Archivo de la categoría: COPE

Modric, la fuente de la eficacia

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El mejor futbolista de la historia de Croacia.

Hubo un tiempo en que los Balcanes criaban genios al mismo ritmo en que los morteros alteraban el plan urbanístico municipal. Será cosa de la «destrucción creativa», que decía Schumpeter. El caso es que Luka Modric (Zadar, 1985), quien es ya unánimemente considerado el mejor futbolista croata de todos los tiempos, aprendió a jugar al fútbol como todos los niños: en la calle. Solo que en su calle caían a diario un número constante de granadas serbias, y la carrera hasta el refugio formaba parte de un juego al que, no nos engañemos, no todos los niños tienen la oportunidad de jugar.

Modric sobrevivió a las bombas pero por poco acaban con él los ojeadores, según narran Vicente Azpitarte y José Manuel Puertas en su deliciosa biografía Luka Modric. El hijo de la guerra. «Enclenque». «Tiene las piernas muy cortas». «Nunca se desarrollará lo suficiente como para jugar en la élite». Son las frases que se interponían entre aquel manojo de talento dálmata y el Dínamo de Zagreb en el que soñaba debutar. Para cuando lo hizo, los ojeadores ya se habían escondido.

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Literatura y boxeo: homenaje a Alí en el Parnasillo de Herrera en COPE

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9 junio, 2016 · 20:06

Entrevista para Nido de ratones

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Lector ya con barba.

La editoria y sin embargo amiga Paula F. Bobadilla me hace esta entrevista de original ángulo: cómo era el niño lector que yo fui. Ha sido un placer recordar aquellas horas de solitaria felicidad pueril que ahora me roba una adultez de tertuliano:

¿Cuál era su libro favorito de niño?

Uno de ellos recuerdo que era El ponche de los deseos, de Michael Ende. Que contenía la famosa fórmula y la palabra más larga que aprendí de niño: “genialcoholorosatanarquiarqueologicavernoso”. También los de El pequeño Nicolás y El pequeño vampiro, junto con los de Fray Perico y el Pirata Garrapata.

¿Recuerda algún libro ilustrado con especial cariño?

Me gustaban los álbumes de tapas duras con historias medio góticas, recuerdo uno de dinosaurios que desgasté. Una Biblia juvenil ilustrada que pintaba unas caras de odio egipcio o cainita impresionantes. Y Mortadelo: de Mortadelo acumulamos mis hermanos y yo una colección de metro y pico puestos de canto, y me los memorizaba.

¿Quién le recomendaba libros cuando era pequeño?

Yo era un niño estajanovista de la lectura. Cogía la colección de Barco de Vapor, serie blanca, naranja, azul y roja, y todos en fila, para adentro. O la de El roble centenario. O Gran Angular. O Alfaguara. Los cinco, algunas de Guillermo, los tres investigadores de Alfred Hitchcock. Pasaba horas y horas en la biblioteca de mi pueblo y en la del colegio. Una cosa bastante repelente, supongo.

¿Leía a escondidas? 

Leía en mi cuarto, en el recreo, en la piscina. Básicamente comía y leía. Luego aprendí a jugar al fútbol y equilibré algo mi carrerón de sociópata pedantuelo. En el cole empezaba a ser una leyenda.

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Esta semana, al hilo de la Undécima, fútbol y literatura en el Parnasillo de COPE

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2 junio, 2016 · 11:20

Altamira, distrito electoral

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Foto de familia en San Millán, donde WFF fue reivindicado.

Cuando a Wenceslao Fernández Flórez lo invitaron a firmar un manifiesto contra la práctica del duelo a pistola, se negó. Y añadió que igualmente se habría negado a alistarse para combatir a los escitas o a militar en un partido de oposición a la política de Trajano.

-El duelo pertenece a un pretérito que ya no puede volver. El ridículo lo ha acogido en su seno; no removamos la pesada losa. Ningún hombre serio saldría a cazar a un mamut. El duelo, como el mamut, no puede ya preocupar a nadie.

Y sin embargo el optimismo progresista que despreocupaba a WFF en 1921 pierde fundamento cuando se aproxima otra campaña electoral de la España de 2016, detenida en un bucle de tiempo por donde vuelven a desfilar viejos mamuts, duelistas románticos, pretéritos que regresan para inquietar a la gente seria y ridículos que amenazan con resurgir de pesadas tumbas. Zombis que, si no nos asustasen, nos arrancarían muchas más carcajadas.

