo y culmina con lúgubres tonos de martirio laico.

Legó su brillantez teórica a pesar de una vida corta y cruel hasta la exageración, y uno sospecha que es precisamente el ejemplo de su temple humano ante la adversidad -más allá de su agudeza- lo que amplificó la potencia de su legado. El nombre de Gramsci vuelve a ponerse de moda en España por algunos dirigentes de Podemos que se han puesto bajo su advocación intelectual y su magisterio estratégico, pero cabe matizar que la estatura política del italiano es a la de Iglesias o Errejón lo que la música de Wagner a la de Pablo Alborán.

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22 marzo, 2016 · 20:12

La democracia en pañales

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Las lágrimas del Pueblo.

Claro que la política está hecha de símbolos. Pero no sospechaba Bescansa hasta qué punto el uso político de su bebé simbolizaba el adanismo del partido de la madre. Los diputados de Podemos tomaron ayer posesión de sus escaños como los niños toman posesión de su juguete el Día de Reyes. Los adultos inventaron la democracia precisamente para protegerse de los nenes, que son las criaturas totalitarias por excelencia. Madurar consiste en ir alejándose del niño interior y anterior, en proscribir su tendencia al sectarismo en el patio, en aprender a no despreciar al distinto -¡incluso al votante del PP!-, en descubrir que el mundo preexiste a sus caprichos, como la democracia parlamentaria existía antes de la llegada de Podemos. Los más pesimistas dicen que veremos si existe después.

Ayer el patio del Congreso fue más patio que Congreso, con tanta joven señoría correteando de excitación: mira mamá, un escaño. Las sonrisas las pusieron Patxi López, que pronto sería presidente del parvulario, y Albert Rivera, satisfecho por la habilidad demostrada en el primer acto político de la legislatura, que es la conformación de la Mesa. Ahí ha probado el líder naranja su cintura negociadora y la propia utilidad de su partido, mucho más libre que cualquier otro por ideología y por talante para alcanzar acuerdos. Si el símbolo es la gracia de Podemos, el pacto es el fuerte de Ciudadanos. Los que criticaron la cortedad de su resultado deberán reconocer ahora que le ha bastado para madrugarle la iniciativa política a Iglesias, quien retrató su frustración en el programa de Herrera.

¿Pero qué es la constitución de la Mesa del Congreso al lado de una madre que amamanta al niño en el centro del Hemiciclo? La nueva política se ha traído de la tele su obsesión teatral -no trae otra cosa-, y durante toda la mañana se entregó a ella para pedir foco como el nene llora para pedir teta. ¿Que los fotógrafos se le distraían enfocando a Rajoy? Iglesias agarraba el bebé y lo mecía como un San José laico. ¿Que Rivera se levantaba a votar? Iglesias tomaba el sonajero -adelantándose a Errejón, que quizá lo miraba con deseo- y se ponía a agitarlo como el paleontólogo de Spielberg atraía al Rex con la bengala roja. Y Spielberg emocionado, claro.

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En tiempos de parlamentarismo agitado, traemos al Parnasillo de COPE al mejor cronista en Cortes de nuestro periodismo: Wenceslao Fernández Flórez

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14 enero, 2016 · 12:30

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La democracia balbuciente.

Ni cuando la proclamación de Felipe VI recuerdo una ebullición parecida. Los periodistas mal que bien nos conocemos todos, pero por el patio del Congreso pululaban caras nuevas que sonreían para el selfie y que, por descarte, solo podían ser diputados emergentes. El Parlamento más plural de la democracia ha abierto sus escaños a toda la ancha policromía de la España real, donde como sabía el torero hay gente pa tó.

Ya no se podrá decir eso de que no nos representan, porque los que lo gritaban en el vallado ahora pueden desarrollar su original cosmovisión del trabajo parlamentario desde su mismo estreno, esos segundos warholianos en que prometieron el cargo. «Nunca más un país sin su gente ni una España sin sus pueblos». Se conoce que hasta hoy el país era el centro de un donut, no tenía ni gente ni pueblos, ni nada. Un páramo de puertas giratorias, era.

