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Mas y Junqueras: la quijada contra el párpado

Hace mucho que no escribimos de Artur Mas y al hombre se le nota. ¡Un año ya desde aquella entrada triunfal en el desayuno informativo del Ritz, cuando anunció que le cabía el Estado propio en la cabeza –en la quijada, concretamente– y el todo Madrid le abrió paso entre murmullos de plebe deslumbrada mientras los plumillas aprovechábamos para engullir cruasanes! Aquel Mas era verdaderamente un caballero de saga artúrica que había roto el tópico catayufo del me voy pero me quedo para dejarlo llanamente en el me voy, inaugurando una claridad secesionista desconocida en CiU que no quedó sin la respuesta admirativa de Madrid, porque en Madrid se admiran siempre los cojones, sean de torero o de césar visionario. Y sin embargo la testiculina patriótica de Mas ha venido a menos, su propietario ha perdido pelo, a sus gafas afloran manchas ahumadas como de poeta místico pobretón –un José Ángel Valente subtitulado– y su otrora poderosa quijada apenas acierta a descolgarse en sonrisas de pergamino ante la cercanía intimidatoria de Oriol Junqueras.

El guerrero cuatribarrado comparece exhausto antes de que empiece la batalla. Incluso el patriarca Pujol parece más animoso que el delfín, desatando en sus apariciones un chisporroteo de visajes, una epilepsia facial, un balbuceo acalambrado que nadie entiende y todos le aplauden. Se ha sabido que, ojeroso, viajó Artur recientemente a Madrid en carromato incógnito para pactar una tregua con el señor feudal que según el mito oprime sus tierras y según los hechos las presupuesta y financia. Volvería meditabundo a Cataluña el president, revolviendo en su cerebro esquizoide la manera de postergar la dichosa consulta a cambio de seguir cobrando el dinero del opresor, que será del opresor pero sigue sirviendo para comprar cosas. Y fue llegar, musitar que ya si eso en 2016 y cerrarse la ruda mano de mesonero de Oriol en torno a su entrepierna secuestrada.

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10 septiembre, 2013 · 17:52

El llanto de la Esfinge

Partiendo de la base de que masacrar a 800 musulmanes no es la mejor manera de evitar una intifada, y de que convocar “marchas de la ira” a la salida de la oración no es la idea de paz que le pedimos al influjo religioso, se llega fácilmente a la conclusión de que el problema árabe no tiene solución. La geopolítica sólo puede aspirar allí al suministro de anestesias temporales. Que la primavera árabe fue un descorche de riots de barriada antes que una revolución jeffersoniana, se antoja ya tristemente irrefutable. Que la gran abeja Obama libaba la miel de una retórica gratuita cuando discurseó zapaterinamente en El Cairo para anunciar el chapado de Guantánamo y el cumplimiento de los sueños de las misses del mundo, nadie puede discutirlo, como tampoco su entrega inevitable a la realpolitik como comandante en jefe de la única superpotencia mundial, cuya hegemonía amenaza el capitalismo chino, mucho más peligroso que el maoísmo. Que la fuerza civilizadora de Europa –con todos sus tratados kantianos cogiendo polvo en el cerebro demoscópico de sus pequeños líderes– se reduce a la exportación de los derechos televisivos de la Champions, no creo que ni los más futboleros lo rebatan. De Oriente vino la luz, decían los romanos, y de Oriente vendrá la tercera guerra mundial en la que todos nosotros moriremos, decía mi profesor de historia de COU.

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18 agosto, 2013 · 13:16

La ‘pantojización’ de Cospedal

¡Qué escándalo, el chico del megáfono que jaleaba ayer a Cospedal a la puerta del juzgado era de Nuevas Generaciones! El día, señores, que dejemos de rasgarnos las camisas por lo obvio igual arraiga la democracia y escalamos un par de puestos en el Informe Pisa. Digo yo que lo suyo es que los cachorros peperos vayan a apoyar a su señora y que la noticia, qué fatigoso resulta repetirlo, sería ver a los preferentistas estafados arremolinándose entre lágrimas para tocarle el borde del blanco vestido a María Dolores como a una aparición mariana que regara las aceras de consuelo y de milagro. Pues qué iba a pasar sino lo lógico en estos tiempos de desafección, que los apoyos al político en dificultades provengan de su estricto negociado. ¿Quién que no aspire a meter la cuchara en la sopa boba del organigrama va a interrumpir su agosto por dar palmas a Cospedal?

