Una tarde de 1992 a Mario Calabresi, hijo de un comisario asesinado por las Brigadas Rojas -víctima de una infame campaña de señalamiento previo por parte de los medios llamados progresistas-, lo invitan a una fiesta universitaria. Decide ir, pero el clima de opinión allí no tarda en asquearle. De pronto capta una frase al vuelo. Es de una chica segura de sí:
-Qué asco, la viuda. La cubren de pasta y se hace la víctima. Deberían haberla disparado a ella también.
Nacido en 1942 en Tetuán cuando era la capital del protectorado español en Marruecos, empresario y autor de obras enciclopédicas de divulgación histórica, Jacobo Israel Garzón ha presidido la comunidad judía española y madrileña y afirma que se siente «tan español como judío». Atiende a EL MUNDO mientras sigue con preocupación -y un punto de esperanza- la escalada del conflicto en Oriente Próximo.
Usted tiene familia en Israel. ¿Están todos bien? ¿Cómo viven estos momentos?
Están sanos y salvos. Tengo allí una hija mayor, nietos y nietos al norte de Tel Aviv. Tengo dos bisnietos, un hermano y una hermana cuyo nieto está en el frente. Mi hija es profesora y ha pasado de dar clases presenciales a dar clases online. Es un mundo diferente, pero hay que tomarlo con buena cara. A mi hermano, que vive en Ascalón, muy cerca de la frontera, dice que ya se hace la vida de siempre al 80 o 90%, que es lo que hay que hacer. Los israelíes tienen muy buen temple. Los judíos tenemos una fuerza moral muy grande y sabremos salir de esto. Hemos salido del Holocausto.