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¿Era Franco culé?

La viva imagen de la sintonía.

La viva imagen de la sintonía.

Al general Franco el fútbol no le gustó nunca. Lo que de verdad le gustaba era el cine. Y en eso era de lo más coherente, porque el fútbol depende excesivamente del azar mientras que el cine resulta de un trabajo de dirección milimétrico y obsesivo. A un dictador lo que le interesa es el control y la propaganda, dos tareas demasiado serias como para dejarlas en los pies de unos señores que corren en calzones detrás de una pelota de cuero.

Para Franco el fútbol representaba una vulgaridad tan banal como para los comunistas, aunque estos odiaban mucho más el fútbol porque decían que distraía al proletariado de la lucha política. Otro más entre los diagnósticos garrafales de nuestros Pablemos de los sesenta, pues si hay un espectáculo igualitario en el que las clases desaparecen por un par de horas y una sola afición sufre o goza al unísono, ese es el fútbol. No ha sido hasta hace muy pocos años que los intelectuales europeos (los latinoamericanos y los yanquis lo llevaban con más naturalidad) se han atrevido a confesar sus aficiones deportivas, e incluso a escribir sobre ellas.

Franco tardó muchos años en descubrir el potencial propagandístico del deporte español –eso lo ha hecho mucho mejor la democracia–, pero cuando se dio cuenta lo usó a placer, como se espera de un buen dictador. A él el equipo que más le ponía era el Athletic de Bilbao, cuyas victorias explicaba el NODO como una consecuencia natural de la pureza racial vasca, que para Franco –vamos a ver si contamos de una vez la verdad a los niños– encarnaba la quintaesencia de la españolidad heroica y mística: la de Juan Sebastián Elcano e Ignacio de Loyola.

Cuando los deportistas españoles empezaron a ganar por el mundo, El Pardo se apresuró a airear sus hazañas con enternecedor paternalismo. Lo mismo daba que se tratase de Santana, Ángel Nieto, Paquito Fernández Ochoa o el Piru Gainza, que llegó a familiarizarse tanto con las finales de la Copa del Generalísimo (nueve copas de esas tiene en sus vitrinas el Barcelona y otras nueve el Athletic por seis el Real Madrid), que saludaba confianzudo al dictador: “Hasta el año que viene”.

El generalísimo se dio cuenta de que el fútbol podía servir muy eficazmente a la cohesión nacional allí donde podría parecer que no le querían demasiado. No es que Cataluña no quisiera a Franco, y de hecho sabemos que Barcelona fue una ciudad tan retóricamente facha como cualquier otra, según acredita la hemeroteca de La Vanguardia (Española) que durante un tiempo fue exhumando en su blog Arcadi Espada para combatir la desmemoria y la manipulación. Ahí está la foto del brazo en alto de Samaranch, catalán perfectamente honorable para los estándares de la época. Pero nunca estaba de más aumentar el afecto de los catalanes por el Régimen, para lo cual hoy como ayer suele bastar el dinero. Así que Franco, mediante decreto firmado en Meirás del 23 de septiembre de 1965, no dudó en recalificar los terrenos del viejo campo azulgrana de Les Corts para que los Bartomeu de entonces pudieran construirse el Camp Nou con el dinero sacado de la venta de los terrenos recalificados: 228 millones de pesetas. De entonces.

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Imprescindible post de Jarroson al respecto del fantasioso documental de TV3: «La razón por la que esconden, manipulan y adoctrinan es el saber que esa gloria que envidian les es inalcanzable«.

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Hasta el rabo todo es ébola

Qué solos se quedan los cadáveres políticos, dijo Bécquer.

Qué solos se quedan los cadáveres políticos, como dijo Bécquer.

En la festividad de Santa Teresa, patrona de los escritores, el debate parlamentario no versó tanto sobre Teresa Romero –que si todo va bien no será por fortuna la mártir de la sanidad pública que algunos necesitaban– como sobre Ana Mato, a quien todos ven ya como la última advocación de las causas perdidas. Y cuando digo todos incluyo al Gobierno, que se esfumó de la bancada ministerial dejando a la ministra completamente sola a los pies de la oposición. En sus vecinos de escaño solo eché en falta el traje profiláctico y la escafandra orgánica con que la disciplina de partido reacciona a la caída en desgracia de un compañero.

