
Otra sesión de control al Gobierno sin el presidente del Gobierno. No es que a Pedro no le guste que le controlen, es que no le gusta su país. Un terruño inhóspito, indigno de su liderazgo global, poblado por indígenas ceñudos que le arrojan palos de escoba. ¿Cómo no vamos a entender que el presidente quiera pactar con todos los partidos que odian a un país así? Cuando cede a Otegi, cuando suplica a Puigdemont, este madrileño desarraigado no ve separatistas fanáticos sino camaradas de exilio interior.













