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Rajoy, césar de una ‘vetocracia’

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La tribuna recibiendo a su hombre.

En los idus de marzo españoles Julio César habría muerto también, pero de aburrimiento. Que es más cruel. Este miércoles coincidía la rendición de cuentas por el Consejo Europeo con la sesión de control al Gobierno, lo que alargó la matinal parlamentaria hasta llevar a varios diputados al borde de la inanición. Qué raudal de palabras, señores. Qué desafío a la noción misma de estoicismo. Red Bull debería mandar un camión cisterna en estos casos para despertar al personal. Cada cual sobrevivió como pudo: Madina hizo girar continuamente el boli, Errejón cruzó las piernas y agitó compulsivamente el tobillo derecho sobre el muslo izquierdo, Soraya se fue hundiendo en el sillón hasta desaparecer del todo, en C’s practicaron el sincorbatismo (menos Rivera y Roldán) y Antón Gómez-Reino, de En Marea, ensayó aplicadamente desde el escaño su intervención, que resultó una salmodia de enormidades como «fosa común» y «Casa de Alba», no necesariamente en la misma frase. Pero así es la pluralidad democrática que nos hemos dado, con todos sus portavoces en bucle a la espera de su momento warholiano. Muchas más mañanas como la de hoy y el golpe de Estado lo dan los de dentro.

Para Rajoy, fondista reconocido, todo esto no es más que entrenamiento. Si un día hay otro presidente -y el madroño centenario del Jardín Botánico pierde una hoja solo de pensarlo-, que sepa que su principal reto dialéctico no será aguantar la agudeza de las preguntas de la oposición, sino su número. Pero don Mariano habla en el Congreso literalmente como si estuviera en el salón de su casa, y no nos referimos a Moncloa sino a Sanxenxo. En esa tribuna de madera, que conoce a Rajoy desde que era árbol -la tribuna, no Rajoy-, uno asiste a un despliegue estupefaciente de autoestima mariana, kévlar anímico. Pronuncia «Bresit», bisbisea como quien hace calceta, explota ese raciocinio perogrullesco como de personaje de Pla que identifica verdades definitivas: «Todos queremos dinero para hacer cosas», «Europa no está tan mal», «Gastar más de lo que se ingresa en general no es bueno», «Algo haremos bien». Y te rindes, claro. Hoy un ujier me llamó la atención por no retener la carcajada. Pero no solo reímos los cronistas: lo hace toda la bancada del PP -donde Maíllo ejerce de regidor del aplauso orgánico- y buena parte de la oposición, empezando por Iglesias. Y esa es la victoria sibilina de don Mariano: cuando le dan tiempo para explayarse, acaba cuajando en el cerebro de la audiencia la pegajosa impresión de que su poder es tan natural como la gravedad o las cosechas. Sabes que lo ha vuelto a hacer cuando miras a los diputados de Podemos o Esquerra (Tardà le sacaría de nuevo su mejor y más soberana réplica) y están abismados en el iPhone.

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16 marzo, 2017 · 9:46

El marianismo o la velocidad estática

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Cuando te hacen un ‘simpa’.

La legislatura va tomando velocidad de crucero, pero de crucero marianista, una marcha tan sutil que apenas se distingue del estatismo. En cubierta suceden cosas, se canta a favor de la igualdad entre hombres y mujeres o se anuncia la decidida voluntad de caminar hacia pactos que acuerden el consenso del entendimiento, pero bajo el casco los motores del BOE crían algas. A la Europa de dos velocidades don Mariano piensa añadir la España de las cuatro estaciones, porque lo único que avanza aquí es el ciclo cósmico que pasa del invierno a la primavera. Y eso porque el movimiento de traslación de la Tierra no depende todavía de Fomento.

Por ejemplo. Rivera recuerda a Rajoy que firmaron un documento que estipula una comisión parlamentaria sobre la financiación ilegal del PP. Rajoy responde que estamos trabajando en ello, que ya discutiremos si la comisión a la que usted hace referencia se celebra aquí o en el Senado, igual que podemos discutir sobre la estiba o el 4-3-3, y que en todo caso en la vida no hay que obsesionarse con el pasado, que mira lo que le pasó a la mujer de Lot. Por debajo de cachaza tan fastuosa bulle cierta preocupación: PSOE y Podemos están dispuestos a apoyar a C’s y forzar la investigación parlamentaria, así que el PP planea diluir su vergüenza con B contraprogramando otra comisión en el Senado, donde tiene mayoría absoluta y donde ya no se hablaría solo del PP sino de todos los partidos, sin descartar a Lerroux ni a Sagasta.

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9 marzo, 2017 · 9:23

La democracia sentimental

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Stuart Mill. Un liberal leyendo es el colmo de la subversión.

