
La boda de Almeida ha venido a desmentir que a cierta izquierda no le gusten las bodas de derechas; claro que le gustan. Lo que odian es reconocerlo. Se podrían llenar cientos de miles de divanes ibéricos con los cerebros incapaces de identificar las raíces de su resentimiento. A ese paciente que odia a los demás porque se odia a sí mismo un buen psiquiatra le prescribiría algo más que cabalgar sus contradicciones: abrazarlas.







Llevo algún tiempo llevando a alguien impedido algunas revistas revisteriles que me producen curiosidad. En el ascensor, fijándome en cómo se repiten sin piedad semana a semana, década a década (¿El señor y la señora príncipes de Kent serán reales o un invento de Wimbledom para promocionar el comienzo de su temporada? ¡Ayuda, Chesterton!) me vino a la mente esa expresión ya manida de ‘get a life!’ y buscando su origen me enteré de que según el Saturday Nigth Live, el programa marujo-minus de la televisión americana desde el principio de los tiempos, sería el remoquete de una valley girl (= una Tamara) contrarrestando los puritanos rezongos de la clase espectadora. O sea, justamente al revés de lo que hubiera creído: Tamara y demás hiperventiladas son las chicas despiertas que nos están azuzando a los demás a que nos espabilemos. A wine glass in her hand.
Oye, Tamara, ¿Sabes que el director de coro que Jagger se buscó para la canción favorita de Donal Trump (otro que tal: Get a Life? You’re fired!?) era un español de cuyo nombre no quiero acordarme? También te diré que no hay cristiano que aguante una boda/boda más allá de ciertos límites decorosos. Menos mal que mis hermanos se casaron ya -y en ceremonias en general llevaderas, cuando no hermosas: el canto del coro de cámara de la boda de M. lo era- y el resto, para Maruj@s-plus