Archivo de la etiqueta: cosas de la democracia

La gran decepción

Y de repente, Rajoy.

Y de repente, Rajoy.

Yo no sé si este país está preparado para ver a don Mariano renovando mandato. Desde luego no lo están nuestros platós, donde se oficia el entierro del bipartidismo ya no con alegría, sino casi con el fastidio burocrático con que despachamos el spam cada mañana. ¿Cómo reaccionarían los televidentes que contemplaran al mismísimo PP en las instituciones? ¿Han pensado los programadores en habilitar un teléfono de aludidos y defraudados, como cualquier espacio decente del corazón? ¿Es posible que la democracia, pensarán los regeneradores, resulte en la práctica tan decepcionante?

Veamos. El CIS marca una tendencia al alza del partido en el Gobierno que los analistas no han dudado en calificar de remontada. Si la remontada alcanzará cotas de altitud suficientes para mantener al PP en el poder, es pronto para decirlo. No es pronto, sin embargo, para concluir que necesitará el apoyo de Ciudadanos, de quienes las malas lenguas aseguran que ya han puesto precio a tan lúbrico servicio: la cabeza de Rajoy y la investidura de Soraya. Es solo un rumor, pero yo no le prestaría mucho crédito: los meigos gallegos son difíciles de sumergir, y en cualquier caso poseen un número indeterminado de cabezas. Otro rumor apunta a que el PSOE de don Sánchez anhela el abrazo de Rivera antes que el de Iglesias, pero me temo que la experiencia suele vencer sobre la esperanza y que don Sánchez empastará el bajo continuo de su celebrada voz en la polifonía que más sume, como hizo en mayo, con tal de salir de opositor. Cómo suene luego el orfeón, una vez ocupado el coro, es lo de menos.

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7 agosto, 2015 · 16:59

La grulla atómica

La mano del hombre enturbiando el esplendor del girasol manchego.

La mano del hombre enturbiando el esplendor del campo de girasol manchego.

Todo el mundo sabe que la energía nuclear es de derechas, como los toros, el petróleo y los ministerios de defensa. Así que a nadie le puede extrañar que la ola de ternurismo roussoniano que bate España se proponga devolver al contribuyente al estado de naturaleza, edén previo a la explotación capitalista en la teología de Marx. Y aunque don Page no da la cara de un Rousseau, sino más bien de Sancho Panza en su Barataria, ha decidido ampliar el paraíso de la grulla en 24.000 hectáreas, con la correspondiente sorpresa de los vecinos, quienes no sospechaban que llevaban toda la vida habitando semejante vergel. Mediaset ya se plantea rodar el próximo Supervivientes en Villar de Cañas.

Se ventila aquí una derivada graciosamente literal del adanismo de la izquierda, que ya no sólo cree haber venido a estrenar una democracia sino un ecosistema completo.

– ¡Pero si todo el pueblo quiere el ATC!, se desespera el alcalde, que sería el primer mutante en caso de accidente.

Calle, hombre, no se ponga escrupuloso. ¿Qué puede importar la democracia cuando se trata de salvar el planeta? La democracia es fetén cuando se ejerce en la plaza Sintagma, pero cuando se ejerce en Villar de Cañas es un puto engorro. Vas a comparar un poblachón manchego -éste sí- con el romántico glamour de la Acrópolis.

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31 julio, 2015 · 13:09

De la pata de Filipo

Filipo, un Millán-Astray con más astucia.

Filipo, un Millán-Astray con más astucia.

Todos los veranos, con la terca frecuencia con que gotea una estalactita, don Arsuaga y sus sabuesos encuentran un fragmento de rótula o una esquirla de omoplato o un escafoides simiesco que nos sirve, ya que no para salar la sopa, al menos para animar el debate sobre nuestros orígenes. Pero el descubrimiento de este año ha sido francamente fenomenal: nada menos que la rodilla alanceada de Filipo de Macedonia. A uno le parece que esta noticia no ha gozado del eco que merece, y sobre todo que no ha ocupado la sección adecuada, que no es la de Cultura sino la de Política. Quizá el público esté ya tan habituado al éxito rastreador de don Arsuaga que no repara en las lecciones politológicas que pueden extraerse de este hallazgo.

Filipo fue el hombre providencial que liquidó la democracia ateniense, sistema de gobierno que no reaparecería sobre la faz de la tierra hasta veinte siglos después cuando Jefferson, Tocqueville y Washington, todos ellos ídolos intelectuales de Artur Mas. Para liquidar la democracia el caudillo macedonio contó con la inestimable colaboración de las propias polis griegas, sumidas en luchas de clase y pugnas coloniales para desesperación de Demóstenes, que se desgañitaba avisando de que si Filipo no les encontraba unidos cuando sus temibles falanges (una muralla de infantería formada por 16 filas de soldados y flanqueada por escuadrones de caballería, que aplanaba literalmente al adversario) entraran por la puerta, su preciada libertad saldría por la ventana.

