
El eco de su espectáculo hiere la sensibilidad del pagano y no le queda más remedio que reconocerlo: algo tendrá Rosalía cuando la bendicen. El pagano quizá nunca llegue a recibir la luz de Lux, pero siguiendo a Chesterton está bien dispuesto a creer en cualquier cosa que no sea Dios, a diferencia de los creyentes ortodoxos (empezando por la Conferencia Episcopal), que desconfían científicamente del fervorín levantado en torno a la más universal de nuestras cantantes.






