Archivo de la etiqueta: El poder desgasta a quien no lo tiene

Democracia microondas

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Aquí, demócrata.

La política ya no nos calienta el corazón. La frialdad de la tecnocracia acerca el invierno de nuestro descontento electoral. La gestión del poder ha alcanzado tal grado de racionalismo que hiela la sangre de los nostálgicos, del mismo modo que la Ilustración agredía las conciencias feudales. Un creciente número de votantes toma por despotismo ilustrado el orden socioliberal que desde la posguerra rige Occidente y hace progresar a Oriente con la higiene y el desencanto de la aritmética. Contra esa asepsia ideológica se levantan los desclasados, los ofendidos, los interesados en consolar su apocalipsis personal con uno colectivo. Los que preferirían que China se mantuviera sólidamente tercermundista para que Trevor, tosco pero buen chico, pudiera seguir cobrando lo que cobraba por ensamblar coches en Detroit. Piden más democracia. Piden que se consulte más al pueblo. Y sus dirigentes, víctimas medrosas de su propio antiintelectualismo, cumplen el deseo plebiscitario de paso que transfieren su responsabilidad al pueblo, sin sentirse obligados a transferirle también el salario.

Una epidemia referendista ataca barrios, prende regiones y escala hasta los Estados. La idea es tan simple que duele que haya humanos que se resistan a su redondez lógica: votar más nos hará más demócratas. No hay que temer a la democracia. Votándolas, las decisiones de gobierno ganan legitimidad. Y otras inmundicias mentales por el estilo. Es la democracia microondas: calienta pero no cocina.

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18 noviembre, 2016 · 16:18

Montoro, el amo del calabozo

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Rajoy nombrando a Montoro, con la camiseta del Atleti.

El personaje evangélico favorito de Cristóbal Ricardo Montoro Romero (Jaén, 1950) no podía ser otro que Zaqueo, jefe de recaudadores que en Jericó se subió a un sicomoro para ver a ese Jesús del que todos hablaban. Jesús fue hacia él, se autoinvitó a cenar en su casa y Zaqueo, emocionado, juró que daría la mitad de su fortuna a los pobres más el cuádruple de lo defraudado.

Una vez más, el dedo pantocrátor de don Mariano señala a Montoro y le dice sígueme. Montoro también es bajito, pero no todos los años nos devuelve cuadruplicado lo que le rendimos en el IRPF. ¿Por qué, pese a su proverbial antipatía, lo renueva Rajoy? La principal razón es su proverbial antipatía. «Te elijo porque eres un señor de Jaén que no tiene mochila», le dijo el gallego en 2011. Cada cual meta en esa mochila el peor equipaje que la política es capaz de amontonar, verbigracia Rato. Montoro no es del G-5, no es amigo de Rajoy, pero le profesa una lealtad de hierro. Y la lealtad en esta vida es lo único que importa, y lo que distingue a los hombres de las ratas.

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3 noviembre, 2016 · 21:10

El honor del 78

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El unicornio apareció y tomé la foto.

La única ventaja del radicalismo es la transparencia. Si la exhibición bochornosa de la bajeza y de la ineptitud sirve para unir por reacción a las inteligencias sanas, entonces no daremos por malogrado este año de payasos y débiles mentales con cuyas nóminas la democracia parlamentaria prueba su inconcebible generosidad.

Todo ocurrió cuando Antonio Hernando sacó fuerzas del fondo de su postración abstencionista y pidió la palabra a Ana Pastor para defender el honor del PSOE, manchado por esa apoteosis de una calabaza llamada Rufián. Rematado luego por un tal Matute, de Bildu, que tuvo los santos cojones de presumir de ética frente a Eduardo Madina, al que sus gudaris expropiaron una pierna que por lo visto pertenecía también al Ibex. Hernando, el humillado Hernando, se alzó. Mentó la sangre de los socialistas y las gradas se abrieron, y de ellas bajó una aplauso transversal y espontáneo como una riada de dignidad largamente contenida. En pie aplaudieron juntos, sí, los diputados de PP, PSOE, C’s y PNV: el honor del 78 puesto en pie como un resorte, sin atender por una vez al qué dirán si salgo con ese en la foto, marcando la salvífica frontera entre la razón y el resentimiento, entre la madurez y la orina en el pijama, entre la democracia y la televisión. Rara vez le es dado a un español asistir al posicionamiento plural de la decencia contra la abyección. Ayer lo vi con mis ojos. Vi al unicornio plantado en mitad del Congreso.

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30 octubre, 2016 · 11:27

El oso y el bisoño

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Gesto de rabioso futuro.

Nos tenía prometido Antonio Hernando un numerito de transformismo. Del no a la abstención y del Hollywood pedrista a la asunción de la realidad. Bajo la mirada tutora de Javier Fernández lo ejecutó con tanta profesionalidad que acuñó un neologismo: la «perseveración». Dícese de la rebeldía contra la asimilación (y contra el diccionario) con que el PSOE buscará zafarse del abrazo osuno de Rajoy, sin dejar de aparecer como oposición constructiva. ¿Quién se colgará ahora las medallas legislativas? El consenso beneficia al gobernado y no al gobernante porque reparte el éxito y afloja la adhesión de la tribu. Las urnas han importado al fin la fragmentación de Europa, y con ella la coalición, que aquí llega con retraso como todos los avances ilustrados desde Felipe V.