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Reseña de La granja humana para el boletín de Liberías Troa

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El que quiera peces

McLuhan: la cita es el mensaje.

McLuhan: la cita es el mensaje.

De McLuhan suele citarse su manida confusión entre medios y mensajes, pero hay otra sentencia suya que me parece más certera: «No sabemos quién inventó el agua, pero desde luego no fue un pez». En efecto, el pez no sabe lo que es el agua porque siempre ha vivido en ella y no concibe otra forma de vida que no sea acuática. Al que está inmerso en un determinado elemento, quiere decir McLuhan, le resulta imposible pensar sobre él. Pensar lo suficiente como para definir su alcance, descubrir sus carencias, idear su mejora. Todo descubrimiento requiere una cierta dosis de excentricidad, por eso los genios suelen ser gente rarita para el resto de la especie. Y por eso el instante de lucidez genial -el eureka del inventor- suele detonarlo un fenómeno externo que los saca violentamente de su medio: una manzana en el caso de Newton o la visión de su propio cuerpo bañándose en el de Arquímedes.

Con la democracia sucede quizá lo mismo que con el agua. A los ciudadanos que han nacido y nadado en ella desde siempre les cuesta imaginar que ese régimen -perfectible- de derechos y libertades no sea obvio, y que incluso pueda evaporarse, del mismo modo que el pez no puede imaginar el desierto. Y sin embargo el precio de la democracia, como el de la libertad, es la eterna vigilancia. Porque expuesta a determinados agentes climáticos, la democracia también se seca.

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La troika meada

Tertulianos en la época buena de Grecia.

Tertulianos en la época buena de Grecia.

Para hablar de Grecia nadie mejor que Platón, que era un tipo de tertuliano algo más riguroso que nosotros. En un pasaje del ‘Gorgias’ nos presenta a su héroe, Sócrates, acusado de corromper a la juventud, es decir, de enseñar a sus alumnos a no comulgar con las ruedas de molino de los sofistas que mandan en la polis. Sócrates sabe que su criticismo es un peligro para la democracia, pero él es más amigo de la verdad que del consenso:

– Me juzgarán como juzgarían unos niños a un médico acusado por un pastelero. ¿Cómo podría defenderse en estas circunstancias el acusado si el acusador se dirigiera a los niños diciéndoles: «Este hombre os ha hecho con frecuencia mucho daño, os somete a tormentos y os tortura, os obliga a beber jarabes amargos, os somete a regímenes estrictos, mientras que yo os preparo las comidas más sabrosas y más variadas». ¿Cómo podría defenderse un médico en esta situación?

Que la democracia es un tribunal de niños (los votantes) que han de elegir entre un médico (la troika) y un pastelero (Syriza) no lo digo yo, sino el propio Tsipras al convocar este referéndum: aceite de ricino sí o no: elegid, niños. Y qué van a elegir: mucho mejor pasteles que ricino, dónde va a parar.

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Cortesía: reseña de la presentación de La granja humana por un asistente (¡y lector!)

Entrevista (¡a pillar!) en Voz Pópuli por La granja humana

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La naranja mecánica

Una mano a la izquierda y otra a la derecha.

Una mano a la izquierda y otra a la derecha.

Y la bisagra naranja se puso a girar a presunta izquierda (Susana Díaz) y a presunta derecha (Cristina Cifuentes) como gozne bien engrasado, cuando hasta hace poco chirriaba ruidosamente. Era un chirrido como de grillo puritano: «¿Cómo vamos a pactar con dos partidos que han amparado cotas inasumibles de corrupción?», preguntaba retóricamente Albert Rivera en las entrevistas, mientras no dejaba de negociar con el bipartidismo, como es su deber. Solo el que negocia puede poner condiciones.

¿Cuál es la razón de este desbloqueo que bisagras añejas como el PNV prefieren llamar, por puros celos, «ritos de apareamiento»? Nos gustaría creer que el sentido de responsabilidad para propiciar la gobernación estable, y no dudo de que algo de eso hay; pero me temo que el catalizador, como siempre, ha sido la demoscopia, que empezaba a reflejar el desgaste de la marca Ciudadanos a causa de su terca indefinición. Y lo que es peor: apuntaban un reflujo de votos hacia el PP, de donde salieron. C’s no debe engañarse sobre el origen de su base electoral, en su mayoría voto pepero cabreado con el marianismo, pero tampoco debe aceptar el papel de sucedáneo: su utilidad política es la transversalidad más estricta al servicio de la regeneración, la unidad nacional (de aquí su veto a Compromís) y el reformismo institucional. Dar la llave a Díaz tras requerirle por escrito un compromiso de limpieza es tan coherente, para los de Rivera, como apoyar a Cifuentes una vez expurgada su lista de púnicos y gürteles. O de sospechosos de serlo.

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Nos queda Portugal

Oporto desde la ribera de Gaia, que huele a Duero y a vino añejo.