Manuel Arias Maldonado (Málaga, 1974) no es un politólogo sino un filósofo político. La diferencia entre ambos oficios es la misma que separa al interiorista del arquitecto. Arias es un académico cuya kantiana ambición es toda la que quepa en la consideración científica de la política. Su trabajo trasciende el corral patrio para dialogar con homólogos extranjeros sobre desafíos estructurales de la democracia occidental. Cabe resumirlos en uno: el giro afectivo que alienta en la emergencia de populismos, identitarismos y otros ismos primiseculares. Este libro es el acta más exhaustiva que se ha levantado sobre la sentimentalización de la política, y no solo porque conste de 71 páginas de aparato crítico.

El optimismo ilustrado ha sido desmentido por los últimos descubrimientos de la neurociencia (por si hiciera falta alguna prueba añadida al mar de sangre del siglo XX). No somos lo que los ilustrados creyeron que seríamos. En realidad nunca fuimos racionales. Somos sujetos postsoberanos en quienes la emoción suplanta sistemáticamente a la razón en la toma de decisiones. Cuando el establishment amenazado por el populismo de izquierdas o de derechas parece refugiarse en el despotismo ilustrado o cuestiona el sufragio universal, el autor propone partir de la aceptación de nuestra condición para mejorar la democracia sin sustituirla ni por el elitismo ni por la revolución.

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6 marzo, 2017 · 14:39

Trump, el superniño

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Trumpismo a partir de 5 años.

Trump dejará de ser noticia cuando empiece a comportarse como un adulto. Cuando se convierta en el perro que muerde niños y supere el niño grande y platino que muerde perros tan reputados como la CIA, el FBI o la prensa. No será la justicia federal la que acabe con Trump, sino la justicia poética: la televisión lo construyó y la televisión lo destruirá el día que se comporte como un presidente de EEUU. Entonces llamará la atención de los medios por haberse normalizado, y el ciclo de la vida, en su caso tan remolón, se habrá cumplido.

Pero mientras forcejea con la adolescencia, Trump sirve como rutilante escaparate del infantilismo que hoy define la sociedad occidental. Si Nietzsche pronosticó el advenimiento del superhombre en el siglo XX, al XXI solo podría diagnosticarle la hegemonía del superniño. Así, el superniño Donnie anuncia que por primera vez desde 1921 el presidente no acudirá a la cena de corresponsales porque en una edición anterior se metieron con él, le hicieron pupa. El pretexto oficial no es más elaborado: no va porque la prensa es el «enemigo del pueblo»; de un pueblo que él encarna perfectamente. Pero he aquí que la flauta del burro tuitero emite el sonido casual de una verdad. Porque si por pueblo entendemos el populoso orgullo de la ignorancia y la red victoriosa del prejuicio sobre el hecho, entonces la prensa debe ser su enemigo jurado, por supuesto. Y si se queda sin lectores, habrá muerto con ilustrada dignidad.

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27 febrero, 2017 · 12:53

El fracaso de los gatos

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¡Al patíbulo!

Si como afirma Borges a su estilo el nombre es arquetipo de la cosa, en las letras de «rosa» está la rosa y todo el Nilo en la palabra «Nilo». Con el nombre, por tanto, ha de bastarnos para entender la esencia de una idea, pero no somos pueblo que renuncie al bullicioso bar del adjetivo. Por eso a la justicia, como a la democracia, le crecen los apodos. Conocíamos la democracia ateniense de Pericles, la democracia orgánica de Franco, la democracia popular de China, la democracia directa de Ahora Madrid y la democracia representativa de Hamilton, que es la única digna de ese nombre. Ahora que llueven sentencias sobre nombres notorios nos apresuramos a apellidar a la justicia.

Está la justicia del talión, de una proporcionalidad imbatible. La justicia proletaria, que un día invocó don Iglesias para epatar a los burgueses de Segovia. La justicia poética, que castigó a doña Botella por destapar un féretro en las Trinitarias donde se leía «M. C.», sin sospechar que esas siglas no anunciaban tanto el hallazgo de «Miguel de Cervantes» como el relevo de «Manuela Carmena«. La justicia redistributiva, que tanto subleva al que la paga. La justicia del fútbol, que no existe. Y en estos días de black y de Nóos, la justicia «políticamente insuficiente», que para mayor calificación añade un adverbio al apellido.

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24 febrero, 2017 · 11:51

Huerta murciana y pampa argentina

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El atento cronista en tribuna, tercer espacio entre columnas.