Yo no sé si Ana Mato acabará siguiendo la amarga senda de Gallardón no bien pase la emergencia sanitaria, que don Mariano es para eso muy suyo; pero sé que hoy la imagen de Mato respondiendo en completa soledad a los ataques de PSOE y compañía me inspiró suficiente piedad como para olvidar su probada glosofobia. Quizá esa es la sensación que perseguía despertar Rajoy, a quien uno nunca sabe ubicar exactamente en la escala que va de don Tancredo a Maquiavelo. Que se lo digan al pobre Artur.

La sesión la abrió Rosa Díez con su característica energía vocal para clamar contra la vergüenza de las tarjetas opacas. Ciertamente, si hay un asunto que merece la generosidad de decibelios de doña Rosa es este.

–Ustedes no han hecho todo lo que tenían que hacer. El FROB debe personarse en el caso. Llamen a sus barones y que les cuenten cómo montaron el fraude. Y luego depuren responsabilidades.

“En mi opinión está usted equivocada, señora Díez”, repuso Rajoy con ese sosiego diabólico que puede desquiciar al más templado, no digamos a Rosa Díez. “El FROB está personado en la causa general de Bankia, y si esto no lo hubiéramos investigado nosotros, no habrían salido a la luz los hechos. En las próximas horas remitiremos nuevas investigaciones a la Fiscalía y pediremos la devolución de las cantidades. No está de más reconocer las cosas”. Ante semejante alarde de calma la portavoz de UPyD no pudo contenerse y quiso hacer uso de un tercer turno de palabra no contemplado en el reglamento, como le recordó Posada, cuyo temperamento mezcla con originalidad un normativismo prusiano y la campechanía de un mesonero de Castilla.

Cayo Lara ardía de indignación contra “golfos” y “tarjeteros”, pidió cárcel a falta de guillotina y reclamó una comisión de investigación como si alguna hubiera servido para algo desde Napoleón. Ya podría haberle cedido un poco de su retórica vergüenza al hombre de IU en la orgía crediticia, señor Moral Santín, cuyos apellidos proclaman lo contrario de lo que es. Por lo demás, la especialidad académica de Amoral Diablín ha quedado desde luego acreditada: el tipo ha resultado catedrático de Economía Aplicada. Vaya si lo es: 456.522 pavos se aplicó a sí mismo con cargo a los demás. Catedrático es poco.

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Silencio, se rueda drama histórico

Give me the power.

El poder desgasta… a quien no lo tiene.

Hace una semana exacta escribimos aquí que Gallardón, por el tono elegíaco de su réplica a una diputada socialista, podría encarnar en las próximas horas la paradoja del político más censurado del PP por falta de compromiso ideológico a quien acaba ajusticiando el PP por un exceso de convicciones. Que se haya cumplido lo previsible no resta un ápice de asombro a la dimisión, pues debo recordar a los lectores que vivimos en España. De modo que el cuchicheo esta mañana en los pasillos del Congreso solo podía versar sobre el verso definitivamente suelto de Génova, del Gobierno y de la política, todo en la misma rueda de prensa. La vicepresidenta, de negro reglamentario, hizo el elogio fúnebre de “Alberto” ante un bosque de micros, procurando que la daga florentina no sobresaliera del bolso. Luego, en el hemiciclo, todos miramos hacia el escaño de Gallardón por si descubríamos una sábana blanca extendida, pero allí en su sitio comparecía Morenés, peligrosamente expuesto a la vera de Soraya Sáenz de Santamaría. Por un momento nos hicimos la ilusión de que el ministro de Defensa ordenara una salva de artillería para despedir al compañero caído, pero quia.

En lugar de pólvora a Morenés le preguntaron por farlopa, en concreto por la encontrada en el Juan Sebastián Elcano, en uno de los argumentos nacionales más tentadores para la próxima entrega de Torrente. Don Pedro respondió que la cosa está sub iudice, pero lo explicó con un hilo de voz tan ininteligible y asténico, tan escasamente marcial que todos rezamos para que el ISIS no estuviera siguiendo la sesión por internet; de lo contrario desembarcarán en Perejil no bien equipen dos zodiacs con cuatro cerbatanas.

La matinal resultó anodina pero dejó un curioso caso de estrechamiento bipartidista. Antonio Hernando abrió la sesión para pronunciar un sentido discurso de estadista en el que manifestaba su apoyo al Gobierno frente a las pueriles ilegalidades del tabarrón catalán, aunque por supuesto matizando que no es posible conformarse con un no a secas –qué poco se entiende en estos tiempos aquello de Camus de que la libertad consiste en decir que no–, sino que hay que caminar hacia la reforma federal de la Constitución, signifique eso lo que signifique más allá de una frase de galleta china sobre el sillón plastificado de Risto Mejide.

