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Coca-Cola para todos y algo de comer

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La coherencia es la única revolución pendiente.

Hasta ahora pensábamos que las resacas de Coca-Cola no existían, a no ser que se ingiera mezclada con ron o whisky, pero Ramón Espinar ha inventado la resaca sin alcohol: en los pasillos del Congreso no se hablaba de otra cosa que de su burbujeante adulterio. El senador va a tener que pedir perdón al partido por desviacionista, a Pepsi por los cuernos, a las espartanas, a las atenienses y a Billy Wilder por morirse sin haber podido rodar la segunda parte de Uno, dos, tres, basada en el grupo parlamentario de Unidos Podemos. No es para menos: o nos tomamos en serio la torá anticapi o nunca veremos el reino de la justicia instaurado en este mundo. ¿Qué va a ser lo siguiente, pillar a don Jordi Évole comprando en Mercadona?

La segunda resaca del día llegaba de Murcia, en cuya fiesta se ha colado Ciudadanos: Coca-Cola para todos y algo de comer, en concreto lentejas. Le ha tocado comérselas finalmente a don Maíllo y en el partido naranja a duras penas disimulaban la satisfacción, ni en el PP las ganas de revancha, aunque el argumentario genovés invita a reparar en la buena marcha de la economía murciana y a disertar sobre la presunción de inocencia, que nada tiene que ver con lo comprometido, firmado y declarado por el ex. Si sale absuelto, al cartel electoral y listos. Sobre esta guerra C’s-PP planea la feudal convicción de que el primero usurpa los votos del segundo, al que Dios en el Sinaí habría entregado el monopolio electoral del centro-derecha. «En economía la relación es fluidísima entre Toni y Fátima, entre Garicano y De Guindos. Si renunciamos a la regeneración, perderíamos nuestra identidad y todo les saldría gratis», defienden desde C’s. Sospecho que tres millones de votantes se quedaron en junio con Rivera para que hiciera exactamente lo que ha hecho en Murcia.

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11 abril, 2017 · 19:32

El cielo ya se toma por bufido

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Don Francisco Igea, diputado en Cortes.

En el lapso de una jornada el Congreso basculó abruptamente de un polo a otro de la oratoria, arte que declina como digna expresión de la vida pública frente al ascenso irresistible del meme y el gif. El martes por la tarde el señor Francisco Igea, médico y diputado por Ciudadanos, intervino memorablemente en la Cámara para desmontar la alegre invitación al suicidio asistido de Podemos (¡justicia poética!: ¿qué es el populismo sino un delicioso suicidio en grupo?), cuyo activista en jefe extrae las propuestas de ley de los muros de Facebook. Si queda ahí fuera algún interesado en la retórica clásica, que busque en YouTube el excepcional discurso de Igea, preciso de conocimiento, poderoso de carácter, profundo de sensibilidad. El penúltimo ejemplo de cómo la palabra bien temperada aún puede pulsar la nota más humanista de la acción política y conducirla al bien moral.

A la mañana siguiente, el activista en jefe se enfundó una chaqueta pero olvidó lavarse la boca, de modo que concatenó una ristra de exabruptos perdularios que le aseguraban el escandalito cotidiano en redes y tertulias, además de las interjecciones eufóricas de sus chikos del maíz, porque hace mucho que renunció a ampliar su electorado. Y eso que el fondo de la pregunta era pertinente: por qué abusa el Gobierno del veto presupuestario en lugar de buscar el acuerdo para legislar. Pero Pablo Iglesias es como el hermano tonto del rey Midas: todo lo que toca lo convierte en mierda. Ahora ya ni se esfuerza en impostar grandilocuencia chavista: ahora el cielo se toma por bufido. El miércoles que viene ya debería tomar la palabra su perro, calculo.

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23 marzo, 2017 · 8:52

Rajoy, césar de una ‘vetocracia’

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La tribuna recibiendo a su hombre.