En un país tan desmemoriado como España es lógico que la memoria histórica venda tanto como la última tendencia. Lo vetusto, lo superado, lo probadamente pernicioso siempre encuentran una segunda oportunidad sobre esta tierra porque parecemos una estirpe condenada no a cien años de soledad, sino de farsa. Todos los partidos comercian con el tiempo, pero mientras que lo habitual en retórica política es vender futuro, el tiempo más vendido en una precampaña hispánica es el pasado, se reconozca o no. Unidos Podemos vende esperanza pero sus ideas son de otro siglo, bestias congeladas en el hielo soviético de Siberia que echarán a andar, piensan, si las calientan lo suficiente. El PSOE de Sánchez apenas camufla el PSOE cosmético y nebuloso de Zapatero. Rivera se apunta ahora a la estrategia oblicua del casandrismo bolivariano, cuando tiene más cerca un ejemplo del todo veraz: antes de degenerar hasta inverosímiles grados venezolanos, los españoles gobernados por el populismo rojo haríamos una parada forzosa en la Grecia de Tsipras, aquel puto amo del cambio cuya esperanza quedó atrapada un verano en un cajero automático. En cuanto al PP, la oferta no puede antojarse menos estimulante: ofrece el pasado imperfecto de la corrupción, el presente pasado del marianismo crónico y el futuro distópico de toda alternativa. Su gran ventaja son sus votantes, que no necesitan acudir a la lonja para seleccionar propaganda fresca porque salen convencidos de casa. De cuna, casi.

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La teoría del humor de Wenceslao Fernández Flórez, al Parnasillo de COPE

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29 mayo, 2016 · 13:21

El tam-tam del victimismo

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De todos modos si contamos los que NO la llevan…

Redoblan los tambores de hojalata del tabarrón catalán y es lógico: están tocando a elecciones y hay que exhibir la llaga. A los tamborileros insomnes del ‘Procés’ solo hay una cosa que les guste más que una urna, y es una urna prohibida. Una bandera vetada. Un sentimiento oprimido. Un Homs procesado. Una lengua no lo suficientemente humedecida con saliva pública. El nacionalista es un zahorí de agravios tan fino que resulta casi imposible escamotearle un vislumbre de desprecio, una humillación entrevista, un desamor mascullado por un remoto pastor mesetario. El Estado lo tiene jodido para no ofender a un catalán, para no fabricar el puñadito de ‘indepes’ de cada día. Porque cada día abre los ojos a la causa de la dignidad un catalán agredido desde tiempos ancestrales, cuando fueron feliz tribu. Y mira que el Estado se pone de puntillas en algunas fechas señaladas. Pero nada: allí, en la tierra del despecho, nadie echa cuentas al escrúpulo plurinacional y ‘compiyogui’ de Madrid, nadie pondera tan periférica delicadeza. Llevan fama los callos madrileños, pero los verdaderamente grandes son los callos catalanes; tan grandes que no hay día que no pisemos uno.

-Nuestro pueblo está condenado a que, con monarquía o con república, en paz o en guerra, bajo un régimen unitario y asimilista o bajo un régimen autonómico, la cuestión catalana perdure como un manantial de perturbaciones, de discordias apasionadas, de injusticias, ya las cometa el Estado, ya se cometan contra él: eso prueba la realidad del problema.

Así habló Azaña desde su amargo exilio francés, y así hablará cualquier español dentro de cien años. El nacionalismo perdura porque es una estrategia política siempre exitosa, un ‘win-win’, que dicen en las escuelas de negocios. Siendo nacionalista ganas cuando Cataluña va bien, porque la bonanza justifica tus razones para sentirte superior al resto de España; y ganas cuando -como ahora- Cataluña se hunde en el bono basura y ha de vivir de prestado de Montoro, porque tan ominosa condición alimenta el resentimiento, que ceba la maquinaria electoral. Y en ambos escenarios, acogiéndose a siglas variables, el político nacionalista ve engordar su bolsa de votantes, porque al cabo todos necesitamos consuelo y autoestima. El nacionalismo siempre te ofrece una salida, como buena religión.

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Esta semana nos ponemos líricos en el Parnasillo para homenajear a Blas de Otero

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20 mayo, 2016 · 10:52

Hasta ahí Podemos llegar

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Prueba del pañuelo.

De todos los consejos perversos que dio Wilde, ninguno más sabio que ese que prescribe cuidado con lo que deseamos, porque podría cumplirse. De tanto desear el ‘sorpasso’, a Pablo Iglesias quizá se le conceda en junio entre fúnebres tañidos. Pero el castigo podría ser más cruel todavía: podría tener que gobernar. Duro golpe para el futuro de su formación, porque el populismo no está pensado para tomar decisiones y pactar medidas en un mundo complejo, es decir, para ejercitar la razón adulta, sino para flotar en la inocente espuma de los botellines y colocar a los colegas en el primer cielo presupuestario que consigas asaltar.

El populismo, como el independentismo, es un movimiento que crece a condición de que no llegue a ningún sitio, sino que marche siempre en las filas prietas de la ilusión. Lo malo es que al final de la escapada aguarda un cierrabares de la troika, un señor de gris sobre fondo rojo que se presenta a cobrar la factura del festival. A Tsipras se le presentó en verano y desde entonces no ha parado de derechizarse, que para ese viaje, claman ahora los griegos en las encuestas, nos quedábamos con Samaras y nos ahorrábamos un año de espeleología por los subsuelos de la ruina. Dentro de España a nadie se le da ese papel como a Montoro, razón de que el independentismo catalán esté reculando como la celebrada figurita de los belenes locales. A dos llamadas de Standard & Poor’s está Junqueras de bajarse al Rocío en la carreta de Bertín.