–Hay que reforzar el Estado autonómico sin dejar de reconocer la singularidad de las diferentes partes. Hablemos mucho. La situación es delicada.

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Tú eres Pedro, ma non troppo

El nuevo PSOE arrancando suspiros.

El nuevo PSOE arrancando suspiros.

Estas cosas no se le hacen a Pedro Sánchez. ¿Cómo pretenden salvar el bipartidismo si el día que debuta don Pedro en la liza parlamentaria contra Rajoy viene precedido por la renuncia de Botella –leña del árbol caído–, envuelto por el ruido diado del tabarrón en V, contraprogramado por la muerte repentina de don Emilio Botín, apenas emergido sobre la súbita hospitalización de Isidoro Álvarez y definitivamente inhumado bajo el derbi sabatino donde se ventila la crisis o la revancha? El flamante líder de la bancada socialista hubiera debido comparecer desnudo para rivalizar mediáticamente con semejantes focos de atención nacional. No lo hizo, así que hay que seguir conformándose con Jennifer Lawrence.

–Ha muerto Botín –informa Gistau en la tribuna de prensa. Y escrutamos el hemiciclo para cerciorarnos de que allí todavía no está Monedero con la cabeza del Gran Capital en la mano.

A las nueve el ruedo hierve de cuchicheos. Sus señorías se comunican el magno deceso con la sorpresa de quien sospecha no solo que el dinero compra perfectamente la felicidad, sino que en cantidades obscenas compra también la inmortalidad. Alguno consultaría la cotización de sus acciones. Pero Posada, talante prusiano para el reglamento, no concede el minuto de silencio que uno ya espera por defecto desde que se instauró la necrofilia protocolaria en los campos de fútbol. Para más inri, abre fuego Cayo Lara:

–Señor Rajoy, su reforma laboral ha provocado que se despida más barato, prolifera el contrato basura y el trabajo indigno. Usted se fue a Japón a vender mano de obra barata. Usted ha congelado el salario mínimo en 645 euros al mes. Míreme a la cara: ¿usted podría vivir con 645 euros al mes?

Pues precisamente Rajoy sí podría, don Cayo. Esa pregunta era más bien para CiU. En la réplica, don Mariano esculpió y frotó el argumento que nos sangrará las orejas hasta las generales y que podríamos bautizar como la doctrina del optimismo ma non troppo: un sí pero aún no, una esperanza sin triunfalismo, una lustrosa macro con poquita micro. El paro se reduce al 6% anual, los precios caen al 0,5%, todos los mercados lo dicen, todos los organismos lo dicen (léase con acento King África) pero aún hay mucho que hacer, señor Lobo. No nos las ponderemos todavía.

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Cortesía que agradezco al escritor y crítico Alberto Olmos.

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Auge y caída del mítico ‘Pablemos’

Para qué los hechos si tenemos los iconos.

Para qué los hechos si tenemos los iconos.

Asisto al proceso de mitificación de Iglesias Turrión con un asomo de ternura en mis ojos viejóvenes que tienen muy manida la consabida historia, la misma esperanzada irrupción, la misma apoteosis popular, el mismo inevitable hundimiento. Tenemos el recuerdo ya de la caída de Podemos, de la decepción de su candorosa militancia, de la traición de su cúpula ensoberbecida, de las memorias melancólicas escritas por su fundador en un chalé de Torrelodones, recordando –nevada ya la melena– el día glorioso en que el presidente de la Eurocámara le mandó callar con la barata excusa de que había agotado su turno de intervención.

De Prometeo a Espartaco, de Moisés a Bolívar, de Robin Hood al Che, de Danton a Trotsky, de José Antonio Primo de Rivera a Beppe Grillo, el bucle revolucionario se anuda y se desata con la incurable nostalgia que el pueblo siente por los héroes y los santos, nostalgia que en tiempos aconfesionales y pacifistas solo puede repetirse como farsa. El canon de este antiguo mito, sin embargo, lo va calcando nuestro entrañable Pablemos con ayuda de sus hábiles rapsodas y el empuje decisivo de la dramática circunstancia. Están presentes todos los elementos del movimiento mesiánico: identificación de un enemigo exterior (la casta), denuncia de una campaña contrarrevolucionaria (la prensa del Sistema), avistamiento de la tierra prometida (la paguita general), el culto a la personalidad del líder (ejem). Ya circulan pegatinas con la icónica coleta, aunque todavía queda trecho para que le veamos a él (¿Él?), a Juan Carlos Monedero y a Iñigo Errejón ocupando los tres vanos solemnes de la Puerta de Alcalá. Como entonces.