Oporto desde la ribera de Gaia, que huele a Duero y a vino añejo.

En la hora violeta del réquiem, con el marianismo de cuerpo presente y aún tibio, los analistas menean la cabeza en el velorio y musitan un diagnóstico: el PP no supo explicar el sacrificio exigido por la recuperación.

-Cuando una empresa que no vende su producto alega problemas de comunicación, el problema es del producto, nunca de la comunicación -me explica un empresario portugués con la vista abismada en el Duero a su paso por Oporto, donde he sido convidado a un gañote magnánimo en pago de mi dudosa elocuencia.

A Portugal han llegado los ecos del 24-M y el noticiero aquí los rebota con acentos jacobinos, pero yo tranquilizo a mis anfitriones y les digo que no hay razón para desempolvar la epopeya de Camoens: que mi país sigue fiel a la ley del péndulo, que tocaba un redoble de estatalismo y que toda la novedad estriba en el color de los collares.

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Lo último que se pierde

Qué quieren que les diga.

Qué quieren que les diga.

Mariano Rajoy votó en un colegio de Aravaca que lleva el nombre de Bernadette, la monja que atestiguó 18 apariciones marianas en Lourdes. A partir de ahora tendremos que circunscribir las apariciones marianas a La Moncloa, por donde vagará en soledad don Mariano rumiando la ingratitud de los españoles que han rebajado bruscamente la hegemonía territorial del PP: el azul purísima se diluirá en gris pacto. Como la esperanza es lo último que se pierde, Rajoy ayer confiaría aún en un milagro a la británica que finalmente no se produjo. Y si de fe hablamos, la Inmaculada Mayoría tampoco atendió las plegarias de otra monja con nombre de vidente, sor Lucía Caram, que tuvo que contemplar cómo la CiU de su donjuán Mas cedía el ayuntamiento de Barcelona a una Colau también bíblica que se ve como David frente a Goliath. Se ve que el cupo de milagros, en España, lo agotó todo Íker Casillas.

La Esperanza acabó perdiéndose en Madrid en favor de una presumible coalición de izquierdas que liderará Manuela Carmena, histórico sorpasso que edifica una paradoja: la candidata más exitosa de esa joven fuerza que es Podemos ni es joven ni es de Podemos, y quizá precisamente por eso ha ganado. Durante la campaña asistimos a un desplazamiento dialéctico del eje izquierda-derecha a la dicotomía experiencia-esperanza, o casta-juventud; Rajoy reivindicaba la veteranía del gobernante serio, y Rivera restringía el protagonismo del cambio a los nacidos en democracia. Sin embargo, el pueblo (decía Steinbeck que el público es el crítico más estúpido, y al tiempo el más sagaz) no ha entrado a ese trapo de adanes contra próceres y se ha limitado a jibarizar el poder de un partido salpicado, hermético y funcionarial. La edad de doña Carmena, 71, conviene más a un papisa que a una alcaldesa, y sin embargo le alcanzó con no ser Esperanza y atraerse así el voto del odio a la condesa huracanada y cortante, lejos de su mejor forma. No le ha hecho falta a nuestra juez de progreso articular una oferta política medianamente consistente, ni explicar cómo gestionar mejor una gran capital europea: la campaña se la ha hecho Aguirre, que entre defenderse de Génova, manotear contra el espectro de Stalin, señalar a Moncloa y tarifar con Montoro ha terminado consumida. Ya no le quedan fuerzas ni para cazar talentos.

Iba la Piel de Toro adquiriendo una rica policromía según avanzaba el escrutinio. Llegaban los primeros datos de participación cuando se supo que la mente maravillosa de John Nash se apagaba del todo. Una pérdida especialmente irreparable ahora que queda inaugurada la geometría variable del pacto postelectoral. A ver quién calcula gobiernos y sus contraprestaciones a dos bandas: municipal y autonómica, más el desbloqueo pendiente de Andalucía y el pánico a quedar desambiguado con vistas a las generales.

Pero el protagonista -el antihéroe- del 24-M será para los anales el marianismo. La misma tecnocracia que logró revertir en tiempo récord el ciclo bajista de la economía nacional ha descarnado al PP hasta dejarlo en una correduría de seguros: un autómata aquejado de raquitismo comunicativo, inanidad intelectual y desnaturalización ética. Valle-Inclán aceptó ir en las listas del Partido Radical de Lerroux a condición de no dignarse a hacer campaña; cuando le comunicaron que no había sacado el escaño, murmuró con esa acritud aristocrática tan suya: «Esperaba que los gallegos tuvieran vergüenza». Seguramente su paisano monclovita piensa hoy exactamente lo mismo de los españoles, lo cual probaría que nadie le ha explicado todavía la idiosincrasia de un país cuyos gobernados, a diferencia de su gobernante, ven la tele y experimentan emociones. No se hace política con la prima de riesgo, como no se llama a filas para morir por el sistema métrico decimal, que diría Foxá.

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