Así que una mitad de la calle coreaba su nombre y la otra el de su familia, y por el medio cruzó salomónicamente la secretaria general del PP con una sonrisa atirantada como los cables del puente de Brooklyn y el gesto desafiante de quien cree que la calle es suya. Y en este caso lo es, porque se trataba de la calle Génova. María Dolores de Cospedal escogió un vestido tan blanco como la contabilidad del PP, o eso parecía declarar ya desde el atavío, que hoy importa más que la oratoria para colocar tu mensaje. Y si lo llenas con la espléndida osamenta de Cospe, entonces absolución, crédito y mando en plaza Tahrir si ella nos lo pide, aunque el frugal Ruz no lo vea tan claro de momento. Ruz es un espíritu con flequillo, un abad en el cuerpo de un novicio.

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15 agosto, 2013 · 12:31

Brey absoluto

En un Senado ultramundano y paralelo al nuestro debatieron esta mañana Bertrand Russell, Friedrich Nietzsche, Alexander Pope, Catón el Viejo y Ketama sobre la contabilidad del Partido Popular, empleando para apuntalar sus diatribas citas célebres de Mariano Rajoy, Rosa Díez, Cayo Lara y Alfred Bosch. Durante horas se entregaron a una orgía de comillas completamente ajenos al hecho de su inexistencia real, pues todos esos sabios muertos eran en realidad los otros de Amenábar, y la verdadera Nicole Kidman a esas alturas se hallaba en otro Senado de indudable granito planteándole al presidente español veinte preguntas incontestadas en la voz cafeínica de la líder de UPyD. Durante toda la mañana reinó la confusión entre el universo ficcional y el valle de lágrimas parlamentario, con puertas espaciotemporales entreabiertas que condujeron a la indistinción concluyente de Animal Farm, donde al final ya no se distinguían los cerdos de los hombres. Cuando finalizaron sus citas, sin embargo, Rajoy todavía estaba allí, se diría incluso que menos extinguible que antes, pues a la dieta de dinosaurio le beneficia lo mismo la carne porcina que la humana.

El microrrelato cruzado de Monterroso y Orwell que hoy se representó en el palacio de la Plaza de la Marina Española tuvo la encomiable virtualidad de mandar a los españoles de vacaciones con la lista de lecturas recomendadas ya hecha. Para que luego digan que la política no sirve para nada y que no le hemos encontrado todavía una función útil al Senado: sustituir al Congreso en obras del mismo modo que las citas de autoridad sirven para suplir al propio pensamiento en ruinas. Sólo cabe esperar que a los aguilillas de Standard & Poors les pillara el debate haciendo balconing en Mallorca o tendremos que refinanciarnos donando órganos.

Veamos. Arrancaba la matinal con ambientazo periodístico entre el deseo constituyente y el fastidio por la obligada cesura vacacional. Reporteros de toda glaciación, desde la Santa Transición hasta la desdichada casta del becariato Apple. El hemiciclo rebosante, con madera funcional en lugar de frescos tiroteados y ganas de convertir aquello en la madre de todos los plenos por ver de variar algo la escaleta condenada al penúltimo incendio y a la consabida ola de calor. Pero quia. Rajoy no estaba por la labor de dar otro titular que dos palabras ciertamente novedosas y necesarias: “Me equivoqué”. Él puso a Bárcenas, sí, pero también lo depuso. Sobre los sobres, negación y amparo en el proceso judicial. Y renovación fervorosa de los votos en la presunción de inocencia, con catecismo escrito por el propio padre Alfredo en escándalos simétricos y contrarios. En la réplica aún estuvo más firme, con esa fuerza parlamentaria que no sabemos dónde guarda cuando se baja del atril, desactivando en el repaso a la triste figura de su opositor toda sospecha personal, que para eso tiene el IRPF pulcro a la vista de todo el mundo, y si alguien del PP no lo tiene, que lo diga Ruz. Moragas seguía sobre los apuntes argumentales la evolución de su pupilo y la vice Sáenz de Santamaría aplaudía con la izquierda contra la mesa mientras tomaba apuntes con la derecha. Todo muy en estilo de preparador de oposiciones.