En los idus de marzo españoles Julio César habría muerto también, pero de aburrimiento. Que es más cruel. Este miércoles coincidía la rendición de cuentas por el Consejo Europeo con la sesión de control al Gobierno, lo que alargó la matinal parlamentaria hasta llevar a varios diputados al borde de la inanición. Qué raudal de palabras, señores. Qué desafío a la noción misma de estoicismo. Red Bull debería mandar un camión cisterna en estos casos para despertar al personal. Cada cual sobrevivió como pudo: Madina hizo girar continuamente el boli, Errejón cruzó las piernas y agitó compulsivamente el tobillo derecho sobre el muslo izquierdo, Soraya se fue hundiendo en el sillón hasta desaparecer del todo, en C’s practicaron el sincorbatismo (menos Rivera y Roldán) y Antón Gómez-Reino, de En Marea, ensayó aplicadamente desde el escaño su intervención, que resultó una salmodia de enormidades como «fosa común» y «Casa de Alba», no necesariamente en la misma frase. Pero así es la pluralidad democrática que nos hemos dado, con todos sus portavoces en bucle a la espera de su momento warholiano. Muchas más mañanas como la de hoy y el golpe de Estado lo dan los de dentro.

Para Rajoy, fondista reconocido, todo esto no es más que entrenamiento. Si un día hay otro presidente -y el madroño centenario del Jardín Botánico pierde una hoja solo de pensarlo-, que sepa que su principal reto dialéctico no será aguantar la agudeza de las preguntas de la oposición, sino su número. Pero don Mariano habla en el Congreso literalmente como si estuviera en el salón de su casa, y no nos referimos a Moncloa sino a Sanxenxo. En esa tribuna de madera, que conoce a Rajoy desde que era árbol -la tribuna, no Rajoy-, uno asiste a un despliegue estupefaciente de autoestima mariana, kévlar anímico. Pronuncia «Bresit», bisbisea como quien hace calceta, explota ese raciocinio perogrullesco como de personaje de Pla que identifica verdades definitivas: «Todos queremos dinero para hacer cosas», «Europa no está tan mal», «Gastar más de lo que se ingresa en general no es bueno», «Algo haremos bien». Y te rindes, claro. Hoy un ujier me llamó la atención por no retener la carcajada. Pero no solo reímos los cronistas: lo hace toda la bancada del PP -donde Maíllo ejerce de regidor del aplauso orgánico- y buena parte de la oposición, empezando por Iglesias. Y esa es la victoria sibilina de don Mariano: cuando le dan tiempo para explayarse, acaba cuajando en el cerebro de la audiencia la pegajosa impresión de que su poder es tan natural como la gravedad o las cosechas. Sabes que lo ha vuelto a hacer cuando miras a los diputados de Podemos o Esquerra (Tardà le sacaría de nuevo su mejor y más soberana réplica) y están abismados en el iPhone.

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16 marzo, 2017 · 9:46

El marianismo o la velocidad estática

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Cuando te hacen un ‘simpa’.

La legislatura va tomando velocidad de crucero, pero de crucero marianista, una marcha tan sutil que apenas se distingue del estatismo. En cubierta suceden cosas, se canta a favor de la igualdad entre hombres y mujeres o se anuncia la decidida voluntad de caminar hacia pactos que acuerden el consenso del entendimiento, pero bajo el casco los motores del BOE crían algas. A la Europa de dos velocidades don Mariano piensa añadir la España de las cuatro estaciones, porque lo único que avanza aquí es el ciclo cósmico que pasa del invierno a la primavera. Y eso porque el movimiento de traslación de la Tierra no depende todavía de Fomento.