Iglesias cultiva pose como si Korda anduviera al acecho con la cámara siempre preparada. Yo me imagino a Pablemos masticando con rictus dickensiano un sándwich de salami en un bar de Bruselas, temeroso de ser fotografiado junto a una ración de gambas plancha, símbolo burguesón y quizá también afrenta a los marineros sin convenio colectivo. Su autoconsciencia actoral es extraordinaria. No sonríe jamás. No se permite la ironía si no es contra la casta, supongo que porque habrá visto La vida de Brian y sospecha del poder disolvente de la parodia cuando se vierte sobre los fanatismos más sagrados. Con Podemos hemos pasado del abuso campechano del cuñadismo a la cofradía del ceño fruncido, esa tabarrera perpetua de cigarras éticas que acecha, si se nos escapa una risa extemporánea, para avergonzarnos desde Cuatro o desde La Sexta: “¿Cómo te atreves a reír, con todos estos subsaharianos prendidos a la valla de Melilla?”

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4 julio, 2014 · 10:39

Sueña el Rey que es Rey

Sueña el rey que es rey. Y vive con este engaño, mandando, disponiendo, gobernando… Y este aplauso, que recibe prestado, en el viento escribe, y en cenizas lo convierte la muerte, desdicha fuerte. ¿Quién hay quien intente reinar viendo que ha de despertar en el sueño de la muerte?

Así hablaba Calderón por boca de Segismundo, pero no fue él sino Cervantes el autor que escogió Felipe VI para cifrar el propósito de su reinado joven, sensitivo y consciente: “Sábete Sancho, que no es un hombre más que otro, si no hace más que otro”. La autoexigencia es la clave de bóveda en la política y en la vida, en el periodismo y en el fútbol, pero lo es más que en ninguna en la institución monárquica. En toda monarquía parlamentaria el rey recibe un mandato de excelencia que hoy Felipe de Borbón y Grecia alzó al friso de su programa, que no es un programa sino una hipoteca moral. En la idea más bella y arriesgada de su equilibrado discurso, el nuevo Soberano situó la ejemplaridad como excusa de su privilegio hereditario, de su función excepcional al frente de un Estado democrático. Y lo hizo precisamente porque sabe que su propia Familia demasiadas veces no ha rayado a la altura ejemplar que pedía Don Quijote. Por momentos los suyos no hicieron más que otros hombres, sino como mínimo lo mismo, y así no se puede ser rey, ni infanta, ni duque. Él –nos ha dado su palabra– va a tratar de estar a esa altura desde la cual se marea el pequeño político partitocrático, porque un rey sin urnas también sabe que su aplauso es prestado: no solo por el deterioro inexorable de una cadera, sino porque el trono español se justifica a diario ante 47 millones de fiscales y no ante el aparato de tu partido.

Un relente suave refrescaba los entumecidos músculos de la clase periodística, que componía a las siete de la mañana la enésima cola beckettiana para acceder a una acreditación parlamentaria por la calle Zorrilla. Las escenas que yo viví el miércoles por la noche en el centro de prensa del Senado me acompañarán siempre como los horrores selváticos al veterano de Corea. Pero no es elegante en un día como hoy que los apaleados cronistas roben foco al acontecimiento. Al final se acabó entrando y hasta se pudo experimentar esa vívida lucidez de lo histórico, lo verdaderamente histórico, valioso adjetivo que a diario dilapida el garrafón mediático.

En el patio, mientras llegaban las autoridades, uno podía cruzarse con un perro antibombas (igual también olfateaba republicanos) o un ordenanza con pistola; con diputadas de pitiminí y reporteras de tacón y peluquería que entablaban con sus señorías soterrada guerra textil; con padres de la Patria y artífices de la Santa Transición; el Parlamento entero parecía un poco una boda italiana. Las mujeres se frotaban la comisura del ojo en un gesto muy tierno de temor al corrimiento de rímel. Sobre nosotros giraban uno o dos helicópteros dando el santo coñazo, cernícalo avizor suponemos que petado de francotiradores o de radares del carné por puntos por si estaba invitado Enrique López. Llegaban los senadores detrás de los diputados; llegaba la sonrisa de Esteban González Pons y un poco después llegaba el propio González Pons; o llegaba el estuche de la corona –alguno rumoreó con mal gusto que se trataba de las cenizas de Don Juan– y también el cojín suntuoso donde Posada la posaría. Lo dicho, una boda: la boda, si queréis, del viejo Estado con su relevo, que ya va tocando, encarnado todo en Felipe VI y la Reina Letizia.