Cuando alguien lo apuesta todo a la transparencia acaba exhibiendo sus partes menos airosas. La ropa se inventó por respeto a nosotros mismos y a los ojos del prójimo, y el protocolo democrático lo mismo. Ahora a los españoles nos representan demasiado, y a lo peor alguien ahí fuera nos esté mirando. Alguien que nos presta dinero, incluso. Este hemiciclo enseña ya más que la Pedroche.

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13 enero, 2016 · 16:11

Pólvora meada

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La mano que roba la democracia.

Si como avisaba Batman la noche se vuelve más oscura justo antes del amanecer, entonces Arcadi tiene razón y estamos mejorando. Pero aún falta la traca del ridículo final, que deseamos no sea más violenta que el usual tránsito de la niñez del ‘procés’ a la adolescencia de la norma adulta. Al espectador le resulta risible el tormento del acneico, pero la víctima pasa por él con toda la pomposa metafísica que aturde a Roquentin en ‘La náusea’. Del votante robinsón, cuando descubra que la independencia no va a ser posible, sólo esperamos que no queme más contenedores de los estrictamente necesarios.

Y sin embargo el cupero que ha perdido la virginidad política -del asamblearismo naíf al transfuguismo prostibulario en una semana- no ha de ser el responsable de tanto ridículo. Al fin y al cabo el que con niños se acuesta, meado se levanta. El responsable es el hombre con trazas de hombre (aunque ya sabemos que sólo con ellas) que en la agonía de su intervención postrera abandonó el cargo sólo después de haberse meado en él: «Hemos corregido a las urnas». Así habla no ya un político que ha desconectado del respeto a su pueblo, sino un niñato que, contrariado por la democracia, exige su corrección y que, amenazado por la ley, asegura su aforamiento.

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12 enero, 2016 · 11:05

El abrazo que no une

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Nos abrazamos o no.

Me acerqué ayer al Congreso para recibir ‘El abrazo’, el cuadro de Juan Genovés que alcanzó categoría de icono -reconciliación pictórica- durante la Transición. Allí estaba el pintor, allí los dirigentes de IU que propusieron traerlo desde el Reina Sofía, allí también los diputados del PP que, desde su mayoría en la Mesa del Congreso, admitieron la sensatez de la propuesta. ¿Y acaso no es buena idea que un panegírico de la concertación política cuelgue de las paredes del Parlamento español en el preciso momento en que con mayor patetismo se manifiesta la incapacidad de los partidos para reeditar consensos? Llegué y vi a Cayo Lara y a Willy Meyer, y también a Ignacio Gil Lázaro y a Jesús Posada. El arte unificando a las dos Españas: parecía posible.

Me acerqué al lienzo con la curiosidad virgen de quien por edad no lo vio nunca reproducido en ciclostil clandestino, rebajado a la condición de octavilla de combate. Porque lo fue, y por eso su otro nombre es ‘Amnistía’. La pintura es la instantánea de un gran escorzo de cordialidad, un grupo de anónimos que nos dan la espalda porque abrazan a otros a quienes no vemos. Me recordó enseguida a la escultura de Antón Martín que conmemora a las víctimas del ataque ultraderechista al bufete de Atocha. Pero este monumento es una melé mal resuelta y el cuadro, en cambio, conserva inocente su emoción. Las muestras de efusividad se suceden con el desorden de lo espontáneo, como si más que una paleta se hubiese utilizado una cámara al hombro. Ningún rostro resulta reconocible porque, a diferencia de la escuela historicista, al artista le importa enfatizar la acción y no el sujeto; por eso el encuadre está aberrado, sorprendiendo a los protagonistas en una calle abstracta sugerida con un fondo marfil que resalta los contornos definidos de las personas: una página en blanco sobre la que los españoles escribirán el futuro en libertad.

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Los reyes me trajeron a Stefan Zweig y yo lo llevé al Parnasillo, para regocijo de Herrera: mantuvimos un admirativo diálogo sobre Viena

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8 enero, 2016 · 12:16