
Ni Gandhi ni Churchill: eternamente Pedro. Después de semanas esquivando al Parlamento. Después de semanas cavilando maneras imposibles de conciliar a Ursula Von der Leyen con Yolanda Díaz. Después de semanas planificando con cuidado su minuciosa ausencia de plan, el presidente del Gobierno de la cuarta economía de Europa se plantó por fin en la sede de la soberanía, sedicente templo de la palabra. Y una vez allí, subió a la tribuna, saludó… y salió corriendo. Una vez más. El galgo de Paiporta no se resigna al final de su larguísima escapada.