Ahora reina Felipe VI y en Euskadi el PNV, los dos únicos vestigios del 78 según Pablo Iglesias, guionista de mockumentaries. Con el carcaj petado de tuits y vacío de propuestas salió don Pablo a cazar no la piel del oso, sino la del PSOE. Hernando lo había anticipado cuando habló de la «izquierda pura que acusó de gradualismo traidor» a los socialistas por abandonar el marxismo o hacer la reconversión industrial. Busca el PSOE el arca perdida socialdemócrata, sin darse cuenta de que la administra el PP hace años. El elefante llevaba décadas en la habitación y ya era hora de nombrarlo. «Tengo más que ver con ustedes que con otros, lo siento», dijo Rajoy, que recordó los recortes de ZP cuando Hernando afectó distinción como una marquesa agraviada. «Nosotros sí somos diferentes», afirmó Iglesias. Vaya si lo son.

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28 octubre, 2016 · 11:43

Aceptar Rajoy como jardinero del consenso

DEBATE DE INVESTIDURA

Jardinero transversal del 78.

Que sea Mariano Rajoy quien llame a un tiempo nuevo puede resultar sarcástico. Pero fue el único sarcasmo que se permitió el candidato en un discurso medido, realista y conciliador que no pretendía pasar a los anales de la oratoria. Lo que nos preguntamos ahora es si ese tiempo nuevo en que la oposición suma más escaños que el Gobierno significa un prólogo o un epílogo. Dice Steiner que quizá estamos entrando en una época postracional: que si en el principio era la palabra, bien pudiera ser que en el final sea el ridículo.

Y del ridículo del año perdido -«todo tiene un límite»- quiso volver Rajoy agitando la campanilla al término del recreo. Recordó brevemente que él está ahí no sólo porque ha ganado dos elecciones sino porque el paso de los meses ha demostrado que encabeza la única alternativa de Gobierno. No quiso sacar pecho, pero todo lo que ha pasado lo supo prever en diciembre, aunque la genialidad estratégica se les atribuya a otros. Mientras hablaba, Pedro Sánchez cruzaba las manos sobre el regazo desde la tercera fila, sentado en una silla junto a su escudero Patxi López y oponiendo su broncínea tez a los flashes enloquecidos de los foteros. Antes había concentrado un tornado de cámaras al aparecer por el patio, pero allí donde Iglesias -siempre halagado por el interés de los objetivos- se había detenido a gozar su doble juego institucional y partisano, don Pedro se había limitado a murmurar: «El sábado será otro día». Luego se abrió paso lanzando destellos californianos.

Rajoy envainó el filo y tendió la mano, más allá de que la esgrima tocaba hoy y de que las cuentas están ya claras, por una poderosa razón: debe cuidar a sus socios. Debe lograr que le dure este nuevo PSOE que renace tímidamente del fango como un tierno capullo de racionalidad. Debe regarlo cada día, con amor de jardinero no fiel sino transversal. ¿Será capaz de cambiar el decreto por el diálogo, el rodillo por la regadera? Ayer anunció que sí. Que negociará, escuchará, atenderá. Que contemplará el acuerdo no como un peaje incómodo sino como una exigencia de los tiempos. Incidió en la agenda social, que lo acerca a las fuerzas constitucionalistas de la oposición, invocando el Pacto de Toledo y convocando a los agentes sociales. Recordó que ya dedica seis de cada diez euros a gasto social -el famoso neoliberalismo pepero, oigan-, pero que se puede hacer más. Fijó un plazo de seis meses para alcanzar un pacto educativo que cuaje un nuevo estatuto del docente, una reforma universitaria, una mejora de la formación profesional y un plan contra el fracaso escolar. Y al decirlo tuvo la deferencia de citar a Ciudadanos, reconociéndole esa bandera. Rivera asentía en su escaño. Y Cifuentes cuchicheaba algo al oído de doña Elvira, que quizá no vio a Mariano tan colaborativo en casa a la hora del Madrid-Cultural Leonesa. En el centro de la tribuna de invitados atendía don Pío García-Escudero con ademán hierático, casi integrándose físicamente en el reloj, como un papamoscas senatorial.

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Participo en El Debate en TVE sobre el discurso de investidura de Rajoy

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27 octubre, 2016 · 14:55

Un mal día para Caín

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Silogismos militantes.

Ayer el PSOE decidió permitir la investidura de un candidato de la derecha, que por lo que sea había ganado las elecciones. Fue un día trágico para la gloriosa historia del cainismo español, que tantas páginas escribió en este solar donde la gloria se confunde con la cerrazón y los cojones con la inteligencia. Al término del recuento 96 numantinos resistían en Ferraz, a los que se añadió por Twitter el más calderoniano de todos, que hasta se llama Pedro, prometiendo recuperar el partido que él mismo extravió en el subsuelo electoral, por no hablar del intelectual.

