
Cada generación tiene el deber moral de descubrir el Mediterráneo, pero inmediatamente después debería ponerse a descubrir el Atlántico. El lugar adecuado para hacerlo es un archipiélago nacido de una perfecta colaboración entre los cuatro elementos: el fuego que lo alumbró y que aún lo amenaza, el mar del que emergió y que lo circunda, la tierra que lo nutre y el aire que lo conserva. Los romanos las creyeron habitadas por perros salvajes, así que las llamaron Canarias.







Tal vez conozcas una pelicula -o la novela, ciertamente, pero lo que me interesa ahora es la película- , muy del estilo de ‘La montaña magica’- , ‘El viaje de los locos’, donde se explora una menagerie -los ingresados es el sanatorio, el pasaje del barco que vuelve a Europa con gente derrotada por la depresión- donde figuran aparte de una condesa española yonqui, adepta como todos sus similares al fraude con tal de salirse con sus sedantes, una carga de ‘golondrinas’ -peones canarios devueltos por Cuba porque el precio del azúcar y el tabaco ya no compensa su contratación- que no suele figurar en ls anales de la emigración española. Cuántas lagunas historiográficas.