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Esta semana rendimos tributo a Delibes, alma de Castilla, en el Parnasillo de COPE

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13 mayo, 2016 · 10:51

Eurovisión, piedad pop

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Moralismo pop.

En mitad de la semifinal de Eurovisión, como un eructo de moralismo entre lentejuelas, introdujeron un numerito de danza compasiva en memoria de los refugiados. Un ceniciento enjambre de bailarines en estudiados harapos, con gesto de intensa compunción, zumbó su sentida coreografía para alivio de conciencias burguesas culpables de su prosperidad. Culpables aún más porque les gusta Eurovisión, como si fuera pecado.

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Comentario en COPE, vestido de cani para la ocasión, sobre el futuro del PSOE

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12 mayo, 2016 · 13:32

El quijotismo de Rivera

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¡A los molinos!

Ahora que Podemos lo ha apostado todo al rojo confluyendo con IU, las miradas todavía anhelantes de nueva política -una que sepa contar a partir de 1989, al menos- se vuelven hacia Ciudadanos, esperando que se sacudan de una vez su ambigüedad proverbial, tiren la calavera al suelo y decidan de una vez si son o no son. Y en el caso de que finalmente sean, qué es eso que son. Pero Ciudadanos no va a hacer nada parecido porque Ciudadanos es un partido de centro, artefacto muy poco español cuya principal ventaja y cuya principal condena consiste justamente en la indefinición ideológica a cambio de la inteligencia pragmática.

La formación naranja nació en Cataluña como partido netamente ideológico, pues vehiculaba la voz oprimida de los no nacionalistas en un entorno hostil. Pero al expandirse por toda España, a la defensa de la unidad ha ido incorporando otros ingredientes que, seleccionados unos del capazo zurdo y otros de la alforja derecha, componen un recetario efectivamente mixto, equilibrado. Defienden la laicidad pero también los símbolos nacionales, los vientres de alquiler y la supresión de las diputaciones, la rebaja fiscal y la renta de inserción, la voluntad de pacto y la firmeza contra populistas y separatistas. En un país cuya industria más próspera es la del etiquetado binario, donde troquelamos fachas y martilleamos rojos como si lo fueran a prohibir, el centro nunca lo tendrá fácil. Y en campaña lo tiene todavía peor, porque una campaña no es más que un ejercicio premeditado de polarización a través de las emociones del electorado, y en esa orgía la cordura se torna sospechosa y quien matiza penaliza.

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Esta semana el Parnasillo de Herrera en COPE lo ocupa el infinito Borges

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6 mayo, 2016 · 10:33

Por qué un pobre vota al PP

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El vídeo pepero de los moteros: el primero bueno que hicieron.

Nuestra democracia ha devenido un tapete del que participan crédulos y tahúres, pero donde nadie es inocente. No lo son los jefes de partido, pero tampoco sus votantes. Un análisis honesto de lo que el ‘Times’ llama «circo» no prescindirá de un reparto de culpas bien calibradas. Es el ejercicio que plantea ‘El jurado’, adaptación teatral de ‘Doce hombres sin piedad’ que se representa en Matadero. Nueve ciudadanos que cubren los estereotipos más cuajados de nuestra sociedad se reúnen para emitir un veredicto sobre la culpabilidad de un presidente autonómico procesado por corrupción. En el cohecho propio que se le imputa adivinamos muchos titulares de estos años, combustible de la indignación que prendió plazas, alumbró siglas y dinamitó el turnismo bipartidista. O eso parecía. Porque esta revolución comprada en los chinos -la nueva política ha durado lo que tardó el primer alcalde del cambio en colocar a su cuñada- ha completado su giro hasta devolver el juego a la casilla original: con Rajoy como aspirante más sólido a presidente.

Las mesas de la tele diseccionan amorosamente las corruptelas del PP, con los tertulianos más incisivos en el papel de anatomistas de Rembrandt. Cuando a mí me sientan a una de esas mesas, últimamente me da por pensar -una vez incluso lo pensé en voz alta- por qué el contribuyente, pese a tanta podredumbre a la vista, sigue prefiriendo la corrupción al populismo. Pues es un hecho que lo hacen, y la demoscopia dice que lo harán más. Esta pregunta se redondea con otra, ya clásica: ¿por qué hay obreros que votan a la derecha? Perplejidad que a su vez se resuelve con ese gracejo divino que brinda la superioridad moral: eres más tonto que un obrero de derechas. Y sin embargo no hay siete millones y medio de pijos en España. Y si los hay, buena parte vota a la izquierda, sea por tradición sentimental o por esnobismo, como quien causa sensación en el ‘lounge-bar’ con su foulard morado. Se entiende mejor el voto de los ricos a Podemos -un rico se habitúa con mayor facilidad al despilfarro- que el descubrimiento de que un pobre vota al PP. Y no basta, a estas alturas, con esgrimir el catecismo comunista, epígrafe cuatro versículo siete, según el cual les falta formación para despertar su conciencia de clase, porque los vídeos catequéticos de Hispan TV se ofrecen gratis por YouTube.

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Literatura y política en el Parnasillo: el bloqueo actual a ojos de Cervantes y Shakespeare

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29 abril, 2016 · 10:56