Por ejemplo. Rivera recuerda a Rajoy que firmaron un documento que estipula una comisión parlamentaria sobre la financiación ilegal del PP. Rajoy responde que estamos trabajando en ello, que ya discutiremos si la comisión a la que usted hace referencia se celebra aquí o en el Senado, igual que podemos discutir sobre la estiba o el 4-3-3, y que en todo caso en la vida no hay que obsesionarse con el pasado, que mira lo que le pasó a la mujer de Lot. Por debajo de cachaza tan fastuosa bulle cierta preocupación: PSOE y Podemos están dispuestos a apoyar a C’s y forzar la investigación parlamentaria, así que el PP planea diluir su vergüenza con B contraprogramando otra comisión en el Senado, donde tiene mayoría absoluta y donde ya no se hablaría solo del PP sino de todos los partidos, sin descartar a Lerroux ni a Sagasta.

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9 marzo, 2017 · 9:23

Huerta murciana y pampa argentina

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El atento cronista en tribuna, tercer espacio entre columnas.

Podemos ya tiene su propio Valle de los Caídos. Tal era el nombre autoparódico que daban a sus escaños los diputados del PP relegados a las últimas filas del Hemiciclo por discrepancia con el líder. Del Cuelgamuros morado cuelgan los descolgados del pablismo: Sergio Pascual, Alberto Montero, Tania Sánchez o Juan Pedro Yllanes, aunque este se afana ahora por hacerse perdonar su herejía errejonista elevando el tono contra Ciudadanos, que es la mejor manera de complacer a Alfa y a Beta (Pablo e Irene). Quienes por cierto saben complacerse solos, si hemos de creer que la escena de caramelo difundida ayer por La Vanguardia no es un falso robado. Almíbar comunista aparte, el castigo para Errejón resulta más sutil: aparece encajonado entre Garzón y Mayoral en la tercera fila, por aquello de tener más cerca a tus enemigos. Iglesias recitó la letanía de la cleptocracia nacional para gozo de platós justicieros e indiferencia de don Mariano, que musitó: «Menos mal que usted no es Robespierre».

Dastis va cobrando protagonismo en estas sesiones, sin duda contra su voluntad. El PSOE le preguntó por los refugiados; Dastis leyó un papel. Errejón se travistió de Evita retórica para afearle su connivencia con Macri; Dastis leyó un papel. Garzón retrocedió a los 70 -todo un avance en su caso, porque él parte de 1917- y le preguntó cómo pretende evitar que el imperialismo torture doncellas en Rota y en Morón; Dastis leyó un papel. Dastis es el hombre ideal para una escalada de la prima de riesgo, para contener el desastre de Chernobyl o para resistir el blitz alemán: basta leer el papel adecuado. Don Mariano puede estar satisfecho de su elección. Otro ministro muy interpelado fue Catalá, a quien le reprocharon su afición a testar la docilidad de los fiscales; el titular de Justicia vino a lamentar que no le hicieran tanto caso, que ya le gustaría.

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23 febrero, 2017 · 11:35

El guiñol es nueva política

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‘Dress code’ del humorismo catalán.

Cuando Rufián lleva pregunta en el orden del día uno madruga de otra manera. Casi dan ganas de llegar silbando al Congreso como la molinera de un cuento de Grimm. Preguntó en segundo lugar, después de que Antonio Hernando le exigiera a Rajoy que pusiera firme a Trump en la próxima llamada, lo cual es como pedirle a un gaitero que detenga una estampida de bisontes tocando una muñeira. Don Mariano no le contestó eso, sino que los socialistas habrían hecho lo mismo estando en su posición –Zapatero no lo hizo con Bush, la verdad, y así le fue-, y recordó que su tarea en este mundo es llevarse bien con la buena gente y no andar enredando con escrúpulos de chisgarabís, más o menos.

Pero donde brilló la retranca mariana fue en la réplica a don Gabriel, quien de pie, la mano en el bolsillo, todo de negro según manda el dress code de la comedia catalana desde Eugenio, recreándose en la pausa teatral con la que sabe demudar al auditorio, despachó una macedonia que incluía autodeterminación, neonazis, espionaje, Rato, pelotas de goma y hasta el Conde-Duque de Olivares. El presidente sólo pudo musitar: «Francamente, señor Rufián, sus intervenciones me recuerdan al que dijo que en política no hay absurdo imposible».

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16 febrero, 2017 · 17:28