–No soy un compendio de virtudes como usted, señor Pérez Rubalcaba, pero soy una persona recta y honrada. No me piden explicaciones: me piden que me declare culpable, pero no lo voy a hacer porque no lo soy, y por eso no voy a dimitir.

Fin de la cita. Y gran decepción, claro, porque el guión no era ese. El guión que le tenían escrito a Mariano establecía que titubeara, que anunciara purgas, que se contradijera entre lágrimas, que dimitiera de una vez, coño. Pero ya va siendo hora de que los medios reconozcan que llevan años subestimando brutalmente a este político que los va a sobrevivir a todos sin una mala multa de parquímetro en el debe, a falta aún de saldar el haber. Opino que se equivoca insistiendo en la disyuntiva yo o el caos, pero de momento a Rajoy no le mueve ni Dios, y Bárcenas, Rubalcaba y Pedro J juntos le inspiran tanto miedo como a Justin Bieber la pérdida de tres fans. Hoy seguramente deseaba finiquitar el aquelarre cuanto antes para enterarse de la cifra barajada por el traspaso de Bale.

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1 agosto, 2013 · 19:32

Cojonudismo español: de Ostos a Pedro J

Nada más verla escribí en Twitter que La Gaceta, poniendo los cojones de Jaime Ostos sobre la portada, había trascendido el lenguaje escrito para alcanzar el lenguaje escroto. Uno trabajó en ese periódico cinco años y jamás habíamos logrado incendiar verdaderamente Twitter, y mira que se intentaba. La Gaceta fue siempre un periódico bufo donde en contadísimas ocasiones se logró hacer lo que los puristas consentirían en llamar periodismo. En contrapartida, se podían hacer muchas otras cosas más divertidas y, no pocas veces, más bochornosas.

En La Gaceta fui redactor, columnista, reportero, especialista en perfiles, cronista de verano, contraportadista e incluso durante un tiempo escribí la crónica de las decisiones electorales que tomaba un pulpo tropical durante la campaña de los comicios municipales de 2011, a imitación del futbolero pulpo Paul. Idea de Dávila, claro. Instalamos un acuario en la redacción y liberamos a una secretaria de sus funciones para que se dedicase a su mantenimiento. Era una especie exótica de pulpo atigrado y tímido que sólo se vendía en Valencia –para que luego digan que Madrid es el primer puerto de España–, así que tenían que traérnoslo en camión desde la tierra de Camps y frecuentemente llegaba ya muerto por el viaje, y había que comprar otro, y así hasta que los becarios se quedaban sin cobrar por culpa del precio de los pulpos tropicales, o casi. En realidad por tanto no fue un solo pulpo, sino cinco o seis durante toda la campaña electoral, porque el cefalópodo que sobrevivía al viaje desde Levante se nos moría después de cada votación –exhausto como nosotros de bipartidismo, pues debía elegir entre un mejillón identificado con la banderita del PP u otro con la del PSOE, y por supuesto lo amañábamos para que ganara el PP casi siempre–, y al final ya ni se movía y prefería morir de inanición a votar, con lo que acabé vaticinando por aquel animal de inteligentísima abulia el fin simbólico, bartlebyano (¡pulpo de Buridán!), de la partitocracia española que hoy ya se avizora.

