
La historia del fútbol ha necesitado siglo y medio para ofrecer al mundo el antagonismo perfecto. El campeón americano contra el campeón europeo. El corazón contra la cabeza. El mejor solista contra la polifonía de los chicos del coro. La escuela del potrero contra la cátedra del toque. Incluso la sangre de los nietos contra la de los abuelos, si despenalizamos el humor de Rajoy.