Podemos ya tiene su propio Valle de los Caídos. Tal era el nombre autoparódico que daban a sus escaños los diputados del PP relegados a las últimas filas del Hemiciclo por discrepancia con el líder. Del Cuelgamuros morado cuelgan los descolgados del pablismo: Sergio Pascual, Alberto Montero, Tania Sánchez o Juan Pedro Yllanes, aunque este se afana ahora por hacerse perdonar su herejía errejonista elevando el tono contra Ciudadanos, que es la mejor manera de complacer a Alfa y a Beta (Pablo e Irene). Quienes por cierto saben complacerse solos, si hemos de creer que la escena de caramelo difundida ayer por La Vanguardia no es un falso robado. Almíbar comunista aparte, el castigo para Errejón resulta más sutil: aparece encajonado entre Garzón y Mayoral en la tercera fila, por aquello de tener más cerca a tus enemigos. Iglesias recitó la letanía de la cleptocracia nacional para gozo de platós justicieros e indiferencia de don Mariano, que musitó: «Menos mal que usted no es Robespierre».

Dastis va cobrando protagonismo en estas sesiones, sin duda contra su voluntad. El PSOE le preguntó por los refugiados; Dastis leyó un papel. Errejón se travistió de Evita retórica para afearle su connivencia con Macri; Dastis leyó un papel. Garzón retrocedió a los 70 -todo un avance en su caso, porque él parte de 1917- y le preguntó cómo pretende evitar que el imperialismo torture doncellas en Rota y en Morón; Dastis leyó un papel. Dastis es el hombre ideal para una escalada de la prima de riesgo, para contener el desastre de Chernobyl o para resistir el blitz alemán: basta leer el papel adecuado. Don Mariano puede estar satisfecho de su elección. Otro ministro muy interpelado fue Catalá, a quien le reprocharon su afición a testar la docilidad de los fiscales; el titular de Justicia vino a lamentar que no le hicieran tanto caso, que ya le gustaría.

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23 febrero, 2017 · 11:35

Machirulos: tolerancia cero

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Meritocracia.

Queda mucho por hacer en materia de igualdad. El feminismo está en pañales, y más en un país como el nuestro, dominado por el oscurantismo y la superstición durante siglos. Contra el machismo sólo cabe una actitud, que nos compete a todas y a todos: tolerancia cero. Puede que cada vez se dediquen más recursos públicos y privados a financiar observatorios, campañas de concienciación y hasta fiscalías especializadas. Pero no es suficiente. No hay más que ver las estadísticas de crímenes por violencia de género, consecuencia directa de la superestructura patriarcal que culmina en el asesinato. Es cierto que naciones culturalmente más progresistas como Dinamarca o Suecia o Finlandia -cuyo sistema educativo, por otra parte, ha de ponerse como ejemplo- presentan cifras de criminalidad machista proporcionalmente superiores a las de España. Pero hay que empezar por nuestro país, donde por mucho que hayan crecido en la última década las partidas presupuestarias destinadas a combatir el terror macho, el número anual de atentados se mantiene constante.

Porque ya es hora de que los llamemos por su nombre: atentados terroristas. Fue Pedro Sánchez, cuyo compromiso con la mujer nunca admitió dudas, quien propuso despedir a cada nueva víctima con funerales de Estado. Porque toda víctima muere por ser mujer, independientemente del estado psicológico de su agresor o las peculiaridades de cada caso. Ojalá todas las fuerzas políticas alcancen un pacto de Estado transversal contra la violencia de género que desatasque de una vez el caudal de dinero público que tanto le cuesta aflojar a la derecha cuando hablamos de igualdad.

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17 febrero, 2017 · 10:48

El guiñol es nueva política

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‘Dress code’ del humorismo catalán.

Cuando Rufián lleva pregunta en el orden del día uno madruga de otra manera. Casi dan ganas de llegar silbando al Congreso como la molinera de un cuento de Grimm. Preguntó en segundo lugar, después de que Antonio Hernando le exigiera a Rajoy que pusiera firme a Trump en la próxima llamada, lo cual es como pedirle a un gaitero que detenga una estampida de bisontes tocando una muñeira. Don Mariano no le contestó eso, sino que los socialistas habrían hecho lo mismo estando en su posición –Zapatero no lo hizo con Bush, la verdad, y así le fue-, y recordó que su tarea en este mundo es llevarse bien con la buena gente y no andar enredando con escrúpulos de chisgarabís, más o menos.

Pero donde brilló la retranca mariana fue en la réplica a don Gabriel, quien de pie, la mano en el bolsillo, todo de negro según manda el dress code de la comedia catalana desde Eugenio, recreándose en la pausa teatral con la que sabe demudar al auditorio, despachó una macedonia que incluía autodeterminación, neonazis, espionaje, Rato, pelotas de goma y hasta el Conde-Duque de Olivares. El presidente sólo pudo musitar: «Francamente, señor Rufián, sus intervenciones me recuerdan al que dijo que en política no hay absurdo imposible».

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16 febrero, 2017 · 17:28