Recuerdo una vez que Dávila me llamó al despacho porque habían salido unas fotos de María Teresa Fernández de la Vega con la cara sorprendentemente rejuvenecida, atirantada y pulida como nalga de bebé.

Bustos, tú que tienes sentido del humor. Qué te parece si titulamos en primera edición con “María Tersa Fernández de la Vega” y luego decimos que ha sido una errata y la corregimos en segunda.

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29 julio, 2013 · 11:43

El ala oeste de Soto del Real

El encelamiento de los medios con Bárcenas –que no es sino la amorosa correspondencia del encelamiento de Bárcenas con los medios– amenaza con privarnos de un verano pendientes de Gareth Bale. El verano informativo fetén lo ha presidido durante toda mi vida la expectativa de un fichaje estelar del Real Madrid, y ha tenido que v enir Bárcenas con su moleskine por fascículos a jodernos la ilusión. En eso yo era exactamente como Rajoy: en verano sólo leía la prensa deportiva. Ahora nos hemos distanciado, y mientras yo consumo mi episodio diario de ala oeste de Soto del Real, don Mariano continúa plácidamente enganchado a las pedaladas inalcanzables de Froome.

El circo siniestro de Bretón también ha sido felizmente clausurado con la condena del psicópata de córneas alucinadas, al mismo tiempo por cierto que se ha cerrado el fichaje de Illarramendi, y en ambos casos era tan obvio el desenlace que los becarios del periodismo estival han podido al fin estrenarse titulando por la sobada paráfrasis a Gabo: “Crónica de una condena/un fichaje anunciada/o”. Uno no se siente periodista hasta que no ha titulado así una pieza.

Pedir una moción de censura con la moleskine de Bárcenas en la mano equivale a levantar al sol una copa de chardonnay por la igualdad de todos ante la ley, la salvaguarda fáctica de la presunción de inocencia o cualquier otra sonrosada fantasía emanada de la aldea del arce de nuestra democracia. Leo a colegas de columna que señalan la valentía de los jueces Castro, Alaya o Ruz como retenes estatales del escurridizo Montesquieu, pero yo creo que en tiempos jacobinos como los que soplan no entraña enorme arrojo apear al potentado de su pompa ni coincidir con la sed de hoguera del sufrido, depauperado y rencoroso pueblo llano. Castro cuenta con el aplauso enardecido del republicanismo en boga; de la sala de Ruz se filtran los audios de las tomas de declaración en un remedo estival y desenfadado de court show que convierte la Audiencia en una spin-off de aquel Veredicto que presentaba Ana Rosa Quintana (¿no sospechan ustedes que los sms acabarían decretando la libertad del pinturero Bárcenas, del mismo modo que los gatoadictos concedían invariablemente el Gato al Agua a Mario Conde?); y únicamente la Alaya, con su tiesura pulcra y ese trolley tremebundo que parece contener los retratos desencajados de los dorian gray del chavismo, ha padecido de veras la presión ambiental de una tierra moderadamente atávica que si algo odia más que a un señorito, puede ser a una señorita.

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14 julio, 2013 · 20:54

El procónsul Rajoy en el circo de Bárcenas

Cortafuegos alrededor de Rajoy, titulaba la prensa global en español presuponiendo que Rajoy sea un político combustible como esos ministros de los que sentencian los analistas: “Está muy quemado”. ¿Puede quemarse Rajoy? ¿Es Rajoy inflamable? Todo apunta a que no, aunque por si acaso sus ministros han salido al unísono a poner, precisamente, la mano en el fuego por él. Todos los fuegos al fuego, diría Cortázar, cuyo cuento homónimo principia justamente con un procónsul haciendo el saludo romano –facha, concluirían los memoristas históricos de Zapatero– y fantaseando con su propia estatua:

–Así será algún día su estatua, piensa irónicamente el procónsul mientras alza el brazo, lo fija en el gesto del saludo, se deja petrificar por la ovación de un público que dos horas de circo y de calor no han fatigado.