Pero Sánchez ya no existe -la prueba es que se expresa por medios virtuales- y el sanchismo se diluirá en las próximas semanas hasta dejar un charquito innombrable, mientras la socialdemocracia española revive en el Parlamento. Aunque Podemos agite por unos días el espantajo de la gran coalición (¿habrá todavía público en esa corrala?), la histeria de hemeroteca a lo barbudas de Brian -«¡ha dicho Jehová, o sea, abstención!»- pasará en cuanto la primera ley de Rajoy sea tumbada por la oposición institucional formada por PSOE, C’s y PNV. Según Iglesias, tremolante cipote con coleta que se excita con la idea de «patear columnistas», su menguante macedonia de siglas se configura como única alternativa al PP. No se lo cree ni él, que hoy sabe que en marzo condenó a Podemos a la irrelevancia: fue la única ocasión en que el sistema del 78 pendió de su voluntad, pero el narcisismo le impidió investir a Sánchez. Tampoco le deja rendirse a la razón errejonista, así que calienta la calle de sus mocedades para desaguar la frustración, pero sólo huye hacia adelante quien ya ha perdido. Y el desorden callejero, en una democracia de clases medias dañadas pero deseosas de conservar lo salvado, sólo acrecerá el apoyo al bipartidismo y reducirá el del populismo. Ciclo restaurador completado, y a reformar.

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24 octubre, 2016 · 11:35

La (pen)última agonía de la socialdemocracia

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Felipe, Willy Brandt y Olof Palme en los días de vino y rosas.

La crisis del PSOE ofrece líneas argumentales propias, pero sería absurdo sustraerla al relato general de la agonía socialdemócrata en Europa. El modelo del Estado de Bienestar pactado por la derecha democristiana y la izquierda socialdemócrata tras la II Guerra Mundial hace aguas desde hace mucho tiempo, no porque sus objetivos asistenciales pierdan vigencia, sino porque cada vez resulta más difícil financiarlos. El capitalismo ha mutado, la demografía también y las políticas redistributivas que ondean en el pabellón histórico de la socialdemocracia quedaron hechas jirones al paso huracanado de la crisis económica. La disputa del espacio propiamente socialista por parte de conservadores y populistas termina de componer la pinza que está ahogando a los partidos socialistas del continente. Pero vayamos por partes.

¿A qué llamamos socialdemocracia desde el punto de vista académico? Según Pedro Fraile, catedrático de Historia Económica en la Carlos III, la socialdemocracia «no surgió como una anomalía o una desviación del comunismo, según pretendía Lenin, sino por un giro teórico de algunos socialistas que aprendieron a analizar el mercado. Muchos habían pasado por Londres, donde leyeron a Marshall, como el propio Bernstein. Rechazada la falacia marxista del valor-trabajo, entendieron que el único avance posible a largo plazo para los trabajadores era procurar el incremento de la productividad (y por lo tanto de los salarios reales) en un contexto político de libertades». Recuperar este vínculo con el liberalismo marca, para Fraile, el camino de retorno a las raíces de partidos como el PSOE. «El problema es que muchos socialistas no comprenden que la lucha contra la pobreza y la exclusión ha de hacerse a través de mecanismos de mercado, en vez de usar la fiscalidad y la redistribución como panacea», afirma.

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Mi sección semanal de El bueno (Guardia Civil), el feo (Francisco Correa) y el malo (Josep Téllez) en La Linterna de COPE

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16 octubre, 2016 · 19:58

El PSOE restaurado

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Un socialista racional.

Javier Fernández es el primer político verdaderamente revolucionario que ha tenido la izquierda española desde 2010. Aquel mayo marcó la epifanía del segundo Zapatero (a ZP hay que estudiarlo como a Wittgenstein: dividiéndolo en dos periodos antagónicos), cuando se cayó del caballo de algodón y aterrizó en la aspereza de la prima de riesgo. Pero a diferencia de San Pablo, don José Luis no supo explicar lo que le había pasado, de modo que sus discípulos, ayunos de comprensión, optaron por indignarse y desertaron a Sol, donde levantaron tiendas para poner su dorada utopía a resguardo de la realidad. El PSOE terminó de joderse cuando su joven líder intentó meterse en la tienda con los desertores.

Cuando en tus filas danza la utopía, lo revolucionario es invocar los hechos. Retomando la inteligibilidad del PSOE donde la dejó interrumpida Zapatero, Fernández reivindica el principio de realidad y la prosa de la democracia representativa, censura la equiparación entre abstención y apoyo como resorte primario de mentes maniqueas, traza la separación entre identidad y ciudadanía. Un espectáculo conmovedor que mis cansados ojos ya no esperaban ver de nuevo: el de un político de izquierdas que no huye de la realidad, sino que la coge por los cuernos, la enfrenta, asume sus heridas y firma con ella la paz.

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10 octubre, 2016 · 11:18