
Has terminado la PAU y algo te dice que todo ha ido bien. Sacarás la nota que necesitas para la carrera que quieres, así que tienes por delante el mejor verano de tu vida: tres meses suspendidos del cielo más azul, en el umbral exacto que cierra la confusión de la adolescencia y abre la potencia de la juventud. Te propones apurar cada día de sol y cada noche de fiesta y debes hacerlo, porque los afanes sin recompensa se pudren en el alma y dejan un poso de abulia y resentimiento que torcerían el brillante despliegue de tu personalidad. Solo una vez se nos concede el dulce limbo de un hoy soleado, sin ayer y sin mañana, en la animalidad pura del presente. La seriedad de la vida ya la empezarás a comprender más tarde.







Imagino que la arenga te sale con la mejor intención, pero las arengas arengas son. Aunque me recuerdan el reconocimiento del campus de la Complutense la víspera de mi estancia allá y el pensamiento, una tibia tarde de agosto o septiembre del año pum, de que mañana todo me daría su fruto. Y desconfío de las exageraciones pero no lo era (el sentimiento, digo), ‘Mañana’ trajo mi ingreso en la facultad, que parecía un basurero sesentayochista y cierta disminución de las esperanzas, pero esa es otra.
¿Verdad que la cita de Gil Bera, que la uso por segunda vez, es veraz y ponderada?