
Cuando Pedro caiga y se rompa el hechizo del poder habrá que pararse a pensar cómo un enano moral logró someter a tantos. A académicos cum laude que se rebajaron a discípulos de un plagiario. A juristas prestigiosos que pusieron su ciencia al servicio del alivio penal para trucar la balanza de la diosa. A socialdemócratas de clase trabajadora que ampliaron los privilegios de la burguesía catalana. A auditores fiscales que ampararon el despilfarro en el clientelismo. A diputados con educación que aplaudieron la bajeza. A periodistas respetados que trasladaron la redacción a La Moncloa. A purgados del partido que se postraron ante su verdugo en busca de redención, quizá para ser purgados de nuevo en un círculo depravado de pasión por la obediencia. A comunistas que engordaron al socialtraidor que los devoró. A conservadores vascos que se diluyeron en su rival abertzale. Todos siguieron a un flautista esquizoide que los perdió.






