A los primeros que denunciaron la «dictadura blanca» que Tarradellas advirtió en su sucesor. A los que informaron de la naciente corrupción sistémica mientras les dejaron.A los que jamás se avergonzaron de sus raíces extremeñas o andaluzas o aragonesas, aunque hablaran catalán mejor que los señoritos con ocho apellidos. A los que apoyaron a la izquierda catalana creyendo de buena fe que la guiaba el principio de igualdad, pero ni un minuto después de descubrir su síndrome incurable de charnego acomplejado o pijoprogre xenófobo. A los que se negaron a identificar lo español con lo franquista sin dejar de recordar el prolongado éxito del falangismo catalán. A los que asumieron el coste personal de meterse en política en Cataluña para romper la espiral de silencio. A los que siguieron opinando cuando opinar significa significarse.
Discípulo de Octavio Paz, referente del liberalismo hispanoamericano, azote de AMLO y director de ‘Letras Libres’, Krauze acaba de ingresar en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Desde ella seguirá tendiendo puentes entre España y América.
¿Qué supone para usted el ingreso en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas?
Un gran honor, que agradezco a mis colegas. Pero también supone una responsabilidad: la de seguir tratando de construir puentes de entendimiento y comprensión entre México, Hispanoamérica y España.
Por una día el Congreso se honró a sí mismo y las señorías allí presentes abrieron un paréntesis de añorada solemnidad para renovar la vigencia de la monarquía parlamentaria. Nadie echó de menos a los que faltaron salvo el presidente en funciones, visiblemente incómodo por el protagonismo que le robaba Leonor de Borbón. Pegaba tanto Sánchez en el acto de hoy como una tarántula en un trozo de bizcocho. Y él sabe bien por qué.
Hay algo contradictorio en José Luis Escrivá, capaz de llamar en directo al programa de Latorre para reconvenir a un tertuliano pero incapaz de llamar a los presidentes autonómicos para discutir una solución compartida a la crisis migratoria. Don Escrivá gasta la misma jeta que Bruce Banner, el apocado físico de la Marvel que tras una sobreexposición accidental a rayos gamma muta en el increíble Hulk. De igual modo nuestro ministro de Seguridad Social y Migraciones se pasó la mayor parte de su vida siendo un retraído economista de Albacete al que ficharía el PPpara hacer papeles en defensa de la ortodoxia fiscal, pero un accidente parlamentario en mayo de 2018 lo dejó expuesto a la radiación sanchista y ahora siente por la sostenibilidad de las pensiones algo muy parecido a lo que siente por la cogobernanza migratoria.
Cuatro cajas de pinganillos recibían a los plumillas a la entrada de la tribuna de prensa del Congreso. De buena mañana y por el conducto oficial habíamos sido informados del inicio de una nueva era, pero han sido tantas las eras abiertas por el sanchismo que cuesta distinguir la rutina de la excepcionalidad. Por cierto que el fundador de la new age no comparecía en su escaño -a diferencia de Nerón, rara vez se queda a contemplar el resplandor de sus incendios-, lo cual aguó el golpe de efecto premeditado por Vox para el momento en que Francina Armengol rechazara las protestas reglamentistas y diera curso al pleno plurilingüe. Como si el reglamento importara a estas alturas, doña Cuca.
El protagonista de la novela de Voltaire creía vivir en el mejor de los mundos y el presidente del TC cree vivir en el mejor de los Estados de derecho: uno en el que él decide los límites del derecho y por tanto del Estado. Pero a diferencia del personaje volteriano el de Conde-Pumpido no es nombre parlante; cándidos serán cuantos sigan pensando que la agenda de este TC se atiene a la mínima apariencia de higiene jurídica y no a la voluntad de poder del hombre al que Cándido debe su alto sillón. Desde allí contempla el paisaje institucional en ruinas que la huida hacia delante de Pedro deja tras de sí y murmura, como su homónimo de ficción: «He visto tantas cosas extraordinarias que nada me parece extraordinario».
No me dirijo a ti, que no vas a abrir la boca, que no fuiste diseñado para el ejercicio del pensamiento crítico, para identificar verdades incómodas, o las identificas pero nunca encontrarás valor para señalarlas porque no conoces otra libertad que la de obedecer, porque bebes la libertad del cuentagotas con que va mojando tu lengua seca el magnánimo jefe de tu tribu, el que tiene poder para meterte en una lista y para sacarte de ella, la lista de la que dependen tu nómina pública o tu tertulia privada o ese bonito simposio de politología, porque no tienes otra cosa y el sector está fatal, afuera hace mucho frío y las redes están patrulladas a todas horas por ojos insomnes y cuchicheos de sicofante y manos ágiles para tirar la primera piedra, la segunda y la tercera, y en una mala tarde pueden sepultar tu reputación de progresista sin fisuras, es decir, uno del que jamás pueda esperarse otra cosa que sumisión en tiempos de mutua vigilancia, cuando la ambición ágrafa de un solo hombre ha extirpado de la izquierda el viejo compromiso por la libertad, la igualdad y solidaridad para no ser ya más que militancia castrense, coro de balidos saliendo del redil acechado por el lobo, que viene el fascismo, y quien no sea oveja será lobo, como esos ancianos de vida resuelta, Felipe y Alfonso, fachas como el que más, haciéndole el caldo gordo a la derecha, por más que rechacen la amnistía en los mismos términos en que tú la rechazaste cuando tocaba rechazarla, la misma amnistía que abrazarás cuando toque abrazarla, así que cómo voy a dirigirme a alguien como tú, que ya solo aspira a seguir sirviendo su carne de cañón en la guerra civil perpetua contra la derecha española -exceptuadas la vasca y la catalana- con el cerebro rendido por el odio, la voluntad anulada por el miedo y el lomo aplanado para servir de alfombra al triunfo de Puigdemont.
Ahora entendemos mejor el concepto de matria que doña Yolanda puso en circulación hace dos años. No se trataba de subrayar la vocación maternal del Estado de bienestar -semejante interpretación abundaría en los roles de género fijados por el patriarcado, según los cuales el padre castiga y la madre cuida- sino su destino personal de paridora de naciones ibéricas, de partera de la profecía plurinacional que está a punto de consumarse entre nosotros. Se nos anuncia una navidad constituyente, con el PNV de mula, Junts de buey y un jovencísimo Frankenstein balbuceando lenguas cooficiales en el pajar.