Rajoy tiene algo de estatua pero no parece tampoco un procónsul fascista, contra lo que piensa Izquierda Unida, que pide elecciones anticipadas porque ha leído el dietario contable de un tesorero codicioso. A los diarios de Trapiello nadie les hacía ni caso en la pasada edición de la Feria del Libro, al punto que Trapiello hubo de abandonar la caseta en que (no) firmaba porque le habían plantificado al lado la concurridísima barraca del puto Master Chef, pero hay que ver qué de lectores cosechan los apuntes de Bárcenas. Cuando salga la edición en Orbyt, Dan Brown puede echarse a temblar. Ambos autores, sospecho, tuercen en su escritura más por la imaginación que por la documentación. Ojo, Jabois, que en cualquier momento Bárcenas se abre un blog plagiario desde la cárcel titulado «Apuntes en sucio».

En las tertulias quien más y quien menos tiene hecho ya su curso acelerado en Barcenología Aplicada, que unos aplican al acoso y derribo del Gobierno y otros al ajardinamiento del cortafuegos. Bárcenas podría venir de Barcino, nombre de Barcelona de cuando su esplendor comercial entre íberos y fenicios, y desde luego ha quedado en Suiza acreditada la condición fenicia de Bárcenas. De otra cosa, por el momento, no hay constancia.

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11 julio, 2013 · 14:25

Montoro reparte fincas pero no becas

Los colegas se han reído de mi ingenuidad en el desayuno cuando he sentenciado con tono profesoral, casi al borde de la condescendencia:

–Pues yo creo que lo de la Infanta ha sido un error. Un error telemático –he apostillado, muy ufano.

Pero ni Gistau ni Jabois ni Alfageme han querido darme crédito hasta que no ha salido Montoro a repetir mi tesis en sede parlamentaria:

–Ha sido un error lamentable, pero un error. Los errores de procedimiento administrativo se producen, que nadie lo dude. Algunos, claro, son más importantes que otros. Yo pido disculpas a la Casa Real, pero no entiendo a qué tipo de especulación da lugar, pido que no se haga un uso político de este error que no tiene alcance ninguno, no perjudica el proceso judicial. Nuestra Agencia Tributaria es una de las mejores del mundo y así está reconocido internacionalmente. Ahora, si me preguntan cómo ha podido producirse, no estoy en condiciones de dar una explicación técnica sobre hechos concretos…

Y en cuanto Montoro ha terminado su comparecencia yo he corrido orgulloso adonde estaban mis camaradas: “¡Lo veis! Lo que yo decía: ¡ha sido un error!”

En fin, disculpen ustedes si estoy perdiendo malicia: será cosa del entretiempo, que no te deja decidir si quitas o no el nórdico, como para decidir si hay o no una mano negra demostrando que la ley no es igual para todos, no digamos ya Hacienda.

Lo cierto es que la expectativa de la rueda de prensa de Montoro concedía algún sentido narrativo a la matinal parlamentaria, que había abierto Rosa Díez con una pregunta menos tonante de lo que acostumbra. Si Díez se contagia del pactismo ambiental, si renuncia a su tono cafeínico, una de dos: o estamos mucho peor de lo que pensamos o caminamos decididamente a la recuperación. Menos mal que siempre surge un Cayo Lara exigiendo la supresión del artículo 135 de la Constitución, ese que por orden soberana de Bruselas modificaron a pachas PP y PSOE para poner coto al déficit. A Lara le gusta el déficit, pero no se trata de una querencia arbitraria, un capricho de sibarita:

–La razón, señor Rajoy, se llama hambre. Ustedes han entregado la economía a la troika y hemos perdido la dignidad. Somos conscientes de que hay que bajar el déficit, pero no con recortes, sino gravando el capital. ¡La deuda es impagable! ¡Plantemos cara a la troika!

En estos tiempos de disolución ideológica se agradece oír un discurso de entrañable eco revolucionario, que como sabemos por la historia se reduce siempre a hacer un simpa monumental. Rajoy le ha contestado que no es partidario de la salida del euro, claro.

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19 junio, 2013 · 18:15