Vayan acostumbrándose al título porque lo tienen, vaya si lo tienen. Por la mañana en Zarzuela Don Juan Carlos se había acercado tambaleándose a su hijo para ceñirle el fajín de Capitán General. Habíamos visto entonces retransmitida la sonrisa humana del hijo ante la debilidad de un padre anciano, más que una cesión institucional. A la Princesa Leonor preguntando el protocolo a su madre; a su hermana Sofía, despiertísima, mirándolo todo para empaparse de dinastía.

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19 junio, 2014 · 17:15

Señales de vida bipartidista

"Ya les gustaría", se dicen.

«Ya les gustaría», se dicen.

Hoy en el hemiciclo se habló de cosas secundarias como la justicia universal. ¿Qué importancia puede tener que 43 narcotraficantes –o eso dice Irene Lozano– sean excarcelados por culpa de la reforma que acota la jurisdicción de los llaneros solitarios de la Audiencia Nacional, mientras no encarrilemos la sucesión de Rubalcaba? El todavía secretario general del PSOE se ausentó hoy de la sesión, y sobre su escaño vacío creímos vislumbrar por unos segundos la sombra alargada y pendulante de una coleta: la coleta de Damocles, vulgo Podemos. No estando Rubal tampoco apareció Rajoy, claro, porque el bipartidismo es un tango que no se puede bailar solo. Que faltase también Duran ya entra dentro de las clandestinas exigencias de la secesión o bien del servicio de lavandería del Hotel Palace, y no queremos conjeturar.

Encomiables, conmovedores fueron los esfuerzos de la bancada socialista por ejercer su labor de oposición como si no pertenecieran a un partido recién jibarizado por las urnas, una vetusta organización que pierde a raudales capacidad de colocar a sus miembros, que es lo último que debe perder un partido político. Cuando los diputados del PSOE se levantan en el escaño ya empezamos a temer que en vez del micro enarbolen un violín, mientras la bancada entera se empina de popa y se parte por la mitad, hundiéndose en el Atlántico norte.

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28 mayo, 2014 · 17:00

¿Cuándo se recuperó el Perú?

Soledad de corredor de fondo... o de sprinter prematuro.

Soledad de corredor de fondo… o de sprinter prematuro.

En los pasillos del Congreso ya no se habla de otra cosa que de fútbol. En la redacción de Radio Nacional, por citar otro lugar noble que piso con alguna frecuencia, tampoco. En el Carrefour circulan las apuestas deportivas entre los esforzados reponedores. Incluso en mi comunidad de vecinos la conversación futbolera ha dejado de ser una coartada de ascensor para convertirse en objetivo deliberado y punto de orden del día. Se rumorea incluso que se habla de fútbol en el despacho de Florentino Pérez, donde pensábamos que solo se ponían y quitaban fiscales. Los periodistas parlamentarios, los jefes de gabinete, hasta los diputados de CiU hablaban esta mañana del partido de Lisboa, donde no se les ha perdido nada desde cuartos de final.

Uno se preparaba hoy para reconocer fervores electorales bullendo por la oratoria de los portavoces, pero la sesión no pudo cursar con mayor atonía y puntuales picos de decibelios populistas o contestatarios. Cuando llegamos a la tribuna de prensa, Rajoy le estaba recordando a Coscubiela que él no ha congelado las pensiones como otros. Es un recordatorio tan recurrente en el repertorio de Rajoy –van cuatro erres por cuatro sustantivos: aliteración– que se diría que no las congeló exclusivamente para poder recordarlo luego. Añadió en tono catequético, satisfecho sin euforia, que Europa nos vaticina un crecimiento del 1,1% este año y del 2,1% el que viene, que será más de lo que crezca la mismísima Alemania. Y aseguró que terminará este mandato con menos parados de los que encontró. Veremos, pero don Mariano no es hombre que aventure pronósticos con la ligereza Champions League de su antecesor. De hecho las previsiones del Gobierno son peores que las de la euroburocracia, pues si hay una estrategia eficaz para sacarles burbujas a los mercados es la del cenizo impostado, de cuyo casandrismo venga luego a rescatarte, jubiloso, el sanedrín de Bruselas.

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7 mayo, 2014 · 18:37