En los días azules, cuando fuimos acampados

Cuando muere junio los niños vuelven a casa como pequeños bárbaros triunfantes, con la cabellera de otro curso en la mano y una pradera de tres meses de ocio por delante. Su energía está intacta, lista para derramarse ajena a los mapas cárdenos del hombre del tiempo. Es una energía que no se crea ni se destruye sino que se transforma en impaciente expectativa de playa o de montaña o de pueblo de los abuelos.

El colegio prescribe actividades -cuadernos de ortografía, problemas de matemáticas, deberes de inglés- para recordarle a cada césar bajito que sigue siendo mortal, es decir, alumno del sistema obligatorio de enseñanza. Pero esas tareas no acallarán la llamada de la naturaleza, la vocación silvestre de unas buenas vacaciones infantiles. Ser niño en agosto es la primera encarnación de la felicidad humana. En no pocos casos la intensidad de esa vivencia brillará de tal modo en la memoria que oscurecerá sin remedio la comparación con el resto adulto de nuestra biografía.

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2 comentarios

21 julio, 2025 · 8:53

2 Respuestas a “En los días azules, cuando fuimos acampados

  1. Avatar de ogni donna me fa palpitar ogni donna me fa palpitar

    Cómo no todo van a ser Cherubinos hormonados, tiene ud a Lolita Haze, que antes de que Humbert haga de las suyas con ella se regocija con sus compañeras de campamento de lo que le hacen al hijo de la lavandera. Pobre muchacho. Hombre objeto si es que lo hay.

    Por supuesto recuerdo la laguna glacial y el prado fresco y gris como una visión paradisíaca. Imagino que para los padres sería un alivio impagable el poder disponer de la descendencia durante dos semanas de julio que se pueden volver cansinas con tanto modorrito soltado en casa. Aparte de algún cambio como que los críos aprendan de una vez a comer algo más -algo, da igual lo qué- de lo que malcomían habitualmente.

    La edad de los campamentos da para cambios feroces («con un sentimiento extraño») que quizá asienten (Quizá despeñen, a saber) ciertos principios inamovibles. Sé que suena muy importante, pero es lo que hubo y. con cierta autoarqueología, lo que hay

  2. Avatar de Tonadillera Tonadillera

    Me he acordado a trasmano de un ejemplo primario de críos llevados los fienes de semana a la sierra para que dejen a sus problemáticos padres danser la seguidille . Los lleva una pareja de hermanos aristos -cuando no están ahí cumplen con sus primos de Bucarest o Londres tocando al piano Cole Porter- haciéndole el favor a unas monjas en vísperas de la guerra civil. Marqués de Tamarón, ‘Rompimiento de Gloria’. Imagino, para quien se le ericen los pelos con esto de ‘marqués’, que debió de ser una exigencia editorial si quería ser publicado. Y bien, los críos y sus papás entretenidos en buvant de manzanilla la montan parda al final. El libro está (estaba) en la cumplida editorial Pre-textos.

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