
Un error común entre analistas liberales consiste en seguir interpretando la política como un ámbito racional. O como uno que lo era hasta la desdichada irrupción de mamá internet y de papá populismo, progenitores de la vigente memecracia. Pero lo cierto es que jamás ha existido tal cosa como una democracia deliberativa, un ágora de sabios vigilada por una comunidad de ciudadanos autoconscientes. Eso no existía ni en la Atenas de Pericles, según prueba la injusta muerte de Sócrates. Que la contienda política se ha librado y se librará -si no lo remedia la IA- en el terreno movedizo de la emoción de masas lo sabía hasta Iván Redondo cuando reformuló solemnemente el lema cartesiano: «Yo primero me emociono y luego pienso».







Me parece, visto lo que se dejan fuera y lo que siguen manteniendo, que las elecciones gallegas son un dechado de racionalidad